EN Oración
Serie Alumbra

Alumbra mi historia

La fe es dinámica, y Dios puede alumbrar tu historia en medio del arrepentimiento, los procesos difíciles y las promesas que todavía no ves cumplidas. El capítulo que vives hoy no es necesariamente el final.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 04 min

Dios alumbra la mañana y la noche. Búscalo desde temprano y deja que su luz alcance cada momento del día. Puedes empezar la jornada llenándote de lo que oscurece tus pensamientos y tus acciones; no desperdicies las oportunidades cotidianas de buscar su luz.

Hoy pídele: «Alumbra mi historia». La fe no es estática, sino dinámica. Quizá llegas con poca fe, pero al oír la Palabra de Dios, la fe se pone en acción y crece. Disponte a escuchar con fe.

Una historia alumbrada por Dios

Permitir que Dios alumbre tu historia es una decisión personal. Intentar alumbrarla solo con tus dones, talentos y fuerzas es como usar una linterna de baterías, cuya luz dura poco; la luz de Dios es como la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. Hay decisiones que tomar: ¿quieres que tu historia sea alumbrada por Dios?

El hijo pródigo pidió su herencia, se fue y la malgastó. Terminó en la miseria y decidió volver: «Me levantaré e iré a mi padre». El padre lo vio de lejos y lo recibió con afecto. El padre lo estaba esperando, pero esa espera no garantizaba que el hijo quisiera volver: él tuvo que decidir.

El padre mandó traer el mejor vestido, un anillo y calzado, e hizo fiesta. El hermano mayor se enojó al enterarse. Aquella historia cobró vida por medio del arrepentimiento. No creas que tu pasado te impide volver a Dios. Dios tiene cosas buenas para ti, pero tienes que tomar la decisión de acercarte a él.

Rahab era prostituta, y decidió apartarse del pecado y conocer a Dios. Su historia cambió, y de su linaje vino Jesucristo. El pasado no desaparece, pero Dios puede alumbrar una vida que estaba en oscuridad y vacío.

Honrar a Dios en el horno

A Sadrac, Mesac y Abed-nego, los compañeros de Daniel, se les exigía adorar una estatua bajo la amenaza del horno de fuego. Respondieron: «Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua». Fue una prueba de valores y principios ante la presión para negociar lo que creían.

Alguien podría haberles aconsejado negociar: adorar con una sola rodilla, para evitar el conflicto. Esa presión también existe hoy. No abandones lo que honra a Dios solo para evitar un momento incómodo. Puede haber hornos, pero Dios estará contigo cuando los atravieses honrándolo.

Los tres fueron arrojados al horno, y el rey vio a cuatro varones sueltos paseándose en medio del fuego, y el aspecto del cuarto era semejante a hijo de los dioses: era Jesús. Salieron sin que el fuego los consumiera. Cuando sales de un restaurante, tu ropa queda impregnada del olor a comida; ellos salieron del horno sin olor a humo.

Atravesar momentos difíciles no tiene por qué producir amargura. Puedes salir del horno en llamas, pero ardiendo con el Espíritu de Dios, no destruido. Los hombres que los habían atado murieron al acercarse al fuego. No te prometo que no habrá hornos, pero Dios se meterá allí contigo si le eres fiel.

Dios está por encima de la circunstancia

Jacob durmió con una piedra como almohada y soñó con una escalera por la que subían y descendían ángeles. Jehová estaba en lo alto, y Jacob en un momento de vulnerabilidad. Dios está por encima de tu circunstancia, aunque te encuentres en un momento bajo.

«Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia, y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho». Dios no abandona a quienes atraviesan un proceso. La circunstancia no es fácil, y en medio de ella puedes sentir que Dios se fue, pero no se ha ido.

Versículo clave

«He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.»

Génesis 28:15

No cuentes tu testimonio demasiado pronto ni cierres tu mente a lo que Dios todavía puede hacer. Hay series que parecen terminar, pero tienen otra temporada: un capítulo doloroso no necesariamente es el final. Algunas decepciones resultan liberadoras: el fin de una relación tóxica que no habías reconocido como tal, o la pérdida de una empresa o de dinero que ocupaban el lugar más alto en tu vida.

Cuando lo inesperado oscurece el entendimiento

Rubén volvió a la cisterna, y José ya no estaba. Los hermanos tiñeron la túnica de José con la sangre de un cabrito y se la llevaron a Jacob, que la reconoció y dijo: «La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró». Esa túnica representaba sueños, promesas y expectativas.

Raquel murió al dar a luz a Benjamín. Ella lo llamó Benoni, «hijo de mi dolor», pero Jacob lo llamó Benjamín, «hijo de mi mano derecha». Jacob decidió no definir la vida del niño por el sufrimiento del momento, sino por lo que creía. Benjamín es lobo arrebatador que a la mañana come la presa y a la tarde reparte los despojos: hambre de la gloria de Dios y generosidad.

