Salta a lo próximo
«Salta a lo próximo» es el llamado. No hace falta esperar a que comience un nuevo año: puedes saltar por fe hacia lo que viene. Aunque algunas cosas hayan salido mal, confía en lo que Dios tiene por delante. La valentía consiste en esforzarse en aquello que te corresponde hacer y creer que Dios da la victoria en lo que no puedes hacer.
La alabanza es adorar por fe, por lo que se cree, y no solo porque haya música. Reconoce a Dios como Señor, adóralo y dale gracias desde el lugar y el momento en que te encuentras. La historia de Elías, en 1 Reyes 17, ilustra este salto.
La presencia de Dios y el lugar que ocupa en el corazón
En el relato bíblico, Elías, llamado tisbita y morador de Galaad, declara: «Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy», y anuncia que no habrá lluvia ni rocío durante esos años, sino conforme a su palabra. La expresión «en cuya presencia estoy» muestra que la presencia de Dios no depende de cuántas personas haya reunidas: la diferencia está en la presencia de Dios en cada persona. La palabra pronunciada por Elías tenía poder porque estaba en la voluntad de Dios y porque ese día marcaría un cambio en la historia.
La sequía formaba parte del trato de Dios con un pueblo que había caído nuevamente en idolatría. Aquello que una persona adora influye en su manera de vivir. Si el dinero ocupa el primer lugar, la vida puede organizarse alrededor del amor al dinero; del mismo modo, poner a una persona o un deseo en el lugar que corresponde a Dios puede desviar el corazón. Dios conoce lo que necesitamos y quiere lo mejor para nosotros.
Una joven que terminó con su prometido sentía que iba a morir y ya no quería vivir. La adversidad podía revelarle algo importante: que quizá había puesto a ese hombre en un lugar incorrecto y esperado de él lo que solo Dios puede dar. No se trataba de que el hombre fuera bueno o malo, sino de la posición que ocupaba en su corazón.
Lo mismo vale para los deseos de la carne: si se les da libertad, pueden llevar a hacer cosas contrarias a la Palabra de Dios, que es una protección. Cuando un deseo no agrada a Dios, respóndele con un «no». Esa corrección nace del amor de Dios, no de un deseo de regañar o de tener una mala relación con las personas. Cuida diariamente qué ocupa el primer lugar.
Las palabras pueden cambiar el clima del día
Las palabras también influyen: hay palabras que pueden impulsar o estancar el comienzo de una nueva temporada. Lo que se dice desde temprano cambia el clima interior: aunque afuera haya sol, a media mañana el corazón puede estar nublado y confundido. Presta atención a cómo empiezas el día y no lo abras comparándote con imágenes de redes sociales. Comienza recordando, desde la fe, que eres amado y bendecido por Dios.
Recuerda tu identidad según la Palabra: Dios llama a su pueblo «rey» y «sacerdote» y lo ha limpiado con su sangre. Comienza el día alabando a Dios y confiando en el mejor pronóstico para tu vida: el de Dios Todopoderoso.
Versículo clave
«Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo.»
1 Reyes 17:4-6
El arroyo y una forma inesperada de provisión
En 1 Reyes 17, Dios le indica a Elías que se aparte, vaya al oriente y se esconda junto al arroyo de Querit, frente al Jordán. Allí beberá del arroyo y los cuervos le llevarán comida. Elías actúa conforme a la palabra de Jehová, vive junto al arroyo, recibe pan y carne por la mañana y por la tarde, y bebe del agua.
Los cuervos eran considerados animales inmundos, un detalle que subraya lo inesperada que podía parecer la provisión. Elías quizá habría preferido una atención como la que recibió Saúl: una comida especial en una mesa con treinta invitados y un cocinero.
No te aferres a la forma de la provisión, sino al Dios que cumple su promesa de maneras que no siempre se imaginan. Si esperas que una bendición llegue de una manera específica, podrías menospreciarla. Dios puede proveer de forma inesperada, y las formas más ilógicas pueden hacer más evidente lo sobrenatural de la provisión.
Dios quiere bendecir, pero algunas bendiciones podrían destruir a quien no está preparado para recibirlas; hay personas que se apartan de Dios después de recibirlas. Los limitados somos nosotros, no Dios. Salta hacia lo próximo confiando en que Dios sigue obrando, aunque el modo no sea el esperado.
