EN Oración
Serie Rescate

Plan de rescate: Dios sigue rescatando a su pueblo

Desde la historia de Israel y de Moisés, Dios se revela como el que rescata en medio de las dificultades, restaura la identidad y llama a confiar en él.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
57 min

Dios tiene un plan de rescate, de Génesis a Apocalipsis. Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. No significa que quienes confían en Dios nunca tendrán problemas: ya pasaste dificultades, quizá estás atravesando una, y enfrentarás otras. Pero Dios te rescata de ellas una y otra vez.

Versículo clave

«Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias.»

Salmos 34:17

De todas: eso es motivo de celebración. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón, y salva a los contritos de espíritu. Dios no se aleja de quien llega rendido ante él, aunque las aflicciones lo hayan dejado sin fuerzas. No es lo mismo quebrarse ante una enfermedad o ante otra persona que tener el corazón quebrantado delante de Dios: no quedes sometido interiormente a la dificultad; ríndete a Dios en medio de ella.

Habrá momentos de dolor inesperado en que te sientas destrozado. Quizá no tengas fuerzas ni para alzar la mirada, pero la palabra puede tocarte para que, por misericordia, vuelvas a levantarte. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová. No es una invitación a evitar la integridad, sino a conservarla aun cuando obedecer a Dios traiga dificultades.

Integridad cuando la salida fácil parece atractiva

José se negó a la mujer de Potifar, y terminó en la cárcel. La esposa de Job le dijo: «¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete». Una cosa es ser íntegro y otra retener la integridad cuando llegan las pruebas. Si atraviesas una necesidad económica y recibes la oferta de un negocio ilícito, sobrarán excusas, incluso la preocupación por tus hijos y tu futuro. No respondas a la necesidad abandonando tu integridad.

Quizá estás golpeado mental, emocional y físicamente por lo que atraviesas, pero aférrate a la palabra: Dios te rescatará. No intentes rescatarte a ti mismo. Los cambios hechos solo con tus fuerzas duran poco, y aceptar un negocio ilícito por una necesidad presente no evita que aparezca otra después. Sigue siendo íntegro y confía en que Dios llegará una y otra vez.

¿Ser íntegro significa que a veces te irá mal? Sí, habrá dificultades, pero Dios llegará al rescate, y su nombre será glorificado. Retén tu integridad: no hagas las cosas a tu manera, sino como Dios indica. Vale la pena ser íntegro, porque tu rescate no depende de que logres arreglarlo todo por ti mismo.

Cuando la provisión se convierte en prisión

Los egipcios pusieron sobre Israel comisarios de tributos que los molestaran con sus cargas, y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés, y les amargaron la vida con dura servidumbre. ¿Por qué llegó Israel a Egipto? No llegó como esclavo, sino buscando provisión, y esa provisión terminó convirtiéndose en prisión. Y Dios tuvo que rescatar otra vez a su pueblo.

La provisión que recibes puede ocupar el lugar de Dios si amas más lo provisto que a quien provee. No busques solo las promesas: busca a quien promete. De lo contrario, cuando llegue lo añadido, podrías quedar atado a ello.

No te aferres a tu casa, a tu éxito, a tus dones o a tus talentos hasta necesitar ser rescatado de ellos. El éxito a corto plazo puede convertirse en un fracaso definitivo: puedes acumular dinero o alcanzar logros mientras sigues sin crecer por dentro, aferrado a las mismas mañas, sin permitir que Dios forme las verdaderas riquezas de tu corazón. El éxito material no es malo, pero no dejes que desplace a Dios.

Cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel. La oposición teme al pueblo de Dios, no por la perfección del pueblo, sino por la perfección y la misericordia de Dios, que lo rescata y lo levanta una y otra vez.

Moisés: propósito, proceso y cuidado de los hijos

La madre de Moisés tuvo un hijo, y viéndolo que era hermoso, lo tuvo escondido tres meses, en tiempos en que Faraón ordenaba matar a los niños varones. Esa hermosura tenía que ver con propósito. La apariencia física cambia con los años, y ningún café descafeinado ni dieta la detiene; la belleza duradera es llegar al final de tu vida con propósito, sabiendo hacia dónde vas con Dios.

Cuando ya no pudo ocultarlo, tomó una arquilla de juncos, la calafateó con asfalto y brea, puso en ella al niño y lo dejó en un carrizal a la orilla del río. ¡Qué difícil sería para un padre o una madre dejar a su hijo en un río! Ama, cuida, forma y sé responsable con tus hijos, pero no los sobreprotejas. Un día se irán, y tu matrimonio también necesita tiempo. Y si tú faltaras, Dios seguiría siendo el Padre de tus hijos.

La mayor herencia que puedes dejarles a tus hijos es su relación con Dios: si tú faltas, Dios no les faltará. Lo que a veces llamamos abandono puede ser un proceso bajo el cuidado de Dios. Quizá preguntas: «Dios, ¿dónde estás?», mientras tu vida parece desmoronarse. Confía: Dios no te ha abandonado en ese proceso.

