EN Oración
Serie Herederos

Con todo: poder, victoria y armadura para permanecer firmes

Rechaza la incredulidad, confía en el poder de Dios en Cristo, vive cada día en obediencia y ponte toda la armadura de Dios para resistir con firmeza. En él ya lo tienes todo.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
41 min

En Dios ya tienes todo lo que necesitas: gracia, dirección, amor, fe y sabiduría. Todo está esperándote. Aunque tengas poco o sientas que te falta mucho por aprender y administrar, tu fe es más preciosa que el oro. A veces lo que alcanzamos por fe lo perdemos por falta de sabiduría, pero Dios da sabiduría abundantemente y sin reproche. Hay motivo para celebrar.

Saca la incredulidad de tu espíritu. Hay mañanas en que amaneces con incredulidad. Abre la ventana, sal al jardín y mira las aves: cualquier ave, por sencilla que sea, es parte de la creación de Dios. Y mira a tu prójimo como alguien valioso, parte de la creación que Dios ama.

Mirad las aves del cielo: vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Revisa tu identidad. Los problemas pueden llevar incredulidad a tu espíritu; deséchala, levanta la mirada y recuerda cuánto vales. No te condenes por haber dudado, aunque te pase después de haber escuchado la Palabra: ora, conéctate con el Espíritu de Dios y sigue adelante.

Sigue haciendo lo que te corresponde hasta que Dios te indique detenerte. Hay momentos en que Dios le dice a su pueblo: «Estad quietos, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros». Pero no te detengas por tu cuenta: sigue creyendo y hablándole a tu espíritu mientras Dios no te diga que pares.

Dios tiene todo el poder

«Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza». La grandeza de ese poder está a tu favor. La incredulidad nos alcanza a todos, incluso a los líderes. En esos momentos, háblale a tu espíritu: el poder de Dios es incomparable. Si algo no sucedió ayer ni sucede hoy, puede suceder mañana. Levántate a creer e identifica qué está alimentando tu incredulidad.

Versículo clave

«y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza»

Efesios 1:19

El poder de Dios es una fuerza grandiosa y eficaz. Tu fe no debe basarse en la emoción, aunque tenga emoción, porque Dios te dio emociones. Si aparecieran delante de ti los futbolistas más famosos del mundo, quizá saltarías de emoción. Pero dentro de diez o quince años ya no jugarán; se enferman, se entristecen, se alegran y pueden deprimirse como cualquiera. Lo que emociona por un tiempo no se compara con la verdad eterna del poder de Dios.

Ese poder operó en Cristo, resucitándolo de los muertos y sentándolo a la diestra de Dios. Estar sentado es señal de victoria, de obra terminada, de majestad y de gobierno. Quizá conoces a alguien con influencias que podría ayudarte, pero Dios es dueño del oro y de la plata. Considera la grandeza de Dios, y cambiará tu manera de pensar.

Cristo está sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero. Cuando hay elecciones, vota, pero no permitas que la aflicción por la incertidumbre de quién gobernará domine tu espíritu. Cristo es la cabeza de la iglesia, no un líder humano. Agradece y honra a tus líderes, pero no los idolatres.

Ninguna persona debe ocupar el lugar central en tu vida: ni tus líderes, ni tu cónyuge. Ese lugar le pertenece a Cristo.

La iglesia es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo. ¿Por qué entonces experimentamos tantos vacíos? Porque no permitimos que Dios los ocupe. Intentamos llenarlos con dinero, con una mujer o un hombre, con poder, con el ego o con adicciones. Las cosas no pueden llenarlo todo; Dios sí. Dios da y añade, pero nada creado sustituye el lugar que solo él puede llenar.

Toda la victoria en Cristo

«Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria». Si has perdido a un ser querido que murió en Cristo, ese día llegará: la resurrección es tu esperanza.

«¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo». ¿Quién puede vencer el pecado por sí mismo? Ni los líderes ni los apóstoles: la victoria es por medio de Jesús. Ríndete a Cristo y pon en él tu atención, no en ningún líder humano.

Versículo clave

«Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.»

1 Corintios 15:57

Jesús sana, liberta y bendice; todos, también los pastores, necesitamos a Jesús. Esta palabra habla de la eternidad, pero también de una victoria interior. Cristo ya venció y está en su trono; los que vivimos la incertidumbre somos nosotros. Cada día debes enfrentar la duda, la angustia y el pecado que quieren reclamarte, y decidir rendirte a Jesús.

Terminar el día en victoria no significa que todo haya salido bien. Quizá fue un día difícil, pero termínalo creyendo que Dios puede obrar para bien. A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien: lo que no salió bien puede quedar en manos de Dios, que tiene todo el poder y la victoria. No finjas que todo salió bien: confía en Dios en medio de lo que no salió como esperabas.

«Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano». Hay cosas que creemos provechosas y son vanas, y otras que parecen vanas y no lo son. En el mundo laboral se habla de la «renuncia en silencio»: alguien sigue sentado en su escritorio, pero por dentro ya renunció. Así hay hijos de Dios que, porque las cosas no salieron, abandonaron en silencio lo que esperaban de Dios.

«Mi vida no se va a restaurar». «Mi matrimonio no se va a restaurar». «Dios no me puede usar». Toma un momento, habla con Dios y examina si hay en ti una renuncia silenciosa. Otros pueden orar por ti, pero nadie puede ponerse a cuentas con Dios en tu lugar. El que comenzó en ti la buena obra, la perfeccionará.

Sería extraño hablar de una victoria total mientras vives una obediencia parcial. Obedece por completo: la victoria va unida a las decisiones que tomas. La esposa de Potifar tomó a José de la ropa y le dijo: «Duerme conmigo», y él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó. Fue una decisión radical, porque lo que Dios tenía para su vida era más grande. Ríndete por completo, y no esperes victoria en lo que no obedeces.

Toda la armadura para el día malo

Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. La armadura está disponible, pero tienes que ponértela. Habrá asechanzas: tentaciones para dejar de congregarte, no esforzarte, no hablar de la Palabra, retroceder o quedarte en la casa de Potifar. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo.

Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Habrá días malos. El problema no es solo que exista un día malo, sino lo que dices durante ese día: las palabras de desesperanza pueden afectar una temporada, un año y tu propósito. Un día malo en tu matrimonio puede llevarte a decir algo que cause heridas que duren mucho más que ese día; una dificultad financiera puede llevarte a concluir que Dios te abandonó y que ya no irás a la iglesia. Mantén la calma y cuida lo que declaras en medio de la dificultad.

Ceñidos vuestros lomos con la verdad; y tomad la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Apropiate de la Palabra ante una realidad difícil. Ante la enfermedad: por su llaga fuimos nosotros curados. Ante la escasez: no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan. Contrasta la realidad del día con lo que dice la verdad de Dios. Si preguntas qué harás mañana, Dios proveerá y te sostendrá.

Quizá recibiste un mal diagnóstico: esa es la realidad que te dieron, pero puedes responder con otra noticia, la verdad de Dios, que es todopoderosa y está por encima de todo gobierno. Dios lo tiene todo; en Cristo hay poder y victoria, y con la armadura de Dios puedes resistir el día malo y terminar firme.

Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador. En él tienes todo el poder, toda la victoria y toda la armadura.

Referencias bíblicas