EN Oración
Serie Profundo

Decide dónde estar

Examina dónde está tu vida: en lo pasajero o en Cristo, la roca. La fe no evita las tormentas, pero permanecer en Dios te permite atravesarlas y ser transformado. Decide dónde estar.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 05 min

Decide dónde estar. Puedes tomar esa decisión aunque estés en una situación difícil, atravieses aflicción o lamentes decisiones pasadas. No será todo fácil ni las circunstancias cambiarán de inmediato, pero puedes decidir permanecer en Dios en medio de lo que estás viviendo.

Eva fue engañada por la serpiente, y Adán también participó. Cuando Jehová Dios se paseaba en el huerto, Adán se escondió, y Dios lo llamó: «¿Dónde estás tú?». Era una invitación a reconocer adónde lo habían llevado sus decisiones y a decidir dónde estar.

Esa pregunta es también para ti. No importa dónde te encuentres ahora; importa lo que decidas hoy respecto de tu vida espiritual. Aun en la aflicción, en la angustia y en las dificultades económicas puedes decidir estar en Dios. No niegues la dificultad: afírmate en Dios mientras la atraviesas.

Lo que el Espíritu revela y lo que expresas

«Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios… Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido». Y hablamos con palabras que enseña el Espíritu. ¿Qué has estado expresando esta semana: verdades espirituales o solo las realidades que estás viviendo?

Versículo clave

«Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido»

1 Corintios 2:10-12

El espíritu del mundo no se refiere a menospreciar a las personas del mundo, sino a una manera de ver contraria al Espíritu de Dios. La realidad que vives en el mundo es limitada; el Espíritu de Dios trae una verdad que los hijos de Dios deben expresar. La realidad puede decir que estás enfermo; la verdad de Dios te lleva a expresar tu confianza en su poder.

Quizá le has pedido a Dios algo que, según la realidad que ves, parece imposible. El Espíritu conoce lo profundo, como un hermano que sabe dónde está escondido el regalo que esperas. Lo que hoy parece imposible puede cumplirse años después. El proceso no será fácil, pero será glorioso.

Expresa la verdad de Dios aunque la realidad y el espíritu de este mundo hagan que algo parezca imposible. ¿Dónde estás: en la sabiduría de este mundo o firme en el Espíritu de Dios? A veces no entiendes lo que te sucede, pero a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Más que una frase conocida, es un versículo poderoso para tu vida.

La profundidad se muestra en la práctica

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina». «Cualquiera»: la enseñanza es para todos, sin excusas ni acepción de personas.

Versículo clave

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.»

Mateo 7:24-27

Lo profundo no es cuánto sabes, sino lo que haces con lo que sabes. Si alguien dice que escuchó una palabra muy profunda, pero no sabe qué va a poner en práctica porque no la entendió, no fue profunda: fue confusa. La revelación de Dios se da para que entiendas y comprendas el poder de su palabra. Aprender muchos versículos no basta si no practicas ninguno.

Deja que la palabra atraviese tu corazón y reconoce las áreas que necesitan mejorar. Estás aquí para agradar a Dios y rendirle lo que no te permite avanzar, para que se manifieste en ti la imagen de Dios con la que fuiste creado. Oír una cosa un día y otra al siguiente te mantendrá confundido si no has decidido dónde estar. No importa solo la voz que escuchas, sino la voz que obedeces.

Seguir a Cristo no significa que cesen las dificultades: la lluvia, el viento y los ríos siguen llegando. Lo decisivo es el fundamento sobre el que construiste tu vida. La arena es inestabilidad; la roca exige cavar, esforzarse, llenarse de la palabra y llegar a lo profundo. Lo que tú construyes puede ser golpeado, pero si Dios te construye, permaneces firme en el Dios que sostiene tu vida.

Los discípulos estaban en medio de la tempestad mientras Jesús dormía, y le dijeron: «¡Maestro, perecemos!». Su temor contrastaba con la firmeza de Jesús. En otra ocasión, Jesús los envió al otro lado del mar, y aun así enfrentaron el viento contrario hasta que él llegó a la cuarta vigilia. Estar con Dios no elimina los procesos, pero te permite permanecer en él.

No acudas al Señor solo para que todo te salga bien. Está bien llegar con una necesidad, pero llega un momento en que maduras en Cristo o te apartas del propósito de Dios cuando aparece una tormenta. Estar en Cristo no significa que todo resulte favorable, sino que algo glorioso puede ocurrir y que Dios estará contigo en medio de la lluvia, el viento y los ríos.

Permanecer cuando llega la dificultad

Hay quien estornuda y ya teme una enfermedad terrible; o quien come en exceso por la noche y al día siguiente le echa la culpa al café. Con facilidad atribuimos nuestros problemas a otra cosa y nos dejamos dominar por el temor.

Tener tu fundamento en Dios no te exonera de los procesos, pero te permite permanecer. Nadie sabe qué vivirá la humanidad en los últimos tiempos, y nadie debe anunciar fechas: del día y la hora nadie sabe. No te dejes llevar por el sensacionalismo ni por el temor de no haber cumplido tu propósito antes de la venida del Señor. Mantén la calma y vive tu propósito.

Cristo Jesús es la roca que te sostiene, aun cuando el mundo enfrente vientos, lluvias y ríos fuertes. Esteban predicaba mientras lo apedreaban; nosotros quizá reaccionaríamos muy distinto si nos lanzaran algo en el tráfico. Y hay quienes, cuando no reciben lo que pidieron, simplemente dejan de congregarse.

Esteban permaneció porque estaba fundado en Dios y consciente de la vida eterna y del propósito de Dios. Permanece aun cuando otros te hagan daño. El sufrimiento es real, pero el propósito de Dios es mayor que el momento difícil.

