EN Oración
Serie Saltos de fe

Saltos de fe aun en vientos contrarios

Jesús es el autor y consumador de tu fe. Envió a los discípulos a la barca de noche, y mientras él oraba, se levantaron vientos contrarios. Ellos no lo veían, pero él sí los veía. En cada vigilia —la falta de información, la desesperación, la fatiga y la confusión— Dios perfecciona tu fe. Y en medio del viento, Jesús llega y dice: «Tened ánimo; yo soy, no temáis».

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
55 min

Hay momentos en que tienes que dar saltos de fe aun con vientos contrarios. «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». ¿Cómo fijas tu mirada en Jesús? Fijándola en lo que dice su palabra: ¿qué dice la situación que vives, y qué dice Jesús? Si llegas con tu fe casi apagada, tranquilo: de él procede la fe. Hoy puede encenderla de nuevo y darte otra oportunidad para seguir creyendo.

Él te da la fe, tú la ejerces, y mientras la ejerces, él la perfecciona. Por eso, cualquier obra de fe que hagas le da la gloria a él, no a ti ni a ningún líder. Puedes respetar y honrar a quienes Dios levanta, pero nunca idolatrarlos: todo lo que alcances por fe fue gracias a él. Y su amor no es como el nuestro, que hoy dice «te amo» y mañana «no me hables». Aunque te equivoques, Dios te sigue amando en la mañana, al mediodía y en la noche. A veces convives con varias versiones de ti mismo —lo que eras y lo que Dios está haciendo en ti—, como Pablo: «No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero». Si pusieras tu mirada en Jesús, en lugar de sentirte abrumado te sentirías aliviado.

Una barca de noche

«En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra». A la multitud la estaba iniciando en la fe; a los discípulos los estaba perfeccionando. Quizá subieron a la barca contentos, sin imaginar el salto de fe que estaban dando.

Versículo clave

«En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.»

Marcos 6:45

Ellos no podían ver a Jesús, pero Jesús sí los veía a ellos todo el tiempo. Hay momentos en que tú no puedes ver a Jesús, porque no te detienes a mirar su palabra; pero él no te pierde de vista. ¿Por qué los envió de noche? Para los judíos, el día comienza al anochecer: estaba empezando un nuevo día, aunque no de la forma que ellos querían. ¿Y cómo podía verlos en la oscuridad? «Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día». Tu noche más oscura es clara para Dios. Él creó el día y la noche, y está contigo en ambos.

Las vigilias de la noche

«Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar». En la primera vigilia aparecen las preguntas: «¿Qué hacemos aquí? Íbamos tan bien». Dios no te cuenta todo de antemano, porque si lo hiciera, quizá te darías la vuelta. Necesitas que tu fe sea perfeccionada en la falta de información. Estás tan acostumbrado a saberlo todo que usas el GPS aun para ir a lugares que conoces. Pero Dios te dice: «En este proceso no tendrás toda la información; tendrás que confiar en mí». Si dependes de ti mismo, te destruirás; si dependes de él, conocerás su amor.

En la segunda vigilia llega la desesperación: «Sácame de aquí ya, y te sirvo toda la vida». Hay cosas que solo aprenderás en los vientos contrarios. Israel quiso volver a Egipto: prefería el cautiverio conocido a la incertidumbre de lo nuevo. «Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos?». Lo primero no debería ser huir, sino rendirte: «Señor, ¿qué quieres perfeccionar en mí?». Si solo tienes paz cuando todo se soluciona, no es la paz de Dios. Su paz sobrepasa todo entendimiento, y te permite decir: «Voy a continuar, porque mi fe está siendo perfeccionada». Cuanto más fuerte el viento, más grande la asignación, y más grande la ayuda de Dios.

Un avión con viento a favor llega antes; con viento en contra, se retrasa. Pero el viento en contra forma tu carácter, para que cuando venga el viento a favor nunca te apartes de Dios. Muchos le llaman fe a lo que viven cuando todo va bien; la fe se perfecciona cuando el viento está en contra. Hay algo del otro lado que hace que valga la pena atravesar esta tormenta.

En la tercera vigilia llega la fatiga. Abrir tu corazón trae libertad: ve delante de Dios y háblale; habla también con alguien que ore por ti. Las apariencias no funcionan con Dios: aun los líderes se cansan. No gastes tus energías tratando de salir del viento por tus propias fuerzas; úsalas para aprender lo que Dios quiere enseñarte. Muchas veces la salida está más cerca de lo que imaginas: de rodillas, confiando en el Dios que renueva tus fuerzas.

En medio de la noche, los discípulos quizá se preguntaban por qué Jesús no había subido con ellos. Pero él estaba en el monte orando por ellos. Mientras tú remas con dificultad, Jesús intercede por ti: «Él vive siempre para interceder por ellos». No estás remando solo, aunque no lo veas, y él sabe exactamente en qué momento llegar.

La cuarta vigilia: «Yo soy, no temáis»

Cuando vieron a Jesús caminando sobre el mar, «pensaron que era un fantasma, y gritaron». En la cuarta vigilia llega la confusión: cuando estás agotado, ni siquiera puedes creer que algo mejor viene hacia ti. El enemigo, padre de mentira, te dice: «Estás solo; esto se pondrá peor». Pero el que te observa nunca llega tarde. El viento contrario no está diseñado para traerte confusión, sino revelación. Aunque sientas temor, no mires a través del temor, sino a través de su palabra.

«Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!». Jesús siempre tiene algo que decirte, y lo primero que el enemigo quiere robarte es el ánimo. «Yo soy» significa: estoy contigo; soy más grande que lo que vives. Perfeccionar tu fe no es solo sacarte de la tormenta, sino que experimentes que él está contigo en medio de ella.

Versículo clave

«porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!»

Marcos 6:50

El viento que soplaba en contra de ellos traía hacia ellos la voz de Jesús. Algunas cosas que están en tu contra te harán oír a Jesús como ningún viento a favor lo habría hecho. «Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento». Fija tus ojos en él, sigue remando, y da un salto de fe aun en vientos contrarios. Lo que hoy parece una noche interminable puede convertirse en el lugar donde conociste a Jesús como nunca antes: caminando sobre lo que te amenazaba, subiendo a tu barca y calmando el viento.

Referencias bíblicas