Cuando el arroyo se seca, llega el momento de moverse
1 Reyes 17 continúa: pasados algunos días, el arroyo se secó porque no había llovido sobre la tierra. Hay una gracia que se obtiene en la adversidad de un arroyo que se seca; si el arroyo no se hubiera secado, Elías no se habría movido. No te aferres al arroyo: da el siguiente paso.
Aquello que una persona puede alcanzar con sus dones y talentos, pero sin Dios, no puede sostenerla para siempre. Un hombre muy guapo o una mujer muy linda pueden tenerlo todo, pero una vida sin Dios no es sostenible. La belleza no es mala; simplemente no puede ocupar el lugar de Dios ni asegurar por sí sola una vida plena.
Elías experimentó la sequía junto con el pueblo. Esa es la clase de liderazgo y madurez que Dios forma: vivir aquello que se predica, en lugar de aparentar haberlo vivido. Elías podía hablar de que Dios es bueno mientras atravesaba la adversidad, y la provisión de los cuervos formaba parte de esa experiencia. Dios es bueno todo el tiempo, no únicamente en temporadas en que todo sale bien.
Da el próximo salto de fe sin razonar en exceso, creyendo en la Palabra y en lo que Dios tiene delante. Nadie sabe qué pasará pasado mañana, pero puedes confiar en la soberanía de Dios, llamar las cosas que no son como si fueran y saber que Dios ya conoce lo que sucederá.
De un arroyo seco a la casa de una viuda
Dios había mandado a una viuda que sustentara a Elías. Ella tenía muy poco: un poco de harina y un poco de aceite. Elías le pide que primero le prepare a él. ¿Necesitaba Dios a la viuda para alimentar a Elías, o necesitaba ella la oportunidad de recibir una instrucción y poner a Dios primero? Es una invitación a no convertir en dios lo poco que queda y a ofrecerlo a Dios.
Lo poco, puesto en manos de Dios, se convierte en provisión.
La harina de la tinaja no escaseó y el aceite de la vasija no menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por medio de Elías. El aceite va más allá del dinero: también representa recursos como la Palabra y la presencia de Dios. Busca vasijas para bendecir, y el aceite de Dios no dejará de correr. Busca personas a quienes bendecir: el aceite no se detendrá.
Versículo clave
«Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.»
1 Reyes 17:22
Pero la historia no termina con la provisión.
El niño enferma y Elías mantiene su posición
Después de estos acontecimientos, el relato bíblico dice que enfermó gravemente el hijo de la mujer, el ama de la casa, y que no quedó aliento en él: el niño murió. La viuda pregunta a Elías qué tenía ella con él y si había venido para traer a memoria sus iniquidades y hacer morir a su hijo. La escena es angustiosa. Podemos imaginar las preguntas que surgían ante la muerte del niño y la incertidumbre de Elías.
Elías responde: «Dame acá tu hijo». Lo toma del regazo de la mujer, lo lleva al aposento donde él estaba y lo pone sobre su cama. No abandones tu posición en Dios. Aquel aposento era su lugar de oración y adoración.
Elías clama a Jehová y le pregunta por la aflicción de la viuda en cuya casa se hospeda y por la muerte de su hijo. También nosotros atravesamos momentos en los que preguntamos por qué ocurre algo y sentimos que no es justo. Clama a Dios y mantén en tu pensamiento quién es: todopoderoso, capaz de hacer milagros y quien ha sostenido a su pueblo.
El arroyo se secó, Elías llegó a una viuda con poco aceite y poca harina, y vio fluir el aceite. Con esa memoria, mantén la mirada en Dios aun cuando el niño haya muerto. La oración ayuda a no perder la cabeza ante la presión: cuando doblas las rodillas, tu vida se convierte en un altar, estés donde estés. Acércate a Dios en oración y confianza, sin atribuir a una persona un poder que corresponde a Dios.
Elías no dejó a la mujer sola con la situación, sino que recibió al niño y clamó a Jehová. No pierdas el tiempo esperando que otras personas resuelvan aquello que solo Dios puede resolver. Tu posición como creyente está en la presencia de Dios, y no debes abandonarla por la presión o la dificultad.
El clamor, la respuesta y el testimonio de la viuda
El clamor también tiene lugar hoy, en la oración de la iglesia.
