Desafiados, pero alumbrados. Todos tenemos desafíos, y vendrán desafíos mayores. Algunos retos te llevan a un nuevo nivel de fe y de conocimiento de Dios por medio de la experiencia y de la palabra. Los desafíos deberían ser tan grandes que no puedas cumplirlos por tu cuenta y necesites a Dios: lo fácil lo puedes hacer tú; ante lo difícil o lo que parece imposible, necesitas al Dios que hace posible lo que tú no puedes.
La buena noticia es que, en medio de esos desafíos, puedes ser alumbrado. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces. Dile a quien tienes al lado que viene de arriba, aunque quizá todavía necesite ser perfeccionado un poco. ¿Crees que eres especial para Dios? ¿Lo experimentas?
En el Padre de las luces no hay mudanza, ni sombra de variación. Las personas sí cambiamos: una pareja puede estar muy bien un día y no tanto otro, porque esperamos perfección y cambiamos el trato cuando el otro se equivoca. Pero Dios te ama aun cuando te equivocas y eres imperfecto; antes de que abrieras los ojos, Dios ya te amaba. Depende de quien no varía ni tiene oscuridad: Dios sigue siendo el mismo aunque cambien las modas y las circunstancias.
Versículo clave
«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.»
Santiago 1:17
La palabra que recibes es buena y perfecta porque viene de Dios. En los momentos oscuros de los desafíos, Dios permanece fiel y alumbra. «Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz». Vuelve a Dios, y no a otras cosas, como tu fuente de vida.
Dios, la fuente de vida
El dinero, un puesto, una pareja, una casa nueva, un automóvil, una moto, una bicicleta, la ropa nueva o un reloj no son tu fuente de vida. A veces te aferras a personas y bienes como si pudieran sostenerte plenamente. Dios es quien da la vida y perdona los pecados, y la sangre de Cristo te limpia. Si terminaste una relación y dijiste «sin ti no vivo», podrás vivir: no porque esa persona no fuera especial —es natural extrañarla—, sino porque tu fuente de vida es Dios.
Tampoco tu vocación es tu fuente de vida. Servir a Dios es una bendición, pero si algún día te aferras a un cargo, a un título o a un nombre, la fuente verdadera sigue siendo Dios. ¿Cómo reconocer qué ocupa ese lugar en tu vida? Mira tus prioridades. Acudir el primer día de la semana, el día del Señor, a adorar y aprender expresa una prioridad.
Al principio, la tierra estaba desordenada y vacía, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: «Sea la luz». El Espíritu Santo se está moviendo y tocando vidas. Cuando recibes la palabra, estate presente: abre tu corazón y dispón tu vida para lo que Dios quiera hacer. Si alguien te escribe en ese momento, respóndele después: puede ofrecerte un negocio, pero no es tu proveedor. El negocio puede terminar; Dios seguirá amándote y proveyendo cuando confías en él.
Quizá el enemigo no pueda vencerte, pero sí distraerte para que vivas como vencido y no como vencedor; basta una mosca que pasa para distraernos. Cuando el Espíritu de Dios se mueve y su palabra llega a tus áreas desordenadas o vacías, trae luz y las llena. ¿Dios envía desafíos? Aunque no siempre lo imagines, pueden servir para que no salgas siendo el mismo, sino alumbrado y conociendo mejor a quien ilumina tu vida.
Dios hace subir las nubes de los extremos de la tierra, hace los relámpagos para la lluvia y saca de sus depósitos los vientos. ¿Vientos de sus tesoros? En el tesoro de Dios hay vientos: desafíos que pueden llevarte a un nuevo nivel de fe y entendimiento. No son vientos para destruirte.
Cuando las habilidades no alcanzan
Los que descienden al mar en naves y hacen negocio en las muchas aguas ven las obras de Jehová y sus maravillas en las profundidades. Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal. Tiemblan y titubean como ebrios, y toda su ciencia es inútil. Hay momentos en que los recursos humanos no bastan, por hábil que seas. Tus capacidades son como una linterna de batería: alumbran solo por un tiempo. La luz del Señor es eterna y va en aumento como la luz de la aurora.
Hay desafíos que no vienen de Dios, sino de nuestras propias decisiones. Uno puede aceptar, en su día de descanso, una excursión en barco con olas de cinco o seis metros, cuando toda la ciudad tiene detenida la navegación, con dos chalecos salvavidas para cinco personas. Eso no es un desafío de Dios: es irresponsabilidad. No todo lo que enfrentamos debe atribuirse a Dios.
Los marineros de oficio no sabían qué hacer, pero Dios sí. Cuando tú tampoco sepas cómo proceder, deja que Dios te alumbre. Ni su experiencia les servía, como pueden agotarse tus habilidades en las finanzas, la empresa, la política, el hogar o el matrimonio. Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas: él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Hay desafíos que te muestran que necesitas clamar a Dios. Dios te dio habilidades y talentos, pero hay momentos en que no bastan, y un buen resultado obtenido por tu capacidad puede llenarte de más ego. Clama, ora y exprésale a Dios lo que sientes cuando estés cansado. Al salir de esos desafíos ya no serás el mismo: sabrás que Dios está presente y que puede cuando tus dones y talentos no alcanzan.
Versículo clave
«Entonces claman a Jehová en su angustia, Y los libra de sus aflicciones.»
Salmos 107:28
Dios te va a desafiar: ¿estás listo? Cuando Jesús vio que se acercaba una gran multitud, le dijo a Felipe: «¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?». Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Esa pregunta era un desafío que comenzaba a alumbrar la vida de Felipe y una invitación a un nuevo nivel.
