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Escucha y escucha: abre espacio para la instrucción de Dios

Haz una pausa entre lo que vives y las decisiones que tomas para escuchar la Palabra, ponerla en práctica y edificar tu vida sobre la roca. La gracia de Dios permanece, y te llama a responder con una vida que dé fruto.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 02 min

Dios guardó su Palabra. Fue escrita por más de cuarenta autores, pero con un mismo Espíritu y un mismo Dios: es perfecta e inspirada. Nosotros, en cambio, fallamos, incluso en lo que le prometimos a Dios. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo.

Reconoce tus fallas y tus berrinches: todos hemos olvidado lo prometido y actuado como si supiéramos mejor que Dios lo que nos conviene. El hijo pródigo se fue, pero el padre permaneció en el mismo lugar, esperándolo. Esa es la fidelidad de Dios. Las consecuencias de apartarse las carga quien se aparta, no Dios, aunque Dios no lo desee.

El padre ya tenía preparados para su hijo el mejor vestido, un anillo y calzado nuevo. Hay cosas nuevas preparadas para ti, a la medida de lo que permitas que Dios haga en tu vida. La fidelidad de Dios no aprueba cada decisión tuya: es una razón para volver a escuchar y responder.

Abrir espacio antes de decidir

Escucha, y vuelve a escuchar la voz de Dios escrita en su Palabra. Todos necesitamos oírla: quienes están celebrando, quienes atraviesan un momento difícil, quienes lloran o están angustiados. Abre un espacio entre lo que vives y la decisión que vas a tomar. A menudo la situación ocupa tu mente y tu corazón, y respondes por reacción, sin detenerte a escuchar la Palabra.

En medio de lo que estés viviendo, abre ese espacio para escuchar a Dios antes de decidir. Muchas decisiones tomadas sin esa pausa han sido equivocadas. Escuchar primero cambia tu manera de decidir, porque te permite responder según lo que enseña la Palabra y no solo según lo que sientes en el momento.

Noé caminaba con Dios y recibió la instrucción de construir un arca. No era fácil obedecer algo incomprensible: oír que vendría un diluvio cuando quizá ni siquiera se entendía qué significaba, y construir un arca con medidas precisas. Pasaron muchos años sin que Dios volviera a hablarle.

Lo que había escuchado bastó para que Noé abriera espacio a lo nuevo y se esforzara en obedecer. Imagina el sonido de las primeras gotas: para muchos fue el anuncio del fin de su vida y sus generaciones; para Noé y su familia, el sonido de algo nuevo y una oportunidad de ver la gloria de Dios. Quien escuchó puede mirar hacia un nuevo comienzo.

La instrucción y los límites de Dios

«Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos». Es el Señor quien habla. Escucha su instrucción por encima de lo que diga un amigo, un familiar u otra persona: en tu juventud, en tu matrimonio, en la educación de tus hijos, en tu trabajo y en tus negocios. Dios quiere una iglesia dispuesta a dejarse instruir por él.

Versículo clave

«Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.»

Salmos 32:8

Dios pone límites. Manejar por una calle recién asfaltada, todavía sin las líneas de los carriles, es desconcertante: no sabes por dónde ir, y las líneas existen para que no choques. Así son los límites que Dios establece: orientan y protegen tu vida. El entorno te invitará a cruzarlos, con el riesgo de dañar tu vida, tu propósito, tus pensamientos y los planes de Dios.

Los límites no significan que Dios haya dejado de ser fiel: aunque cambies de carril, Dios permanece. Son límites de amor, bendición y dirección. Quizá ignorabas cosas que Dios tenía para tu vida, o pasaste por alto instrucciones que recibiste. No te quedes en la culpa por lo que no aplicaste: presta atención hoy y escucha lo que Dios quiere enseñarte.

Hay quienes dicen que cierto cigarrillo nuevo ya no daña como antes. Pero el problema está en la raíz de la adicción y la dependencia: aunque tus pulmones estuvieran bien, el dominio propio y el carácter que Dios quiere formar en ti se verían afectados.

Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros. ¿Qué áreas de tu vida ya escuchaste, pero todavía no has llevado a la práctica? No basta con oír: actúa conforme a lo aprendido.

La gracia no es una excusa: está llamada a dar fruto

Pablo se llamó el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Mira lo que llegó a ser. No te desanimes durante la transición entre lo que sientes y lo que eres en Dios. Atravesar consecuencias, un desierto o un momento difícil no cambia tu identidad de hijo o hija de Dios.

«Pero por la gracia de Dios soy lo que soy». Ese favor es inmerecido y no se puede comprar. Haber fallado no te impide recibir gracia. Y cuidado: criticar lo que no conoces puede convertirse en una forma de perseguir a otros, como cuando alguien se burla de quienes lo invitan a la iglesia.

«Y su gracia no ha sido en vano para conmigo». La gracia recibida trae responsabilidad: no es para justificar cualquier conducta, sino para dar fruto. Que la iglesia sea una iglesia de resultados en la vida de quienes la forman. La instrucción de Dios está escrita, y su camino puede ser distinto de los que has recorrido, pero es un sendero de bendición.

