Recibe con hambre lo que Dios tiene para tu vida. Dios habla, obra y produce testimonios; su palabra está escrita y él puede hacer lo inimaginable. Hoy, cambia tu enfoque: si cambia el enfoque, cambia todo.
Enfocarte te permite prestar atención a lo que Dios habla y empezar a ver lo que quiere mostrarte. Cuando estás desenfocado, buscas solo lo que ya querías ver. A todos nos pasa: miramos a quien tenemos al lado sin prestar atención a lo que se nos dice. ¿Dónde está tu atención?
Una herencia que permanece: la historia de Rahab
Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. Aunque se la recuerda por su pasado, confió. No sigas enfocado en lo que hiciste antes, sino en lo que Dios puede hacer en tu vida. Quizá sus vecinos dudaban de que Rahab cambiara, pero Dios la cambió.
Versículo clave
«Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.»
Hebreos 11:31
La Biblia es una herencia invaluable, y su valor no depende del tamaño o el precio de una casa. La casa es pasajera; la palabra de Dios permanece. No pierdas el enfoque en lo verdaderamente valioso. Si estás atado a tu pasado, Dios lo conoce, puede perdonarlo y darte una nueva oportunidad. Confía en el Dios que ama, bendice y restaura: Rahab está en la lista de los héroes de la fe.
Rahab recibió bien a los espías de Israel, y por eso no murió con los desobedientes de Jericó. Cambia tu enfoque de la desobediencia a la obediencia. Obedecer trae libertad, bendición y transformación. Confía en los planes de Dios, aunque no coincidan con los tuyos. Rahab un día cambió de enfoque.
Rahab había oído que Dios abrió el mar delante de Israel, y decidió obedecer al Dios del que había oído. No te limites a oír de Dios: obedécele. Rahab tuvo que cerrar la puerta a sus antiguos clientes y atar el cordón de grana a la ventana. Quizá llamaban a su puerta y la presionaban. Cambiar de enfoque requiere decisiones, y la confianza en Dios te ayuda a no volver a abrir puertas a lo que quieres dejar atrás.
No es fácil abandonar un patrón de conducta. Después de muchos años viviendo de una manera, habrá tentación y presión para volver a lo anterior. Aunque otros insistan o te critiquen, confía en Dios y no vuelvas a permitir la entrada de lo que te destruye. Cambiar el enfoque también es cerrar puertas y tomar decisiones.
Seguir a Jesús con todo lo que implica
Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos, y le dijo: «Sígueme». Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. No es lo mismo oír de Jesús que seguirlo. Seguirlo es andar por su camino y atender su palabra y sus mandamientos. ¿Qué cosas tienes que dejar para poder seguir a Jesús? Toma decisiones esta semana; no te limites a escuchar.
Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Cuando cambia tu enfoque, le ofreces lo mejor a Jesús. Dejar lo que estorba para seguirlo no es hacerle un favor a Jesús: el beneficiado eres tú, porque tu vida toma el camino correcto. Que quienes te rodean vean que le ofreces lo mejor a Dios, aunque alguien te critique.
Hay cristianos que esconden la Biblia cuando alguien sube a su carro, avergonzados de que se note su fe. Leví no escondió que seguía a Jesús: hizo un banquete. No te avergüences de la palabra ni de ofrecer tu vida, tu adoración y tu obediencia a Dios.
Seguir a Jesús es no desviarte hacia la amargura y la falta de perdón. Una ofensa puede ocupar tus pensamientos y tus conversaciones durante segundos, minutos, horas, días o años. Aunque creas tener razón, aferrarte a la ofensa no te lleva hacia lo que Dios quiere hacer en tu vida. Perdona aunque la otra persona no te haya pedido perdón, sigue adelante y no dejes que lo que otros dicen desplace tu enfoque de lo que Dios ha dicho.
Quienes seguían a Jesús caminaban largas distancias en sandalias y entre polvo para escuchar su palabra. Hoy podemos escucharla con comodidad; no la tomemos a la ligera. La palabra es guía para el camino de Jesús: cambia tu enfoque.
Gracia, bautismo y vida nueva
«¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?». Pablo se incluye en la pregunta. La gracia es maravillosa e inmerecida, pero no es excusa para continuar en el pecado.
Si todavía no te has bautizado, no te sientas mal: prepárate para celebrar tu bautismo como una fiesta. Quizá crees que aún no estás listo, pero el bautismo no se trata de estar listo, sino de obedecer. Cuando Jesús fue bautizado, se oyó una voz de los cielos: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».
¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. ¿Te gustan las cosas nuevas, los zapatos nuevos, el carro nuevo? Dios te da una vida nueva. No celebres la resurrección solo un domingo al año: vive cada día a la luz del sacrificio y la resurrección de Jesús. Esa obra te da vida nueva aquí y ahora, y también vida eterna.
