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Escucha la voz de Dios, síguela y no te detengas

Nutre tu alma con la Palabra, obedece la voz de Dios y persevera usando lo que tienes, aun cuando todavía no veas el resultado. Escucha, sigue y no te detengas.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
52 min

Hoy es el primer día del resto de tu vida. Algo nuevo puede suceder hoy, aunque nadie sabe con certeza dónde estará mañana. Puedes hacer planes, pero el futuro no está asegurado; lo cierto es que Dios te estará esperando. Si Dios te concede vida mañana, que te encuentre en el lugar de propósito que te asignó. Su propósito es maravilloso, glorioso y poderoso: vive cumpliéndolo cada día.

Tres principios: escucha la voz de Dios, síguela y no te detengas. No basta con oír muchas voces: escucha la voz de Dios por encima de cualquier otra y obedécela. No se trata de la voz de un pastor humano, sino de la del buen Pastor, que nunca falla y a quien todos necesitamos.

Escuchar la voz que nutre el alma

«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre». Escuchar no es lo mismo que seguir: la voz de Jesús no es solo algo que se oye, sino una guía que se obedece. Congregarte no es una distracción, sino una oportunidad para atender su voz, y tu espíritu la necesita cada día.

Versículo clave

«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.»

Juan 10:27-29

Si atraviesas una situación difícil, no perecerás en ella. Quizá deseas una solución ahora, pero Dios puede usar lo que todavía no se ha resuelto para que oigas más su voz que la de tus circunstancias. Lo que vives pasará; la voz de Dios permanece. Tu Padre es más grande que lo que enfrentas o enfrentarás.

Dios puso eternidad en el corazón del ser humano. Cuando conoces a Jesús, algo eterno que ya estaba en ti despierta: tu espíritu nace de nuevo y cobra vida. Solo lo eterno llena lo eterno; lo temporal no puede llenar esa necesidad.

«Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma». Tu alma necesita nutrirse todos los días. A veces tienes que hablarle a tu propia alma, porque necesita que le hablen. No basta con escuchar un mensaje: abre tu Biblia y lee la Palabra cada día.

Los nutricionistas aconsejan dejar las «calorías vacías». Examina qué miras y consumes en las redes, y qué hábitos reconoces que ya no deberían estar en tu vida. El éxito sin Dios también es una caloría vacía: el éxito sin propósito deja vacío. La Palabra alimenta tu alma. ¿Con qué alimento estás creciendo?

Si tu alma pudiera hablar ahora, pediría Palabra. Quizá tu espíritu necesita ayuda para levantarse y acudir a Dios: pídele ayuda al Espíritu Santo. Durante la semana escuchaste voces de angustia, de dolor y de preocupación. Escucha ahora la voz del más grande de todos, para que tu espíritu se nutra y esté preparado para las batallas de la semana. Es tiempo de nutrir tu espíritu.

Abre bien tu oído y escucha, y vivirá tu alma: la vida de tu alma está en juego. Ni el pecado ni lo temporal pueden alimentarla; solo lo eterno, solo la voz de Dios. Los apetitos equivocados no te llevan en la dirección correcta ni te dan satisfacción duradera. El hijo pródigo pidió su herencia para llenar un vacío, y no lo llenó: el apetito equivocado no puede llenar tu vida.

Escuchar y seguir: la Palabra en la prueba

El tentador le dijo a Jesús: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Él respondió: «Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Jesús tenía hambre y podía convertir las piedras en pan, pero hacerlo en ese momento habría estado fuera de la voluntad de Dios. No manipules la Palabra para apartarte de la voluntad de Dios.

Versículo clave

«Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

Mateo 4:4

Hay quien trata mal a su esposa y luego pretende justificarlo diciéndole que debe sujetarse y sonreír porque así lo dice la Biblia. Ese no es un uso legítimo de la Escritura. Ten cuidado: el enemigo también conoce la Palabra. Tu sustento no es solo el pan físico, sino la Palabra que sale de la boca de Dios y que tú sigues.

«Sale»: la Palabra que Dios habló, la que habla y la que hablará. Su palabra está viva, y entre todas las voces que oyes, la de Dios es la que debes seguir.

Imagínate con noventa y nueve años, cuando la memoria empieza a fallar. Aunque olvides lo que escuchaste al salir de la iglesia, tu alma no lo olvida: la voz de Dios queda en tu espíritu. Y cuando suene la trompeta, la voz de Dios despertará a quienes llevan su palabra escrita en el corazón. Llenarte de la Palabra, escucharla y seguirla vale más que cualquier otra cosa.

