El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Pertenecer a ese reino es recibir una justicia que no depende de la venganza humana, una paz que permanece en medio de las circunstancias y un gozo que no se compra con posesiones ni depende de una posición.
Versículo clave
«porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.»
Romanos 14:17
La injusticia duele, pero mírala desde la perspectiva del reino. Si respondes al agravio buscando desquitarte o hacer justicia con tus propias manos, terminarás alimentando el odio y la venganza sin encontrar satisfacción. Confía en que Dios cuida de sus hijos y es justo, y espera que su justicia se manifieste. No es indiferencia ante el dolor: es no dejar que la injusticia determine tu respuesta.
La alegría del reino no viene de tener algo o de alcanzar una posición, sino de Dios. Perteneces a un reino capaz de sostenerte; no sigas pensando y viviendo como si dependieras únicamente de lo que ofrece el mundo. La confianza en Dios es una forma de vida, no un momento aislado de fe.
Vivir confiado antes de ver la respuesta
«Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el Seol». David miraba hacia la vida eterna y hacia el Mesías, que aún no había venido. Su alegría no venía de un palacio ni de un ejército, sino de una esperanza que va más allá de las añadiduras materiales.
La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Seguir tus propias preferencias te deja frustrado; vivir como a Dios le agrada te llena. En su presencia hay plenitud de gozo, delicias a su diestra para siempre. Empieza y termina el día en su presencia: allí la dicha es constante.
Job perdió sus bienes y a sus hijos, y aun así Dios dice: «Aún llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo». Si atraviesas algo difícil, Dios puede hacer volver la risa a tu vida.
Estad siempre gozosos; orad sin cesar. ¿Por qué llega la amargura? Muchas veces, porque dejamos de orar. Orar no es expresar preocupaciones en voz alta: es conectarte con Dios y conversar con tu Padre celestial. En esa relación, la circunstancia no deja de existir, pero la grandeza de Dios te da una razón para sonreír y afrontar el día con esperanza.
No esperar a que todo esté resuelto
Quizá tienes promesas pendientes, problemas sin solución o peticiones que todavía no han recibido respuesta. El mundo condiciona la plenitud, la paz y la alegría a que todo se solucione; el reino te permite gozarte antes de que todo esté terminado. Dios se goza contigo ahora, aunque estés en proceso, porque la obra que comenzó en ti aún no ha concluido.
No necesitas que se cumpla lo que anhelas para sentirte realizado. Cuando tu atención queda fija en lo pendiente, pierdes el regalo de hoy. Aunque algo no se haya resuelto, tu vida está en las manos de Dios. Crecer espiritualmente es no hacer depender todo tu gozo de una respuesta futura, sino recibir lo que Dios te ofrece en el presente.
No pienses que solo habrá paz cuando desaparezca el problema: la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento. No pospongas la alegría por las presiones del día. Si la alegría queda aplazada una y otra vez, la amargura ocupará su lugar y también aplazarás la adoración.
Pablo y Silas adoraban en la cárcel a medianoche. Podrían haber dicho: «Esperemos a que nos quiten las cadenas y nos saquen del calabozo para adorar». No lo hicieron. No pospongas la adoración: puedes adorar a Dios en medio de la adversidad, mientras todavía esperas una solución.
Dar espacio al Espíritu Santo y confiar en Dios
No apaguéis al Espíritu. Te corresponde cuidar que tu relación con Dios no se apague y darle espacio al Espíritu. Jesús oró en Getsemaní para que pasara de él la copa. A veces Dios no quita la copa, sino que la llena de su presencia en medio de lo difícil.
Confía en Dios y no condiciones tu alegría a que el problema desaparezca. La cruz no fue el final, sino el inicio del camino hacia la diestra del Padre. La fidelidad de Dios es motivo de esperanza, aun cuando la respuesta que esperas todavía no se ve.
