Dios te ha dado promesas nuevas, palabras que quizá ni esperabas recibir. Pero no basta con recibir la palabra: hace falta actuar y cambiar la mentalidad. Israel recibió la promesa de una tierra, pero siguió pensando como esclavo. Si no renuevas tu manera de pensar, corres el riesgo de dejar pasar las oportunidades que Dios pone delante de ti.
¿Qué es tu mentalidad?
La mente es tu capacidad de entender, pensar y aprender. La mentalidad es otra cosa: está formada por tu forma de pensar, tus creencias, las influencias que recibiste y lo que has vivido. Las heridas, el abandono o el perfeccionismo también moldean tu mentalidad. Explica por qué piensas como piensas, y a veces viene de generación en generación.
Dios ha estado cambiando mentalidades desde siempre. Cuando le pidió a Abraham que le ofreciera a Isaac, y luego le proveyó un carnero, le estaba mostrando que él es el Dios que provee. Jesús confrontaba a los fariseos, que se fijaban más en las reglas que en la compasión, porque quería cambiar su manera de pensar. Y los discípulos, bajo la influencia de Jesús, llegaron a pensar de una forma completamente distinta.
Una mente redimida por Cristo
«Renovaos en el espíritu de vuestra mente». Antes de llegar a Cristo tenías una mente caída que necesitaba redención; al recibir a Jesús, tu mente fue redimida. «Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo». En Cristo no tienes que vivir conforme a lo que aprendiste de las generaciones anteriores ni a lo que viviste en tu pasado: tienes una nueva oportunidad.
Puedes tener oro y plata y una mentalidad enferma que no te sirve de nada. Pero cuando tu mentalidad es transformada, disfrutas cada añadidura que Dios te da, sabiendo que lo más valioso es lo que él ha hecho en ti. No sales a buscar lo mejor: ya tienes lo mejor, porque tienes a Dios.
No te conformes al mundo
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta». Renovar la mente requiere tu parte: disponer tu vida y leer su palabra, que transforma tu manera de pensar. No te conformes con la mentalidad del mundo, porque el mundo no ofrece lo mejor.
Versículo clave
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.»
Romanos 12:2
Moisés, cuando Dios lo llamó, preguntó: «¿Qué les responderé si me preguntan cuál es su nombre?». Siempre pensamos que necesitamos la aprobación de los demás para que se cumpla lo que Dios dijo. Pero Dios le respondió: «YO SOY EL QUE SOY… YO SOY me envió a vosotros». Tu mentalidad no debe depender de lo que digan otros, sino de lo que dice tu Padre: «Pienso así porque así piensa mi Padre».
Esto alcanza todas las áreas: tus finanzas, tu matrimonio, el perdón. ¿Cuál es el punto de vista de Dios sobre tu dinero, sobre tu matrimonio? Ese debe ser el tuyo. Si quieres amar mejor a tu cónyuge, no basta con luchar contra tus sentimientos; cambia tu manera de pensar según la palabra —«dando honor a la mujer como a vaso más frágil»—, y entonces cambiará tu manera de actuar. Los sentimientos nacen de los pensamientos: refuerza los que coinciden con la palabra y cancela los que no.
De la esclavitud a la libertad
«Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!». Eres hijo, no esclavo. «Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo». Libertad es también la libertad de pensar en lo imposible, de seguir adelante a pesar de lo que vivas, de vivir libre del pecado por la sangre del Cordero.
«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud». ¿Para qué compras un auto: para usarlo o para guardarlo? Cristo te dio libertad para que vivas libre. Pero puedes seguir viviendo como esclavo si tu mentalidad no ha cambiado. ¿Qué vas a hacer con lo que Cristo hizo en la cruz? A ti te toca mantenerte firme.
Versículo clave
«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.»
Gálatas 5:1
«Andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos». La batalla contra el pecado comienza en la mente, no en la conducta. Pensar «Dios me perdona, así que lo vuelvo a hacer» es un autoengaño que te golpea y te destruye cada vez más. A Dios el pecado no lo destruye a él; te destruye a ti. Escoge aun tus distracciones: que te diviertan, pero que no te lleven al pecado, no sea que lo que empezó como entretenimiento termine esclavizándote.
Las decisiones nacen de tu mentalidad. Cada vez que sigues las enseñanzas de Dios, tu mentalidad cambia, y tus reacciones también, frente a aquello que quería volver a dominarte. Si tienes claro el precio que Jesús pagó por tu libertad, en la próxima decisión escogerás el punto de vista de Dios, y eso te mantendrá libre.
Deja Egipto atrás
Israel salió de Egipto, pero Egipto no salió de Israel. Extrañaban los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos. Preferían lo viejo conocido, aunque los llevara al cautiverio, que la incertidumbre de confiar en Dios. Y su mentalidad los llevó a morir en el desierto. Tú puedes decidir distinto: «Dios tiene algo nuevo; estoy listo para una aventura de fe». Una mentalidad firme sabe que en Dios no hay plan B: él es el camino. Frente al mar, sin salida aparente, Dios abrió un camino. Cuando tu identidad está firme en él, puedes decir: «Esto es nuevo e incierto, pero en ti confío».
Una mentalidad de victoria
Los espías volvieron diciendo que la tierra fluía leche y miel, pero se quedaron mirando a los gigantes: «Éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas». Caleb, en cambio, dijo: «Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos». Tenía una mentalidad para ir tras la promesa, sin esconderse detrás de «Dios lo hará todo». Dios hace su parte; tú haces la tuya.
David enfrentó a Goliat con una mentalidad distinta a la de un ejército atemorizado. Dios lo había entrenado frente al oso y el león, y él confiaba en que volvería a darle la victoria. Hoy puedes pensar igual: el que está en ti es más grande que la enfermedad, la deuda o la adversidad. Cambia tu mentalidad, y piensa desde el punto de vista de Dios.
Referencias bíblicas
- Efesios 4:23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 1:18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 12:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Juan 4:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Gálatas 5:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 119:44 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Números 13:27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 54:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


