EN Oración
Serie Saltos de fe

Salta y vuelve a saltar

Levántate por la fe, toma la iniciativa y sirve a Dios con constancia, aun cuando todavía no veas lo que él está haciendo. Salta, y vuelve a saltar.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
48 min

Salta, y vuelve a saltar. Siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse. No eras justo por ti mismo: Jesús te justificó por su sangre. Confiesa con tu boca y cree en tu corazón que Jesús es el Señor. Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

Versículo clave

«Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal.»

Proverbios 24:16

Una caída no significa que todo terminó. El justo puede tropezar, y puede levantarse porque descansa en la justificación por Jesús. Hay cosas difíciles que te toca vivir, pero aférrate a esta verdad: Dios perdona, sana y justifica. No es que nunca caigas, sino que puedes volver a ponerte en pie.

Hay días en que despiertas sin ganas de seguir adelante, sin ánimo siquiera de levantarte. No necesitas sentir algo especial: recuerda la palabra y da un paso más por fe. Aunque no lo sientas, lo crees. Vuelve a saltar: avanza confiando, aunque tus sentimientos no te acompañen.

Jesús les dijo a quienes creían saber mucho de las Escrituras que los publicanos y las rameras iban delante de ellos al reino de Dios, porque ellos no habían creído. No basta con saber: importa creer lo que sabes y responder con fe.

La iniciativa en el camino de Josué

Josué fue llamado a esforzarse y ser valiente y a caminar creyendo que Dios estaba con él. Ya no contaba con la nube ni con la columna de fuego que guiaban al pueblo en tiempos de Moisés. Dios lo estaba llamando a tomar la iniciativa, guiado por la palabra y los principios recibidos. No era autosuficiencia: quien acompañaba a Josué era el Dios de su salvación.

Moisés le cambió el nombre a Oseas, «salvación», por el de Josué, «Jehová es salvación». La salvación no procede de tu capacidad, sino de Dios. La presencia y la palabra de Dios le dieron identidad a Josué. Confía en que tu salvación viene del Dios Todopoderoso, aun cuando te falten otras cosas.

No te quedes esperando una señal como la columna de fuego. Que esta sea una semana de iniciativa: ora, cree y vuelve a saltar. Id y haced discípulos: predica la palabra y habla de Dios a tus vecinos. No necesitas ser pastor ni tener un púlpito para compartir tu fe: puedes hacerlo donde estás.

Quizá dices que has fracasado en otras cosas. Aun así, vuelve a saltar, porque la sangre de Jesús te justifica. Quizá no todo salga como deseas, pero avanzas por fe, sabiendo que la salvación viene de Dios.

Del Jordán a Jericó: un desafío tras otro

Las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos, junto a la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá se acabaron, y el pueblo pasó en dirección de Jericó. El cruce del Jordán fue un salto de fe, y enseguida tuvieron otro desafío delante: Jericó. La vida trae nuevos desafíos; después de un salto, puede ser necesario volver a saltar.

Estar bendecido no significa vivir sin presión. La presión forma el carácter y hace que se manifieste la fe que Dios depositó en ti. No hablamos de estrés, sino de presión. Ejerce tu fe cuando se presenten circunstancias contrarias.

Los sacerdotes pusieron los pies en el agua, y Dios detuvo la corriente a gran distancia. Ellos no podían ver lo que ocurría lejos, pero Dios estaba obrando. Confía aunque todavía no veas el resultado: toca el agua y da el paso de fe. Dios no te ha perdido de vista.

Cada tribu tuvo un representante que tomó una piedra del Jordán: doce piedras. El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir. Los líderes deben dar ejemplo sirviendo, no sirviéndose de los demás.

En tu hogar, tu trabajo o cualquier lugar donde tengas responsabilidad, sé de los que apoyan y sirven. No levantes ídolos de pastores, apóstoles u otros líderes, aunque sea bueno honrarlos y apoyarlos. Quienes han sido llamados a liderar deben ser los que más sirven y dan ejemplo.

Servir sin usar la fe para controlar a Dios

Frente a Jericó, cuidado con usar la fe para intentar controlar la voluntad de Dios: «Si me sanas, te sirvo toda la vida»; «si me das lo que deseo, te serviré». Hay quienes solo se comprometen si obtienen el resultado que quieren.

Que la iglesia diga: «Hágase tu voluntad, Señor; sea que sí o sea que no, te serviré hasta el último día». Pablo pidió tres veces que le quitaran el aguijón, y Dios le respondió: «Bástate mi gracia». Sigue sirviendo, creyendo y predicando, sostenido por la gracia, aunque no recibas lo que esperabas.

El pueblo levantó un memorial de piedras «para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehová es poderosa; para que temáis a Jehová vuestro Dios todos los días». Temer a Dios es respetarlo a él y a sus principios cada día. Dios es bueno y tiene planes de salvación, pero tu fe no debe dirigirse solo a obtener algo: también debe llevarte a obedecerlo, honrarlo y respetarlo.