Cuando emprendes algo grande para Dios, escuchas muchas voces. Pero puedes imaginar el día en que verás a muchas personas adorando a Dios, y decirte que será posible. Vive cada día con la Palabra escrita en medio de lo que ocurra: escúchala, síguela y no cedas el lugar central a las muchas voces de la semana.

El diablo desafió a Jesús a lanzarse del pináculo del templo y citó la promesa de que los ángeles lo sostendrían. Jesús respondió: «Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios». Y ante la oferta de todos los reinos del mundo y su gloria a cambio de adoración, volvió a responder: «Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás». El diablo conoce la Escritura; no basta con oír una frase bíblica fuera de contexto: discierne a quién adoras y a quién sirves. Dios es dueño de todo lo que existe: no aceptes la mentira de que algo te falta y que solo otra voz puede dártelo.

«Escrito está». Díselo a quien tienes al lado y llévalo a tus circunstancias. Si estás enfermo: por su llaga fuimos nosotros curados. Si atraviesas dificultades económicas: no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan. Sostente en la voz de Dios.

No detenerse: usar lo que tienes

No te detengas. Si ayer pecaste o cometiste un error, siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse. No eres justo por tus buenas obras: eres justificado por la sangre de Cristo Jesús, tu abogado, que vuelve a levantar al que cae. Sigue adelante después del tropiezo; no lo conviertas en motivo para detenerte.

Eliseo estaba enfermo de muerte, y Joás, rey de Israel, fue a verlo y lloró, diciendo: «¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!». Eliseo le dijo: «Toma un arco y unas saetas». Luego le dijo: «Pon tu mano sobre el arco», y Eliseo puso sus manos sobre las manos del rey. «Abre la ventana que da al oriente. Tira». Y Joás tiró. Eliseo dijo: «Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria».

El arco y las saetas representan los recursos que ya tienes. Dios puede usar lo que tienes: pon tus manos en ello, en lugar de detenerte pensando en lo que te falta. Dios no te habla solo de lo que podrías hacer si tuvieras algo más, sino de lo que puede poner hoy en tus manos. Ahí puede obrar el milagro.

Cuando no había comida para la multitud y los discípulos querían despedirla, había unos pocos panes y peces. Se creyó con lo que había. Toma lo que tienes y confía en Dios, que es Dios de milagros. Con Dios, tienes más de lo que crees necesitar para salir adelante.

Eliseo le dijo: «Toma las saetas, y golpea la tierra». Joás golpeó tres veces y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado, le dijo: «Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria». Nadie le había dicho al rey cuántas veces golpear: Eliseo lo reprendió después de que se detuvo.

Imagina a Joás golpeando: una, dos veces, y nada pasaba. Quizá habría querido que alguien le dijera dónde golpear y cuántas veces. No te detengas antes de tiempo cuando Dios no te ha dicho que te detengas. Sigue golpeando con tus saetas y persevera mientras todavía no ves el milagro que esperas.

No peleas solo por la victoria, sino desde la victoria: en Cristo eres más que vencedor. Goliat medía casi tres metros y durante cuarenta días desafió a Israel. Todos escuchaban su voz y estaban atemorizados, hasta que llegó David con quesos para sus hermanos y oyó cómo describían la situación.

David preguntó por la recompensa para quien venciera al gigante, y Saúl le dijo: «No podrás tú ir contra aquel filisteo, porque tú eres un muchacho». Pero Dios lo había llamado varón conforme a su corazón. Otros lo llamaban muchacho; Dios veía en él a un hombre.

El corazón de Saúl desmayaba porque escuchaba la voz equivocada; David confiaba en la victoria de Dios. Recordó el oso y el león que Dios le entregó cuando cuidaba las ovejas: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». David no peleó por una victoria que dependiera de sus fuerzas, sino confiado en el Dios que ya lo había acompañado. Enfrenta tu próxima batalla desde esa confianza: no es lo mismo pelear por la victoria que pelear desde la victoria.

Aunque los últimos días parezcan no haber producido resultados, sigue adelante. Háblale a tu alma: no te detengas. Si no has visto lo que esperas, sigue golpeando con la saeta. Sal dispuesto a afrontar lo que has estado evitando, a clamar, a orar y a leer la Palabra.

Una oración y una invitación

Pídele al Espíritu Santo que te ayude a comprender el poder de la Palabra, el poder de escuchar a Dios y el de seguir lo que escuchas. Pide perdón por las veces que te detuviste, por el desaliento de sentir que no puedes golpear la saeta una vez más y que todo parece ir en contra. Pide que el Espíritu Santo visite tu vida.

No te detengas en recibir a Jesús. Ábrele tu corazón, con todo tu corazón y tu entendimiento: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador». Escucha la voz de Dios, síguela y no te detengas.

Referencias bíblicas