Lo inesperado puede oscurecer tu entendimiento, y empiezas a decir: «Esto se acabó», «no hay futuro», «seguro pasó lo peor». En muchas películas, sin el acontecimiento difícil no habría historia. El dolor no es bueno, pero las historias gloriosas de Dios pueden comenzar en momentos difíciles. En la historia de Dios no hay dobles: los procesos se forman en ti, y tú eres más valioso que el oro y la plata.

Jacob lloró a su hijo muchos días, rehusó recibir consuelo y dijo que descendería enlutado a su hijo hasta el Seol. Quizá has pasado momentos en que sientes que ya no puedes más. Y quizá Jacob percibía algo extraño en que quienes lo consolaban fueran los mismos que le habían causado el dolor.

Los cristianos también se frustran cuando la vida no sucede como esperaban; esa frustración revela cómo habrías querido que ocurrieran las cosas. Dios le había prometido a Jacob la tierra, una descendencia bendecida y su presencia. Mientras Jacob lloraba a José, José ya estaba en casa de Potifar, y Dios lo prosperaba allí. Jacob todavía no podía ver el desarrollo de la historia.

La historia todavía no está revelada

Hubo hambre en Canaán, y los hermanos de José fueron a Egipto por alimento. Llegaron ante José, que gobernaba, sin reconocerlo. José les pidió que llevaran a Benjamín y retuvo a Simeón. Cuando le contaron a Jacob que debían llevarse al menor, él dijo: «Contra mí son todas estas cosas». No era la conclusión verdadera de la historia, sino lo que Jacob podía ver en ese momento.

Aprende a elegir lo que Dios ha elegido, aun cuando parezca injusto y no lo entiendas. Jacob no tenía la solución, y no la necesitaba en ese instante. Lo que necesitas en medio del proceso es llenarte de la presencia, la Palabra y la sabiduría de Dios. A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, aunque esa frase sea difícil de recibir cuando estás viviendo lo peor.

Los hermanos llevaron a Benjamín a Egipto, y José le sirvió una porción cinco veces mayor que la de los demás: Benjamín estaba recibiendo y repartiendo, como había declarado Jacob. Cuando los hermanos volvieron y dijeron que José vivía y gobernaba en Egipto, Jacob no les creyó. Pero cuando vio los carros que José había enviado, su espíritu revivió.

Jacob no creyó las palabras de sus hijos, pero sí creyó al ver los carros enviados por José. Déjate influir por personas cuyo fruto acompañe sus palabras. Si tu espíritu se siente apagado, Dios puede renovarlo.

Entonces dijo Israel: «Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera». Tu esperanza vuelve a respirar: lo que creíste muerto todavía puede estar vivo. Tu historia no ha terminado, y Dios no te dejará hasta cumplir lo que te ha dicho.

Versículo clave

«Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera.»

Génesis 45:28

Una historia que alcanza a otros

Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo de Jacob, y le pidió de beber a una mujer samaritana. Le habló del agua viva y le dijo que había tenido cinco maridos, y que el que ahora tenía no era su marido. Aquel pozo seguía llevando el nombre de Jacob.

La mujer fue a la ciudad a contar lo que había vivido, y muchos creyeron. Su historia fue alumbrada por Dios, y después de encontrarse con Jesús llevó el mensaje a su pueblo. Quizá los ángeles pensaban que la historia de Jacob y José ya había terminado, pero seguía alcanzando a otros.

Dios no pensaba solo en Jacob, José o Benjamín, sino también en la mujer samaritana, en su pueblo, en ti y en las generaciones futuras. Es una historia que continúa. Quizá has dejado de soñar, pero Dios sigue alumbrando historias, incluso cuando todo parece estar en contra.

Oración y respuesta

Pide al Espíritu Santo que te ministre, te consuele y te renueve. Si sientes que las cosas empeoran y no puedes ver lo que ocurre bajo la superficie, Dios da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Lo que vives es solo un capítulo, y tu testimonio aún no está terminado.

Pide sanidad, nuevas fuerzas y renovación de tus pensamientos. A veces nos contamos las peores historias: que todo terminó, que no podremos levantarnos. Confía en que Dios puede alumbrar tu historia. El arrepentimiento te lleva a la paz y a la bienvenida al reino y al amor de Dios. Pide perdón por haber puesto tu confianza en razonamientos que oscurecen la esperanza, y da gracias por el consuelo recibido.

Si dejaste de soñar, vuelve a hacerlo. Si llegaste pensando que tu historia ya no tenía continuación, todavía no has visto lo mejor. Pide perdón por tus pecados, ábrele tu corazón a Jesús y recíbelo como tu Señor y Salvador. No quieras que tu historia sea alumbrada por tus propias fuerzas: ponla en las manos de Dios.

Referencias bíblicas