Cada vez que levantas una oración, la atmósfera cambia y algo sucede. Avanza a un nuevo nivel de oración. Orar, creer y recordar que Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos, es parte del llamado de Dios para tu vida.
La oración transforma tu relación con Dios
Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Es una invitación a responder: Dios no hará por ti lo que te corresponde, que es invocarlo y llevar una vida de oración. No se trata de repetir una rutina religiosa, sino de orar desde tu relación con Dios. La oración no debe ser una carga, sino un placer.
La carne no quiere orar y prefiere acomodarse; el espíritu tiene sed de oración. La oración tiene poder para transformar tu vida, pero a veces buscas muchas otras cosas para conseguir resultados y olvidas orar.
«Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». No significa que nunca sentirás tristeza ni atravesarás momentos difíciles. Pero aun en esas circunstancias, la oración sostiene tu gozo y tu esperanza: reconoces la realidad que vives y te presentas ante Dios, que todo lo puede y está por encima de esa realidad. De ahí surge la esperanza: lo que vives es pasajero, Dios está presente y no te ha abandonado.
Versículo clave
«Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.»
1 Tesalonicenses 5:16-18
«En Cristo Jesús»: le perteneces. Cristo es dueño de los cielos, de la tierra y de todo lo que existe; tú eres un administrador que le pertenece. Por eso obedécele. La Palabra depositada en tu corazón afirma tu pertenencia y tu propósito eterno.
«No apaguéis al Espíritu». Pablo escribió estas palabras después de haber sido azotado y encarcelado en Filipos junto con Silas. No escribía desde una vida en la que todo salía bien. Conocer el poder de la oración te permite permanecer en la voluntad de Dios también durante la tribulación.
La abundancia es una prueba que no se siente. Cuando la economía, la salud o el matrimonio atraviesan dificultades, parece evidente que necesitas orar; pero ¿qué harás cuando las cosas marchen bien? La abundancia sin oración puede apartarte del Dios que te la dio. Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios cuando prosperes. Ora en la escasez y en la abundancia.
La oración revela cuánto te aprecia Dios
Daniel llevaba veintiún días de ayuno y estaba débil. Una mano lo tocó e hizo que se pusiera sobre sus rodillas y sobre las palmas de sus manos, y le dijo: «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora».
«Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras». Ese entendimiento es más que inteligencia natural: es revelación y comprensión espiritual que buscas cuando te rindes ante Dios.
«Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme». Puede haber oposición espiritual aunque tu oración haya sido escuchada. No concluyas que Dios desechó tu oración solo porque no ves enseguida su manifestación.
Levántate. No te frustres ni pienses que el cielo ignoró tu oración. Dios aprecia a quienes oran, y la oposición no tendrá la última palabra. La oración es una batalla a tu favor, y quien ora es peligroso para el enemigo.
Aparta un tiempo cada día para orar, a la hora que mejor te quede, y únete a otros para orar juntos. Habrá oposición para que no te congregues, no sirvas a Dios y no busques su Palabra. Quizá te tiente quedarte trabajando, o una discusión con tu esposa te desvíe. Tu provisión viene de Dios, que te da salud para trabajar. No abandones el propósito de buscar a Dios.
Daniel vivía en tiempos de cautiverio, pero estuvo dispuesto a marcar la diferencia con ayuno y oración. Sé valiente en tu casa y en tu nación, y no permitas que la opresión te aparte de buscar a Dios. Dios aprecia a quienes confían en él en medio de lo que viven: en sus familias y en sus ministerios.
Hay tradiciones que destruyen la vida y van contra lo que Dios ha dicho. Perteneces a Cristo, no a las tinieblas: honra a Dios sin dejarte desviar por la presión.
La iglesia persevera en oración: Pedro en la cárcel
Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarlos, y metió a Pedro en la cárcel. «Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él». Imagina una iglesia orando desde sus casas cada madrugada, y reuniéndose para orar juntos.
Versículo clave
«Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.»
Hechos 12:5
La noche antes de que Herodes lo sacara, Pedro dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. ¿Cómo podía dormir así? Tenía seguridad porque confiaba en Dios y tenía una relación con él, no una religiosidad vacía. Confía en Dios en medio de tu cárcel, y no quedes atrapado en la ansiedad y la confusión.
Se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, lo despertó, diciendo: «Levántate pronto». Y las cadenas se le cayeron de las manos. Escucha a Dios, no al enemigo. La oración cambia tu manera de oír: Pedro escuchó al ángel.
El ángel le dijo: «Cíñete, y átate las sandalias… Envuélvete en tu manto, y sígueme». Pedro lo seguía, sin saber que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Pasaron la primera y la segunda guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma. Anduvieron una calle, y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes».
La oración te lleva a un nuevo nivel de entendimiento. Pedro llegó a casa de María, la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. La oración de una madre puede cambiar el destino de un hijo: hay hijos que decían «ya tengo mis planes» y que hoy sirven a Dios porque alguien oró por ellos.
