EN Oración
Serie Herederos

Este año lo comenzamos con todo

Comienza el año confiando en la gracia, la dirección y el amor de Dios, y reconoce que lo que tienes puede servir también para bendecir a otros.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
53 min

¿Eres curioso? Escucha lo que los cielos cuentan a la iglesia. El comienzo del Salmo 19 dice: «Los cielos cuentan la gloria de Dios; la expansión proclama la obra de sus manos». Mirar el cielo nos recuerda que habla de la gloria de Dios.

Esa imagen se relaciona con el relato de Jesús y los pocos panes y peces. ¿Miraba Jesús lo poco que tenía en las manos o miraba también hacia los cielos? Cuando veas lo limitado que tienes en tus manos y atravieses días difíciles, mira el cielo y recuerda que Dios es más grande que tus recursos.

Nuestras manos son limitadas; la obra de Dios es ilimitada, y quienes forman su iglesia son parte de esa obra. La palabra para la iglesia es comenzar el año «con todo»: no porque las personas lo tengan todo por sí mismas, sino porque Dios lo puede y lo es todo.

Toda gracia para toda circunstancia

Primero, hay toda la gracia de Dios disponible. 2 Corintios 9:8 afirma que Dios puede hacer abundar toda gracia, de modo que haya lo necesario para toda buena obra. El año traerá circunstancias distintas —buenas, no tan buenas y algunas malas—, y la armadura mencionada en Efesios se relaciona con el día malo. No hay promesa de que no habrá dificultades: la gracia de Dios está disponible cualquiera que sea la circunstancia.

Quien puede hacer abundar esa gracia es Dios, no nosotros. Habrá situaciones en las que no podremos hacer nada; el problema es insistir en resolver por cuenta propia lo que excede nuestros límites. La buena noticia es que Dios puede actuar en toda circunstancia, y que su gracia no fue dada por obras, sino para que hagamos buenas obras.

Versículo clave

«Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra»

2 Corintios 9:8

La bendición no se limita a lo económico: hay muchas clases de bendiciones y no existe área de la vida que Dios no pueda bendecir. Esa posibilidad se debe a la bondad de Dios, no a que las personas sean especialmente buenas. 2 Corintios 9:8 añade algo más: tener siempre lo necesario y que sobre para ayudar en toda buena obra.

¿Dudas que algo pueda sobrarte, con el aguinaldo ya gastado y la deuda del siguiente año? Piensa en Moisés, libertador de un pueblo. Cuando Dios le dijo que había sido escogido, Moisés no podía creerlo y puso excusas, incluso que no podía hablar bien. Moisés llegó a ser lo que Dios le dijo que sería cuando creyó, no al revés. Así podemos recibir la promesa de provisión y excedente como una palabra bíblica, no como una ocurrencia humana.

El excedente no es para guardarlo en beneficio propio. Toma un papel y empieza una lista de generosidad: pregúntate a quién le faltan cosas y quién necesita ayuda, y decide ayudar en el reino de Dios, que también te ha ayudado a ti. Haz tu propia lista y busca a quién bendecir.

Quizá pienses: «no tengo ni para mí». La fe no es una fantasía, sino confiar en lo que dice la Palabra. Cada vez que expresamos generosidad se forma en nosotros el carácter de Cristo. La ayuda puede tomar formas sencillas: una palabra, un versículo, una llamada o estar pendiente de alguien. Busca a quién ayudar y bendecir: Dios puede cubrir las necesidades mientras sus hijos bendicen a otros.

Dios como lo que llena y da seguridad

El Salmo 16:5, en una versión cuyo lenguaje expresa: «Tú eres mi Dios, eres todo lo que tengo y todo lo que necesito; tú llenas mi vida y me das seguridad», menciona también la herencia recibida como una tierra bella. La seguridad no procede de la tierra, sino de Dios. Lo recibido tiene valor, pero ninguna posesión puede llenar la vida como Dios.