Jesús le dio a Pedro las llaves del reino, y luego le anunció que sería entregado, que moriría y resucitaría al tercer día. Pedro no quería aceptarlo: prefería las sanidades y los milagros. Imagina a las familias de los discípulos diciéndoles que estaban perdiendo el tiempo siguiendo a Jesús, porque les iba mal.

Jesús le dijo a Pedro: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo». No seas tropiezo para el propósito de Dios. Pedro negó a Jesús tres veces; ¿quién de nosotros no lo ha negado más veces? Cuando lleguen la decepción, la frustración o el enojo, no te apartes: permanece firme en los principios y los valores de Dios.

La fe no detiene la tormenta, pero puede transformarte

La fe no evita la lluvia, los ríos ni los vientos fuertes, pero transforma lo que sucede. La lluvia que parecía venir a destruir, Dios la usa para limpiar; el río que golpeaba con ímpetu se lleva lo que no sirve; el viento se lleva lo seco.

Quizá alguien que te ofendió vuelve tiempo después a pedirte perdón, y puedes responderle que ya lo perdonaste, porque la corriente de Dios ya se llevó la ofensa. Así también en el matrimonio: cuando una corriente de Dios fluye dentro de ti, la ofensa no detiene a quien permanece en la roca.

Isaí envió a David con provisiones para sus hermanos. Cuando llegó, Eliab, su hermano mayor, lo acusó: «Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has descendido». Pero David no dejó que esa ofensa lo desviara de su propósito frente a Goliat: su batalla no era con Eliab, sino con Goliat. No dejes que la ofensa detenga lo que Dios está haciendo.

Saúl le dijo a David que era un muchacho frente a un hombre de guerra. David respondió que había perseguido al león y al oso cuando se llevaban una oveja. Fue entrenado en la lluvia, los ríos y los vientos. Llegó dispuesto a enfrentar a Goliat porque Dios lo había afirmado, y tomó cinco piedras lisas del arroyo.

La armadura de Saúl no le servía a David para andar, así que se la quitó y tomó su honda. La fe de David no impidió que Goliat lo atacara, pero Dios revirtió la situación y le dio la victoria. David no puso su confianza en el tamaño del enemigo ni en el suyo, sino en Dios. Un corazón dispuesto a exponerse ante Dios importa más que la perfección: a todos nos falta aprender, pero permanece firme en la roca.

Deja de fijarte solo en el tamaño de los gigantes y mira lo que Dios hace. El viento se lleva las hojas secas de un árbol, y también lo que en ti se ha ido secando espiritualmente. En lugar de perder el tiempo cuestionando a Dios, dile: «Aunque el viento sea fuerte, permanezco aferrado a ti, que permaneces para siempre».

No convertir en ídolo lo que tienes

No escojas lo fácil, sino lo seguro. Si un negocio no prospera, quizá Dios está trabajando en lo profundo y quitando una dependencia de algo que se había convertido en ídolo. Somos expertos en levantar ídolos: Israel salió de Egipto con oro y plata, y fabricó un becerro de oro para adorarlo.

Fuimos creados para adorar, pero no a un becerro, un carro, una casa, una chequera o un negocio: fuimos creados para adorar a Dios. Moisés, al bajar del monte, tomó el becerro, lo quemó, lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre las aguas y se lo dio a beber a los hijos de Israel. Lo que construyes sin que Dios te construya a ti terminará siendo amargo y te apartará del propósito de Dios.

Ama a tu pareja, pero no la conviertas en un ídolo ni hagas que tu vida dependa de ella. Decir «si me dejas, me muero» revela que tu vida está sostenida por una relación. Si tu vida está sostenida en Dios, podrás perdonar, sanar y continuar cuando tu pareja se equivoque; si esperas perfección de una persona, tendrás amargura, enojo y frustración.

Aunque tu matrimonio o tu empresa fallen, puedes apoyarte en Dios como tu fundamento y tu proveedor. Dios no siempre detiene la tormenta, pero puede transformarla, enseñarte y formarte si permaneces aferrado a él.

Ir a lo profundo y responder a la palabra

Junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre Jesús para oír la palabra de Dios. Había dos barcas cerca de la orilla, y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Jesús entró en la barca de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra, y enseñaba desde allí a la multitud. Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar».

Simón estaba lavando sus redes; quizá ni siquiera escuchaba, porque necesitaba llevar provisión a su familia. Y aun así, la misericordia de Dios se acercó a él mientras trabajaba. Acércate a orar, aunque no sepas cómo hacerlo.

Simón respondió: «Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red». Su conocimiento y su esfuerzo no habían producido nada en toda la noche, pero decidió actuar por la palabra de Jesús. Ve a lo profundo y confía en que Dios puede hacer lo que tus fuerzas no lograron. Pedro significa piedra: Dios forma en ti algo firme.

¿Dónde está tu fe: en la arena, en lo incierto y pasajero, o en Cristo? No escojas lo fácil, sino lo seguro. Habrá decepción, dolor y desesperación, pero Dios estará presente en ellos. Seguir a Cristo no garantiza que todo salga bien, pero si permaneces, verás la gloria de Dios y él transformará tu vida.

Aférrate a Cristo, tu roca. Suelta el control y entrégaselo a Dios. Aunque el viento, la lluvia o el río derriben algo que construiste, Dios puede hacer nuevas las cosas y restituir lo que parece perdido. Ábrele tu corazón a Jesús: él te acompañará en cada tormenta, renovará tus fuerzas y te dará paz en medio de la decepción, el dolor y la angustia. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas