Acércate a Dios: esa cercanía es la condición para comenzar algo nuevo. Si atraviesas una temporada en la que sientes que hay algo más para tu vida, estás en el lugar correcto para escuchar y prepararte. Tus pensamientos no se comparan con los planes de Dios.
Jesús toma el camino a Samaria
Jesús salió de Judea y se fue otra vez a Galilea. «Y le era necesario pasar por Samaria». Samaritanos y judíos no se trataban entre sí. Imagina a los discípulos preguntándose por qué ir a un lugar donde no se llevaban bien, por un camino cansado.
Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José, y estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta, el mediodía, cuando por el calor la mayoría se quedaba a la sombra. Y vino una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber».
Versículo clave
«Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.»
Juan 4:4-6
Un hombre judío hablando con una mujer samaritana, a una hora en que casi nadie salía. A veces Dios habla de manera directa cuando hay urgencia por transformar una vida. Si percibes un llamado claro a actuar, responde.
La mujer le preguntó: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?». Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva». Ella objetó que él no tenía con qué sacarla, que el pozo era hondo, y le preguntó si era mayor que Jacob. Jesús le habló del agua que vuelve a dar sed y del agua que él da, que será una fuente que salte para vida eterna. Y ella le pidió: «Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla».
Jesús le dijo que había tenido cinco maridos, y que el que ahora tenía no era su marido. No sabemos todo lo que ella había vivido, pero necesitaba algo distinto. Quizá iba al pozo al mediodía para que no la vieran ni la señalaran.
Quizá ella vivía como enterrada: sin propósito, sin visión, sin nadie que le tendiera la mano. Jesús cambió el rumbo de su camino para encontrarla, desenterrarla y plantarla junto a Dios. Si te sientes por debajo, con baja autoestima, sin identidad o dependiendo de otros, Jesús hace lo mismo contigo.
Si estás bajo presión, en incertidumbre, soledad, tristeza o ansiedad, o te sientes poco capaz: ¿estás enterrado o plantado por Dios? Lo enterrado no tiene propósito; lo que Dios planta puede estar bajo tierra y, aun así, tener algo que crecer. Dios no entierra personas para enterrar propósitos: planta personas para que crezcan grandes propósitos. No concluyas que todo acabó cuando llega una circunstancia adversa.
Dios no siempre quita de inmediato la dificultad. A veces te sostiene para que la atravieses, y usa ese proceso para llevarte hacia lo nuevo. La vida de fe no consiste en evitar todas las circunstancias difíciles, sino en atravesarlas con Dios. Dios te forma en la espera: el justo por la fe vivirá.
Árboles plantados junto a corrientes de agua
«Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará». Imagínate como ese árbol, aunque tu situación presente te haga sentir débil o pequeño.
Versículo clave
«Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.»
Salmos 1:3
Las secuoyas pueden medir más de cien metros y vivir miles de años. Los árboles dan sombra, refugio y nutrientes; regulan el clima, purifican el aire y mejoran la calidad de vida. Imagínate libre de la depresión, la tristeza, la ansiedad, la preocupación financiera o las adicciones, y siendo bendición para otros.
El árbol plantado junto a corrientes de agua no depende de la lluvia. Tu vida no tiene que quedar determinada por las circunstancias externas, sino depender de Dios, la fuente de vida. La samaritana iba al pozo y volvía a tener sed; Jesús le ofreció agua viva. La desarraigó de donde estaba para plantarla junto a una corriente que no se acaba.
«Da su fruto en su tiempo». Los árboles no dan fruto todo el año, pero si permaneces cerca de Dios, darás fruto en cualquier temporada: aunque pierdas el trabajo, estés enfermo, pierdas a un ser querido o atravieses una etapa difícil. No vivas solo de experiencias espirituales pasadas: no basta con recordar el fruto de hace diez o quince años. Sigue buscando a Dios y dando fruto hoy.
«Su hoja no cae». En el ciclo natural, las hojas caen cuando el árbol guarda nutrientes para otra temporada. Pero una vida conectada a Dios recibe de él lo necesario, sin depender de recursos externos. «Todo lo que hace, prosperará»: tus planes y pensamientos prosperan cuando están alineados con la voluntad de Dios.
No siempre te verás en esa imagen ideal: hay cosas que Dios necesita trabajar en ti. Puedes limitar tu crecimiento instalándote en espacios reducidos, como una planta en una maceta: «no puedo», «no sé si lo voy a lograr», o las limitaciones que atribuyes a tu trabajo, tu situación, tu familia, tus finanzas, tu edad o tu juventud. No permitas que esas limitaciones definan hasta dónde puedes llegar con Dios.
David, un hombre de carne y hueso, escribió ese salmo: la imagen del árbol se puede alcanzar. Todavía hay formación por delante. Sentirte por debajo no significa que estés enterrado: puede ser una etapa en la que Dios forma tus raíces.
Pequeñas semillas y raíces profundas
Dios no planta árboles, sino semillas. No menosprecies lo pequeño: un hogar, una familia, un trabajo, una porción que parece insignificante pueden ser el comienzo de algo que Dios hará crecer. Deja que esa semilla sea plantada cerca de Dios para echar raíces.