La Palabra contiene consejos para el año: el mismo salmo dice que las enseñanzas guían incluso en las noches más oscuras. Hay noches oscuras en la vida, y la respuesta del salmista es tener presente a Dios, con la confianza de que Dios acompaña y sostiene. El pasaje sobre no quedar abandonado en el sepulcro es mesiánico: David, quien habla en el salmo, miraba hacia el Mesías y hacia la resurrección y la vida eterna.

La vida eterna puede despertar menos entusiasmo que la pregunta por cómo terminará el mes. Pero la esperanza de la resurrección cambia la perspectiva: Dios venció a la muerte. El salmo dice que Dios enseñó a vivir como a él le gusta; ¿cómo queremos vivir este año: como nos gusta a nosotros o como le gusta a Dios?

Los deseos personales no siempre coinciden con los planes de Dios. Lo que uno cree que le dará felicidad puede dejarlo vacío, mientras que lo que Dios sabe que conduce a la felicidad puede llenar la vida, aunque al principio no parezca así. Dios tiene toda la dirección para la vida.

No siempre permitimos que Dios nos guíe. Al comenzar el año, algunas personas se proponen congregarse y no faltar a la iglesia, pero, cuando las cosas se ponen difíciles, pueden dejar de asistir ya en febrero. Las emociones pueden estar presentes, pero no deben dirigirnos: la guía ha de ser la Palabra. Permanecer en Dios no significa que todo ocurra como esperábamos; significa confiar en que su manera de conducirnos es superior a nuestras expectativas.

La identidad en Dios se expresa en seguir instrucciones porque confiamos en nuestro Padre; lo contrario es caminar con orfandad. Cuando no obedecemos, vemos consecuencias. El problema no es falta de guía por parte de Dios, sino resistencia humana a ser guiados. No se trata de sacar a Dios a pasear junto a nuestras propias locuras: Dios no es quien acompaña nuestros planes sin más; es quien guía.

El Salmo 16 habla también de la felicidad en la presencia de Dios. David tenía palacios, oro, un ejército y reconocimiento, pero el salmo no atribuye su felicidad a esas cosas: dice que es feliz en la presencia de Dios y dichoso a su lado. Dios tiene toda la dirección, y su presencia es lo que llena.

El amor de Dios en medio de la fragilidad

Además, Dios tiene todo el amor. Hay personas que llevan el corazón destrozado, por una ruptura o por una pérdida. Hay dolores que pueden ser grandes, y una decepción puede afectar la confianza en el amor.

El amor de las personas es imperfecto; el amor de Dios es perfecto, y recordarlo trae alivio al corazón. Algunas personas pueden preguntarse si su pareja las ama o no; el amor humano es imperfecto, pero el de Dios no. Oremos y salgamos cada día llenos del amor de Dios.

En el Salmo 73, el salmista confiesa que se llenó de amargura, se sintió molesto y se comportó como un animal, estúpido e ignorante. Reconozcamos también nuestros momentos de enojo, amargura y reacciones de las que después nos avergonzamos. La vulnerabilidad permite reconocer delante de Dios lo que pasa en el corazón.

El salmista es Asaf, relacionado con el coro de David, y vale la pena leer el pasaje completo en casa. Asaf se llenó de envidia al ver que a otros les iba bien mientras él buscaba a Dios y las cosas no le salían. Al entrar en el templo, Asaf recibió una perspectiva que le hizo ver que estaba mal.

Es fácil envidiar lo que otra persona tiene —unos zapatos deseados, por ejemplo— sin saber qué está atravesando. No dejemos que la comparación y la envidia alimenten la amargura. Quizá Asaf buscaba a Dios por lo que esperaba recibir y no por lo que Dios estaba haciendo en él; también nosotros podemos ignorar la Palabra y el trabajo de Dios en nuestra vida, incluso cuando acudimos al templo.

Aun así, no hay que quedarse atrapado en los errores del año pasado ni en los momentos difíciles. La conclusión de Asaf es que Dios lo guía y le da consejo, y después lo llevará con honor. Dios no responde a los errores humanos del mismo modo que las personas pueden hacerlo unas con otras. Su amor permanece incluso cuando hemos reaccionado mal, y Dios puede mostrar misericordia y llevar con honor a quien reconoce sus faltas.

