Rescatado para rescatar: no es solo una frase bonita, tiene respaldo bíblico. Has sido rescatado. Si ya lo sabes, celébralo; si nunca lo habías considerado, recibe hoy esta noticia.
Fuiste rescatado de tu vana manera de vivir, la cual recibiste de tus padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. Rescatar es comprar la libertad pagando un precio. El oro, por valioso que parezca, no puede salvar: el precio de tu rescate fue la sangre de Jesús.
Versículo clave
«sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación»
1 Pedro 1:19
Seguir a Cristo no elimina las dificultades —ni siquiera en el matrimonio—, pero tu vida adquiere sentido. Aun tus procesos y tus errores pueden ser usados por la gracia de Dios para transformarte. Pide perdón por haber puesto otras cosas antes que Dios y vuelve a él: su gracia sigue vigente.
Nada separado de Dios puede llenar tu vacío: ni unos tenis, ni una casa, ni un carro, ni una moto, ni una bicicleta. Si quedas encerrado en un elevador con trece personas y alguien te pisa los tenis blancos, quizá te preguntes por qué te los pusiste. Cuida tus cosas, pero no las idolatres ni esperes que den sentido a tu vida.
Lo mismo vale para las relaciones. Puedes casarte con la persona que te parece más atractiva, pero ninguna persona puede ocupar el lugar de Dios ni darte lo que solo Dios da. No desprecies el matrimonio ni los bienes, pero no los conviertas en el fundamento último de tu vida. El sentido viene de quien te dio la vida y te rescató cuando estabas perdido.
Jesús murió un viernes y resucitó un domingo, el primer día de la semana. Que tu semana comience de otra manera, porque tu vida ha cobrado sentido. La resurrección muestra que para Dios no hay nada imposible. Dios es dueño del oro y de la plata, pero son corruptibles; tu rescate no podía pagarse con ellos.
Cristo fue destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros. Dios creó con su palabra y sopló aliento de vida en el ser humano; pero redimirlo requirió la sangre de su Hijo. La obra de la redención es mayor que la obra de la creación. Dile a quien tienes al lado: «Lo que Dios ha hecho por ti es inmenso».
Rescatados para servir
El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Una vida de servicio es también una vida de rescate. Sirve en tu casa, a tus amigos y a tus compañeros de trabajo, a quienes te caen bien y a quienes no. Y no sirvas con mala intención, como quien ofrece un servicio con veneno.
Versículo clave
«Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.»
Marcos 10:45
Es bueno agradecer a quienes nos honran y nos ayudan. Pero no te acostumbres a llegar rodeado de personas que te carguen la Biblia, la chaqueta y otros objetos: la iglesia no existe para ser servida, sino para servir. Busca que el carácter de Cristo se forme en ti y muestra tu amor mediante el servicio.
No busques a Dios solo para recibir algo. Puedes pedirle ayuda en tus necesidades; él las conoce antes de que ores. Pero buscar primero el reino de Dios y su justicia es buscar los intereses de Dios, no hacer de tus metas personales un reino propio. Puedes desear una casa y tener fe para alcanzarla, pero ese deseo no debe convertirse en tu dios. No pienses solo en ti, tu familia y tus amigos: sirve a otros.
Jesús dio su vida en rescate por muchos. Si has sido rescatado, tienes la responsabilidad de compartir esa salvación, aunque no seas pastor ni apóstol: habla de Jesús en tu trabajo y en tu vida diaria. Una butaca vacía en la iglesia representa una vida que no está recibiendo la palabra, y detrás de ella una familia y una generación. Esa carga no es solo de quien predica, sino de toda la iglesia. Ora por cinco personas que necesitan a Cristo.
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Eres rescatista, no juez, y no tienes por qué dejarte intimidar. ¿Acercarte a Dios es solo recibir lo que amas, o aprender a amar lo que él ama? Casi siempre queremos ver las manos de Jesús bendiciéndonos, pero no el corazón de Jesús. Y el corazón de Jesús son las almas.
La actitud de Cristo y el amor que no se aferra
Haya en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Cuando buscas servir y amar, no te aferres a tus derechos.