Versículo clave
«Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.»
Romanos 6:4
La salvación incluye libertad de la condenación del pecado: por eso puedes arrepentirte, pedir perdón y elegir no pecar. Incluye la justificación: eres justo no por tus obras, sino por la obra de Jesús en la cruz. E incluye la santificación, por Jesús y su sangre. El pecado ya no te condena, pero todavía está presente en este mundo, aunque ya no tiene que gobernar tu vida. La santificación se completará cuando venga Jesús o cuando partas a su presencia, donde ya no habrá pecado.
Hay solteros que, cuando oyen que Jesús puede venir pronto, piensan: «No, Señor… después de que me case». Y algunos casados, a los seis meses, dicen en broma: «Ven hoy, Señor». Bromas aparte, cambia tu perspectiva: anhela su venida.
Jesús venció el pecado, y tú eres responsable de tus decisiones. No seas un creyente berrinchudo: madura. Todos hemos pecado, y aunque el pecado esté presente, Jesús lo venció y puedes decidir no rendirte a él. Si pecaste ayer, la misericordia de Dios está disponible hoy. Pero que el perdón no se convierta en una razón para vivir siempre por debajo de la promesa de victoria. Comienza con pequeñas victorias, y no te escondas tras la excusa «así soy»: vive según lo que Dios dice.
Mantener el enfoque en la vida cotidiana
Imagina una mañana que comienza con oración y un versículo. La oración te enfoca: no es una fórmula aprendida, sino una relación con Dios. Si después llega una mala noticia, como una enfermedad, ya comenzaste el día enfocado en Dios: por su llaga fuimos nosotros curados. Si dicen que la situación del mundo empeorará, Dios prometió proveer a sus hijos, darles luz y guardarlos.
Mantén durante la semana el enfoque que buscas el domingo. Si tienes un conflicto con tu esposa, perdona. No basta con decir que eres cristiano o que Dios tiene promesas: vive cada día sabiendo que Jesús vive. No escojas solo los versículos cómodos y pases por alto los que te confrontan o te desafían.
Dos hombres se pelean en el tráfico. Uno golpea al otro, que no se defiende. «¿No eres hombre?», le pregunta. «Soy cristiano, y pongo la otra mejilla». «Yo también soy cristiano», responde el primero, «pero todavía no he llegado a esa parte; solo he leído que más bienaventurado es dar que recibir». A veces escogemos una parte de la Biblia para justificar lo que queremos hacer, en lugar de permitir que la palabra nos confronte.
Busca los pasajes que llevan a un nuevo nivel tu vida, tu matrimonio, tu familia y tu juventud, y llama las cosas como Dios las llama. Todo es lícito, pero no todo conviene. Si eres casado y una mujer te pide que la lleves en tu automóvil, no escojas un versículo sobre bendecir al prójimo para justificar la situación: recuerda «huye de las pasiones juveniles». Si prevés que algo te traerá problemas, evítalo: ofrécele dinero para un taxi y despídete con cortesía.
Si acabas de separarte y te invitan a un concierto que puede lastimarte aún más el corazón, el perdón de Dios seguirá disponible, pero aceptar lo que no conviene te mantiene por debajo de la victoria. Evalúa no solo qué es lícito, sino qué conviene, y pide ayuda a Jesús, que ya venció el pecado.
Dedica cinco minutos a orar y pregúntate dónde está tu enfoque en medio de lo que estás viviendo. No se trata de negar tu situación, sino de enfocarte en Dios y en su palabra. ¿Qué vio Leví en Jesús para dejarlo todo? Comparado con Jesús, todo lo que poseía se volvió nada. Apóyate en la iglesia: oren unos por otros, escuchen la palabra y sigan aprendiendo.
¿Ha desplazado el afán tu fe y tu confianza en Dios? ¿La preocupación te lleva a intentar resolverlo todo con tus fuerzas? ¿El pasado domina tu atención? Cambia tu enfoque hacia el Dios que da paz, renueva las fuerzas y da dirección. Como Rahab, confía. Dios dio a su Hijo por ti. Tus problemas son reales, pero confía en Dios en medio de ellos.
Deja de vivir por debajo de la promesa de victoria. La cruz y la resurrección te dieron perdón y libertad de la condenación del pecado. Decide seguir a Jesús y ríndete ante él con tus debilidades: él ya venció. Pide perdón por haberte enfocado en lo que no debías, y comienza cada día con Dios, en oración y con su palabra. Ábrele tu corazón a Jesús: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón. Entra en él».
Referencias bíblicas
- Hebreos 11:31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 2:10-21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 5:27-29 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 6:1-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 6:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Timoteo 2:22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 6:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