Muchas series y novelas enseñan una idea del amor que lleva a considerar amor que alguien te desprecie o te trate mal. La instrucción de Dios es otra, y conduce a propósito y bendición, aun en medio de situaciones difíciles. Quien está a tu lado tiene un favor especial, aunque le cueste creerlo por lo que está viviendo. Tu experiencia presente no define por completo lo que eres ni lo que Dios puede hacer.

Que haya gracia no significa que no haya límites. No uses la gracia como excusa para la hipocresía ni para destruir tu vida. Cuando le pides ayuda a Dios en un área, la Palabra te da instrucción y la promesa de restauración. Responde con responsabilidad y avanza en las áreas en las que todavía no has crecido.

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu. Esto va más allá del alcohol: piensa en lo que tú no dominas. Un carro estacionado en una pendiente sin el freno de mano puesto comienza a avanzar sin control, aunque haya personas adentro, y alguien tiene que correr angustiado a frenarlo. Así es lo que avanza en tu vida sin freno.

Ten cuidado con las áreas en las que no tienes dominio propio, porque te llevan a la disolución. Sé lleno del Espíritu: deja que Dios llene tu vida, en lugar de llenarla de lo que la destruye. Algunos excesos son visibles y otros no tanto: la comida, la avaricia, la mentira. Esto no es solo para quienes beben. Escucha la instrucción de Dios y deja que el Espíritu Santo sea la fuente de tu vida.

Dios habla a tu espíritu, y tu corazón puede engañarte; por eso necesitas llenarte del Espíritu de Dios para recibir dirección y contrastar tus emociones con la Palabra. Una revelación debe llevarte a una decisión, y esa decisión puede convertirse en devoción. Puedes oír muchas prédicas, pero te corresponde decidir si seguirás la instrucción.

Oír y poner por obra: edificar sobre la roca

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca». Pero el que oye y no hace es como el insensato que edificó su casa sobre la arena: cayó, y fue grande su ruina.

Versículo clave

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.»

Mateo 7:24-25

Las dos casas recibieron el golpe: no hay promesa de que las dificultades lleguen a medias. La diferencia está en dónde edificas y en si practicas lo que escuchas. La roca es Cristo. ¿Qué debería impresionarte más: los logros construidos con tus dones y talentos, o una vida que permite que Dios la edifique por dentro? Una mansión puede ser un logro, pero no es fundamento para sostener tu vida.

Puedes pasar años acumulando cosas —una casa, un carro, ropa nueva— y eso no demuestra que hayas avanzado. Puedes tener más posesiones y, al mismo tiempo, no haber permitido que la Palabra dirija tu vida. Hay una diferencia entre lo que te propusiste construir y lo que Dios quiere construir en ti. Tus dones y talentos no se sostienen solos: Dios es la roca que los sostiene.

Tardas en construir un castillo de arena en la playa, y alguien llega y lo destruye. Así es lo que se construye sin fundamento. Vuelve a construir, aunque alguien ya no crea en tu relación, pero ahora con la instrucción de Dios. Seguirá lloviendo, pero tendrás fortaleza si tu vida está edificada sobre la roca.

Los esfuerzos de cambio basados en tu opinión y tus fuerzas duran poco: lo intentas una y otra vez y vuelves al mismo lugar. Lleva tu debilidad delante de Dios. Cuando la rindes a él, su poder reposa sobre ella, y aquello en lo que eras más débil puede llegar a ser testimonio de fortaleza.

Edifica sobre la roca tu vida, tu familia, tus sueños y tus finanzas. La economía mundial es frágil, aunque parezca fuerte. Pero si tu vida está fundada sobre la roca, permanecerás de pie ante las lluvias, los ríos y los vientos.

Si la situación empeora, ¿quién te dará trabajo? Dale la vuelta: los hijos de Dios piensan a quiénes darán trabajo. Jesús no está en crisis. Si Dios ve que escuchas y pones por obra su Palabra, no te faltará lo necesario. Él es fiel aunque nosotros seamos infieles: responde a su gracia dejando el pecado y siguiendo sus instrucciones.

Responder hoy a la gracia

Reconoce que necesitas ser lleno del Espíritu. Pide perdón por las veces que recibiste la gracia de Dios sin responder a ella. Decide ser instruido por la Palabra en lugar de guiarte por tu opinión, tus deseos o lo que dice todo el mundo, y edifica tu vida sobre la roca, no sobre la arena.

Poner por obra la Palabra es tu responsabilidad; no lo dejes todo en manos de Dios. Pide que su gracia no sea en vano en ti y que Dios te conduzca por su sendero, no por el tuyo. Si hay un área —o varias— en la que llevas meses o años sin avanzar, pídele ayuda al Espíritu Santo para salir del estancamiento.

Pide perdón por haber confiado en tu propia opinión. Reconoce: «Yo solo no puedo». Ríndete al Espíritu Santo, escucha con propósito y pon por obra la Palabra. Dios permanece fiel y te estaba esperando. Ábrele paso a Jesús en tu corazón: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados, te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas