Alumbramiento: así se llama dar a luz. Lo que ocurre en un parto físico también ocurre en la vida espiritual. Las madres conocen ese dolor; y aunque los hombres no pueden dar a luz físicamente, sí pueden atravesar dolores de parto espirituales.
El dolor como figura de un proceso
«Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen dolores, dio a luz hijo. ¿Quién oyó cosa semejante? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos». No busques un alumbramiento sin dolor: los procesos que traen algo nuevo pueden incluir sufrimiento.
Versículo clave
«Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen dolores, dio a luz hijo. ¿Quién oyó cosa semejante?, ¿quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos.»
Isaías 66:7-8
La iglesia ha sido llamada a alumbrar, y el proceso implica lágrimas y dolores, también para quienes la lideran, aunque otros piensen que a ellos todo les va bien porque siempre se ven contentos. Tú también eres parte de ese alumbramiento. El dolor no es en vano: puede preceder a un nuevo alumbramiento, y a otro más. No niegues el sufrimiento; mantente firme en medio del proceso y lucha por creer en el propósito de Dios.
La fe puede mover montañas. Hay días en que crees que puedes mover una montaña, y otros en que la duda te hace sentir que vuelves a construirla. Aun así, viene un nuevo alumbramiento. Lucha por creer frente a las mentiras que quieren llevarte a abandonar el propósito de Dios para tu vida.
Pablo y Silas: ayudar y ser golpeados
Mientras Pablo y sus compañeros iban a la oración, una muchacha que tenía espíritu de adivinación los seguía, gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación». Después de muchos días, Pablo se volvió y le dijo al espíritu: «Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella». Y salió en aquella misma hora.
Los amos de la muchacha ganaban dinero con sus adivinaciones. Al ver perdida su ganancia, llevaron a Pablo y a Silas ante las autoridades. La multitud se agolpó contra ellos, y los magistrados ordenaron azotarlos con varas. Los metieron en el calabozo de más adentro y les aseguraron los pies en el cepo. La adivinación no agrada a Dios: si participaste en ella, Dios puede hacerte libre.
¿Qué esperas cuando ayudas a alguien? Una recompensa, no golpes. Pero a veces haces lo correcto y, aun así, atraviesas dificultades. Imagina las espaldas heridas de Pablo y Silas en la cárcel. Pocos reaccionaríamos como ellos.
A medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios, y los presos los oían. No un himno: himnos. Fue una noche de adoración. Muchos, en esa situación, nos concentraríamos en el problema y en lo injusto de lo vivido. Pero fijarte solo en la dificultad te deja sin fuerzas para buscar a Dios. Pablo y Silas empezaron por orar y cantar.
Versículo clave
«Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.»
Hechos 16:25
Adorar así no es fácil: golpeado y sangrando a medianoche después de haber hecho el bien. Si alguien se le hubiera acercado a Pablo en ese momento para decirle que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, quizá le habría pedido que lo dejara en paz. La frase es verdadera, pero en medio del dolor es difícil de recibir.
¿Amas a Dios y su propósito más que la fama, el reconocimiento, los «me gusta» o la opinión ajena? Emplea bien tus fuerzas esta semana: no las dejes consumir por la queja; resérvalas para adorar a Dios, aun en medio de los dolores de parto.
La comunidad y el propósito en medio de la cárcel
El carcelero dejó juntos a Pablo y a Silas: un error en la estrategia del enemigo. Necesitas estar cerca de otros creyentes, sobre todo en tiempos de dolor. Congrégate si puedes; si no puedes asistir, ten paz. Revisa las influencias que adormecen tu vida espiritual, y no idolatres ninguna bendición: disfruta tu casa o tu prosperidad dando gracias a Dios, sin convertirlas en objeto de adoración.
Sobrevino un gran terremoto, los cimientos de la cárcel se sacudieron, se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron. El carcelero despertó, vio las puertas abiertas, pensó que los presos habían huido y sacó la espada para matarse. Pero Pablo clamó a gran voz: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí». Pablo y Silas no oraban solo para salir de la cárcel, y lo primero que hizo Pablo fue impedir que el carcelero se hiciera daño.