Si Dios envió a su Hijo, y Jesús, siendo Dios, no se aferró a lo que era, sino que aceptó tomar forma de siervo, ¿estás dispuesto tú a cambiar de forma para que muchos se salven? El amor no se aferra a sus derechos.
Amar cuesta más cuando se trata de personas que no son de tu familia o cuando has sufrido una decepción. Quizá has llegado a no tener ganas de ayudar a nadie. No te canses de hacer el bien, porque a su tiempo segarás, si no desmayas. Quizá sembraste bondad en alguien que no respondió como esperabas; sana tu corazón, bendice y sigue mostrándote amigo de otros.
A veces algo duele, y después llegan personas que no esperabas: Dios multiplica. Con cinco panes y dos peces alimentó a cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. No siempre recibirás una recompensa inmediata de una persona concreta, pero persevera en el bien y confía en Dios.
Madurar es amar sin exigir que los demás te correspondan en la misma medida. Pablo decía: «Aunque amándoos más, sea amado menos». Deja de esperar que otros te amen igual, porque Dios ya te ama. Saluda a quien no te saluda y acércate a alguien que no te cae bien para preguntarle si puedes servirle en algo.
No escojas por quién orar. No puedes orar para que alguien «no se queme tanto en el infierno»: Jesús vino en rescate de muchos, incluidos quienes te rodean. Pide que esas personas sean salvas y muéstrales con tu vida que hay un Dios que restaura y bendice.
Cristo no se aferró a sus derechos: se despojó. Trata así a los demás. Todo es lícito, pero no todo conviene. Dios es justo, pero no obra por medio de la venganza: mía es la venganza, dice el Señor. Ríndete delante de Dios y cuida que tu corazón no quede dominado por el deseo de vengarte.
El amor no arrebata: el amor entrega. Mira la necesidad de otros. Acércate a alguien de tu trabajo, a una persona en la calle o a tu vecino; ofrécele algo tan sencillo como un poco de azúcar, o pregúntale si te permite orar por él. Deja de mirar solo tu propia necesidad y expresa el amor sirviendo.
Servir es una forma de amar, y Jesús vino a servir, no a ser servido. Humillarse por amor no significa aceptar cualquier humillación ni tolerar el maltrato, por ejemplo en el matrimonio. Se trata de no cerrar para siempre la comunicación con alguien porque no te tomaron en cuenta o por algo que pasó. No temas una humildad que te permita expresar el amor de Dios.
Hay quienes llegan esperando que el líder los atienda personalmente y se ofenden si envía a otra persona. Pero en la iglesia hay un solo Rey y un solo Dios digno de adoración; los demás estamos para servirle como hijos agradecidos, rescatados por él. Sirve sin considerar que la atención personal sea un derecho.
Esta semana sal a hablar de Jesús, invita a otros y ora por ellos. El amor se somete a la voluntad de Dios: Cristo fue obediente hasta la muerte de cruz. Toma tu cruz y síguelo. Sé parte de una iglesia que no se conforma con la comodidad.
Una respuesta de amor y rescate
Si te sientes dañado y has pensado dejar de ayudar porque muchos te han fallado, Dios no te ha fallado. Él te dice: sigue bendiciendo, sigue mostrándote amigo, sigue reflejando mi imagen, porque yo te rescaté y he venido a rescatar a muchos. Cambia la crítica por la oración, y el recuerdo de lo que otros te hicieron por el deseo de orar por ellos.
Que cambie tu actitud y la de la iglesia, para que seamos una iglesia de rescate, reconocida no por el edificio que tiene, sino por las muchas almas que conocen a Cristo. Pide que tu corazón sane y pueda expresar el amor de Dios, que tus decepciones sean sanadas y que estés preparado para perdonar pronto. Las heridas sanadas son cicatrices: pasaste por algo, pero ya no sangras, porque Dios te sanó.
Ábrele tu corazón a Jesús, con una confesión que venga de lo profundo: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. El rescate que recibiste en Cristo es el fundamento para vivir con sentido, servir a otros, perseverar en el bien y hablar de Jesús para que muchos más sean rescatados.
Referencias bíblicas
- 1 Pedro 1:18-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 10:45 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 3:16-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 2:5-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Gálatas 6:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 1:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


