EN Oración
Serie Alumbra

¿Qué esperas para alumbrar?

Deja que Jesús alumbre las áreas oscuras de tu vida y refleja su luz con acciones que den testimonio en tu hogar, tu trabajo y dondequiera que estés.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
51 min

«¿Qué esperas?» No se trata de cuánto tiempo esperas tú, sino de la pregunta que el cielo le hace a la iglesia: ¿qué esperas para alumbrar y para dejarte alumbrar? En un mundo lleno de oscuridad, caos, incertidumbre y miedo, la iglesia está llamada a despertar y ser una comunidad radiante, llena de esperanza, que comparta la fe y refleje el amor y la misericordia de Dios.

Que el Espíritu Santo sacuda tu espíritu y despierte en ti lo que Dios tiene para tu vida. Es tiempo de alumbrar en medio de la oscuridad, y la respuesta está en la iglesia de Cristo. Subir a un nuevo nivel no es para alimentar el orgullo o el ego: tiene propósito en Cristo. La imagen es la de una ciudad construida en lo alto, que todos pueden ver.

Una luz que primero necesita ser alumbrada

En Mateo 5:14 leemos: «Ustedes son como una luz que ilumina a todos», como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro. Dios sigue construyéndonos, y esa construcción tiene un propósito: que todos vean su gloria en nosotros, también en medio de los momentos difíciles. No es para que la gente nos adule, para caerle bien a todos ni para no tener ningún problema. Déjate construir por Dios: ya hay una parte construida, pero falta mucho.

Versículo clave

«Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.»

Mateo 5:14

Esa construcción también se relaciona con el fundamento de la Palabra de Dios. Lo que Dios construye en una persona es eterno, y los cielos y la tierra pasarán, pero la Palabra permanece. Además, quien cree, aunque muera, vivirá. Así, la Palabra recibida es un fundamento permanente para la vida. La luz que los cristianos llevan, sin embargo, no es propia: es la luz de Jesús en ellos, la luz que viene del cielo y de la cruz. Todos caben en la cruz porque Cristo murió por todos.

Para alumbrar hay que ser alumbrado. Hay áreas de la vida que Dios ya ha iluminado y otras que todavía necesitan luz; cuanto más se lee la Palabra, más aparecen zonas que ni sabíamos que estaban en oscuridad. Si eres cristiano, no puedes pasar desapercibido, pero la luz no es propia: la diferencia la marca la luz de Jesús.

Reconocer lo que necesita salir a la luz

Efesios 4:17-18 nos pide no vivir como los que no conocen a Dios, que viven de acuerdo con sus tontas ideas. Todos nos hemos dejado dirigir por ideas tontas, creyendo que eran mejores que la verdad de Dios, y un día descubrimos que la ignorancia nos estaba dominando. Una cosa es aprender algo que no se sabía; otra, que la ignorancia domine por la dureza del corazón. La verdad de Dios trae libertad y permite reconocer lo que antes no se veía.

Pídele a Dios que alumbre lo oculto y lo oscuro. Una cosa es lo que hablamos y otra lo que hacemos: alguien dice que ama a Jesús, pero sus redes sociales comunican otra cosa; dice que ama a Cristo, pero llega tarde a la iglesia y temprano a un concierto. Que lo que hablamos vaya con lo que hacemos.

Lo que importa no es cómo nos vemos en la iglesia, sino cómo vivimos el resto de la semana. No dejes que tus ideas ni la ignorancia gobiernen tu vida. El pecado no daña a Dios, sino a nosotros, y Dios nos ama tanto que no quiere vernos en aquello que nos destruye. Ser construidos y alumbrados no es apariencia religiosa: es acercarse a la vida que Dios ofrece.

Se puede decir que se ama a Jesús y vivir como si no se lo conociera. ¿Cuántas veces nos hemos alejado, por días o meses, de la vida que Dios da? Jesús dijo: «sin mí nada podéis hacer». Puedes comprarte una casa de cincuenta habitaciones o el último carro y no estar bendecido: los dones y talentos permiten logros, pero solo Dios da el gozo que las posesiones no dan. Dios habita en lo sencillo.

Efesios habla de quienes se han entregado a la inmoralidad y no se sacian. El pecado nunca termina donde comienza: se vuelve insaciable y deja un vacío que nada logra llenar. La pornografía empieza con algo y avanza hacia contenidos cada vez más extremos. Pero si Dios te alumbra, prepárate para ser saciado por su gracia, su amor y su presencia.

Asimismo, no es lo mismo divertirse que alimentar aquello que destruye la relación con Dios. Existe un conflicto entre lo que desea la carne y lo que anhela el espíritu, y algunas personas llegan a la iglesia con disposición espiritual incluso cuando la carne ofrece resistencia. La invitación no es condenar toda alegría, sino identificar las cosas que dañan y apartan de lo que el espíritu anhela.

Vivir intencionalmente y resistir la tentación

¿No fue esta la enseñanza que recibieron acerca de Cristo, según la verdad que está en él? Hay que vivir intencionalmente: cada día conforme a nuestros principios y valores, a lo que creemos y somos, conscientes y presentes en cada momento. Puedes orar: «Señor, hoy es un nuevo día», reconocer el área o el mal hábito que te hace daño y decidir que la luz de Jesús lo alumbre. Vivir intencionalmente es construir la vida sobre la Palabra, no solo existir y dejar que los días pasen.

