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El amor más grande: amistad, pareja y amor de Dios

El amor de amistad, el amor de pareja y el amor ágape no son lo mismo: el amor de Dios es el fundamento que da dirección y sostiene todos los demás vínculos.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
42 min

Hay tres formas de amor: el fileo, el amor de amistad; el eros, el amor entre un hombre y una mujer; y el ágape, el amor de Dios. El fileo y el eros no funcionan bien sin el ágape. Necesitas conocer el amor de Dios para que la amistad y el amor de pareja cumplan el propósito para el cual Dios los puso en tu corazón.

La amistad que ayuda a levantarse

«El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano». Es importante ser buenos hermanos, pero a veces sorprende la cercanía de un amigo: es el hermano que uno escoge. En los momentos difíciles descubres quién está verdaderamente contigo.

Unos hombres traían en un lecho a un paralítico. Como no hallaban cómo entrar por causa de la multitud, subieron encima de la casa y por el tejado lo bajaron con el lecho delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: «Hombre, tus pecados te son perdonados». La fe que Jesús vio fue la de los amigos.

Versículo clave

«Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.»

Lucas 5:20

Quizá aquel hombre, al ver la casa llena, pensó que ya no había posibilidad y que era mejor quedarse donde estaba. Hay una parálisis de la mente y del corazón que necesita amigos que no se rindan.

Busca amistades que no se limiten a compadecerte para dejarte en el mismo lugar, sino que te animen a levantarte, perdonar, sanar y avanzar. Hay personas que necesitan ver a otros más abajo para sentirse superiores, que se alimentan de las heridas ajenas para mantener a alguien en ellas y manipularlo. El verdadero amigo acompaña y consuela, pero también te alienta a dar pasos hacia la sanidad.

Los amigos del paralítico lo cargaron, lo llevaron ante Jesús y, al no poder entrar, abrieron un hueco en el techo y lo bajaron. Les costó, y fue difícil. Así es la amistad que da lo mejor por el bienestar del otro, no solo para satisfacer una necesidad propia. Quizá el dueño de la casa se preguntó cuánto le costaría reparar el techo.

Rompe el techo por alguien más: da lo mejor y ve más allá de los límites habituales de una amistad. La fe de unos amigos puede llevar a alguien a un encuentro con Jesús.

Hay momentos en que tu fe parece diminuta y necesitas a alguien que te anime a seguir un día más y a pelear la batalla un día más. Hay amigos que llegan de madrugada a tu casa porque sienten que Dios los puso allí para orar contigo. Valora a quienes están dispuestos a llegar cuando los necesitas.

Alguien puede estar enfermo y decir públicamente: «Creo que Dios me sacará de esto; y si no, tengo la eternidad». Expresar algo así no debilita la fe de otros: es humanidad y necesidad de Dios. El único perfecto es Dios. Los buenos amigos te acompañan cuando tu propia fe se siente pequeña.

El amor de pareja y una identidad fundada en Dios

El eros es un amor que requiere reciprocidad: «Yo te doy, tú me das». Pero no puede ocupar el lugar del ágape. Tu pareja no puede darte lo que solo Dios puede dar. No busques una relación esperando que la otra persona resuelva tu soledad o satisfaga toda tu necesidad de amor.

Puedes estar acompañado y sentirte solo: la soledad no se resuelve con la presencia de rostros, sino atendiendo la ausencia de Dios en tu vida. No escojas pareja desde la desesperación por sentirte amado, sino desde una identidad afirmada en Dios y en el propósito que él tiene para ti. No te cases para ser feliz: cásate desde la felicidad que ya encontraste en Dios.

Si eres soltero, no te desesperes, y no elijas solo porque te sientes atraído: mira las prioridades y los valores. Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán: espera confiado. Lo ideal no es la perfección, sino el propósito. No decidas solo por lo que sientes; sé sabio al elegir.

Abraham envió a su siervo a buscar esposa para Isaac, y le dio instrucciones, porque Isaac no debía casarse con cualquiera. Dios tiene un propósito para tu vida. Mientras el siervo oraba junto al pozo, apareció Rebeca. Y cuando ella vio a Isaac a lo lejos, se bajó del camello. La oración y la búsqueda de Dios importan al discernir una relación.

Ante el amor a primera vista, da una segunda mirada a las prioridades y los valores. Un muchacho puede enamorarse a primera vista a los once años, al ver a una niña en un supermercado y recogerle un chicle que se le cayó. Bonito; pero el amor necesita crecer y ser formado.

Antes, el noviazgo era cartas, versos, mirarse a los ojos y andar en bicicleta. Quien espera aprende dominio propio, aunque a los catorce años se pregunte por qué Dios hace las cosas así. Dios forma el dominio propio, y su plan es maravilloso.

