La poda como preparación
La poda es una imagen que puede asustar, pero también puede escucharse como anuncio de algo nuevo. Dios está más comprometido con hacernos libres que con mantenernos cómodos o darnos siempre la razón. A veces nos aferramos a nuestra razón y dejamos de atender a lo que Dios quiere hacer en nuestra vida. La poda no significa necesariamente que alguien haya sido quitado: puede significar que será preparado para dar más fruto.
En Juan 15:1-3, Jesús se presenta como la vid verdadera, el Padre como el labrador, y los pámpanos que llevan fruto son limpiados para que lleven más. La poda precede a un nuevo tiempo: el proceso anuncia algo nuevo y mejor.
Versículo clave
«Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.»
Juan 15:2
La poda puede doler y no ser fácil, pero puede dar lugar a más fruto. El pasaje continúa: los discípulos están limpios por la palabra que Jesús les ha hablado y deben permanecer en él, porque el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid. Por eso, la poda no debería alejarnos de Dios, sino acercarnos a él y a una relación más profunda.
Piensa en una planta cuya flor ya no se ve tan bonita y que hay que podar. La planta no puede moverse ni decidir; por eso se deja podar. El ser humano, en cambio, puede resistirse y cambiarse de lugar, como una maceta que se mueve para evitar el corte. Si la planta hablara, quizá diría: «¿Por qué me hiciste eso? Tú no ves lo que yo veo». Así nos preguntamos por qué nos sucede algo, mientras Dios ve lo que nosotros todavía no vemos.
La poda es una obra motivada por el amor de Dios, y hay cosas nuevas que todavía no podríamos soportar sin preparación. Examina tu propia vida: si no hay fruto ni cambios, el problema no está en Dios. Una evidencia de la relación con Jesús es estar dispuestos a ser podados y a dar un fruto nuevo. La poda ocurre en privado y el fruto se hace visible públicamente; solo quien atraviesa el proceso sabe plenamente lo que está viviendo.
Juan 15:5 dice que Jesús es la vid, sus seguidores son los pámpanos, y quien permanece en él lleva mucho fruto, porque separados de él nada pueden hacer. En la imagen hay tres protagonistas: Jesús, la vid; las personas, las ramas; y el Padre, el labrador que poda. Al comenzar un nuevo año, comienza también un tiempo nuevo en el corazón y en la disposición. La poda limpia la planta para que sea lo más fructífera posible.
Pruebas, paciencia y una espera activa
En la imagen de los pámpanos hay dos posibilidades: ser cortados o ser podados. El corte se relaciona con vivir los propios planes, algo que Dios permite, aunque los planes que tiene para sus hijos son superiores. El dolor de la poda es distinto de la mano que poda: el mismo Dios que permite el proceso también forma, levanta y sostiene.
Santiago 1:2-4 exhorta a tener por sumo gozo las diversas pruebas, pues la prueba de la fe produce paciencia, y añade que la paciencia debe tener su obra completa para que los creyentes sean maduros y completos, sin que les falte nada. ¿Cuántas personas pierden el gozo cuando atraviesan pruebas? Quizá porque no comprenden el proceso como una poda. Saber que se está en las manos de Dios permite esperar confiados y rendirle el control.
La paciencia es una oportunidad para madurar y asumir responsabilidad por aquello que Dios muestra. Pregúntale: «Dios, ¿qué quieres cambiar en mi vida? ¿Qué me estás mostrando en esta poda?». Hay momentos en que sientes que no puedes hacer nada, pero aun entonces puedes atender a lo que Dios quiere cambiar. Deja crecer la paciencia y espera el resultado, aunque el proceso no sea fácil.
Esperar no es lo mismo que ser pasivo. La persona pasiva no actúa y culpa a la situación o a los demás; esperar en Dios, en cambio, significa adorarlo, buscarlo, creerle, leer su palabra y rendirse a él. La espera no es inmovilidad, sino una disposición activa de fe. Y la poda nunca te llevará a un lugar donde la gracia de Dios no pueda sostenerte.
