EN Oración
Serie Puertas

Puertas abiertas y decisiones correctas

Dios abre puertas, pero hay que responder con decisiones firmes y obediencia a su palabra. La libertad recibida también requiere cuidar el corazón y cerrar las puertas que nos apartan de lo correcto.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 01 min

Se ha abierto una puerta grande y eficaz, aunque también hay adversidad. Hay puertas abiertas para tu vida que ni siquiera imaginas. Pero no basta con lo que Dios abre: también hay que preguntarse qué decisiones tomamos ante esas oportunidades.

No es lo mismo recibir consuelo que progresar. Cuando una persona reconoce un pecado o un error, se arrepiente y pide perdón, Dios puede traer misericordia y consuelo. Dios perdona, pero permanecer una y otra vez en el mismo patrón no equivale a progresar. El deseo de Dios es que sus hijos avancen en las distintas áreas de la vida y no desaprovechen las puertas que se les presentan.

La puerta puede estar abierta; elegir sigue siendo nuestra parte

Hay una tensión: hay puertas correctas y, sin embargo, una persona puede responder con una decisión incorrecta. No se puede responsabilizar a Dios por todo lo que no se concreta. Dios puede abrir una oportunidad y ofrecer bendición, pero no hará aquello que corresponde decidir a cada persona. Por eso conviene examinar no solo cuántas puertas están abiertas, sino qué hacemos frente a ellas.

Deuteronomio 30:19: Dios pone delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y llama al cielo y a la tierra como testigos. Dios abre la puerta de la vida y llama a elegirla; la responsabilidad de responder es nuestra. Nadie podrá llegar ante Dios preguntando qué pasó con lo que prometió: el cielo y la tierra darán testimonio de que él nunca dejó de cumplir su palabra; lo que no se recibió fue por nuestras decisiones.

Versículo clave

«A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia»

Deuteronomio 30:19

La elección no es una decisión aislada. Cada día trae decisiones pequeñas —lunes, martes y los días siguientes— que pueden transformar el rumbo de una vida. Elegir la vida no significa simplemente estar físicamente vivo. Se trata de algo espiritual y eterno, como muestran la frase de Pablo «para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» y la enseñanza de Jesús sobre quienes mueren en él. Así, la vida que Dios da tiene que ver con una vida que no termina y que solo Dios puede conceder.

Escoge esa vida y no confundas tus planes con los de Dios. Sus planes son mejores y están escritos en su palabra; no termines viviendo tus propios planes en lugar de la vida que él tenía para ti.

Obedecer y comprometerse más allá de la emoción

La elección se aterriza en una práctica concreta: amar, obedecer y comprometerse firmemente con el Señor. La obediencia a Dios produce vida. Al hablar de personas «muertas» aunque caminen, se trata de la muerte espiritual y de quienes no han nacido de nuevo. Esa condición contrasta con la vida de fe de quienes tienen hambre de Dios.

La pregunta que sigue es qué significa comprometerse firmemente. Existen compromisos que duran solo mientras hay emoción o mientras se satisface un interés. Un ejemplo es una oración interesada: alguien pide ayuda, recibe lo que quería y luego se desentiende de Dios, quizá durante años. Frente a ello está el compromiso de Pablo: nada —ni la muerte, ni la vida, ni lo desconocido ni los principados— podrá apartarlo del amor de Cristo. La experiencia de vivir en escasez o abundancia también es parte de la perseverancia que requiere un compromiso firme.

La vida que Dios da no se compra con dinero, sino que se recibe con obediencia. Pensemos en el caso de alguien que atraviesa una dificultad económica o tiene delante un negocio que sabe que desagrada a Dios y no está de acuerdo con su palabra. El corazón puede presentar argumentos: «¿Qué vas a hacer? ¿Y tus hijos?». La persona puede convertir el amor por sus hijos en justificación para aceptar lo que considera incorrecto. La necesidad económica es real, pero ninguna suma de dinero puede comprar la vida que solo Dios puede dar.

La respuesta es reconocer que esa puerta no es tuya si para atravesarla hay que desobedecer: elige a Dios, confía en que él lo tiene todo y espera su provisión.

El corazón como una ciudad que necesita murallas

Dios ama y levanta incluso después de malas decisiones, pero las consecuencias las llevamos nosotros y nuestra familia. Nuestras decisiones afectan a nuestras generaciones. Enséñales a tus hijos que, aunque un día no tengan ni un centavo, si tienen a Dios saldrán adelante desde donde estén.

En el matrimonio pasa igual. Si alguien siente que su cónyuge está fría o indiferente, el corazón y la mente pueden magnificarlo y buscar razones para consolarse con otra persona. Quizá haya descuido en el matrimonio, pero los argumentos del corazón no deben llevar a la desobediencia. Lo correcto es hablar del problema, trabajar en la relación e ir a la palabra de Dios antes de actuar por impulso.

En esa aplicación, el adulterio no solo dañaría la relación con Dios, que es lo más importante, sino que también sería hacerse daño a uno mismo. La Escritura presenta la imagen de la persona que no sabe dominar sus impulsos y es como una ciudad sin muralla, expuesta al peligro. La idea central es que el corazón necesita protección y que el dominio propio resguarda la vida.

La comparación se amplía: el corazón es como una ciudad donde puede haber tráfico, comercio, delitos y robos. Así como los padres se preocupan por la seguridad de sus hijos y por que no les roben, cada persona debe preguntarse qué se ha robado a sí misma. ¿Cuántos sueños se pierden por no dominarse? Y las malas decisiones de los adultos también afectan a sus hijos.