El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo. ¿Quién te da seguridad? Cuando te falta la paz, examina en quién depositas tu confianza: el banco u otra persona no pueden darte la seguridad última que solo Dios da.
Imagina a alguien pendiente del teléfono por temor a que una relación termine, mientras el Espíritu Santo intenta obrar en su corazón. Ordena tus prioridades: no dejes que un negocio, una relación o una preocupación inmediata desplace tu comunión con Dios.
El Espíritu Santo lleva la palabra a lo más profundo de tu ser y marca dirección en tu vida y en tu relación con Dios. Puede haber gozo aunque un negocio no se concrete, porque tu confianza no se reduce a la estabilidad económica. Dedica tiempo a solas con Dios. ¿Crees que él puede sostenerte?
«No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan». Ante la preocupación por la situación del mundo o por tu empresa, tu confianza está en Dios, tu proveedor. Si una empresa deja de funcionar, Dios puede darte nuevas ideas para salir adelante.
La decepción de las expectativas es un recurso del enemigo para apartarte del propósito de Dios. Alguien que padece una enfermedad durante años puede despertar cada mañana esperando estar sano y, al no verlo, pasar el resto del día frustrado. Hasta que aprende a pedirle a Dios fortaleza para ese día, aunque el milagro no haya llegado, y a reconocer que su mayor bendición es su relación con Dios.
Quizá enfrentas escasez, una enfermedad o una economía que no está como deseas. Pero tu relación con Dios está creciendo, y ya puedes disfrutar su paz, su gozo y su justicia. ¿Cuándo es buen momento para alabar a Dios? En todo tiempo. Que el proceso no se convierta en tu prisión.
La oración de la iglesia y la liberación de Pedro
Herodes, nieto de Herodes el Grande, extendió la mano para maltratar a algunos de la iglesia y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Viendo que esto había agradado a los judíos, prendió también a Pedro, en los días de los panes sin levadura. El ataque contra la iglesia era fuerte.
La intensidad del ataque tiene relación con el llamado y la asignación de una persona. No te frustres ante un ataque fuerte: Dios está con quien tiene una asignación.
Pedro quedó bajo la custodia de cuatro grupos de cuatro soldados —dieciséis en total— y encadenado. Ese despliegue muestra que Pedro era peligroso para el sistema que se oponía a la iglesia. Herodes pensaba sacarlo al pueblo después de la Pascua.
Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. No estaban jugando: habían comprendido el poder de la oración. Las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia, y donde están dos o tres congregados en el nombre de Jesús, allí está él. Ora unido a otros por tu familia, tu matrimonio y tu nación.
Versículo clave
«Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.»
Hechos 12:5
Si la iglesia oraba por Pedro, ¿también oraba por Jacobo, a quien mataron? Hay oraciones que no son contestadas como esperamos, y aun así seguimos orando. El plan de Dios es perfecto: sigue creyendo. Las expectativas no cumplidas pueden deteriorar tu fe, pero clama y deja que la paz y el gozo de Dios te acompañen mientras esperas.
Pedro dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, mientras los guardas custodiaban la puerta. ¿Podrías dormir así? Es paz en medio de la batalla. En Getsemaní, Pedro sacó la espada y cortó una oreja; ahora era un hombre transformado y fortalecido en Dios.
En Getsemaní, cuando Jesús volvió de orar, encontró a Pedro durmiendo por debilidad; en la cárcel, dormía por confianza en Dios. No des por imposible la transformación de una persona: sigue acercándola a la Palabra. No todos cambian de inmediato, pero si abren su corazón, Dios hace su obra.
Pedro había visto a Jesús dormir en la barca en medio de la tormenta. Aprendió de él a descansar en medio de la tempestad. No tienes que salir de la dificultad para ser feliz: ora: tienes un Padre; no es la barca lo que sostiene tu vida. Dios sigue en su trono.