Versículo clave
«sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.»
Santiago 1:3-4
Si te preguntas cómo llegaste hasta el día de hoy, ha sido la gracia de Dios la que te sostuvo. Dios puede prepararte para un tiempo de fruto y renovación.
Job: adoración en medio de la pérdida
La imagen de la poda se enlaza con Job. En el relato bíblico, Dios menciona a Job como un siervo recto, y el adversario cuestiona que su adoración sea desinteresada y pide que se le quite parte de lo que tiene. Tras la pérdida, Job quedó rodeado de escombros; sin embargo, rasgó sus vestiduras y adoró a Dios. Adora aun durante una poda dura.
Job declaró que Jehová dio y Jehová quitó, y que sea bendito el nombre de Jehová, y no atribuyó a Dios despropósito alguno. Lo vivido no carece de propósito.
En el capítulo 42, la aflicción de Job fue quitada cuando oró por sus amigos, los mismos que lo criticaban durante su proceso. Esa oración fue una señal de madurez: algo había cambiado dentro de Job aunque lo que lo rodeaba no hubiera cambiado todavía. No juzgues el proceso de otra persona, porque no sabes lo que está viviendo.
Job oró por quienes lo habían juzgado, y esa oración se conecta con su restauración. Todo lo nuevo empezó dentro de él antes de manifestarse afuera. Dios puede obrar algo mayor aunque no se vea una salida alrededor.
Cuando las cosas van bien, regresan familiares y antiguos amigos a celebrar. Pero hay momentos que se viven solo entre la persona y Dios. No alimentes rencor por las heridas: si no endureces el corazón, Dios puede usar a otros a tu favor. La poda trae honra.
Job 42:12 afirma que Jehová bendijo el postrer estado de Job más que el primero. La vida de Job es como un templo en escombros, y Dios es el Dios que puede sorprender y devolver más de lo que había al principio. Aunque Job recibió el doble, su confianza no estaba puesta en el doble, sino en Dios.
Job llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes, siete hijos y tres hijas: Jemima, Cesia y Keren-hapuc. No había mujeres tan hermosas como ellas en toda la tierra, y su padre les dio herencia entre sus hermanos. Esos detalles hablan de restauración y honra.
La poda y las generaciones
Jesús también fue podado. En Getsemaní hubo gotas de sangre, y la cruz fue una poda. Hay, sin embargo, una diferencia: Jesús no tenía nada que podar, mientras que nosotros estábamos muertos en delitos y pecados y destinados a muerte eterna. Jesús acepta la poda por nosotros y resucita al tercer día, para que tengamos vida eterna.
Job vivió ciento cuarenta años después de aquellos acontecimientos, vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación y murió viejo y lleno de días, sin una enfermedad. Esa referencia a las generaciones habla a padres y a quienes esperan serlo: no dejes a tus hijos pendientes que podrían permanecer de una generación a otra. Ante una adicción, por ejemplo, hay que buscar herramientas, luchar, tener fe y permitir que Jesús pode.
Sé valiente y no dejes que una dificultad se herede en tu matrimonio o en tu familia: hay que restaurar y enfrentar toda clase de maldición. Los padres no son mapas perfectos: ningún padre puede ofrecerles a sus hijos toda la plenitud; solo Dios Padre puede hacerlo. Aun así, los padres tienen la responsabilidad de preguntarle a Dios qué necesitan rendir y permitir que él pode, para que aquello que no se afronta no se añada a las cargas de la siguiente generación.
José: no quedarse atascado en el proceso
José es otro ejemplo. En Génesis 41:37-40, Faraón considera que no hay otro hombre como José, en quien esté el espíritu de Dios, y le asigna autoridad sobre su casa y sobre el pueblo, dejando para sí el trono. Dios da un nuevo corazón y un nuevo espíritu.
