EN Oración
Serie Reino

Como niños: confiar en Dios y vivir sin afán bajo el gobierno de su reino

Jesús te invita a volverte como un niño: sencillo, humilde y confiado. Si Dios de verdad gobierna tu vida, no tiene por qué estar llena de estrés y afán. Confía en él y haz el bien, deja de enfocarte en lo que te falta, descansa en que tus tiempos están en sus manos, disfruta cada temporada y cambia tu carga por su yugo.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
44 min

Jesús comenzó su predicación diciendo: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado». Arrepentirse es cambiar la manera de pensar. Jesús vino a enseñarnos a vivir, y cada paso en su reino te muestra áreas donde Dios todavía no gobierna. Pregúntate con honestidad: si Dios de verdad gobierna tu vida, ¿por qué vives con tanto estrés, preocupación, afán, ansiedad y cansancio? No es la vida lo que te cansa: es la manera en que piensas, ves, sientes y hablas.

Confía en Dios y no dejes de hacer el bien

«Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad». Hay cosas que te toca hacer: una cruz que cargar, pruebas que soportar, batallas que pelear. Pero los beneficios del reino son mayores que todo lo que enfrentas. Quieres hacer bien tu papel de esposo, de padre, de hijo, de trabajador, y eso está bien; pero primero confía. Si te traicionaron, confía y haz el bien. Si atraviesas un momento difícil, confía y haz el bien. No te toca devolver mal por mal: «Mía es la venganza», dice el Señor.

Cuando Dios no gobierna, la vida se vuelve un desorden, y la ansiedad y el estrés se convierten en algo normal. El estrés es un ladrón que no discrimina: se lleva tu salud, tu paz, tu familia y tus relaciones. Dios te llamó a ocuparte, no a estresarte. Uno de los riesgos de no dejar que Dios gobierne es que dejas de disfrutar lo que haces. Revisa con sinceridad: ¿cuántas de las cosas que haces las estás disfrutando?

El estrés revela tu enfoque

Una de las mayores causas del estrés es enfocarte en lo negativo y en lo que te falta. A veces, en medio de un momento hermoso con la familia, empiezas a quejarte de lo que todavía no ves cumplido, hasta que alguien te hace ver todas las bendiciones que Dios ya te dio. Cuando te enfocas en lo que no tienes, generas estrés; cuando agradeces lo que tienes, vives plenamente.

No le entregues toda tu atención y tu energía a los problemas, porque te quedarás drenado. No son tu prioridad. Si un problema arruina tu día, es porque ahí está tu enfoque. Si pasas un día entero mirando solo lo malo, terminarás exhausto, de mal humor, peleando con quien se cruce en tu camino, y sin ver los momentos de alegría que Dios te regaló. «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra».

Vuélvete como un niño

«Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos». Un niño no vive angustiado por lo que comerá mañana: disfruta cada minuto, no se afana, y confía. Si tienes la humildad y la disposición de un niño para recibir el reino, verás grandes cosas.

Versículo clave

«Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos»

Mateo 18:2

«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños». ¿Habrá cosas que Dios no te ha revelado por tu terquedad? Un niño es sencillo, dócil y enseñable. A veces nos complicamos la vida: todo tiene que hacerse como yo digo, en el tiempo que yo digo. La complicación no hace avanzar nada. Ser humilde es decir: «No lo sé todo; enséñame».

La confianza trae paz y seguridad

«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado». No es una paz parcial ni emocional: es completa. Cuando confías, la paz que sobrepasa todo entendimiento cubre tu mente y tu corazón, sin importar las tormentas. ¿Quién te gobierna: los problemas, la adversidad, o la paz de Dios?

«Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre». La confianza en Dios trae estabilidad emocional, espiritual y aun física. Muchos problemas del cuerpo vienen de vivir bajo estrés, ansiedad y preocupación constantes. La sanidad divina es un regalo, pero la salud también es tu responsabilidad.

«En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré». El miedo va a llegar, pero cuando confías en Dios, se va. Hay cosas que el enemigo no te puede hacer, por más que quiera; basta con que tú creas que sí puede para que te paralices. Jezabel amenazó a Elías, y nunca lo tocó: Dios se lo llevó al cielo en un torbellino. Pero Elías se desgastó a mitad del camino porque le creyó a Jezabel.

Tus tiempos están en sus manos

«En tu mano están mis tiempos». Entonces, ¿cuál es el afán? Muchas veces nos presionamos solos, pensando que perdimos el propósito o el llamado. Si todavía no has visto lo que has creído, orado y ayunado, quizá es porque aún no estás listo para recibirlo y sostenerlo. Cuando Dios dé la orden, estarás listo.

Versículo clave

«En tu mano están mis tiempos; Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores.»

Salmos 31:15

Dios no quiere que solo pases de temporada en temporada, sino que disfrutes cada una. Si tus hijos son pequeños, disfrútalos: es solo una etapa. Si avanzas sin disfrutar, haz una pausa y pregúntate dónde te perdiste. En cada temporada, Dios forma madurez, sabiduría y carácter, e implanta su reino en tu corazón. David pastoreó ovejas, tocó el arpa en el palacio, derrotó gigantes, fue perseguido, y luego reinó; y aprendió a vivir cada etapa con propósito.

Cambia tu carga por su yugo

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga». Te fatigas cuando quieres ser el salvador del mundo, cuando crees que tienes que tener todas las respuestas, o cuando cargas cosas que Dios nunca te pidió.

El yugo representaba la suma de obligaciones; pero el reino no es una lista de tareas. Un día dejarás de hacer lo que haces, pero nunca dejarás de ser hijo de Dios: tu identidad no está en lo que haces. Jesús te ofrece un intercambio: tu carga por su descanso. No dejes a Dios como último recurso; que sea tu primer pensamiento. Deja de correr hacia todo el mundo, y corre hacia Jesús, que te conoce, sabe cómo fuiste creado, y conoce tus debilidades y tus temores.

Referencias bíblicas