EN Oración
Serie Atmósfera

Atmósfera correcta: la fidelidad que abre las puertas de Dios

La fidelidad es el fundamento de una atmósfera correcta y la llave que abre las puertas de promoción de Dios. David fue fiel con unas pocas ovejas; José amó el proceso; Nabot no vendió su viña; Judas vendió su compromiso; y Pedro fue restaurado por el pacto de Jesús. Dios promueve a quien permanece fiel en lo poco.

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Para vivir en una atmósfera correcta necesitas construir bases, fundamentos y principios fuertes. Y no hay base más firme que la fidelidad. Todo lo que levantas sin cimiento firme tarde o temprano se cae; lo que se edifica sobre la fidelidad permanece.

La fidelidad es el camino de lo poco a lo mucho

En la parábola de los talentos, el señor dijo a los siervos que negociaron bien: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré». El corazón del Padre desea ponerte sobre lo mucho, pero no puede hacerlo si antes no eres fiel con lo poco. Entre lo poco y lo mucho hay un camino que solo se cruza con fidelidad.

«He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá». La fe y la fidelidad van de la mano.

Versículo clave

«He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.»

Habacuc 2:4

Fidelidad es mantenerte firme en tus principios y valores aunque cueste, incluso la vida. Hay sueños, promesas y destinos que solo alcanzas siendo fiel, y hay puertas que solo esa llave puede abrir. Mientras más avanzas en el destino que Dios tiene para ti, más profundo es el carácter que se requiere. Y el carácter no se imparte: se aprende en la adversidad y en los procesos. Jesús es el camino, no un atajo; la infidelidad toma atajos que te desvían de la voluntad de Dios y retrasan lo que él prometió.

Una fidelidad probada

Muchas veces no quieres ser probado. Hay quienes, por un mejor salario, un mejor puesto o una relación, abandonaron lo que Dios venía construyendo. Pedro compara tu fe con el oro, que se prueba con fuego para conocer su calidad: «para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra». Una fe no probada no es confiable. El mundo aplaude el carisma y el talento; el cielo aplaude la fidelidad. Ser fiel es decir: «Aunque nadie responda, yo respondo; aunque nadie se comprometa, yo me comprometo; aunque quede mal con otros, quiero quedar bien con Dios».

David: fiel en lo aparentemente insignificante

Cuando Samuel buscaba al nuevo rey en casa de Isaí, ninguno de los hijos mayores era el elegido: «Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón». Samuel preguntó: «¿Son estos todos tus hijos?». «Queda aún el menor, que apacienta las ovejas». David fue fiel en algo pequeño: cuidar las ovejas de un padre que, según parece, lo tenía en poco. Y cuando venía un león o un oso y se llevaba un cordero, David salía tras él y se lo arrancaba de la boca.

Años después, cuando Saúl le dijo que no podía pelear contra Goliat porque era solo un muchacho, David presentó como argumento su testimonio de fidelidad: «Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca». Ese testimonio le abrió la oportunidad de librar la batalla de su vida. Quien permanece fiel a sus principios tiene un respaldo que solo Dios puede dar.

Si David hubiera descuidado una oveja, habría perdido mucho más que un animal: la victoria sobre Goliat, la inspiración de sus salmos, la corona, y el honor de que, siglos después, Jesús fuera llamado «Hijo de David». Cuando Dios encuentra a alguien fiel, no tiene problema en ligar su nombre al suyo. Quizá hoy Dios te pide fidelidad en algo que parece pequeño: tu pureza, el trato con los demás, la relación con tus padres, tus hijos o tu cónyuge, el llamado que te hizo. No pierdas una oveja: podrías perder mucho más.

José: ama el proceso

A los diecisiete años José recibió un sueño, pero Dios no le dijo cuándo ni cómo se cumpliría. Entre el sueño y su cumplimiento hay un camino que Dios usa para formarte, de modo que, cuando llegue el llamado, te sostenga el carácter y no una simple emoción. José no se aferró a la túnica de colores: quien es fiel sabe que, aunque le quiten una túnica, Dios le dará otra. Hizo lo correcto por encima de lo que quería, y Dios lo premió.

A veces quieres la promesa, pero no el proceso. Si amas el sueño, ama también el proceso, porque quien ama el proceso ama el compromiso que hizo con Dios. No será tu talento lo que te lleve al destino, sino tu fidelidad. José no llegó a gobernar porque fuera bueno, sino porque fue fiel. Habrá momentos en que Dios te quiebre, pero tu misma fidelidad te sacará adelante.

Nabot: mantente firme y cuida tu viña

El rey Acab quería la viña de Nabot y le ofreció otra mejor o su valor en dinero. Nabot respondió: «Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres». Estaba convencido de lo que le pertenecía, y prefirió permanecer fiel a sus principios antes que negociar con el poder. Aunque le costó la vida, Dios hizo justicia sobre Acab.

El enemigo también viene con propuestas: cambiar tu viña por un huerto de legumbres, es decir, lo que te ha costado años de formación y fidelidad por algo temporal o un momento de placer. La tentación es el pecado pidiendo permiso, y si pide permiso, puedes decir que no. Como Esaú, que vendió su primogenitura por un plato de comida, puedes perder lo eterno por lo efímero. Cuida tu viña.

Judas y Pedro: el costo de la infidelidad y el pacto de Jesús

Judas siguió a Jesús, recibió autoridad para predicar y sanar, y fue testigo de milagros y enseñanzas. Sin embargo, no estuvo dispuesto a cambiar su vida, y vendió su compromiso por treinta piezas de plata. Los discípulos tuvieron que buscar a alguien que ocupara su lugar.

Versículo clave

«Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.»

Apocalipsis 21:14

Los cimientos de la nueva Jerusalén llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero. Piensa en lo que perdió quien no cuidó su viña. Pero también está Pedro, que negó a Jesús tres veces. El Señor lo buscó, le preguntó tres veces «¿me amas?», y lo restauró. Hoy Dios te invita a renovar un pacto de fidelidad, de corazón a corazón: no una simple promesa, sino un sello. Fallar una o dos veces puede pasar, pero no tienes que vivir en el fallo. Dios no solo quiere perdonarte, sino impulsarte a ser fiel en lo poco, para ponerte sobre lo mucho.

Referencias bíblicas