«Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy». Puedes tener dones, talentos, conocimiento y una fe capaz de mover montañas; pero si no tienes amor, solo haces ruido. Una melodía es la combinación exacta de notas que produce algo agradable. ¿Tu vida suena como metal que resuena o como una melodía?
Los dones sin amor son ruido
Todos llegamos con algo que sabemos hacer: evangelizar, dibujar, diseñar, enseñar, orar, cantar. Puedes ser muy exitoso en tus dones y, aun así, estar distorsionado si olvidas el amor. Hablar todos los idiomas, incluso el de los ángeles, sin amar a los demás, te convierte en un metal ruidoso.
Versículo clave
«Todas vuestras cosas sean hechas con amor.»
1 Corintios 16:14
La melodía de la amistad
«El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano». A veces el corazón está tan dañado que desconfías y dices: «A mí me fallaron; ya no quiero acercarme a nadie». Pero Dios te invita a mostrarte amigo, y al hacerlo experimentas la sanidad del verdadero amor. La amistad es un regalo invaluable.
Solo puedes amar a otros si antes has experimentado el amor de Dios. Cuando dejas de recibirlo, no tienes nada que dar. «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero». Y «si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?». En la primera carta de Juan, el amor aparece una y otra vez, porque Dios es amor.
Versículo clave
«Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.»
1 Juan 4:19
Dios es omnipresente, omnipotente y omnisciente, y en nada de eso puedes parecerte a él. Pero Dios es amor, y en eso sí puedes parecerte: cada vez que amas a tu prójimo, reflejas su carácter.
Amigos que cargan tu fe
Cuatro amigos llevaron a un paralítico hasta Jesús. La casa estaba llena y no había forma de entrar, así que abrieron el techo y lo bajaron. «Al ver Jesús la fe de ellos», el hombre fue perdonado y sanado. Casi siempre pensamos que somos los amigos que cargan; pero muchas veces somos el paralítico: paralizados por nuestros pensamientos, nuestras acciones y lo que vivimos, sin fuerzas para seguir adelante.
Hay días en que tu propia fe disminuye. Entonces necesitas amigos que tengan fe por ti y te lleven a Jesús. El orgullo te dice que aparentes y escondas tu necesidad, pero la iglesia es una comunidad de imperfectos y no hace falta esconderlo. Rodéate de amigos de fe, porque su fe puede abrir la puerta a un milagro en tu vida. Y sé tú ese amigo para otros: lo que siembras, cosechas.
Un corazón nuevo que solo Dios puede dar
Tu amor es imperfecto y se desgasta, porque depende de emociones y sentimientos, y se apaga con las heridas y la falta de perdón. Hay corazones endurecidos, incluso en matrimonios que ya no sienten nada el uno por el otro. Pero Dios dice: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne». Él puede restaurar tu corazón y poner un amor nuevo por tu esposo o tu esposa.
«Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia». Su amor es abundante. Tú te enojas, te irritas, y llegas a decir: «No lo quiero ni ver». Tu amor exige perfección para amar; el amor de Dios te sigue amando con todas tus imperfecciones. No da su amor con medida, ni depende de que te portes bien.
Hijo amado, no vacío
«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios». Cuando tienes tanta hambre de ser amado, es porque no te has llenado de su amor. Si buscas en tu pareja, en el dinero o en tus metas lo que solo Dios puede darte, vas a agotar a quien está a tu lado, porque no es Dios. La verdadera soledad no es la ausencia de rostros, sino la ausencia de Dios. Quien escoge por desesperación es como quien va al supermercado con hambre: compra lo que no necesita y vuelve más vacío. No escojas por desesperación.
El hijo pródigo pidió su herencia creyendo que eso lo haría feliz, y la desperdició viviendo perdidamente. Creía que su lugar como hijo dependía de su conducta, y al fallar dijo: «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo». Pero el padre lo esperaba. Las consecuencias las llevó él —fue él quien comió con los cerdos—, pero el Padre no lo veía a través de sus errores, sino con ojos de amor: «Este mi hijo muerto era, y ha revivido». Así te ve Dios.
«Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti». El amor de Dios no cambia.
Quizá te has alejado y has perdido la dirección. Dios sigue en el mismo lugar, esperándote. No necesitas ganarte su amor: regresa a casa. El mundo no entiende un amor así, pero tú puedes recibirlo hoy.
Un amor que no olvida
Dios echa tus pecados en lo profundo del mar, pero a ti no te olvida. «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti». Hay quienes fueron abandonados y sienten que Dios también se olvidó de ellos. Dios te dice: «No te he olvidado». Deja que sane esa herida, porque si no, se convierte en el fundamento de tu corazón, y el herido termina hiriendo a otros.
No basta con celebrar el amor un día del año y pasar el resto haciendo ruido. Puedes tenerlo todo y vivir amargado, tratando mal a los demás. Ten la humildad de reconocer que todo lo que tienes viene de Dios. El día más grande del amor fue en la cruz, donde Jesús, desfigurado por los azotes, le dijo al ladrón arrepentido: «Hoy estarás conmigo en el paraíso».
Pedro negó a Jesús tres veces. El Resucitado le preparó el desayuno junto al mar, y no le pidió explicaciones. Le preguntó tres veces: «¿Me amas?», para que lo último en su memoria fuera una declaración de amor y no la traición. Esa es la mejor melodía: un amor que restaura, que te recibe y que te devuelve tu lugar.
Referencias bíblicas
- 1 Corintios 13:1-2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 16:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 18:24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Juan 4:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ezequiel 36:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 103:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Juan 3:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 49:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


