La fe viene por el oír la Palabra, y todos necesitamos recibirla. Después del cambio de corazón y del cambio de mentalidad viene el cambio de temporada: prepárate para lo que viene.
Clamar desde el fango
«Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos». Quizá has atravesado momentos en que sentiste que no podrías vivir un día más. El salmista no tuvo una vida libre de adversidad: ¿cómo se escribirían estos cantos si no hubiera habido problemas? El salmo habla de haber estado en el fango.
Versículo clave
«Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.»
Salmos 40:1-3
Dios puede poner tus pies sobre suelo firme y estabilizarte cuando clamas, aunque tu entorno no cambie de inmediato. Una cosa es lo que ocurre alrededor y otra la estabilidad de tu vida interior: el suelo puede seguir resbaloso, pero tú das un paso más confiando en Dios. Si te sientes hundido o desesperado, clama y sigue caminando.
«Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios». Aun en medio del lodo, el Espíritu Santo obra en quienes confían y hace surgir el gozo: ese es el cambio de temporada. Judá, que significa alabanza, iba al frente: adora en medio de la adversidad.
«Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová». Imagina la sorpresa de quienes te vieron en una situación terrible y ahora ven lo que Dios hizo. Tu testimonio puede animar a otros a confiar en Dios, no por mérito de tus habilidades, sino porque Dios te sacó del fango.
En un concierto cantas ante alguien a quien ves; en la iglesia cantamos a un Dios que no vemos y que es más real que lo visible. Quizá la primera vez que entraste a una iglesia te preguntaste por qué cantaban y celebraban. Quien ha experimentado la realidad de Dios canta y celebra. Prepárate para nuevas experiencias en este cambio de temporada.
Decisiones y una mentalidad renovada
Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset. La nodriza temió que el nuevo rey eliminara a los herederos de Saúl.
Todos podemos parecernos a esa nodriza cuando tomamos decisiones basadas en lo que establecen los hombres, en lugar de consultar a Dios. Recibes una mala noticia y anticipas lo peor: corres, y alguien queda lisiado. Hay decisiones que deben tomarse rápido, pero cuando sea posible, haz una pausa y dale espacio a la Palabra de Dios, para que tu decisión no esté gobernada solo por el temor o por lo que sucedió antes.
Que algo malo haya ocurrido no significa que necesariamente vuelva a ocurrir. No dejes caer lo que Dios quiere poner en tus manos por una mentalidad marcada por el pasado. Decide desde una mentalidad renovada por el evangelio y desde lo que crees, no solo desde lo que vives. No esperes lo peor: habla de lo mejor conforme a la Palabra de Dios.
No necesitas ser profeta para declarar la Palabra de Dios sobre tus hijos, tu familia y tus generaciones. Dios hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres; vuestros ancianos soñarán sueños. Frente a las noticias que anuncian dificultades, anuncia las buenas nuevas: a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. No niegues lo que vives, pero confía en que Dios puede usarlo para bien.
El temor te lleva a intentar proteger lo que solo Dios puede proteger. Cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, fueron alimentados con lo que un muchacho entregó: cinco panes y dos peces. Jesús miró al cielo, y sobraron doce cestas. No te aferres por miedo a lo que Dios te pide soltar. Ahorrar y administrar bien es sabio, pero el dinero, los ahorros y la economía mundial no pueden ser tu protección última.
Jesús no puso la mirada en lo poco que tenía en las manos: levantó los ojos al cielo. Confía en Dios y no huyas de lo que debes afrontar. Un presente no afrontado puede convertirse en un futuro atado. Algunas decisiones tomadas para evitar un peligro dejan consecuencias que pueden dejarte lisiado, como a Mefiboset.
Mefiboset recibe misericordia
El rey David preguntó: «¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios?». Siba respondió: «Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies». El rey buscaba hacer misericordia, mientras la nodriza había huido por temor. Misericordia es compasión, ternura, favor, restauración, restitución y amor intenso: es lo que Dios hace en tu vida.
Cuesta creer en la misericordia de Dios cuando tu corazón y tu mentalidad están heridos. Dios no envió necesariamente cada situación difícil, pero puede usar lo que viviste para algo mayor. Mefiboset estaba en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar: un lugar sin pasto, de tristeza y abandono.
