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Dios nos está llamando a escuchar su voz

Dios sigue hablando. Reconoce la voz de Jesús y cultiva una relación cercana con él: como a Elías, Dios puede volver a hablarte y darte dirección aun en medio del cansancio y el temor.

Predicador
Josué Pascual
Publicada
Duración
34 min

Dios está llamando a su iglesia a escucharlo y a cultivar una relación con él. Jesús habla y seguirá hablando; es necesario prestar atención para no confundir su voz; se puede avanzar escuchándolo aun en circunstancias difíciles, y hay que permanecer firmes y no renunciar. Necesitamos desarrollar agudeza para reconocer cuándo Dios llama.

La iglesia tiene la responsabilidad de estar segura de que Dios ha sido y continúa siendo un Dios que habla. En el Nuevo Testamento, Jesús repite quince veces la expresión «el que tiene oídos para oír, que oiga», y Juan 10 explica ese énfasis. En Juan 10:26-28, quienes son ovejas del Señor creen, escuchan y lo siguen; en contraste, Jesús les dice a algunos que no creen porque no son de sus ovejas. Para las ovejas hay una promesa: vida eterna, y nadie las arrebatará de la mano de Jesús.

La imagen de las ovejas expresa pertenencia, cercanía y conexión con el Señor. Si Jesús tiene esa cercanía con sus ovejas, ¿la tienen ellas con él? No basta con saber que habla: hay que conocerlo y reconocer su voz.

Versículo clave

«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.»

Juan 10:27-28

Reconocer una voz familiar

Cuando alguien te llama desde un número que no tienes guardado, basta con oírle decir «Hola» para saber quién es, si conoces su voz y tienes una relación cercana. Con Dios puede pasar lo contrario: Dios habla, pero el corazón no reconoce su voz y la percibe como la de un desconocido.

Entra en una relación con Jesús que haga familiar su voz y te permita reconocer su presencia. Así como reconocemos la llegada de un ser querido por sus pasos, podemos aprender a reconocer al Señor. No es una técnica, sino un llamado a dar el paso de una relación personal y cercana. Es algo maravilloso: el Dios creador invita a sus hijos a una relación familiar en la que oran y él los escucha, y en la que él habla y ellos escuchan.

¿Te da temor decirle a Jesús lo que quieres expresar? Jesús ya conoce lo que atraviesas, lo que has hecho y lo que has dejado de hacer. Derriba la barrera de la vergüenza y entra en un diálogo verdadero con Dios.

Durante la tentación, Jesús respondió que el ser humano no vive solo de pan, sino de todo lo que procede de la boca del Señor. La boca de Dios se relaciona con su voz y sus palabras: lo escrito en la Palabra es necesario para vivir, cobrar fuerzas y seguir caminando. Así como dependemos del aire para respirar, Dios quiere que sus hijos dependan de escucharlo.

Hay un límite importante para discernir: Dios no habla al corazón en contradicción con lo revelado en la Biblia. Sentir que Dios indica algo contrario a esa Palabra puede ser una confusión; lo que Dios habla está en consonancia con ella. Dios nos invita a acercarnos y romper la distancia.

Elías: cansancio, temor y una nueva dirección

Elías fue un profeta llamado para un momento específico. Se enfrentó a 450 profetas de Baal, vinculados con Acab y Jezabel. Dios le indicó que fuera a hablar con Acab y le diera instrucciones: convocar a los profetas para que ofrecieran un holocausto a sus dioses y que se manifestara el dios que respondería. Elías también preparó un holocausto, y el fuego del cielo manifestó la respuesta de Dios. Después, Elías mató a los profetas de Baal y Jezabel lo amenazó.

Un ángel tocó a Elías y le dijo que se levantara y comiera. Elías vio junto a su cabeza una torta cocida sobre las ascuas y una vasija de agua; comió, bebió y volvió a dormirse. Elías estaba cansado por todo lo vivido, y el cansancio puede nublar la vista e impedir reconocer los milagros y señales que están ocurriendo. El alimento y el agua muestran el interés de Dios por levantar a Elías.

No fue la comida por sí sola lo que dio a Elías fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches: la voz de Dios y la palabra de que aún le quedaba camino lo mantuvieron firme. Dios quería que Elías siguiera buscándolo durante ese recorrido; el impulso recibido no sustituía una relación cercana con Dios día tras día. Búscalo todos los días y dispón tu corazón para escucharlo. Una palabra de Dios puede dar fuerzas para volver a soñar y creer.

Después de ese recorrido, Elías volvió a esconderse. Si aun después de ver a Dios obrar vuelves a sentirte indigno o te escondes, el camino aún continúa: puedes levantarte y volver a creer que Dios te hablará. Dios no dejará de buscar a Elías hasta sacarlo de la cueva, y tiene interés en que quienes se sienten atrapados se levanten y salgan de su propia “cueva”.

Aun escondido, el camino de Elías seguía.

Y Dios no había terminado de hablarle.

Versículo clave

«Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.»

1 Reyes 19:12

Dios indicó a Elías que saliera y se pusiera en el monte. Hubo un viento grande y poderoso que quebraba las peñas, pero el Señor no estaba en el viento; después hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto; y luego un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Tras el fuego se oyó un silbo apacible. Al oírlo, Elías cubrió su rostro con su manto, salió y se puso a la entrada de la cueva. Imagina la fuerza de esos fenómenos desde la cueva: ni el viento, ni el terremoto ni el fuego movieron a Elías; el silbo penetró su corazón y lo sacó de allí.

Dios quiere presentarse y hablar con su iglesia. No hace falta ser líder ni pastor para escuchar su voz: basta ser hijo de Dios y creer en él, porque «todo aquel que en él cree tendrá vida eterna y puede escuchar su voz».

Elías responde nuevamente con su relato del celo, el abandono del pacto, los altares derribados, los profetas muertos y el peligro que enfrenta. Entonces el Señor le dice que vuelva por su camino. Cuando Dios habla, da dirección. Si has dejado de escucharlo, regresa a la última instrucción que recibiste, cúmplela y sigue a Dios: escuchar a Dios implica seguirlo.

Escuchar a Dios no es privilegio de unos pocos.

Volver al camino es la respuesta a su voz.

Un llamado a acercarse y escuchar

Para escuchar un susurro, como el silbo apacible, hay que estar cerca. Ese es el mensaje: establecer un diálogo sincero con Dios, sin esconderle nada, porque ya conoce la situación de cada persona. Adán creía poder estar desnudo ante Dios sin que Dios lo supiera; pero Dios conoce.

Dios conoce, y también habla a todos sus hijos.

Dios llama a sus hijos a escucharlo: a quienes han dejado de hacerlo y a quienes quizá nunca lo han escuchado y empiezan a acercarse. Que el susurro apacible los visite. Cada uno puede decir: yo lo necesito cerca.

Pide ser una oveja que escucha la voz de Dios, declara tu dependencia de él y pídele que haga lo necesario en ti. Silencia toda voz y establece un diálogo con el Señor. Reconoce a Jesús como Señor y Salvador, pide perdón por tus pecados y pide dirección, «en el nombre de Jesús».

Referencias bíblicas