Varias etapas de José fueron podas: la túnica que le quitaron, la cisterna, su llegada a la casa de Potifar y la prisión, donde pasó dos años. El contraste entre el sueño que había tenido y la cisterna en la que terminó es grande; quizá José imaginó que al día siguiente estaría en el palacio. Su túnica de colores era como una prenda de marca que despertaba la envidia de sus hermanos.
Tras la acusación de la esposa de Potifar y el encarcelamiento, José no se quedó atascado en la cisterna, en la casa de Potifar ni en la injusticia. Su perseverancia muestra que no permitió que el proceso endureciera su corazón. ¿Qué habría ocurrido si José se hubiera quedado detenido interiormente en la cisterna? La pregunta vale para quien siente que una experiencia injusta le impide avanzar.
Faraón reconoce a José como alguien con entendimiento y sabiduría y lo coloca sobre Egipto; le entrega su anillo, ropas de lino fino y un collar de oro. Las pruebas lo habían preparado para lo que vendría: los padecimientos previos le dieron la capacidad de sostener la nueva posición.
Una posición de honra también puede probar el corazón. Imagina a José llegando a una oficina mientras otros se inclinan ante él: ¿podría cualquier corazón soportar ese honor sin orgullo? Algunas personas dejan de hablar con otros cuando reciben cosas nuevas, como un carro, aunque sigan pagando las cuotas. Dios no da algo que una persona no pueda sostener, y el corazón debe estar preparado.
La ropa que la esposa de Potifar le quitó a José contrasta con las nuevas ropas que recibió de Faraón. Dios puede usar incluso a quienes uno menos imagina para honrar; no permitas que el proceso endurezca tu corazón. En el reencuentro con sus hermanos, José responde que el mal que ellos hicieron, Dios lo encaminó para bien y para preservar vidas. Podría haberles reprochado que lo empujaron o le quitaron la túnica, pero no lo hizo.
El proceso no debe bloquear el perdón ni la posibilidad de que Dios obre. Los hermanos casi mataron a quien después sería provisión para ellos, y Dios conocía el proceso desde el día del sueño de José. Aunque a alguien le quiten una túnica, la honra llegará.
Un corazón dispuesto para lo nuevo
Romanos 8:28 lo resume: «Y sabemos que los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». En los originales, las cosas trabajan juntas para quienes aman a Dios, también las que parecen malas. Toda poda ayuda para bien, y cuanto mayor es la poda, mayor es el propósito de Dios.
Habla con Dios. Si has pensado que la poda busca destruirte, o te niegas a entregar ciertas áreas, reconoce que no todo el tiempo se florece. La permanencia en Dios es una de las cosas extraordinarias de la poda, y la pregunta decisiva es esta: Dios permanecerá en nosotros, pero ¿permaneceremos nosotros en él? Otros pueden orar por ti, pero nadie puede disponer tu corazón por ti.
Dile: «Señor, aquí está mi vida, aquí está mi corazón», y pregúntale qué necesita ser podado. No se trata solo de emoción, sino de madurez: un corazón dañado puede sanar, y hay palabras que vuelven a levantar. La oración alcanza a quienes necesitan desahogarse y a quienes han sufrido dolor. Algunas experiencias no son podas, sino consecuencias, y aun así Dios puede aprovecharlas para podar cuando las personas se rinden a él. Dios acompaña a quien atraviesa soledad física; que el Espíritu Santo consuele, toque y visite los corazones.
Jesús fue podado por las faltas, pecados y errores de las personas, cuya consecuencia era la muerte eterna. Abre tu corazón a Jesús y repite esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón como mi Señor y mi Salvador». Este año, déjate podar para lo nuevo, en el nombre de Jesús.
Referencias bíblicas
- Juan 15:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:2-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 1:20-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 42:10-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:37-43 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