Dios tiene misericordia: estábamos muertos en delitos y pecados. Pero ¿qué tal si aprovechamos su misericordia para crecer, madurar y ser alumbrados, en vez de seguir en lo mismo que nos mantiene detenidos? Puedes luchar con un pecado sin rendirte a él.

Frente a los deseos engañosos, la renovación de la mente consiste en cambiar la manera de pensar mediante la Palabra y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza. Hay deseos buenos —como el deseo hacia el cónyuge— y otros muy engañosos. Todos vamos a ser tentados; la clave es no satisfacer esos deseos. La meta es no satisfacer lo que lleva a la destrucción y permitir que Dios renueve la mente.

1 Corintios 10:13: las tentaciones son comunes al género humano, pero Dios es fiel y no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos aguantar; cuando llegue la tentación, dará también una salida para resistir. No es Dios quien manda la tentación, pero siempre da la salida. No más excusas.

Versículo clave

«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.»

1 Corintios 10:13

Pablo enseña que, si se llevan las debilidades delante de Dios, su poder reposa sobre la persona, y aquello que era una debilidad puede convertirse en fortaleza. Esta idea se aplica al testimonio: alguien alumbrado en su debilidad puede contar a otros que Dios le dio una salida. Las tentaciones no desaparecen; vendrán, pero Dios ofrece una salida.

La resurrección de Cristo nos abrió la posibilidad de elegir. Antes estábamos atados en delitos y pecados; la salvación nos desató, y ahora podemos elegir entre la tentación y caer en pecado. Hay tentaciones difíciles y puede haber tropiezos, pero confía en Dios: Jesús está contigo en la prueba.

La gracia para seguir avanzando y alumbrar

Al volver a Mateo 5, ahora al versículo 15, leemos que una lámpara no se enciende para cubrirla con una vasija, sino que se pone en el candelero para alumbrar a quienes están en la casa. Después viene la instrucción de hacer brillar la luz delante de todos para que vean las buenas obras y alaben al Padre que está en los cielos. Por eso hacen falta acciones diferentes y oportunidades para alumbrar la vida de otros. La luz no es un motivo para esconderse ni una propiedad personal: es la luz de Jesús que debe reflejarse en la vida.

A partir de allí, el llamado es a no dejar de avanzar, y la gracia viene con una advertencia clara: no es permiso para vivir en aquello que destruye. Aunque Dios dé una nueva oportunidad, usar la gracia para permanecer en lo que hace daño no es avanzar. La gracia es misericordia que puede aprovecharse para ser alumbrado y dejar de vivir como vive el mundo, no para justificar la destrucción. El tropiezo puede convertirse en un paso de aprendizaje, y no hay que confundirlo con un estancamiento.

Ante alguien que lucha con un mal hábito, no hace falta ser juez. Un abrazo, una invitación a volver a la iglesia y la verdad dicha con amor —«Dios te ama, y esto está dañando tu vida y tu salud»— valen más que una condena.

Siempre se inventan nuevas maneras de justificar lo que nos daña: ideas tontas para seguir dañando la salud. No se trata de criticar a nadie, pero Dios no quiere vernos dañando nuestra salud en ningún aspecto.

Ser luz no es no pasar por dolor ni por angustia: es saber que tu dolor tiene propósito y que Dios te alumbrará en medio de él. Un día podrás acompañar a alguien que atraviesa lo mismo y decirle: «Yo he pasado por ese dolor». Dios es fiel: no te des por vencido.

Quien fue librado de un pecado puede decir que Dios lo visitó con su misericordia y que entendió cuánto lo amaba. ¿Qué esperabas para ser alumbrado, si toda la Palabra de Dios estaba ahí para alumbrarte? Ese día llega la libertad. Y la luz que hay en ti no es tuya: es de Jesús, que te ama.

Dios va a alumbrar cosas que no habías notado que estaban en oscuridad en tu vida. «¿Qué esperas para alumbrar?» La luz no se esconde bajo un almud, una caja o una vasija: es para mostrarla en el trabajo, en el hogar y en la universidad. Y si piensas que eres muy joven, lee la Palabra: hubo hombres llamados desde su juventud que marcaron la historia, como antorchas encendidas para una nueva generación.

Hay mucha oscuridad en el mundo, pero nadie podrá apagar la luz de Jesús: ni la muerte ni la tiniebla más oscura pudieron apagarla. Permite que Jesús alumbre las áreas de tu vida que siguen en oscuridad, y alumbrarás la vida de muchos.

Toma un momento para hablar con Dios y pídele que alumbre las áreas de tu vida que todavía no han sido alumbradas. Puede haber orgullo, o una mezcla con cosas que creemos que son luz pero no lo son; solo la luz de Jesús alumbra de verdad la vida y el propósito.

¿Qué esperas para ser luz para otros? El mundo necesita una iglesia que no solo hable de la luz de Jesús, sino que tenga acciones que la reflejen: donde antes no perdonábamos, que ahora perdonemos. Muestra a Jesús, a veces sin decir una sola palabra, de modo que otros reconozcan un cambio que solo él pudo hacer.

Donde no eras testimonio, comenzarás a serlo, y donde estabas atado, darás testimonio de que su luz te alumbró. Lo que hoy es un pecado o un mal hábito que no has podido superar, Dios lo transforma en testimonio para ti y para muchos. Todo lo que le rindes a Dios, él lo transforma en bendición y en luz.

Una oración para abrir el corazón

Abre tu corazón a Jesús y haz esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón. Entra en él, porque hoy la luz ha llegado a mi vida». Amén.

Referencias bíblicas