No se trata solo de pedir salir de un problema, sino de preguntar para qué puede servir el proceso. Pablo y Silas no se irían sin que alguien más conociera a Dios. Los azotes y el encierro fueron dolores de parto dentro de una misión.
El carcelero pidió luz, entró temblando y preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?». Ellos respondieron: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa». El carcelero los llevó a su casa, les puso la mesa y se regocijó con toda su familia de haber creído a Dios. No fue solo él: también su casa. El plan de Dios es más amplio que salir de tu dificultad, y tu dolor puede convertirse en ocasión para que otros conozcan a Dios.
Quizá enfrentas una enfermedad, escasez económica o una relación que te rompió el corazón. El sufrimiento no es sencillo, pero deja que Dios te sane y no permitas que el dolor termine en amargura. Alumbra a otros compartiendo lo que aprendiste y presentándoles a Dios. Quizá conociste a alguien que parecía ser como Dios para ti, y a mitad de camino descubriste que Dios es uno solo y que esa persona no debe ser el señor de tu vida.
Pedro y Juan: responder sin ceder a la presión
Mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, llegaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, resentidos de que enseñaran y anunciaran en Jesús la resurrección de entre los muertos. Los arrestaron y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente. Pero muchos de los que habían oído la palabra creyeron, y el número de los varones era como cinco mil.
Responde lleno del Espíritu Santo, no dominado por el problema. Pedro, lleno del Espíritu Santo, habló ante los gobernantes y los ancianos. El hombre cojo que pedía limosna a la entrada del templo había sido sanado en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien ellos crucificaron y Dios resucitó de los muertos. No cedas ante la presión.
Ese hombre esperaba recibir algo, y Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda». Y el hombre entró en el templo saltando y alabando a Dios. Ofrece lo que tienes. Quizá había quienes se beneficiaban de que aquel hombre siguiera pidiendo y preferían que no sanara: hay quienes se sienten cómodos con el fracaso ajeno.
En un estadio, con treinta y siete grados de temperatura, una barra puede cantar durante dos horas y media sin parar por su equipo. Y en la iglesia, a veces, cuesta cantar y adorar. Los equipos pierden y quedan eliminados; Dios jamás ha perdido. No pases por el dolor sin alumbramiento.
Juega a la ofensiva, no a la defensiva. Pedro respondió a las autoridades con valentía y proclamó que Jesús, a quien ellos crucificaron, resucitó. No te avergüences del evangelio: habla de Dios sin temor. Quizá no tienes dinero para ayudar a tu vecino, pero puedes ofrecerle oración en el nombre de Jesús.
Cuando puedas, comparte también ayuda material: haz una compra para alguien que no ha tenido para el supermercado y ora por su escasez. No eres tú el bueno: es Dios quien movió tu corazón. Quien ha atravesado escasez y momentos difíciles sin terminar en amargura puede alumbrar la vida de alguien más y presentarle a Dios.
Viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. Deja de fingir que lo sabes todo: que se note con quién has estado. Permanece en el lugar donde Dios te puso, aunque el proceso haya sido doloroso.
Orar juntos y proclamar sin temor
Los creyentes alzaron unánimes la voz a Dios y oraron para que extendiera su mano para que se hicieran sanidades, señales y prodigios mediante el nombre de Jesús. Cuando terminaron de orar, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. Esto ocurrió en medio de la persecución y los dolores de parto. Ora unido a otros y recibe la llenura del Espíritu Santo.
Ora por cada familia y por quienes siguen atados a adicciones o desesperados en medio del dolor: que Dios alumbre sus vidas, quite la amargura y les dé claridad sobre su propósito. Ora por tus hijos, tus generaciones y tus amigos. De nada serviría salir del problema sin cumplir el propósito de Dios. Tus dolores de parto no han sido en vano: hay alumbramiento.
En la prisión, el fruto fue la salvación del carcelero y de su familia; a la entrada del templo, la sanidad de un hombre. ¿Estás listo para una nueva temporada? Proclama la palabra de Dios sin temor: toma tu Biblia y anúnciala. Los dolores de parto que has atravesado no serán en vano.
La salvación es el alumbramiento para la humanidad y para tu vida. Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador.
Referencias bíblicas
- Isaías 66:7-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:16-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:22-34 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 4:1-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 4:8-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 4:24-31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