La hija de Faraón encontró al niño y llamó a una nodriza hebrea: la propia madre de Moisés. Cuando el niño creció, ella lo llevó a la hija de Faraón, que lo prohijó y le puso por nombre Moisés, diciendo: «Porque de las aguas lo saqué». Dios puede usar a quien menos imaginas para traer rescate. Sea una persona poderosa o alguien cercano, Dios cumple su propósito.

El Dios que llama también restaura

Moisés vio a un egipcio que golpeaba a un hebreo, y mató al egipcio. Luego huyó y terminó apacentando las ovejas de Jetro, su suegro. Moisés cometió un error grave, y aun así Dios tuvo misericordia. Desde la zarza, Dios lo llamó: «¡Moisés, Moisés!». Y él respondió: «Heme aquí». La zarza ardía y no se consumía, y Dios le dijo: «Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es».

La zarza captó la atención de Moisés. Mantente atento a Dios. Puedes estar distraído con el teléfono o aceptando rápidamente una oferta de negocio mientras Dios te llama. Quitarse el calzado es un tiempo íntimo con Dios, aunque tus calcetines estén agujereados o tus sandalias desgastadas. Dios no se impresiona por tus imperfecciones: su santidad transforma y hace nuevas todas las cosas.

Desde la zarza, Dios le estaba diciendo a Moisés: «No desprecio tu corazón quebrantado; te amo con tus imperfecciones y vengo a rescatarte otra vez». «Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob». Abraham, anciano y con una esposa estéril, recibió la promesa de una descendencia numerosa. Jacob soñó con una escalera que tocaba la tierra y el cielo; se había equivocado, pero se rindió a Dios e hizo pacto con él.

El Dios que rescató ayer te rescata hoy y te rescatará mañana. No juzgues a otros con ligereza: no entiendes lo que alguien atraviesa hasta que vives algo que te desequilibra. En lugar de ser juez, únete al plan de rescate. Lo que hoy juzgas podría tocar tu puerta mañana. Acompaña y bendice: Dios te rescató para que estés junto a quien necesita ayuda.

Identidad, llamado y confianza en medio de la incertidumbre

«El clamor de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo». Moisés respondió: «¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?». Había sido rescatado de las aguas, había cometido un error grave, Dios lo había llamado desde la zarza, y ahora lo enviaba ante Faraón.

Y Dios le respondió: «Ve, porque yo estaré contigo». Dios llama a personas inseguras, y el desafío confronta una identidad distorsionada. Si pasas mucho tiempo bajo el peso de lo que viviste, puedes terminar identificándote con esa dificultad. Tu identidad de hijo de Dios no depende de lo que posees, sino de quién eres en Dios y de tenerlo como Padre. No necesitas interrumpir una conversación para contar lo que tienes y así ser aceptado.

Versículo clave

«Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.»

Éxodo 3:12

Hay quienes podrían llevar por nombre «dolor», «amargura», «odio» o «frustración»: lo que llevan dentro ha llegado a definirlos. No te acomodes demasiado en un lugar incómodo. Moisés quizá prefería quedarse cuidando ovejas, pero Dios lo enviaba ante Faraón para liberar al pueblo. La comodidad puede impedir tu crecimiento en carácter y madurez; seguir el llamado puede requerir atravesar situaciones incómodas.

Los planes de rescate de Dios pueden ser grandes y desafiantes. A veces falta el recurso económico, pero permanece el recurso de la fe. Habrá planes en los que el dinero no alcance y tendrás que clamar a Dios para que la obra sea suya. Ahorra y administra bien, pero no te aferres a tus ahorros como si Dios solo fuera poderoso cuando todo sale bien. El temor a quedarte sin nada puede impedir que vivas nuevas experiencias de fe.

«Jehová es mi pastor; nada me faltará». David tenía palacios, pero su convicción era que Dios lo era todo. Tu confianza en Dios no debe depender de una etapa de prosperidad. No definas a otros, ni te definas a ti mismo, por el peor momento. Moisés era tardo en el habla, pero esa limitación no era toda su identidad. Dios no busca personas perfectas, sino personas dispuestas a clamar y a rendirle el corazón.

Dios rescató a Moisés de las aguas y lo llamó después de sus errores para usarlo en el rescate de su pueblo. Dios sigue rescatando, desde Génesis hasta Apocalipsis y hasta la venida de Jesucristo. Si sientes que algunas áreas de tu vida no funcionan, o que tus errores son demasiado grandes: el poder de Dios se perfecciona en la debilidad, y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios para avergonzar a los sabios. El plan de rescate sigue vigente para ti, para los matrimonios y para los jóvenes.

Jesús es el único que puede rescatarte, y pagó el precio con su sangre. Desde tu corazón, no como una repetición mecánica, ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón; entra en él». No hay vida sin pruebas, pero busca el rescate de Dios en medio de ellas, conserva tu integridad, no hagas de las bendiciones el centro de tu vida y responde a Jesús con una confesión sincera.

Referencias bíblicas