EN Oración
Serie Atmósfera

Atmósfera de generosidad

La generosidad es una respuesta a la bondad de Dios: administra lo que has recibido, cuida tu corazón de la avaricia y bendice a otros con lo que tienes.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 07 min

Crea una atmósfera de generosidad. Dale gracias a Dios por su generosidad: es una declaración de lo que crees.

Un Dios generoso como fundamento

Tienes un Dios generoso, y es legítimo emocionarse cuando la emoción se apoya en una verdad. Dios te dio emociones para expresarlas, aunque a veces se basan en algo que no es real. La generosidad de Dios sí es un fundamento verdadero. Es tan grande que nunca alcanzarás a conocer el precio que pagó en la cruz; pero sí puedes experimentar el poder de ese precio.

Quizá te despertaste molesto o tuviste un problema con alguien. Aun así, sus misericordias son nuevas cada mañana. La bondad de Dios no depende de que hayas tenido un día perfecto.

Generoso es abundante, amplio, desprendido, muy desarrollado. Una persona generosa ha desarrollado su carácter a otro nivel. Sigue desarrollándote.

La avaricia impide disfrutar y compartir

«No comas pan con el avaro, ni codicies sus manjares; porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no está contigo». Aunque la comida sea deliciosa, quien la ofrece con pesar no la disfruta ni deja que el otro la disfrute. Hay quien puede pagar algo que le gusta, pero sufre al pedirlo por avaricia. No se trata de gastar sin prudencia: ahorra y sé cuidadoso, pero no uses la prudencia como excusa para la avaricia.

Cambia la retención por la bendición. Si puedes pagar y tienes la oportunidad de ofrecer lo mejor, hazlo con generosidad, como hijo de un Dios generoso. El avaro sufre aun ante lo que podría disfrutar. La bendición no está en retener por retener, sino en bendecir a otros.

«Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría». La idolatría revela lo que ocupa el lugar de tu amor supremo: no ames más a tus hijos o al dinero que a Dios. Israel salió de Egipto con oro, e hizo un becerro de oro. Moisés lo quemó, lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre el agua y se lo dio a beber al pueblo. Lo construido desde la avaricia y la idolatría termina siendo amargo.

Atento a las formas de avaricia

Mantente atento. «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee». «Toda» avaricia: puede aparecer de maneras que no esperas. Dios te ama, pero cuidar tu corazón es tu responsabilidad. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón: donde está tu tesoro, allí está tu corazón.

Versículo clave

«Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.»

Lucas 12:15

Tu vida no depende de la abundancia de tus bienes. Tener mucho no prueba que estés libre de avaricia. Estar bendecido es recibir de Dios sin quedar poseído por lo que tienes. La provisión puede llegar a tu vida, pero no debe desplazar a Dios como tu fuente de confianza. Ninguna abundancia puede darte lo que solo Dios da.

La heredad de un hombre rico había producido mucho. Él pensaba: «¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes». Mis graneros, mis frutos, mis bienes: no somos dueños, sino administradores. Aquel hombre quería ampliar lo exterior sin atender su interior. No construyas afuera a un nuevo nivel sin permitir que Dios forme primero tu carácter.

Para atrapar un mono, dicen, basta con meter arroz dentro de un coco con un agujero: el mono mete la mano, cierra el puño y no puede sacarla mientras retiene el arroz. Si no lo suelta, queda atrapado. Suelta lo que Dios te indica soltar, y no quedes atrapado por pensar solo en ti. Eres creación de Dios: vive con generosidad.

El hombre se decía: «Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate». Era una avaricia centrada en sus propios placeres. Busca primero el reino de Dios: no se trata de pedirle a Dios que resuelva tus intereses personales —que cambie a tu cónyuge—, sino de buscar sus intereses y amarlo y adorarlo con todo tu corazón. Lo demás te será añadido. El descanso y el disfrute no son malos; lo malo es una vida organizada solo para acumular y satisfacer tus deseos.

Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?». Dios es el dueño del cielo, de la tierra y de todo lo que existe. Mira tu vida con perspectiva eterna. Da gracias por la provisión, reconoce que Dios sigue siendo el Señor de tu vida y pon lo que recibes al servicio de su propósito. Ahorrar y ser responsable no es malo; lo malo es amontonar sin estar nunca conforme.

Administrar para bendecir

Cuando la iglesia construye un lugar para adorar, piensa en cada detalle: que los asientos sean cómodos, que haya buena iluminación y ventilación, que los niños tengan una buena experiencia. No siempre se comienza con todo lo necesario, pero Dios levanta corazones generosos dispuestos a contribuir.