Isaac había salido a meditar al campo a la hora de la tarde cuando Rebeca lo vio. Busca a alguien que ame a Dios más que a ti. Si tu pareja ama a Dios por encima de ti, Dios podrá trabajar en lo que tu pareja no puede cambiar por sí sola.

«En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él». Vivir, no sobrevivir. Una relación no se sostiene si dejas de lado la Palabra: el eros se desgasta, pero el ágape de Dios es perfecto. Vuelve a tu primer amor: Dios tiene poder para renovar el amor.

Rut era viuda y volvió a casarse. Una persona viuda puede volver a casarse: Dios es Dios de los huérfanos y de las viudas, y puede llenarlo todo. Pero también hay viudas que se sienten felices y realizadas solas, disfrutando su tiempo. Esa decisión no debe imponerse.

Hay quien bromea con pedirle a Dios que se lleve a su cónyuge para ver series sin interrupciones. Es una broma: nadie debe desear la muerte de nadie.

El amor ágape: permanece, recuerda, guía y acompaña

El ágape es el amor más grande: el amor de Dios. No cambia, ni se levanta un día de mal humor ni deja de amar. «Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti».

Versículo clave

«Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.»

Isaías 54:10

Después de una pelea con tu cónyuge, quizá al día siguiente le hablas poco, aunque sabes que debes perdonar. El amor humano necesita perdón y renovación; el ágape de Dios es constante. Aunque el mundo parezca derrumbarse, Dios sigue amándote.

El amor de Dios no olvida. «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti». Si te sentiste olvidado por tus padres en la tierra, el Padre del cielo no te ha olvidado.

El amor de Dios es abundante. «Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia».

El amor de Dios da dirección. «Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande». Que no sean el eros ni el fileo los que dirijan primero tu día: acude antes al amor de Dios. En una discusión de pareja, si la emoción gobierna, respondes con la ley del hielo; si acudes a Dios, puedes pedir ayuda para perdonar y sanar tu corazón.

Busca a Dios por la mañana para recibir dirección para tu conducta cotidiana y ayuda para amar en medio de las imperfecciones humanas. «De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo». El amor de Dios te protege y te acompaña de día y de noche.

«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él». Eres hijo o hija de Dios, y el amor del Padre te recuerda quién eres.

El hijo pródigo y el amor que recibe al que vuelve

El hijo menor le pidió al padre la herencia que le correspondía, se fue lejos y la desperdició viviendo perdidamente. Ese hijo somos nosotros, y el padre es Dios. Esperaba de otras cosas lo que solo el padre podía darle.

Creyó que la herencia y el dinero le darían amor y calmarían su hambre, y terminó sin nada, deseando las algarrobas de los cerdos. Entonces decidió levantarse e ir a la casa de su padre. Allí estaba lo que su hambre no encontraba en el eros ni en el fileo, sino en el ágape.

Aunque te hayas alejado de Dios o tomado otra dirección, el Padre sigue en el mismo lugar de misericordia y amor. Los seres humanos cambiamos; Dios no cambia. No puedes entender plenamente ese amor, pero puedes experimentarlo.

El hijo dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros». Asociaba su conducta con su identidad: como había fallado, creía que ya no podía ser hijo.

Pero el padre se echó sobre su cuello y lo besó, y mandó traer el mejor vestido, un anillo y calzado, e hizo fiesta porque su hijo había vuelto. El arrepentimiento no borra automáticamente las consecuencias de tus actos, pero no elimina la paternidad de Dios. Si has fallado, Dios sigue siendo el Dios que perdona y ama, y su misericordia te ofrece un nuevo comienzo.

Hijos: cuando vean a sus padres, no importa cuántos errores hayan cometido, hónrenlos y bendíganlos. Ellos darán cuenta de sus actos delante de Dios.

El amor celebrado en la cruz

No confundas una fecha comercial con el sentido profundo del amor. El día del amor para la humanidad ocurrió hace más de dos mil años en la cruz del Calvario. No es Cupido, sino Jesús triunfando en la cruz: allí se mostró un amor incomparable. Celebra la amistad, pero sobre el fundamento correcto.

Toma un tiempo para hablar con Dios: nadie puede hacerlo por ti. Dile: «Te necesito». Reconoce el vacío que has intentado llenar con muchas cosas, incluso con el eros y el fileo. Pide experimentar el ágape: el amor que perdona, que es eterno, que no dura unos años sino toda la vida. Pide que el Espíritu Santo toque tu vida.

El amor de Dios no se entiende por completo, pero se experimenta. Si hace mucho tiempo que no te sientes amado, recíbelo. Dale gracias por ese amor perfecto y constante, que no te deja y sigue mirándote con amor a pesar de tus errores.

Recuerda el amor demostrado en la cruz del Calvario y ábrele tu corazón a Jesús: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Confía en el amor de Dios y búscalo como fundamento de todos tus vínculos.

Referencias bíblicas