La pregunta de Jesús y los recursos limitados
Felipe respondió: «Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco». Doscientos denarios eran unos ocho meses de salario. Jesús ya sabía lo que iba a hacer; lo que estaba a prueba era la manera de pensar de Felipe. Es fácil cantar «si te tengo a ti, lo tengo todo», pero una situación concreta puede hacer difícil confiar en lo que expresa esa canción.
Jesús es el pan de vida. Está contigo quien puede perdonarlo todo y sanarlo todo. A veces no permites que Jesús alumbre tus desafíos porque esperas respuestas de lo que no puede iluminarte. Ni el dinero ni la panadería eran la respuesta al problema sobrenatural que Jesús ponía delante de Felipe. Sé parte de una iglesia que acepta desafíos y anhela ver el poder de Dios en acción: Dios quiere quebrar tus patrones de pensamiento y transformar tu mentalidad.
Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?». Ante los grandes desafíos, también nosotros decimos: «¿Y qué vamos a hacer con esto?». Un solo muchacho, con recursos que parecían insuficientes. Jesús mandó que la gente se recostara, y había mucha hierba en aquel lugar. ¿Te apoyas en lo que supones que sucederá o en quien da la vida y puede sorprenderte? Los discípulos no podían alumbrarse unos a otros con sus cálculos.
Vuelve tu mirada a Jesús. Cuando le llevas tus pocos panes y peces, ocurre el milagro: Jesús es suficiente. Murió en la cruz, fue puesto en una tumba y resucitó al tercer día: no concluyas que una situación es lo que parece. Jesús estaba desafiando a sus discípulos para llevarlos a un nuevo nivel de fe y dirigir su mirada. Tomó los panes y, habiendo dado gracias, levantó los ojos al cielo. Levanta tú también tu mirada.
Cree que esta será una semana de milagros. Cuando te escandalices por el precio de algo, escucha a Dios: «¿Caro? Mía es la plata, y mío es el oro; para mí nada es caro». Para Dios nada es caro, porque ya pagó el precio más alto por ti: la sangre de su Hijo amado.
Mirad las aves del cielo: vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? No te afanes por la comida o la ropa: Dios cuida a sus hijos y proveerá. ¿Has visto alguna vez pajaritos estresados en su hábitat natural? Los que viven encerrados en jaulas, sí; los que vuelan libres, no.
Un pájaro pierde su nido, que le llevó tiempo construir, y a los pocos días ya está haciendo otro. La naturaleza habla del Dios que la creó. Nosotros quizá haríamos un berrinche de una o dos semanas, preguntándonos por qué se cayó el nido y si Dios nos ama y nos cuida. Pero el pájaro vuelve a construir.
Imagina que construye cantando, adorando. Si los discípulos callaran, las piedras clamarían. No dejes de adorar ante un desafío grande: Dios es más grande y puede alumbrar tu vida para que vuelvas a levantarte. Da un paso a un nuevo nivel en medio de tus desafíos. Quizá no tuviste cierta educación o cierta oportunidad, pero Dios puede sorprenderte, y es bueno.
Ante la multitud, los recursos parecían insuficientes: lleva a Jesús lo que tienes. Lo que para los discípulos parecía el final, para Jesús era el comienzo de una nueva historia. Si Dios alumbra lo poco, hay milagro. En lugar de testificar que fuiste muy bueno para los negocios, da testimonio de que Dios te alumbró, te levantó y te dio fuerzas para un día más cuando ya no te quedaban. Un nuevo comienzo.
Eran como cinco mil varones, sin contar a las mujeres y los niños. Jesús repartió los panes y los peces entre los que estaban recostados, cuanto querían. Jesús sabía lo que iba a hacer y estaba formando la fe de sus discípulos. Aquella hierba recuerda los delicados pastos del Salmo 23: Jehová es mi pastor; nada me faltará. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno. La seguridad de David no dependía de un ejército numeroso ni de un palacio, sino de Dios, su fuente de vida.
Dile a Dios: «Solo tú me haces vivir confiado». Él adereza mesa delante de ti en presencia de tus angustiadores, y tu copa está rebosando. Sal lleno de Dios: si tu copa rebosa, el desafío no te quita la confianza. Nada será suficiente si no lo llevas a Jesús; lo que pones delante de él llega a ser suficiente.
El relato menciona cinco mil varones sin contar a mujeres ni niños; pero quienes se suponía que no contaban, los niños, aparecen a través del muchacho que llevó el alimento. Quizá llevó su comida pensando que, aunque fuera poco, Jesús podía usarlo para un milagro. Confía en Dios como un niño y lleva a Jesús lo que tienes, confiando más en él que en tus propios recursos.
Los discípulos querían despedir a la multitud porque era tarde y tenían hambre. Jesús dijo: «No tienen necesidad de irse». No te desesperes por lo que ven tus ojos o por lo que sientes; no te apartes de la voluntad de Dios. Él no llega tarde. Escucha su palabra por encima de las voces de la multitud: Dios hará lo que ha dicho.
No se trata de negar la magnitud de tus desafíos ni de fingir que tus capacidades siempre bastan, sino de reconocer que Dios no cambia y que tu vida no depende del dinero, de un cargo, de una pareja o de los recursos disponibles. Si te faltan fuerzas, clama; si lo que tienes parece poco, llévaselo a Jesús; si la incertidumbre ocupa tu pensamiento, Dios permanece y puede proveer.
Haz esta confesión: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».
Referencias bíblicas
- Santiago 1:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 36:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 135:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 107:23-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 6:5-13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 23:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:25-26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 107:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