Una muchacha llamada Rode reconoció la voz de Pedro y, de gozo, no abrió la puerta, sino que corrió adentro a decir que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron: «Estás loca». Pero ella insistía, y ellos decían: «¡Es su ángel!». Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y lo vieron, se quedaron atónitos. Él les hizo señal con la mano de que callasen, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel, y les dijo: «Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos». Y se fue a otro lugar.
Prepárate para testimonios que te dejen atónito. Al principio, los que oraban no creyeron lo que Rode les decía. En los momentos difíciles, no te quedes buscando una razón que explique lo ocurrido: busca en oración una revelación.
Los buenos hábitos ordenan tus prioridades: ora cada día. Lo que dejas para el final corre el riesgo de no hacerse. Hay quienes se levantan, toman el celular para poner una canción y terminan una hora mirando noticias y publicaciones.
El descanso y la distracción también son buenos, pero el ocio exagerado puede sustituir la oración y apagar el espíritu. Invierte más tiempo en orar que en mirar los logros de otros en las redes, para que puedas dar testimonio de lo que Dios hizo en tu propia vida.
La oración manifiesta el poder sobrenatural de Dios
Se firmó un edicto: durante treinta días, nadie podría orar a ningún dios ni hombre fuera del rey. «Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes».
Las ventanas abiertas hacia Jerusalén: mantén el rumbo ante la presión. No dejes que las presiones económicas o sociales te aparten de congregarte y servir a Dios. Daniel fue echado al foso de los leones. ¿Quién no sentiría temor ante unos leones?
No todo saldrá bien en cada momento del camino, pero el final será glorioso y lleno de poder. La oración te lleva a dormir en paz aun rodeado de leones. La confianza no siempre elimina las consecuencias difíciles, pero te sostiene en ellas.
La oración cambia destinos
Hay quienes tenían una carrera exitosa y un futuro planeado, y una madre que oraba y les decía que algún día servirían a Dios. Hoy están en la casa de Dios, adorando con una iglesia hambrienta.
La oración puede cambiar destinos: el tuyo, el de tus hijos y el de tus generaciones. Cree en el propósito eterno de Dios y persevera en oración.
Un ángel del Señor se le apareció a Zacarías a la derecha del altar del incienso. Zacarías se turbó y tuvo temor. Pero el ángel le dijo: «Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento».
Donde pones a Dios primero, se convierte en un altar: el lugar donde escuchas la palabra, tu automóvil, tu oficina, incluso tus redes, si las pones al servicio de Dios.
Zacarías respondió: «¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada». Quizá pensaba que, por su edad o por el tiempo transcurrido, su oración ya no sería escuchada. Pero Dios puede usarte en tiempos que no imaginabas.
Juan anunciaría al Mesías, Jesús, cuya sangre sana a quienes tienen hambre de él. La respuesta a la oración de Zacarías alcanzó un destino que tocaría a muchos. No seas solo un visitante dominical: hay un propósito eterno, y Dios quiere usar su poder por medio de ti.
Si has estado orando por tu esposa, por tus hijos o por una situación, cree que tu oración ha sido oída. No dejes que las malas noticias te hagan esperar lo peor. El mundo puede vivir tiempos difíciles, pero Apocalipsis termina con Dios reinando. Intentar averiguar con tu mente cómo actuará Dios puede limitar la disposición de tu espíritu a recibir lo que él ha declarado.
La última palabra la tiene Dios
En la oración experimentas que la última palabra la tiene Dios: no un médico, ni un banco, ni la adversidad, ni una mala experiencia. Ante una multitud hambrienta, con apenas unos panes y peces, Jesús levantó los ojos al cielo y bendijo. No ores mirando solo tu cuenta bancaria o lo poco que tienes: levanta tu mirada a Dios.
Si miras solo tu cuenta bancaria, pensarás que nunca terminarás lo que Dios te encargó. Dios sacó a Abraham afuera y le dijo: «Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Así será tu descendencia». Sal del encierro de mirar solo tus circunstancias: Dios tiene la última palabra.
Toma un tiempo, abre tus labios y clama por tu familia. Pide una relación renovada con Dios, y sé un hombre o una mujer de oración, sin apagar el Espíritu ni los planes de Dios. Que la oración sea tu estilo de vida, no por tradición, sino por relación con el Dios de Zacarías, el que sacó a Pedro de la cárcel y el que estuvo con Daniel en el foso.
Jesús oró en Getsemaní, en su peor momento, y esa oración lo fortaleció para llegar a la cruz y transformar vidas. Ábrele tu corazón: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Comienza un nuevo tiempo en tu vida.
Referencias bíblicas
- Salmos 145:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Tesalonicenses 5:16-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 10:10-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 12:1-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 6:10-23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 1:11-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 12:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


