EN Oración
Serie Alumbra

Alumbrados para alumbrar: cómo ser luz en medio de la oscuridad

Dios quiere que su iglesia alumbre en medio de la oscuridad. Pero primero él alumbra tus tinieblas: el Espíritu Santo te convence, Jesús es la luz que sigues. La obediencia y la fe mantienen encendida esa luz, y la luz no es para guardarla: es para compartirla, ardiendo y alumbrando como Juan el Bautista.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
58 min

El deseo de Dios es que su iglesia alumbre en estos tiempos de tanta oscuridad e incertidumbre. No se trata de una denominación, sino del cuerpo de Cristo. ¿Estás alumbrando en tu casa, con tus hijos, en tu trabajo, dondequiera que vas? Para eso, primero necesitas pedirle a Dios: «Señor, alúmbrame».

Dios alumbra tus tinieblas

«Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas». Algunos dicen: «Desde que me acerqué a Dios, empezaron a pasarme cosas malas». No es que Dios las envíe; es que él es luz, y cuando se acerca, sale a flote todo lo que llevabas dentro. Dios es bueno y te ama, y por eso alumbra tu oscuridad.

Versículo clave

«Tú eres mi lámpara, oh Jehová; Mi Dios alumbrará mis tinieblas.»

2 Samuel 22:29

Así como en el principio «la tierra estaba desordenada y vacía… y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas», hoy el Espíritu Santo se mueve sobre tu vida para traer orden al caos y llenar lo que está vacío. Ábrele tu corazón de par en par, y déjalo ordenar tu vida.

Alumbrado primero

Todos estábamos lejos de Dios, destituidos de su gloria. Pero aun antes de que pensaras en Dios, el Espíritu Santo ya estaba trabajando. Jesús dijo: «Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros… Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio». Él te mostró que necesitabas un Salvador. Cuando ves tu pecado, viene el arrepentimiento, y después el alumbramiento. Y el Espíritu te lleva a Jesús.

«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Recibir a Jesús es recibir la luz. La ausencia de luz es ausencia de Dios, porque Dios es luz.

Versículo clave

«Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.»

Juan 8:12

Seguir a Jesús exige esfuerzo cada día, sin importar los desiertos, las pruebas o las tormentas. Y exige filtrarlo todo por la palabra, porque el enemigo también se disfraza como ángel de luz. Cuando sigues a Jesús, no caminas en oscuridad, y desde ahí puedes alumbrar a otros. «Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra… mas sobre ti amanecerá Jehová». «Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder». Dios te saca del anonimato para que alumbres.

La obediencia alumbra

«El que me ama, mi palabra guardará». Decirle a Dios «te amo» es fácil; tus pasos de obediencia muestran cuánto lo amas de verdad. «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». En el desierto, Dios entrenó a Israel en la obediencia: una columna de nube los guiaba de día, y una columna de fuego los alumbraba de noche. Cuando la nube se movía, ellos se movían. Obedecer es negar tu voluntad para hacer la de Dios. Si aun Jesús «por lo que padeció aprendió la obediencia», ¿quién eres tú para no aprenderla? Y si has fallado, Dios te da una nueva oportunidad.

La obediencia no solo alumbra: también protege. Cuando Israel salió de Egipto, «el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube… se puso a sus espaldas, e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquellos, y alumbraba a Israel de noche». Cuando obedeces, Dios se pone entre tú y el enemigo, y lo que para otros es confusión, para ti es luz. Cuando sales de la obediencia, quedas expuesto tú y tu casa.

«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba». Nosotros queremos todo el plan: cuándo, cómo, con quién. La obediencia es plena confianza en quién es Dios. A veces Dios te pide ir a un lugar sin darte más detalles, y solo al llegar entiendes para quién te envió. Dios no necesita tanto tu análisis como tu obediencia: no lo pienses tanto, hazlo. Hay quienes viven frustrados y desgastados porque hacen cosas que Dios no les mandó hacer. Si dejaste de escuchar su voz, vuelve a la última instrucción que te dio y obedécela: desde ahí, él alumbrará el resto del camino.

La fe alumbra

Quien vive con fe vive alumbrado. La duda te hace caminar en oscuridad y te paraliza: «¿Será que Dios dijo eso? ¿Será que lo oí bien?». Y no tomas ninguna decisión ni das ningún paso. La fe, en cambio, abre tus ojos espirituales. A dos ciegos que lo seguían, Jesús les preguntó: «¿Creéis que puedo hacer esto?». Ellos dijeron: «Sí, Señor». «Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos».

«La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz». Si tu visión es clara, todo tu ser disfruta de la luz: tu familia, tu trabajo, tu oración, tus emociones, tus decisiones. Aun en el desierto, la fe te mantiene consciente de que Dios está contigo y de que él cumplirá lo que dijo.

Cuando dudas, todo se oscurece: tu familia, tus finanzas, tu futuro. Pero cuando le crees a Dios, aunque no veas todo el camino, ves el siguiente paso. La luz avanza, y quien camina en ella avanza también. Deja de vivir preguntándote si Dios habló, y empieza a caminar en lo que ya te dijo.

La luz es para compartir

La luz no es para guardarla. A veces, en un lugar cualquiera, alguien te pide un abrazo o una palabra; y cuando oras por esa persona y le hablas vida, recibe fuerzas para seguir adelante. Quizá solo estaba esperando que alguien encendiera una luz en su oscuridad.

Ananías tuvo miedo de ir a orar por Saulo, que perseguía a la iglesia; pero obedeció, y «al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista». Cuatro amigos abrieron el techo de una casa para bajar a un paralítico delante de Jesús, «y al ver Jesús la fe de ellos», lo sanó. Dios busca personas dispuestas a llevar su luz a otros.

Arder y alumbrar

Jesús dijo de Juan el Bautista: «Él era antorcha que ardía y alumbraba». Arder es que los planes de Dios te quemen el corazón. Seguir a Cristo no es cumplir un horario ni marcar una casilla los domingos, sino vivir una pasión que se nota. Pídele a Dios que alumbre tus tinieblas, obedece su última instrucción, camina en fe, y comparte la luz con quien él ponga en tu camino.

Referencias bíblicas