Los reyes humanos mueren; el Rey de reyes vive para siempre. Dios sigue reinando aun cuando Pedro está encadenado. Es mejor dormir confiado que quedarte despierto, estresado y amargado, como si la ansiedad pudiera solucionar lo que ocurre.
Apareció un ángel, una luz resplandeció en la cárcel, y las cadenas se cayeron de las manos de Pedro. ¿A quién escucharás: al ángel, al enemigo o a las circunstancias? No ores solo para que Dios te saque de una situación: pídele también que entre en ella. No negocies tu adoración —«si me sacas de esto, te serviré»—: sirve a Dios lo conceda o no, porque la alegría y la paz vienen de él, no de las circunstancias.
El ángel le dijo a Pedro: «Cíñete, y átate las sandalias; envuélvete en tu manto, y sígueme». Vístete del reino. Es una temporada para experimentar el reino y poner tu confianza en Dios: justicia, paz y gozo.
Pedro salió siguiendo al ángel, pensando que veía una visión. Cuando volvió en sí, dijo: «Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba». Lo que se ha planeado contra ti no prevalecerá sobre el plan de Dios.
Pedro llegó a casa de María, la madre de Juan Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. Rode reconoció su voz y, de gozo, en vez de abrir la puerta, corrió a avisar que Pedro estaba allí. Le dijeron: «Estás loca». Cuando insistió, dijeron: «¡Es su ángel!». Oraban por un milagro, pero les costó recibir con fe la respuesta cuando llegó.
Prepárate para ser sorprendido. Mientras los que oraban descartaban que fuera Pedro, él persistía en llamar. Quizá temía que lo volvieran a encerrar, pero no dejaba de llamar. Sigue tocando y buscando, con la expectativa de que Dios responderá.
La puerta de hierro que daba a la ciudad se les abrió por sí misma. Así como hoy hay puertas que se abren solas al detectar a alguien, la presencia de Dios abre puertas que no imaginabas.
No esperes a que las puertas se abran para adorar: adora hoy, sal hoy con paz y ten gozo antes de que desaparezcan las dificultades. Pedro dormía rodeado de dieciséis guardias: la confianza en Dios te sostiene en medio de la cárcel, mientras esperas la liberación.
Pedro les hizo señal con la mano para que callasen, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel y les pidió que lo hicieran saber a Jacobo y a los hermanos. Después se fue a otro lugar.
Una oración por la nación y por la iglesia
Ora por tu nación: da gracias porque Dios la ha guardado hasta hoy y pide sabiduría para sus autoridades. Ora por los niños, para que vivan en el propósito de Dios; por los jóvenes, para que se acerquen a él; y por los matrimonios que piensan no continuar, para que reconozcan a Dios como Señor de su matrimonio y, si el amor se ha acabado, el amor perfecto de Dios ponga en ellos un amor nuevo.
Pide unidad para las familias y sanidad para los enfermos. Que quienes atraviesan situaciones difíciles recuerden que Dios es su Padre y que el momento difícil no les robe el gozo: los enfermos pueden alegrarse desde ya, no solo el día en que sean sanados. Ora por los solteros, para que decidan según la Palabra; por los universitarios y los jóvenes adultos, para que sean esforzados y valientes y no olviden a Dios al obtener recursos; por libertad para quienes viven en adicciones; por una buena vejez para los ancianos; y por consuelo para las viudas, porque Dios es su esposo.
Ora por los niños abandonados: un pan no basta para sanar sus heridas, pero la presencia de Dios sí. Pide nuevas puertas y nuevas vestiduras para los hijos de Dios. Y confiesa: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te reconozco como mi Señor y mi Salvador».
Esto es el reino: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. No esperes una vida sin pendientes para adorar, orar o confiar: hazlo mientras las circunstancias siguen abiertas. La fe te sostiene en medio de la injusticia, la espera, la cárcel y la adversidad.
Referencias bíblicas
- Romanos 14:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 16:9-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 8:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Tesalonicenses 5:16-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 15:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 12:1-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 37:25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 12:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


