EN Oración
Serie Herederos

Empezar el año con todo: fe, sabiduría y formación en las manos de Dios

En Dios lo tienes todo: toda la fe, toda la sabiduría y toda la formación que necesitas. Empieza mirando el final que Dios ve, pide con convicción, toma en cuenta a Dios en cada acción, recibe su corrección como la de un padre que te ama, y déjate moldear por el Alfarero.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
47 min

Empieza esta temporada con todo. A veces el Espíritu Santo rompe tus planes y programas porque quiere dirigirte hacia algo mayor. Y en Dios lo tienes todo: toda la fe, toda la sabiduría y toda la formación que necesitas. No empiezas con las manos vacías.

Dios comienza por el final

Dios ve primero el final y después el comienzo. Isaías escribió «por su llaga fuimos nosotros curados» siglos antes de que Jesús naciera, y para Dios ya estaba hecho. Tu final en él es glorioso. Por eso pregúntate cómo quieres estar cuando concluya este año. Si quieres terminar con ahorros, empieza a ahorrar hoy; si quieres un matrimonio bendecido, empieza hoy a buscar a Dios con tu cónyuge. Mirar el final te ayuda a tomar mejores decisiones desde el principio, de la mano del Buen Pastor.

Toda la fe está disponible

«Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás». Esa misma fe está disponible hoy para ti. Anhela terminar el año escuchando a Dios decirte: «Tu fe ha crecido». No eres salvo por obras, pero sí para buenas obras, y cuando tu fe crece, los resultados cambian, porque tu fe está en el Dios Todopoderoso. «Sin fe es imposible agradar a Dios».

Imagina terminar el año con testimonios: «Dios me sanó», «Dios me salvó», «Llegué sin nada, puse mi confianza en Dios y no en el dinero, y él proveyó en abundancia», «Mi matrimonio estaba tan golpeado que no creíamos poder seguir, y Dios lo hizo nuevo». Muchas obras comenzaron con alguien que escuchó a Dios cuando parecía imposible, y su fe tuvo que crecer para verlo cumplido.

Un día puede faltarte el dinero, pero la fe no tiene por qué faltarte. Y si en algún momento sientes que ya no puedes más, no te avergüences: únete a alguien que tenga fe. Un padre le pidió a Jesús que sanara a su hijo, y Jesús le respondió: «Si puedes creer, al que cree todo le es posible». Que también tu amor por los demás abunde: si llegaste peleando con tu cónyuge, deja eso atrás y bendícelo.

Pide con convicción

«Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo». Dios va más allá de tus deseos y te sorprende; y si algo no llega, es porque no estaba en su voluntad ni era lo mejor para ti, porque su plan es perfecto. «La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». La fe recibe la palabra y cree lo que la palabra dice. Dios puede hacer lo que te atreves a creer.

«Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá». Pide convencido: convencido de que vas a salir adelante, de que vas a sanar, de que vas a conseguir ese trabajo. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve».

Versículo clave

«Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.»

Marcos 11:24

Daniel estuvo tres semanas en ayuno y oración, hasta que un ángel le dijo: «Desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras». Había una batalla espiritual en los aires. Cuando Dios dice sí, no hay batalla que no termine en victoria. A veces es tiempo de cambiar lo que crees: «De esta no salgo» no es lo que dice la palabra.

Sabiduría para cada acción

«Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada». Salomón no pidió para sí mismo, sino sabiduría para gobernar y bendecir a su pueblo; y Dios le dio además lo que no había pedido: riquezas y gloria. Que tus peticiones lleven generosidad y alcancen a otros.

Versículo clave

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.»

Santiago 1:5

«Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal». No dice que no estudies ni te prepares; dice que no pongas tu confianza en lo mucho que sabes, porque un día tu conocimiento llegará a su límite. Toma en cuenta a Dios en todo: en el negocio, el trabajo, el matrimonio, y hasta cuando alguien se te atraviesa en el tráfico.

No todas las guerras se ganan con espada; muchas se ganan con sabiduría. En el matrimonio, una pausa —«hablemos más tarde»— puede evitar una herida. «La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba». Una casa dividida contra sí misma no permanece. Tu hogar no será perfecto, pero puede ser un oasis bajo la dirección de Dios. El enemigo no teme a una iglesia grande, sino a una iglesia y unos hogares unidos.

Dios te corrige porque te ama

«No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere». A nadie le gusta ser corregido. Pero lo que alcanzas por fe puedes perderlo por falta de sabiduría y de formación. La fe te lleva a lo que ni imaginabas; la sabiduría te da herramientas para administrarlo. Dios no te reprocha, pero sí te corrige.

«Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella». Aun quien tiene todo lo que admiras no se sostiene si la sabiduría de Dios no lo edifica. «Jehová con sabiduría fundó la tierra», y con ella puede afirmar tu vida.

Déjate formar por el Alfarero

Ser formado es una responsabilidad de cada uno: negarte a lo viejo que te contamina y rendirte delante de Dios. El dinero, la angustia, la amargura o el rencor no te forman; te deforman. Dios promete: «Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos».

Jeremías bajó a casa del alfarero: «Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla». Así eres tú: te echas a perder una y otra vez, pero sigues en las manos de Dios. A veces su formación duele, porque quita lo que no sirve; pero el resultado es una vasija nueva, conforme a su diseño. Empieza esta temporada con todo: con toda la fe, toda la sabiduría y toda la formación de Dios.

Referencias bíblicas