¿Estás dispuesto a permanecer plantado el tiempo suficiente para que Dios trabaje en ti? Quizá un ambiente pesado de incredulidad en tu trabajo o tu familia es el terreno donde tu semilla crecerá. Jesús quizá no cambia tu situación de inmediato porque quiere hacer algo en ti.
Dios trabaja bajo la superficie antes de que aparezca algo visible. Lo que se construye por dentro no siempre se ve por fuera. Permanece firme mientras crecen tus raíces: carácter, integridad y humildad. Dios permite etapas difíciles no para castigarte, sino para formarte; si interpretas mal el proceso, podrías pensar que Dios quiere hacerte daño.
A veces Dios no te saca de inmediato porque todavía no estás preparado para quedar expuesto. Si te arrancan antes de tiempo, terminarías otra vez en una maceta. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar. No midas el trabajo de Dios solo por lo que ves en la superficie.
Hay temporadas oscuras, solitarias y complejas. «¿Por qué no cambia mi situación económica? ¿Por qué no funciona mi matrimonio? ¿Por qué mis hijos atraviesan dificultades? ¿Por qué no salgo de esta adicción, si me congrego, ofrendo, diezmo, leo la palabra y busco a Dios?». Que no veas cambios no significa que Dios te haya abandonado.
A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Aun la pérdida de un ser querido o del trabajo puede, en las manos de Dios, llevarte a dar más fruto que antes. No te dejes engañar por la apariencia de que nada ocurre: permanece firme donde Dios te plantó.
El diablo no puede maldecir lo que Dios ya bendijo, pero puede distraerte y mentirte hasta que tú mismo te desarraigues y obstaculices el propósito de Dios. Sentirte por debajo no significa que todo terminó: tarde o temprano, Dios hará crecer tus raíces. A veces Dios obra sin mostrarte antes lo que está haciendo.
La fe avanza paso a paso. «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino»: una lámpara alumbra el siguiente paso, no todo el camino. Esa luz gradual te hace depender de quien te dio la promesa. Confía aunque no veas el resultado completo.
«Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto». Una temporada que parece de muerte puede ser la formación de tu destino. Una promesa entregada antes de que estés preparado sería difícil de sostener: la espera también es cuidado de Dios.
El que comenzó en ti la buena obra, la perfeccionará, aunque falles o te retrases. No vas a la iglesia porque seas perfecto, sino porque necesitas a Dios. Una formación prolongada hace visible que fue Dios quien obró, para que la gloria sea suya.
José recibió un sueño a los diecisiete años y pasaron trece años antes de ver la promesa. Le pidió al copero que se acordara de él, intentando acelerar los tiempos, y pasó dos años más en la cárcel. No te desarraigues antes de tiempo.
Estar enterrado o estar plantado puede verse igual por un tiempo: ambas situaciones son difíciles, solitarias y aisladas. Lo decisivo es lo que llevas dentro. Una moneda enterrada no da fruto; una semilla viva crece a pesar de la tierra que tenga encima. Recupera la fe y la esperanza, levántate después de fallar y no renuncies a las promesas de Dios: siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse.
Permanecer plantado
Quizá Dios te habló con claridad hace años, y pensaste que se cumpliría la semana siguiente. Pasaron semanas, meses, años. Seguiste sirviendo y llorando, pero con una herida, porque no veías lo prometido. Te sentiste como una semilla en la oscuridad, triste y sola, mirando la superficie sin ver cambios.
Quizá estuviste a punto de soltar el propósito, y oraste con frustración: «Ya no me importa si cumples o no». No entendías cómo obra Dios en lo íntimo, donde a veces ni tú te das cuenta. Pero cuando estabas por desarraigarte, el Espíritu Santo te sostuvo. Quizá todavía no ves la promesa, pero estás más cerca, porque Dios formó raíces en ti.
Permanece plantado y no abandones el propósito. «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas». Tus lágrimas riegan tu destino y tu propósito. Dios ha estado contigo aun cuando te sentiste solo, y usa ese proceso para hacer crecer la semilla.
Si llevas años sin ver lo que crees que Dios te habló y atraviesas una temporada difícil: Dios no entierra personas para enterrar propósitos; planta personas para hacer crecer grandes propósitos. Estás plantado en Dios: no olvides quién eres.
Una respuesta
Pide sabiduría, nuevas fuerzas y nuevos propósitos, si habías dado por muerto el tuyo. Recibe al Espíritu Santo y pide que Dios haga su voluntad en tu vida y en tu corazón. Si sientes incredulidad después de un tiempo difícil, pide que Dios reafirme tus pasos y tu fe.
Jesús te invita, como a la samaritana, a acercarte y dejar de beber del agua que no sacia. Sal de la maceta de tus limitaciones, permanece en el lugar incómodo que es terreno de formación y recibe una nueva oportunidad. Dios puede librarte de una adicción con la que luchas desde hace años, arreglar una situación familiar o plantar algo nuevo en tu vida si estás sin trabajo.
Nada es imposible para Dios: sigue adelante confiando en su dirección. Sé como árbol plantado junto a corrientes de aguas, con fruto en su tiempo y hoja que no cae. Dale gracias a Jesús por su amor, recíbelo como tu Señor y Salvador, pide perdón por tus pecados y abraza la esperanza de la vida eterna.
Referencias bíblicas
- Juan 4:4-26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 1:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 12:24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 1:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 126:5-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 4:4-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


