EN Oración
Serie Saltos de fe

Salta con propósito: fe, obediencia y confianza en Dios

No tomes decisiones por desesperación o necesidad: busca la dirección de Dios y confía en su fidelidad, como Abraham y Sara, aun cuando el camino no esté claro.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
52 min

No saltar solo por una necesidad

Una invitación resume este tema: «salta con propósito». No se trata de saltar por saltar, sino de dar pasos de fe con una dirección. La primera imagen es la de Jesús, que pasó cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, adonde fue llevado por el Espíritu. Una versión habla de animales feroces, y Satanás lo esperaba allí.

En el relato bíblico, el tentador le propone a Jesús que convierta las piedras en pan, apelando a su hambre. Jesús podía hacerlo, pero esa propuesta estaba fuera de la voluntad de Dios. Su respuesta fue: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Jesús no aceptó saltar por una necesidad física sin propósito: la Palabra de Dios debía orientar su vida.

Imagina el hambre después de cuarenta días sin comer, si cualquiera la siente tras unas pocas horas sin alimento. Una necesidad puede ser real e intensa, pero no por eso toda respuesta inmediata es correcta. Una decisión podría satisfacer algo temporal y, aun así, no corresponder al propósito de Dios. Por eso conviene meditar en la Palabra y comprometerse a no saltar por saltar.

El pasaje presenta otras tentaciones: lanzarse al vacío bajo la promesa de que los ángeles lo sostendrían y recibir los reinos del mundo a cambio de adorar al tentador. La respuesta de Jesús es una decisión de adorar y servir solo a Dios. Las ofertas atractivas, como la satisfacción de una necesidad o el acceso a poder y bienes, no deben apartarnos de la voluntad de Dios.

Esto se aplica a las decisiones económicas. ¿Cuántas veces alguien, por necesidad, ha saltado a un negocio que no debía emprender? Una persona puede justificarse pensando en sus hijos y sus responsabilidades, pero esas razones también pueden convencernos de actuar sin propósito. No se trata de despreciar las responsabilidades, sino de no usarlas como justificación para apartarse de la dirección de Dios.

Relaciones, decisiones y propósito

La misma advertencia vale para quienes están solteros: no iniciar una relación por temor a quedarse solos o solas. Es preferible esperar antes que elegir a alguien únicamente para evitar la soledad. Si las prioridades de dos personas son muy diferentes, no se debe dar ese paso solo porque existe atracción o porque alguien afirma que Dios le dijo que esa relación debía ocurrir. En esa situación, cada persona conserva la responsabilidad de escoger, revisando su decisión a la luz de la Palabra.

La fe no es ausencia de planes o metas. Hay que planificarse, pero la última razón para dar un paso no debería ser el dinero. Conviene examinar si un negocio puede traer destrucción a la vida o a la familia, y si sus frutos servirán de bendición para la familia, para el reino y para otras personas: por ejemplo, si podría generar trabajo y permitir que muchos conozcan a Cristo.

La diferencia no está simplemente en tener dinero, sino en lo que se hace con él. Algunas personas pueden alcanzar dinero y creer que ese era su propósito, cuando su llamado era honrar y obedecer a Dios. Podemos dañar el propósito de Dios en nuestra vida, aunque no la promesa de Dios. El éxito material no demuestra por sí mismo que una decisión haya sido tomada con propósito.

Jonás pagó un boleto para apartarse del propósito de Dios y se alejó; después se quedó dormido y tuvieron que despertarlo. Saltar sin propósito puede llevar a quedarse dormido espiritualmente y creer que uno avanza en la dirección correcta cuando va en la contraria. Saúl, al oír que él había matado a miles y David a diez miles, entró en una lucha por ser superior: fue un salto impulsado por el ego, las voces y el deseo de mantener una imagen.

Dios puede obrar en medio de lo difícil

Que el trabajo, la familia y los planes tengan un propósito eterno. Romanos 8:28 no significa que todo lo que sucede venga de Dios. Hay consecuencias de nuestras decisiones y hay dificultades inesperadas que nos toca vivir. Pero Dios puede obrar en medio de los errores de quienes se arrepienten y de circunstancias que sacuden la vida, para hacer que cooperen para el propósito que tiene para ellos.

Versículo clave

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»

Romanos 8:28

No todo lo que nos sucede viene de Dios, pero la buena noticia es que, en él, todo es transformado. Dios tiene un propósito para cada uno, y en él todo es transformado.

Abraham obedeció sin saber adónde iba

Hebreos 11 nos lleva a Abraham. Hebreos 11:8 dice que fue por fe que Abraham obedeció cuando Dios lo llamó a dejar su tierra y dirigirse a otra que recibiría por herencia; otras versiones hablan de dejar también a su parentela. Abraham salió sin saber adónde iba.

Versículo clave

«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.»

Hebreos 11:8

Abraham no sabía el destino, pero sabía quién lo llamaba. Es una invitación a obedecer a Dios sin exigir conocer de antemano cada detalle. El deseo de saber qué ocurrirá mañana puede convertirse en una condición puesta a Dios, en vez de confiar en quien llama. La obediencia, aunque algo no tenga sentido para nosotros, puede tener propósito para Dios.

Esto incluye la obediencia a la Palabra. El llamado a apartarse del pecado y no entrar en una relación desordenada que aleje a alguien de Dios es una expresión de amor de Dios. La Palabra está por encima de lo que sentimos cuando nuestros sentimientos nos conducen en dirección contraria. Busquemos la dirección de Dios en medio de la incertidumbre, sin negar que esa incertidumbre exista.