Cada día perdido es gente que muere sin Cristo. A veces hay que usar para la obra de Dios lo que pensabas destinar a algo propio, porque el reino va primero. Y hay quienes no tienen dinero, pero quieren sembrar con lo que tienen. La generosidad no se limita a quienes tienen grandes recursos. La iglesia no necesita depender de unos pocos millonarios: necesita personas que aprendan principios correctos y sean generosas. Dios es el proveedor, dueño del oro y de la plata.

Contentamiento, confianza y generosidad

«Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador». El contentamiento no es conformismo: agradecer lo que hoy tienes no te impide creer por algo mayor. Pero pensar que el próximo carro o una casa más grande te dará la felicidad que solo Dios da puede ser el comienzo de la avaricia.

Versículo clave

«Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré»

Hebreos 13:5

Dios no te abandona, y por eso no tienes que temer compartir o sembrar por miedo al mañana. La generosidad comienza con lo que tienes ahora; la provisión no es tu seguridad última. El diezmo no es un método para recaudar fondos: es una práctica por la que Dios forma en ti el carácter de Cristo. Diezmar expresa que Dios es el dueño, no solo de una parte, sino de todo. La avaricia aparece cuando crees que lo que te protege es lo que posees.

«Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en Jehová. Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado». La generosidad no es una negociación para conseguir una temporada mejor: es tu respuesta a lo que Dios ya te dio —vida, propósito, eternidad—. Tu alegría no depende de tener una cosecha mayor que la de otros.

«El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto». El dinero no fue diseñado para ser amado, sino para ser usado y compartido. Hay quienes atravesaron muchas penas, llegaron a tener mucho dinero, y aun así no pueden disfrutar ni pagar una buena comida: la escasez económica quedó atrás, pero la mentalidad de escasez no.

Generosidad frente a religiosidad

Un fariseo invitó a Jesús a comer, y se extrañó de que no se lavara antes de comer. Jesús le dijo: «Vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad». Corregir también puede ser una expresión de amor.

«Dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio. Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello». Jesús no dijo que diezmar fuera malo: el problema es descuidar lo más importante y dar con una motivación avara. Hay quienes diezman por el beneficio que esperan recibir, no por amor a Dios; o dan calculando qué obtendrán a cambio, un favor o una oportunidad. Da con generosidad, y no conviertas tu ofrenda en una negociación.

Un intérprete de la ley le dijo: «Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros». Y Jesús respondió: «¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis». Hay quienes pasan el tiempo diciendo cómo deberían hacerse las cosas, pero no ofrecen su tiempo para servir. ¿Eres avaro con tu tiempo, o lo usas para servir a Dios? La religiosidad busca algo a cambio; la generosidad piensa en dar y bendecir.

«El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado». Ese enriquecimiento va más allá de una cantidad: tu corazón se enriquece cuando se manifiesta en tu vida la esencia del Dios generoso. Sé generoso con tus fuerzas, tus actitudes y tu tiempo. Trabajar y servir a tu familia es importante, pero ¿reservas parte de tus fuerzas para servir a Dios? Sé parte de una iglesia generosa, que piensa en cómo bendecir.

El ejemplo de Cristo y una práctica cotidiana

«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo… y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo». Jesús no se aferró a sus privilegios: es el ejemplo supremo de generosidad. Por medio de él, muchos llegan a ser hijos de Dios y coherederos del reino.

Piensa durante la semana en cómo bendecir y cuidar a otros: con tus saludos, tu atención, tus gestos. Comienza un estilo de vida generoso con acciones sencillas: invita a alguien a comer o págale un café. Hay quienes encuentran tiempo para ir a restaurantes y centros comerciales, pero no para congregarse; no es lo mismo quien no puede asistir que quien lleva mucho tiempo ausente.

No descargues tu enojo sobre los meseros ni maltrates a quienes te sirven. Paga el parqueo, el café o la comida de alguien y dile que es un regalo, con una nota: «Yo pagué el precio. Atentamente, Jesús». No para aprovecharte de nadie ni para conseguir pareja, sino para dar sin esperar nada a cambio y comunicar la generosidad de Cristo.

Vivir con generosidad

Cuida tu corazón de toda forma de avaricia y de la idolatría del dinero. La generosidad es el camino hacia esa libertad. El diezmo y la siembra expresan que Dios es el dueño y tú el administrador. Que la iglesia sea generosa y no tema el futuro ni los días difíciles, porque Dios estará con ella. Agradece lo que tienes, siembra desde lo que hoy posees y duerme en paz sabiendo que Dios es tu Señor.

Si quieres recibir a Jesús o reconciliarte con él, pide perdón por tus pecados y ábrele tu corazón como tu Señor y Salvador. Recibe la generosidad de Dios, no hagas de tus bienes un ídolo y vive como un administrador dispuesto a bendecir a otros.

Referencias bíblicas