Después, Elías lleva al niño desde el aposento hasta la casa y se lo entrega a su madre. Le dice: «Mira, tu hijo vive». La mujer responde que ahora sabe que Elías es hombre de Dios y que la palabra de Jehová en su boca es verdad. Ese «ahora» alienta a quien atraviesa confusión: puede llegar un día en que veas lo que hoy no alcanzas a comprender.
Los logros, sin Cristo, no bastan.
Un final exitoso y un final glorioso no son lo mismo.
La fuente no es el arroyo
La fuente no es el arroyo ni la tinaja: es Dios.
La fidelidad, el amor, la gracia, el favor, la presencia y la bondad de Dios invitan a saltar hoy hacia lo próximo, sin esperar al siguiente año. Saltar no equivale a conocer de antemano cada detalle del futuro. Es una respuesta de confianza a la instrucción que se cree haber recibido de Dios, aun cuando el lugar de llegada y la forma de la provisión no sean evidentes.
Un final glorioso, no solo exitoso
No queremos solo un final exitoso, sino un final glorioso. Se pueden alcanzar resultados mediante los dones y talentos, pero esos resultados no son lo mismo que el fruto espiritual.
Pablo era «judío de judíos», circuncidado al octavo día y formado a los pies de Gamaliel. Pero los logros, frente a Cristo, no bastan: sin Cristo no se pueden disfrutar, y podrían destruir en vez de bendecir. Lo que permanece es el fruto.
Imagina una historia de éxito convencional: la mujer sale a vender tamales, puede alimentar a sus hijos y después abre 55 sucursales. ¿Tuvo la viuda ese tipo de éxito? No; esa historia sería «de Hollywood». Lo que hay en el relato es un poco de harina y aceite. ¿De dónde viene el aceite? El deseo no es solo un final exitoso, sino un final glorioso.
No es eso lo que relata la historia bíblica: el aceite viene de Dios.
El joven rico no puede saltar a lo próximo porque ama el dinero y tiene muchas posesiones. Zaqueo, en cambio, recibe la salvación en su casa. Da el paso de fe: aferrarse a las posesiones y recibir la salvación son caminos distintos.
Antes de morir, Jacob puede imaginarse de pie y adorando a Dios junto con sus hijos, en vez de limitarse a repartirles herencias. Dios es el Dios de Abraham, de Isaac y también de Jacob, y eso es esperanza para quienes han cometido errores. Jacob dejó de ser quien no era y terminó siendo quien Dios quería que fuera. Deja una historia gloriosa, no solo una historia de éxito.
Hay dos imágenes posibles para Elías: un hotel con comida de buffet o cuervos llevando alimento. La cantidad de personas que come en un buffet no es el centro de la historia; lo irrepetible está en una provisión que algunos podrían llamar desgracia, pero que es un milagro. Lo glorioso no depende de la apariencia convencional del éxito, sino de la obra de Dios en la historia.
Recordar, agradecer y dar el salto
Cuando Josué atravesó el Jordán, se tomaron piedras del río —una por cada tribu, doce en total— para levantar un memorial de testimonio de lo que Dios había hecho. También nosotros necesitamos memoriales para una nueva generación.
Escribe y testifica lo que Dios ha hecho, aunque sientas que Dios no está obrando en tu situación actual. Ese testimonio va de la mano de la gratitud por lo que tienes y por lo que Dios ya ha hecho. Si alguien dijera que Dios nunca hizo un milagro en su vida, ahí está el milagro de la salvación; y si todavía no la ha recibido, Dios puede salvarlo hoy. Deja constancia de tu testimonio.
Da gracias por la paz, la presencia, la bondad y la misericordia de Dios. Dios está renovando fuerzas, liberando de ataduras que destruían y quitando ídolos del corazón. Que limpie el corazón de cada uno. El arroyo se secó y es tiempo de saltar hacia lo próximo: habrá desafíos, pero Dios los supera con nosotros y no nos deja solos. No abandones la posición de adoración, búsqueda, clamor y congregación.
Recuerda el sacrificio de Jesús en la cruz y da gracias porque, después de la última cena, lo próximo fue la crucifixión. Gracias a Jesús por confiar en el Padre y por dar vida eterna. Uno de los saltos de fe más importantes es abrir el corazón a Jesús: confiesa tu arrepentimiento y tu fe, pide perdón por tus pecados e invita a Jesús a entrar como Señor y Salvador.
Referencias bíblicas
- 1 Reyes 17:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 17:3-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 17:8-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 17:17-24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 4:1-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmo 23:5-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 3:5-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