Las murallas, la adoración y la confianza

Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel: sus habitantes temían al Dios de Israel. Una puerta cerrada no significa automáticamente derrota: la dificultad puede ser parte del entrenamiento de Dios. Vuelve a saltar.

La salvación no venía de Josué, sino de Jehová, que cierra y nadie abre, y abre y nadie cierra. Siete sacerdotes llevaban bocinas de cuerno de carnero y debían tocarlas prolongadamente. Sé esforzado y valiente: sigue adelante aunque parezca que ya no te queda aire.

Moisés representa el sacerdocio; Josué, la conquista; Jesús es Rey y Sacerdote para siempre. Y la palabra dice que los creyentes somos reyes y sacerdotes: llamados a adorar y a conquistar. Moisés subía al monte mientras el pueblo esperaba abajo; hoy tú puedes acercarte a adorar a Dios.

No dejes de adorar hasta que caigan los muros. Esperabas que Dios abriera una puerta, pero Dios derriba los muros, y la entrada ya no se limita a una puerta. Dios es dueño de la tierra, de Jericó, de sus puertas y de sus muros.

Guardaos del anatema: lo consagrado era para Jehová. No te aferres a lo que consideras tu salvación o tu sostén: el dinero, una persona, una casa, un carro, una empresa, un trabajo o una chequera. La salvación es de Jehová, y esos bienes no pueden ocupar su lugar.

Josué 6 es confianza; Josué 7, desconfianza. El pueblo confió, alcanzó lo que esperaba y luego cayó en la desconfianza, levantó ídolos y sufrió la derrota. La obediencia es el resultado de la fe: responde con obediencia a lo que Dios ha dicho.

Que lo sagrado no se vuelva común

Una estrategia de lucha deja de ser valiosa cuando lo sagrado se vuelve común. Congregarte y adorar no es un ritual ni una costumbre, sino un momento de adoración. No te acostumbres a la gloria de Dios ni reduzcas la reunión a que empiece, se canten unas canciones y termine.

Prepárate para el día del Señor: acuéstate temprano el sábado y prepara tu ropa con tiempo, para llegar dispuesto el domingo, el primer día de la semana, a adorar a Dios. No se trata de prohibir salir, sino de llegar con expectativa: que la gloria de Dios visite una vez más, que quien ya no podía más sea transformado, que quien llegó sin ánimo salga animado y que quien llegó enfermo salga sano. No es común.

La constancia antes del «de repente»

«Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti. Y Josué vino a ellos de repente». Todos deseamos que Dios haga un milagro de repente. Pero detrás de cada «de repente» hay constancia.

Pablo y Silas estaban presos injustamente, adoraban al Señor, y de repente sobrevino un gran terremoto que sacudió la cárcel. Los «de repente» llevan detrás una constante. Sigue tocando el agua aunque no hayas visto la respuesta, porque Dios ya está obrando a gran distancia. La constancia te forma.

Josué habló a Jehová el día que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo: «Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón». Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.

Josué dio esa orden, y Dios atendió su voz. Dios le había dicho que fuera esforzado y valiente, y que estaría con él adondequiera que fuera.

Servir a Dios y dejar una herencia de fe

«Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Escogeos hoy a quién sirváis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová». Declara que tú y tu casa servirán a Jehová.

Versículo clave

«Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.»

Josué 24:15

Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, murió de ciento diez años y fue sepultado en su heredad. Israel sirvió a Jehová todo el tiempo de Josué y de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel. Que también de ti se diga que fuiste siervo o sierva de Dios.

Los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, fueron enterrados en la parte del campo que Jacob había comprado. José había pedido que llevaran sus huesos a la tierra prometida, porque Dios visitaría a su pueblo. Las personas pueden ser infieles, pero Dios permanece fiel a lo que prometió.

Donde termina el salto de uno, otro comienza. No mueras sin terminar lo que te corresponde: tus hijos podrían tener que comenzar donde tú no tuviste la iniciativa de creer y empezar. Esta generación es bendita: busca a Dios.

Comprar una casa está bien, pero ¿qué ocurrirá dentro de ella? ¿Se adorará a Dios, se le servirá, se predicará su palabra? La casa y el carro de Josué ya no existen; lo que adoró y sirvió es eterno. Dale propósito eterno a lo que tienes: lleva personas a la iglesia y háblales de Cristo.

La casa de Pedro, donde Jesús sanó a su suegra, ya no existe, pero el milagro permanece. No hagas de tu casa, tu carro o tu trabajo tu salvación: orienta lo que posees hacia el servicio a Dios y lo eterno.

Jesús se sacrificó en la cruz: él es la puerta de salvación. Haz esta confesión de fe: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas