Hay buenas noticias: en el cielo todo sigue estable. No hay recesión, escasez, enfermedad ni angustia. El poder de Dios está intacto, y Jesucristo está sentado a la diestra del Padre. A veces piensas que Dios está tan inquieto como tú, pero su trono es para siempre y su reino no tiene fin. Si su reino no tiene fin, lo que estás viviendo sí lo tiene. Y Dios sigue abriendo puertas, como lo ha hecho a lo largo de toda la historia bíblica.
Puerta abierta, corazón cerrado
El problema nunca es la puerta abierta, sino el corazón cerrado; y el problema siempre está de nuestro lado, porque Dios es perfecto y nosotros no. Dios sacó a Israel de Egipto: Faraón, con el corazón endurecido, los persiguió, y Dios abrió el mar. Luego les prometió una tierra que fluía leche y miel, pero la mayoría murió en el desierto. Había una puerta abierta, pero un corazón cerrado. Dios abrirá puertas y cerrará otras. Pídele: «Abre las que tengas que abrir y cierra las que tengas que cerrar; solo que tu mano esté en la manija». Tú eres responsable de mantener tu corazón abierto.
Pablo escribió: «Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito». Esperaba noticias de un conflicto con la iglesia de Corinto, una ciudad portuaria importante y difícil de pastorear. Dios le había abierto una puerta, pero su espíritu estaba intranquilo. De ahí surgen seis claves para que tu corazón no se cierre.
Perdón
Un corazón herido es un corazón cerrado. Una cicatriz no es lo mismo que una herida: la cicatriz es una herida que sanó; la herida sigue abierta. Puedes tener cicatrices y decir: «Esto me pasó, pero Dios me sanó». Con heridas abiertas no podrías aprovechar las puertas que Dios abre. No puedes controlar las decepciones ni quién te ofende, pero sí puedes decidir perdonar. «El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo». Si insistes en la ofensa, aunque tengas razón, pronto dejarás de ser el ofendido para convertirte en el que divide.
Versículo clave
«El que cubre la falta busca amistad; Mas el que la divulga, aparta al amigo.»
Proverbios 17:9
Dios puede usar aun el rechazo: el evangelio llegó a los gentiles en parte porque Pablo fue rechazado por los judíos. La multitud prefirió a Barrabás antes que a Jesús, y ese rechazo lo llevó a la cruz, donde el Padre abrió la puerta más grande: la salvación. En la cruz le ofrecieron vino mezclado con hiel, y lo rechazó: no se dejó llenar de amargura. Jesús tenía un corazón sano y abierto. No busques ser aceptado por todos; tu aceptación está en el Padre. Nadie puede lastimarte profundamente si no has invertido en él, pero Dios puede sanarte profundamente.
Cuando David llevó provisiones a sus hermanos, su hermano mayor lo acusó: «¿Para qué has descendido acá?… Yo conozco tu soberbia». David respondió: «¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar?», y siguió su camino. No se desenfocó con la ofensa, porque detrás del gigante había una puerta abierta. Hay quienes llevan décadas desenfocados por una ofensa. Y David le dijo a Saúl: «No desmaye el corazón de ninguno a causa de él». El problema no era Goliat, sino los corazones desmayados. Tu batalla no es con tu cónyuge ni con tu hermano, sino con el enemigo.
Ubicación
A veces tu cuerpo está en un lugar y tu mente y tu corazón en otro: estás orando, pero pensando en lo que te hicieron. Ubícate donde Dios te dice. En Getsemaní, Jesús oró: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa»; y luego se ubicó en la voluntad del Padre: «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y un ángel vino a fortalecerlo. Ubicarte en la voluntad de Dios no será fácil, pero terminará en gloria.
Estrategia
Gedeón tenía treinta y dos mil hombres, y Dios los redujo a trescientos, «no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado». Las estrategias de Dios parecen locura: ir a la guerra con cántaros vacíos y trompetas; alimentar a miles con cinco panes y dos peces. Jesús alzó los ojos al cielo, y sobraron doce cestas. David no pudo caminar con la armadura de Saúl, porque su estrategia venía del cielo. Deja de depender solo de estrategias razonables y pide estrategias celestiales.
Revelación
El conflicto exterior no se compara con la batalla interior, pero la revelación de Dios dentro de ti es más fuerte que la información de afuera. Cinco panes y dos peces eran la realidad; los discípulos querían despedir a la gente, pero Jesús dijo: «Dadles vosotros de comer». Aunque la realidad diga que no alcanza, su verdad dice otra cosa. No sabes qué pasará mañana, pero sabes que Dios te espera allí. El enemigo es experto en decirte que no tienes suficiente dinero, inteligencia ni talento; Dios es más que suficiente.
Tensión
Hay momentos de tensión que son necesarios para tu formación. Cuando aprendes a manejarla, se forma en ti el dominio propio: ya no tomas decisiones por la tensión que atraviesas, sino en medio de ella, guiado por la palabra. Guarda tu corazón en la tensión, para que te forme y no te deforme. «Una puerta grande y eficaz se me ha abierto, y muchos son los adversarios». La adversidad revela lo grande que es la puerta: siempre hay oposición cuando algo significativo está por ocurrir.
Oportunidad
«Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre». Ninguna depresión, enfermedad, escasez o angustia puede cerrar la puerta que Dios abre.
Versículo clave
«Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.»
Apocalipsis 3:8
La puerta está delante de ti, no detrás. Deja de mirar atrás; deja las ofensas. Quizá estás cansado y tus fuerzas son pocas, pero has obedecido. Revisa tu corazón: ¿qué ofensas te tienen estancado? ¿qué heridas aún no son cicatrices? Permite que el Espíritu Santo sane tu corazón, y aprovecha cada oportunidad, porque hay una puerta abierta delante de ti. Y si todavía no has abierto tu corazón a Jesús, él es la puerta más hermosa de todas.