Cuando Dios llama a comenzar algo nuevo, nos gustaría que nos explicara de antemano cómo llegaremos a verlo cumplido. Pero Dios no da esa explicación por adelantado, sino la invitación a confiar: cada día llega la provisión necesaria. Si conociéramos de antemano cómo ocurrirá todo, quizá dejaríamos de buscar a Dios y nos apoyaríamos en nuestro orgullo, nuestros resultados y nuestras propias fuerzas. Hay que saltar con confianza en Dios, no con certeza previa sobre los hechos.

Lo que hoy vemos es expresión de la fe, la gracia, la misericordia y la bondad de Dios desde el día en que recibimos su palabra. Tomemos decisiones y dejemos de saltar sin propósito. Una buena idea no sustituye la voluntad de Dios, aunque una buena idea alineada con esa voluntad puede cooperar con lo que Dios quiere hacer.

Fe para llegar y para permanecer

Hebreos 11:9 dice que Abraham llegó a la tierra prometida y vivió allí por fe, como extranjero en carpas, e Isaac y Jacob vivieron de la misma manera. En la vida cotidiana, hace falta fe para llegar a lo que Dios ha dicho y también para permanecer allí. Alguien puede pedir un negocio y, cuando este produce, todavía necesita fe para actuar íntegramente y no apartarse de Dios por lo que ahora posee.

El pasaje de Hebreos habla también de la esperanza de una ciudad con cimientos eternos, diseñada y construida por Dios. Lo eterno ofrece una base sólida, a diferencia de lo material, que puede ser inestable. La comparación bíblica entre la casa edificada sobre arena y la edificada sobre roca lo ilustra: llegan vientos, lluvia y ríos, y la casa sobre arena cae mientras la de la roca permanece.

Quizá estés desanimado porque tu negocio no prosperó o porque aún no has visto lo que esperabas. El cansancio y la frustración son válidos, pero permanece firme en lo eterno. El año puede terminar, pero Dios no ha terminado; aunque todavía no se vea la promesa, quien permanece en Dios puede terminar de pie. Un negocio o un aguinaldo, por grande que sea, es inestable; la confianza en Dios no lo es.

No lo midas todo por cuánto tienes. Si llegas al año siguiente con mucho, sigue saltando con propósito; y aunque no tengas mucho, si tienes a Dios lo tienes todo.

Sara y la fidelidad de Dios

Hebreos 11:11 habla de Sara, quien recibió fuerza para tener un hijo pese a su avanzada edad y a ser estéril, porque consideró fiel al que había hecho la promesa. Esa confianza en la fidelidad de Dios es clave. Recordemos pasajes sobre la fidelidad divina y grabemos esa verdad en los pensamientos, especialmente cuando el tiempo pasa y una solución esperada no llega.

Abraham y Sara cometieron errores, y el tiempo de espera pudo resultar difícil. ¿Qué ha avanzado tanto en tu vida que te hace dudar de que todavía puedas saltar con propósito? En medio de la espera podemos considerar fiel a Dios.

De un solo hombre provino una nación, una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y la arena de la orilla del mar. Esa imagen nos invita a creer por nuestra nación y por nuestro país. También José fue levantado por Dios para que una civilización no desapareciera.

Las promesas pueden tardar más de lo esperado, pero también pueden llevar más lejos de lo imaginado. Adoremos por fe. ¿Qué hace falta para adorar cuando no hay músicos? Celebrar y expresar adoración a Dios. Tener instrumentos es una bendición, pero la adoración no depende de que alguien toque: adorar con fe es reconocer a Dios como fiel, bueno y Padre.

Una vez más, saltar con propósito

Hebreos 11:17 recuerda que Abraham, después de recibir las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo, aunque Dios había dicho que la descendencia se establecería por medio de Isaac. Esa prueba es otro salto de fe, después de la fe para llegar y para vivir.

Podemos imaginar la tensión: «¿Por qué me pides a Isaac?», «¿Por qué solo a mí me pasan estas cosas?». Pero Abraham consideraba que Dios tenía poder incluso para resucitar a los muertos. Hebreos expresa que Abraham consideró que Dios podía levantar aun de entre los muertos.

También podríamos imaginar voces que sugirieran que Dios se burla de Abraham, o amigos que le aconsejaran apartarse de Dios. Mantengamos a Dios en los pensamientos y confiemos en su poder y en su plan, incluso cuando una prueba sea difícil.

Dios es más grande que cualquier bendición: Isaac era hijo de Abraham, pero también hijo de Dios. Abraham obedeció y, «en sentido figurado», recobró a Isaac de entre los muertos. El siguiente salto puede tener propósito cuando se apoya en lo que Dios ha dicho y en la confianza en su poder.

Terminar el año sostenidos en lo eterno

Hay dos maneras de mirar el fin de año: preguntarse por lo que no se vio y por lo que no se resolvió, o considerar que Dios sigue siendo poderoso. Terminemos de pie y adorando, confiando en que Dios puede obrar en el presente o más adelante. Si sientes que el tiempo pasó sin que llegara lo esperado, hay esperanza: que Dios sane tu corazón y renueve tus fuerzas.

Que el Espíritu Santo fortalezca a quienes tienen promesas aún no vistas y a quien siente que ya no puede más. Dios es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que no defrauda a sus hijos y que es poderoso para resucitar, sanar y liberar. La vida no debe estar sostenida por aquello que no puede sostenerla, sino por lo eterno y por la Palabra de Dios.

Puedes hacer esta confesión de fe: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón; entra en él, porque te reconozco como mi Señor y mi Salvador». Gracias, Jesús.

Referencias bíblicas