Hay temporadas en que parece haber limitaciones por todos lados, pero no es lo mismo pasar por ellas que quedarte a vivir en un lugar sin esperanza ni oportunidades. Mefiboset perdió a su abuelo y a su padre, el reino que le correspondía y su lugar en el palacio, y además quedó lisiado. Imagina el vacío de no volver a oír la voz de su padre ni recibir sus abrazos.
Hay quienes perdieron a su padre siendo jóvenes, y quienes ni siquiera lo conocieron. Si cada uno contara su historia, habría muchos procesos distintos; a veces creemos que a otros todo les va bien sin saber lo que han vivido. No uses ninguna de esas historias como prueba de que la misericordia de Dios está ausente o que no puede haber un cambio de temporada.
Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. Aunque otros se vayan, Dios se hará cargo de ti. Reemplaza las ideas aprendidas de que algo no se puede por una mentalidad formada por el evangelio. Esa confianza llevará a quienes te observan a querer conocer a Dios.
Aprovecha el tiempo. Se pierde mucho buscando respuestas a preguntas que no las tienen: por qué murió alguien, por qué te dejaron, por qué te tocó vivir ciertas cosas. No te quedes atrapado en explicaciones que no vas a encontrar: clama a Dios, recibe un cántico nuevo y enfócate en lo que vas a hacer. Si dicen que no hay trabajo, responde con fe: «Seré de los que dan trabajo». Esa es una mentalidad del evangelio.
Quizá entregaste tu corazón, diste lo mejor y sentiste que lo dejaron caer y lo hicieron trizas. Esas heridas no deben dejarte lisiado para entrar en la nueva temporada. No permitas que te definan ni determinen tu futuro: tu futuro lo determina Dios, no quienes te hirieron o te fallaron. Perdona, bendice y sigue adelante, aunque no sepas por qué sucedió.
El Rey te llama a su mesa
David mandó traer a Mefiboset de casa de Maquir. Mefiboset se postró y dijo: «He aquí tu siervo». David le dijo: «No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa». Y él respondió: «¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?». Así habla una mentalidad herida.
Versículo clave
«Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.»
2 Samuel 9:7
Aunque Dios te hable, puedes seguir viéndote indigno. Pero el Rey te llama. David es figura de Cristo. Los reyes de esta tierra se rodean de protocolo; Jesús, el Rey de reyes, te llama a ti.
El hijo pródigo se fue, terminó deseando las algarrobas de los cerdos, lo perdió todo y decidió volver a la casa de su padre. Dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo». Pero el padre, que lo esperaba porque lo amaba, lo recibió. Las consecuencias de lo vivido no borraron que era su hijo.
El amor no es Cupido: es Jesús en la cruz. Hace más de dos mil años, Jesús se entregó por ti. Celebra el amor con tu pareja, pero para el creyente cada día es día del amor, porque las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Y si estás soltero, no estás solo: Dios está contigo.
Una nueva temporada no te vuelve pasivo: necesitas estar dispuesto a sanar tu corazón y renovar tu mentalidad. Lo mejor de Dios aún no lo has visto, y él te sorprenderá. Si sientes que llegaste lisiado en alguna área, Dios te ofrece libertad, restauración y un amor intenso e incondicional. Acepta su misericordia y siéntate a la mesa del Rey; no te quedes identificado con un perro muerto ni aferrado a Lodebar.
El cambio de temporada no depende de cuántos errores hayas cometido, sino de la misericordia de Dios, aunque también requiere tu cambio de corazón y de mentalidad. El hijo pródigo dijo que ya no era digno, pero el padre mandó traer el becerro gordo, el mejor vestido y un anillo. Si reconoces un área lisiada, pide sanidad. Examina si la autocompasión te ha impedido clamar a Dios. No te aferres a Lodebar: el Rey te ha sentado a su mesa, y la nueva temporada ha comenzado en Cristo.
Sin Jesús no habría oportunidad de una nueva temporada. Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador.
Referencias bíblicas
- Salmos 40:1-3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 4:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 9:3-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 27:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 14:17-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 15:15-24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Malaquías 4:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 9:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