Si atraviesas depresión o tristeza, no te culpes por esos momentos ni concluyas que careces de fe. Busca ayuda y herramientas: según la Escritura, el poder de Dios reposa en las debilidades. No se trata de revolcarse en ellas, sino de reconocerlas con humildad delante de Dios. La vulnerabilidad entre personas es una oportunidad para reconocer debilidades y permitir que el poder de Dios levante.

Versículo clave

«Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria.»

Salmos 73:23-24

El salmo continúa: «¿A quién tengo yo en el cielo sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra». Esas palabras contrastan con la fragilidad del cuerpo. Con los años aparecen manchas en la piel, hace falta mucho bloqueador solar, y lo que antes se comía sin problema ahora cae mal. El cuerpo se va deteriorando.

En contraste con esa fragilidad, Dios es la roca que amamos y necesitamos; no hablamos de una religión, sino de Dios. El amor de Dios está establecido, aunque cada persona puede recibirlo o no. Asaf reconoció su amargura y sus errores, mientras que nosotros a veces pretendemos aparentar perfección.

La presencia de Dios por encima de las posesiones

El testimonio de Asaf se enlaza con una historia sobre David y el arca del pacto. David quiso que animales llevaran el arca y, cuando un hombre murió al intentar sostenerla, David se alejó y dejó el arca en la casa de Obed-edom. Asaf aparece en relación con David y la salida para traer el arca, y a los noventa días llegaron las noticias: en la casa de Obed-edom estaba la gloria de Dios y todo a su alrededor prosperaba.

Podemos imaginar la escena: quizá David miró su palacio y su carruaje y pensó que, sin la presencia de Dios, eran vacíos. El carruaje es una añadidura, no aquello que da sentido a la vida.

Cuando el arca regresa, David danza y brinca, y una mujer lo ve desde el palacio y se avergüenza de él. Podemos imaginar su punto de vista: es como sentir vergüenza de alguien que se comporta de manera inesperada en público. Quien entra por primera vez a una iglesia puede preguntarse por qué la gente aplaude y pensar que están locos, porque todavía no ha experimentado la gloria de Dios. No critiquemos a quienes sí la han experimentado.

David celebraba porque había recuperado la presencia y la dirección de Dios. Los palacios, los carruajes o el oro no son malos, y Dios puede añadir bienes a la vida; pero esos bienes no sustituyen a Dios ni pueden llenar por sí mismos. Solo Dios puede llenar la vida, y si se busca la felicidad en lo que pronto cambia, se corre el riesgo de no encontrar la felicidad verdadera.

Todos hemos sentido alguna vez que no servimos, que deberíamos alejarnos de la iglesia o que hemos vuelto a fallar. La historia del arca nos llama a regresar a la presencia de Dios y a su propósito. Celebremos la presencia, la Palabra y la bondad de Dios: el año puede comenzar «con todo» porque Dios tiene toda la gracia, toda la dirección y todo el amor.

Una respuesta de confianza

Quizá pensabas no tener mucho para empezar el año, pero lo tienes. ¿Quién tiene toda la gracia, toda la dirección y todo el amor de Dios? Vale la pena dar un brinquito de alegría. No comenzamos confiando en la abundancia de los recursos propios, sino en lo que Dios es y ofrece.

Asaf y David recibían visitaciones de Dios que otros quizá no entendían: ¿cómo podían decir que lo tenían todo en medio de lo que atravesaban? Ora: «Señor, inicio con todo; te tengo a ti. Gracias, Señor». No olvides que Dios lo tiene todo para tu vida y, a la vez, que él sea tu todo.

Dios dio su vida por nosotros y nos ama; pese a nuestros errores, puede llevarnos de la mano derecha y honrarnos. Puedes hacer esta oración de perdón y fe: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador». «Amén».

Referencias bíblicas