Muchos recuerdan con cariño los años de su infancia: jugar en la calle hasta el anochecer, beber agua del grifo de un vecino después de un partido, volver a casa a cenar frijoles con pan y huevo preparados por mamá, el primer enamoramiento y el primer rechazo. Benditos los padres y todos los que han amado, cuidado y bendecido a sus familias.
¿Los años maravillosos pertenecen solo al pasado? Ha habido años extraños y difíciles, marcados por la incertidumbre, la enfermedad y la preocupación; pérdidas de trabajo y de oportunidades; familiares que ya no se sentaron a la mesa en Navidad. El dolor es real.
Los años maravillosos pueden comenzar ahora
Los años maravillosos no tienen que haber quedado atrás: pueden comenzar ahora, porque Dios tiene cosas buenas y nuevas para ti y tu familia. «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria».
Versículo clave
«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros»
Efesios 3:20
El cielo y la tierra pasarán, pero las palabras de Dios no pasarán. Si tienes vida, es porque hay propósito y todavía hay cosas que hacer en la tierra. La esperanza no niega el dolor que viviste: te invita a confiar en que aún hay futuro. Cree que lo nuevo puede llegar, y espera en Dios con tu familia.
¿Con qué palabra describirías tu último año? Algunos dirán «bendecido», «gracia», «sorpresa». Recuerda un momento duro: una pérdida, una pelea, un dolor. Jesús estuvo allí todo el tiempo. No te abandonó en tu peor momento, y su promesa es permanecer contigo.
Quizá tu palabra sea «crecer». Cambiar tu perspectiva, de adentro hacia afuera, te permite encontrar algo positivo en un año duro, complicado y lleno de obstáculos. Las dificultades no se borran, pero mira también lo que se desarrolló en ti en medio de ellas.
El cambio comienza por dentro
Cambiar el último dígito del calendario no transforma tu vida. El cambio comienza en tu interior. Cuando comprendes que las experiencias difíciles no llegaron necesariamente para apartarte o destruirte, sino que pueden contribuir a construirte, miras de otra manera lo que tienes delante.
A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Todo ha ayudado, y estás a punto de vivir años maravillosos. Dios puede cambiar el rumbo de tu vida en el último momento, cuando parecía que todo estaba decidido. Sigue confiando: tu vida está en sus manos.
Pablo era profundamente humano, realista y conocedor del sufrimiento. «No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo». El cambio interior no sucede por arte de magia: requiere que dispongas tu corazón para que Dios obre.
Nadie llega a la iglesia porque siempre haya hecho todo bien. Muchos llegamos quebrados, cansados de haber hecho daño a otros, necesitando escuchar algo distinto. La vida nueva te permite mirar con otra expectativa. Como la neblina que cubre una carretera de montaña, los tiempos difíciles pueden nublar tu mirada, apagar el brillo de tu corazón y quitarte el disfrute de una tarde con un café.
Cuando te revistes del nuevo hombre, la neblina se despeja y puedes ver que el plan de Dios apenas comienza y que su propósito se cumplirá en tu vida. Ninguno de tus procesos, obstáculos, problemas, quiebras o pérdidas fue en vano: Dios ha estado al tanto de ti. Dolió, pero dará fruto.
Tienes por delante muchos días de oportunidades para ver la misericordia y la mano de Dios. Aprovéchalos: vive atento a lo que Dios puede hacer, en lugar de pensar que todo depende de un cambio de fecha.
Jesús ve a quien atraviesa el dolor
Jesús llegó a la puerta de la ciudad de Naín, y he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Ella ya había sufrido una pérdida, y ahora perdía a su único hijo, quizá también su sustento y su compañía.
La viuda iba acompañada por mucha gente. Puedes estar rodeado de familia o de amigos y sentirte solo por el peso del dolor: en una cena de Navidad llena de parientes o en un viaje con amigos. Jesús te ve. Aunque tu padre y tu madre te dejaran, con todo, Jehová te recogerá.
Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella. Jesús se detuvo a mirarla. También se detiene a mirarte, no para juzgarte, sino con amor, porque tu vida es valiosa para él. Deja de mirar solo hacia adentro y mira hacia arriba: de lo alto desciende toda buena dádiva del Padre.
Jesús le dijo: «No llores». Y acercándose, tocó el féretro, y dijo: «Joven, a ti te digo, levántate». Hay palabras sencillas que Dios puede usar para hablarte, aun de la boca de un niño: «Descansa un ratito. Estás golpeado, pero el dolor se te va a quitar. No llores, porque Dios está aquí».
Quítate las lágrimas: no llores más, porque Dios está aquí. Ha estado contigo y no te ha dejado.
Los tiempos difíciles han llevado a muchos a caminar en un cortejo fúnebre, llevando a enterrar sus sueños, sus ilusiones y sus deseos. No entierres aquello a lo que Jesús todavía puede dar vida. Puedes comenzar a vivir años maravillosos; tu edad no determina que ya no sea posible.
Aprender a valorar lo pequeño
En una vieja historia de televisión, un padre le dice a su hijo, sentados a la mesa, que a veces las cosas no salen como uno planea, pero que hay que aprender, porque la vida es corta: un día estás en pañales y al otro ya no estás. Disfruta este tiempo, y no pases por alto que en las cosas pequeñas pueden estar los milagros más grandes de Dios.
Busca una fe flexible en Cristo. Ponte metas y espera cosas extraordinarias: un aumento, un carro, un viaje. Pero reconoce también los milagros cotidianos: la sonrisa de tu hija, una tarde con un buen café, la llamada de un amigo de la infancia, un pan con jamón. Las redes y la cultura del consumo te empujan a desear solo lo extraordinario, mientras dejas de vivir los años maravillosos escondidos en lo pequeño.
Dios restaura sin ocultar las heridas
Los pastores también lloran: son seres humanos, como tú. Todos compartimos dos condiciones: somos humanos y vamos a morir. Pero Dios ama a su creación: te ama, no te olvida, te tiene en su mano y quiere guardarte.
Guarda tu corazón de la amargura. La falta de perdón, o el dolor porque las cosas no salieron como esperabas, pueden hacer brotar una raíz de amargura que aparta tu atención de lo que realmente vale la pena. Ora: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí». Todos nos equivocamos cada día: somos pecadores perdonados.
Versículo clave
«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.»
Salmos 51:10
Pide que los años difíciles no pesen sobre el resto de tu vida, que Dios renueve tu espíritu y tu firmeza, que te ayude a recordar los milagros que ya viviste y a confiar en que volverá a obrar. Pide fortaleza para ver lo que todavía no has visto. Jesús vino a la tierra y murió en la cruz por ti.
El kintsugi es un arte japonés que repara la cerámica rota uniendo las grietas con oro. Su propósito no es ocultar las heridas, sino resaltarlas: la pieza restaurada es más valiosa que antes.
Jesús, el carpintero, fue el único hombre que cambió la historia. La puerta del taller del Maestro está abierta para todos, y cuando entras, él te restaura, no con oro, sino con su sangre, que limpia tu dolor. Y no solo te limpia: te permite volver a ser expuesto y usado. Aunque estés roto, puedes seguir sirviendo al Señor y a tu familia.
Si los últimos tiempos te dejaron un sabor amargo, recibe la dulzura del amor de Jesús, que restaura tus heridas y te cambia. Quizá eras feliz sin darte cuenta, y te convertiste en un demandante de Dios, exigiéndole que hiciera lo que querías. Jesús es el Señor: es él quien dice lo que debes hacer. Vivir en la voluntad de Dios es parte del llamado.
Conocer a Cristo en lo profundo
Lo más maravilloso es una relación personal con Jesús. Pablo oraba para que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.
Conoce a Dios no solo en la superficie, sino en lo profundo: así comenzarán tus años maravillosos. Lo nuevo, sí; pero también el consuelo en la pérdida, el cambio interior, la restauración y la capacidad de valorar las cosas pequeñas de la vida.
Jesús salva vidas: es el regalo más grande y lo que te sostiene a pesar de los problemas. Ora: «Señor Jesús, en este momento abro mi corazón para hacerte mi Señor. Te pido perdón por mis errores y mis pecados. Hoy deseo estar contigo». Los años maravillosos no tienen que ser un recuerdo lejano: vive con Jesús, confía en su presencia y descubre lo que Dios puede hacer desde ahora.
Referencias bíblicas
- Efesios 3:20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 3:17-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Colosenses 3:9-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 7:11-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 51:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 27:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 24:35 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


