Si de alguien puedes aprender a mantener el enfoque, es de Jesús. En medio de la tormenta no se desenfocó: los vientos y las olas no lo movieron, porque su mirada estaba en el Padre. Cuando la multitud quiso hacerlo rey después de multiplicar los panes y los peces, se retiró al monte a orar. Estaba enfocado en lo eterno, no en lo temporal.
Todo lo que no mira a Dios es un tropiezo
Cuando Jesús anunció que iba a morir, Pedro lo tomó aparte y comenzó a reconvenirlo. Jesús le respondió con firmeza. Todo aquello que no pone la mira en Dios se vuelve tropiezo. Dios te da autoridad para decirle a cualquier situación que quiera desviarte, distraerte o entretenerte: «Quítate de delante de mí».
Versículo clave
«Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.»
Mateo 16:23
En el desierto, el enemigo quiso dirigir la mirada de Jesús: abajo, con las piedras convertidas en pan; en medio, en el pináculo del templo; arriba, en un monte muy alto. Pero cada vez Jesús volvía al Padre. En los desiertos, el enemigo usa la misma estrategia: dirigir tu enfoque.
Muchos en la Biblia perdieron el enfoque. Abraham dejó de mirar la promesa y se volvió hacia Agar; pero Dios no tiene plan B. Moisés miró a la gente y no a la promesa. Esaú se enfocó en el cansancio y despreció la primogenitura. Saúl perdió el reino por buscar la opinión de otros. Sansón perdió la visión, y luego la vista. David, en el tiempo en que los reyes salían a la guerra, se quedó en casa y se fijó en Betsabé. Dios está despertando tus sentidos espirituales para que veas y oigas lo que él muestra.
Cuando te sientes rodeado
El rey de Siria envió un ejército, con caballos y carros, para capturar a un solo hombre: el profeta Eliseo. «Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?». Muchas veces haces la misma pregunta frente a una enfermedad, un mal diagnóstico, una crisis financiera o un problema familiar. Cuando se juntan las luchas externas y los temores internos, pierdes el enfoque, y llegan el estrés y la preocupación.
Eliseo respondió: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo». No es lo mismo ver la realidad que ver la verdad de Dios, y la verdad siempre es mayor que la realidad. Pídele a Dios que te muestre lo que no estás viendo. El enfoque trae claridad.
Te conviertes en el reflejo de aquello en lo que te enfocas. Pedro miró la tormenta y se hundió, aunque tenía a Jesús enfrente. Dios te dice: «Mírame a mí. Si sigues mirando las circunstancias, te hundirás; si me miras a mí, caminarás en lo sobrenatural». Mucha gente está estancada y paralizada por falta de enfoque. Este no es tiempo de quedarse paralizado. No desperdicies tu mirada en lo efímero: ponla en lo eterno.
Sacúdete y párate sobre la roca
En una vieja fábula, una mula cae en un pozo. Los aldeanos piensan que rescatarla cuesta más de lo que valía, y deciden enterrarla. Comienzan a echarle tierra, pero con cada palada la mula se sacude y se para sobre la tierra, hasta que llega a la superficie y sale caminando. Hay momentos en que algo quiere enterrar tus sueños y tu propósito. Sacúdete el pasado, la frustración y la tristeza, y párate sobre la Roca, que es Cristo.
El enemigo seguirá haciendo planes; la clave está en tu enfoque, tu actitud y tu fe. «Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». Todos vivimos momentos de dolor, pero el dolor no puede estancarte, ni lo que viviste puede convertirse en tu identidad. La sangre del Cordero es más poderosa, y te pone de pie.
La oración te devuelve al enfoque
Jesús salió al monte de los Olivos y dijo a sus discípulos: «Orad que no entréis en tentación». Él oró: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya», y su sudor era como grandes gotas de sangre. «Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza». El que no tenía pecado oraba; los que estaban a punto de ser zarandeados dormían. Antes de correr a tus amigos o al banco, dobla tus rodillas. La oración te devuelve el enfoque.
A veces el cansancio físico o espiritual es señal de que te desenfocaste. Jesús dejó el antídoto: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». El problema no es la tristeza, sino hacia dónde te dirige: la tristeza enfoca en lo negativo. Puedes decir: «Señor, estoy triste, pero mi mirada está en ti». Ábrele tu corazón, sin dejar que tus emociones gobiernen tu dirección.
Rendir tu voluntad también te mantiene enfocado, porque no todo lo que esperas es la voluntad de Dios. «Señor, me someto a tus tiempos y a tus propósitos». Algunas puertas se cierran porque terminó una temporada, no porque fueran malas; y se abren otras, con nuevas relaciones y nuevas conexiones. No pretendas abrir una puerta nueva con una llave vieja.
Mira las estrellas
«Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia». Muchas veces vives como Abraham: encerrado en tu zona de confort, dándole vueltas a los mismos pensamientos de tristeza, frustración y duda. Dios te saca de esa cárcel porque tiene algo mayor. Contemplarlo te da una nueva perspectiva.
Versículo clave
«Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.»
Génesis 15:5
Cerca de la cruz, lejos de Cristo
Mientras Jesús era crucificado, los soldados repartían sus vestidos y echaban suertes sobre su túnica. Para ellos era una crucifixión más, y no vieron el acto más glorioso de la historia. Puedes estar cerca de la cruz y lejos de Cristo: afanado, ansioso, atrapado en una agenda saturada, sin ver lo que Dios está haciendo frente a ti.
Moisés pasó años desenfocado, en su autosuficiencia y su tristeza, hasta que se encontró con la zarza ardiendo; después vinieron los años más fructíferos de su vida. Cuando fijas la mirada en Dios, cada nueva temporada trae un nuevo enfoque. «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe».