José es ejemplo de dominio propio. Servía en la casa de Potifar, y la esposa de Potifar le hizo una propuesta; él dejó su ropa y huyó, y después fue acusado y encarcelado durante dos años.

José tuvo que dominar sus impulsos y no robarse a sí mismo lo que Dios le había dado. No se trataba de lo que otros pudieran quitarle, sino de no hacerse daño con una decisión incorrecta. Huir es válido: cuando la tentación sea grande, toma la decisión y sal corriendo.

Para quienes han tomado decisiones equivocadas, hoy puede ser una oportunidad para cambiarlas, porque Dios perdona, levanta y sana. También hay que tomar en serio los pensamientos cotidianos. Aunque a José le quitaran la túnica, lo metieran en una cisterna o lo vendieran como esclavo, la puerta seguía abierta, y Dios podía honrar su vida. Los momentos oscuros no prueban que una puerta se haya cerrado; pueden formar parte del proceso hacia lo que Dios tiene delante.

Hacer lo correcto aunque tenga un costo

En los momentos oscuros, la mente puede invitar a aferrarse a una adicción o a otras cosas que solo debilitan, aunque parezcan sostener. Cada decisión de ese tipo le quita un pedazo a la muralla del corazón. Decide lo correcto sin medir las consecuencias, aunque hacerlo te cueste relaciones.

Habrá ocasiones en que te ofrezcan más dinero por moverte de donde estás, y entenderás que no es momento de irte. No se trata de no progresar, sino de no trabajar por dinero ni dejar que el dinero dirija una decisión: a veces lo que está en juego es tu lealtad.

No todas las puertas que se abren son de Dios: se necesita sabiduría. ¿Sería correcto irse a la competencia al día siguiente de que unas personas confiaron en ti? Permanece donde debes y confía en que Dios abrirá otra puerta.

El enemigo siempre perseguirá tu propósito. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento, Dios tiene un pueblo para su templo, y el verdadero templo somos nosotros. Cada creyente es un altar, dondequiera que esté, también en la oficina. Eso aumenta la responsabilidad de cuidar la propia vida, respetarse y congregarse para adorar a Dios.

La libertad recibida se conserva con decisiones

Jesús abrió la puerta de la libertad, y se abrió con precio de sangre. A la vez, hay que tomar las decisiones correctas para mantenerse libre. Creer en Jesús no te exime de perseverar en sus enseñanzas: la puerta de libertad está abierta, pero la vida cotidiana exige decidir cómo responder a la tentación.

Juan 8:31 apoya ese llamado: Jesús habla a quienes creyeron en él y les dice que serán verdaderamente sus discípulos si se mantienen en sus enseñanzas; entonces conocerán la verdad y la verdad los hará libres. No es lo mismo escuchar la palabra que practicarla. Jesús abre la puerta, y permanecer en sus enseñanzas es parte de vivir en libertad. Por eso hay que tener dominio propio y responder a la tentación con una decisión coherente con la palabra.

Versículo clave

«Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos»

Juan 8:31

Jóvenes: la Biblia dice que no se debe fornicar. El amor de Dios no hace irrelevante la obediencia: cuando Dios dice que no, es porque ama y quiere manifestar la vida que tiene para ti. Si un muchacho te dice que te ama, pero no quiere compromiso, y te pide una «prueba de amor», mantén tu compromiso con Dios: tus planes los tiene él.

A las parejas que llevan años viviendo juntas, sin juzgar a nadie, porque cada caso es diferente: no posterguen ordenar su situación por miedo al compromiso. Actúen conforme a lo que Dios dice. Un curso prematrimonial ayuda mucho; algunos descubren que se estaban casando por la razón incorrecta y deciden esperar. El orden y la obediencia traen bendición.

Una invitación a reflexionar, cerrar puertas y adorar

No es momento de acusar, sino de meditar y, si corresponde, pedir perdón por decisiones equivocadas y por el daño que puedan estar causando incluso a las generaciones. Quizá quisiste proteger a tus hijos poniendo tu deseo por encima de Dios, o armaste en tu mente una «biblia» propia en vez de actuar conforme a lo que quedó escrito.

Piensa si estás viviendo la vida que Dios tiene para ti. Delante están la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y una puerta abierta requiere una decisión correcta. Muchas veces elegimos lo que nos conviene y no lo correcto, aunque sepamos cuál es la decisión correcta.

Dios es misericordioso y sigue amando a pesar de las decisiones equivocadas. Hay nuevas puertas, pero hay que decidir cómo responder a ellas, y también hay puertas que deben cerrarse: el corazón es como una ciudad que necesita protegerse de los pensamientos que quieren destruir la vida. Que el Espíritu Santo dé flexibilidad a las bisagras endurecidas del corazón para abrirlas a lo que Dios dice y cerrarlas a lo que no ha dicho. Usa el dominio propio y di que no, aunque cueste o los sentimientos empujen en otra dirección.

Elige adorar. Adorar es poner a Dios por encima de todas las cosas, y se puede adorar incluso en medio de una situación difícil, pidiendo nuevas fuerzas y otra oportunidad. Nadie puede obligarte: adorar es una decisión personal. Gracias a Jesús por decidir dar su vida, amar, perdonar y salvar: él es la puerta. Abre la puerta de tu corazón y ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas