Pocas palabras damos por sabidas tan rápido como «gratitud». Alguien la menciona y respondemos «gracias» casi sin pensar. Quizá por eso hemos perdido de vista lo poderosa y espiritual que es, y lo mucho que le importa a Dios. La persona verdaderamente agradecida se vuelve amable y respetuosa, y queda protegida contra la envidia, el egoísmo, la soberbia y la indiferencia.
La gratitud pesa más de lo que piensas
«Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido». Cuando la falta de gratitud aparece junto a algo tan serio, entiendes que se trata de algo serio: la ingratitud oscurece la mente.
«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias». La gratitud es parte de lo que vence el afán. Puedes orar mucho y olvidar la acción de gracias. Pablo exhortó a dar gracias una y otra vez en sus cartas, aun las que escribió desde la cárcel. Y Jesús, antes de multiplicar los panes o de resucitar a Lázaro, daba gracias al Padre.
Una actitud que aprende a saborear a Dios
La gratitud es una actitud: una disposición del corazón y una respuesta a Dios. Es estar dispuesto a notar, reconocer, valorar y disfrutar los regalos y los detalles que Dios te da: respuestas a oraciones que ni siquiera hiciste, puertas que se abrieron sin que hicieras nada. Es como un niño con un helado en verano: no quiere que se le derrita ni una gota. La gratitud no se acostumbra a lo bueno; agradece el sol, el aire, una sonrisa, el favor de Dios.
La gratitud es tener paladar para disfrutar a Dios. Quien pierde el sentido del gusto pierde el disfrute de la comida. Así, sin gratitud, todo se vuelve insípido, y se pierde el gozo. Pídele a Dios paladar para saborear lo bueno que él es contigo.
La palabra «inteligencia» viene de un término latino que significa «leer entre». La inteligencia es la capacidad de leer entre un día y otro, entre un evento y otro, entre líneas. Puedes leer mal la vida: seguir gastando como si tuvieras un salario que ya no tienes, o ignorar el dolor y el cansancio de tu cuerpo. Si tu corazón no rebosa de gratitud, quizá estás leyendo mal lo que Dios está haciendo contigo.
Dios es bueno, aun en la prueba
«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». Si Dios quiere que abundes en gratitud, es porque eso es bueno para ti: él siempre quiere hacerte bien.
Versículo clave
«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.»
1 Tesalonicenses 5:18
«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación». Todo lo bueno que has vivido vino de la mano de Dios, no de la casualidad: es señal de un Dios que te observa y a quien le importas.
Versículo clave
«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.»
Santiago 1:17
«Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia». No decimos que todo lo malo venga de Dios; decimos que en todo lo malo Dios está obrando para tu bien, formando tu carácter, tu constancia y tu fe. En manos de un Dios bueno, ningún día es en vano. Pon tu mano sobre tu corazón y háblale a tu alma: «Alma mía, Dios es bueno; todo lo bueno viene de él; y en medio de la dificultad, él está obrando».
Cuando notas a Dios en tu día, no puedes evitar hablar con él. Puedes conversar con él mientras cocinas, mientras manejas, mientras trabajas, y descubrirás cuántas veces responde aun en los detalles más pequeños. Cuanto más lo notas, más agradecido vives.
Cuando Dios deja de ser el centro
La gratitud se vuelve difícil por la traición, el abandono, el resentimiento, la queja, la frustración: lo que sientes cuando las cosas no pasan como quieres ni cuando quieres. Pero se volvió difícil desde el Edén, cuando dejamos de ver quién es Dios. «Jehová Dios formó al hombre… Jehová Dios plantó un huerto… Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista… Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto». Adán no había hecho nada: todo era provisión de Dios. Tú también has recibido jardines que no merecías.
El pueblo de Israel, en el desierto, decía: «Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos». Habían olvidado que Dios abrió el mar y les dio libertad. Cuando tu alma olvida quién es Dios, empiezas a quejarte y pierdes el paladar para disfrutar lo que él ha hecho. Solo hay dos caminos: vivir centrado en Dios o centrado en ti. Si Dios es el centro, la gratitud es un fruto natural: empiezas a verlo en todas partes, en las personas y en los pequeños detalles.
«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos». Cuando ves a Dios en su grandeza, reconoces lo pequeño que eres, y también que él es «misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia». No te merecías nada, y aun así te lo ha dado todo.
Dios te buscó primero
Dios siempre va primero. Cuando su pueblo rompió el pacto, él no se alejó: decidió caminar con ellos, y en Cristo se hizo uno de nosotros. Buscó a Adán en el huerto, a la samaritana junto al pozo, a la mujer encorvada en la sinagoga, a los discípulos que no lo buscaban. «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero».
La ingratitud nace de la falta de memoria, y dice: «Lo merezco». Quien se sabe pequeño y mira su vida desde Jesús descubre que todo es sobrenatural, que todo viene de su mano. Por eso la gratitud no se queda en palabras: se convierte en adoración y en una vida entregada.
Regresa a dar las gracias
Diez leprosos clamaron: «¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!», y mientras iban, fueron limpiados. «Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano». Jesús preguntó: «¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?». Que no tenga que preguntar por ti. Todos hemos recibido algo de Dios. Regresa hoy a darle gracias.
Referencias bíblicas
- Romanos 1:21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Tesalonicenses 5:18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:2-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 2:7-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Números 11:4-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 55:8-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 103:8-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 17:11-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


