Al final de un año, vale la pena hacer un balance, no desde una cuenta bancaria, una chequera o los resultados visibles, sino desde la perspectiva bíblica: ¿qué está pasando en el corazón, en la mente, en el propósito de Dios y en aquello que Dios quiere hacer? ¿Podemos decir que tenemos la mayor ganancia?
Esa ganancia es el fruto del Espíritu de Gálatas 5:22: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. ¿Has podido dar más de ese fruto este año? Aunque queden pocos días para que termine, la fecha no determina lo que Dios puede hacer: «este año puede terminar, pero Dios no ha terminado contigo». Incluso quien ha tenido pérdidas puede terminar con la mayor ganancia.
La historia continúa: adorar en medio del camino difícil
Mateo 2 cuenta que, cuando Jesús nació en Belén, unos magos llegaron desde Oriente a Jerusalén preguntando por el rey de los judíos, cuya estrella habían visto, y diciendo que venían a adorarlo. Herodes se turbó al oírlo, y Jerusalén con él. La reacción de Herodes contrasta con la declaración de los visitantes: «hemos venido a adorarle».
La adoración puede ser la mayor ganancia aun después de un viaje largo y agotador. Los magos tenían provisiones, riqueza y recursos, pero poseer esas cosas no era la ganancia principal: lo importante era qué hacían con lo que poseían y a quién habían venido a adorar. Mantén esa decisión aunque el año haya sido incómodo, difícil o distinto de lo esperado.
Ante la adversidad, deja claro: «venimos a adorarle». Sigue adorando a Dios a pesar de lo vivido, de la dificultad creciente o del cansancio. El enemigo se turba al ver que alguien continúa sirviendo y siguiendo a Dios, como se turbó Herodes.
La Palabra, la diligencia y la dirección de Dios
Herodes reunió a los principales sacerdotes y escribas y preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos respondieron que en Belén de Judea, citando lo escrito por el profeta. Permanece en la Palabra: si la Palabra de Dios permanece en ti y tú permaneces en ella, esa es una ganancia verdadera.
Belén era pequeña entre las ciudades de Judá, pero Dios puede obrar en lo que parece insignificante. David era pequeño frente a Goliat, y Jesús vencería a la muerte. Dios tiene «armas pequeñas» y suele actuar de maneras inesperadas.
Herodes llamó en secreto a los magos e indagó diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella. Luego los envió a Belén y les pidió que averiguaran con diligencia acerca del niño y se lo hicieran saber, con el argumento de que él también iría a adorarlo. La diligencia de Herodes contrasta con la negligencia que a veces se observa entre los hijos de Dios.
La intensidad de Herodes se ve también en el relato de la hija de Herodías, que pidió la cabeza de Juan el Bautista. Imagina a la joven preguntándole a su madre qué pedir entre todas las posibilidades de un reino: pidió la cabeza de Juan. Así de diligente es el reino de las tinieblas.
No te conformes con una actitud negligente hacia la vida de fe. Llegan las tentaciones de apartarse, no congregarse o dejar de servir; hay quien falta a una reunión por aceptar una invitación a comer tamales. En un trabajo remunerado tendríamos otra diligencia: el servicio a Dios, aunque sea voluntario, debe tomarse en serio y hacerse como para el Señor.
Versículo clave
«Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.»
Mateo 2:11
Después de salir de donde Herodes, los magos siguieron la estrella que habían visto en Oriente, y esta los guio hasta donde estaba el niño. Esa guía es una imagen de la dirección de Dios: si no has perdido esa dirección, aunque todavía no veas todo lo que esperas, tienes una ganancia importante.
Al ver la estrella, los magos se regocijaron con gran gozo. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, se postraron y lo adoraron; después abrieron sus tesoros y ofrecieron oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. La advertencia cambió el trayecto que tenían previsto: así se muestran la revelación y la soberanía de Dios.
La inteligencia, las capacidades y los dones no bastan para resolverlo todo: hace falta la dirección de Dios. Confía en Dios cuando los planes cambian y no entiendes el camino. Si estás en la voluntad de Dios, puede parecer que pierdes al tener que tomar otra ruta, pero en realidad estás ganando.
Egipto, las pérdidas y una palabra que permanece
Después de que los magos partieron, un ángel del Señor apareció en sueños a José y le dijo que tomara al niño y a su madre y huyera a Egipto, donde debía permanecer hasta recibir nuevas instrucciones, porque Herodes buscaría al niño para matarlo. José se levantó de noche, tomó al niño y a su madre, fue a Egipto y permaneció allí hasta la muerte de Herodes. Mateo relaciona estos hechos con lo dicho por el profeta: «De Egipto llamé a mi Hijo».
Ese hecho recuerda la salida de Egipto que relata Éxodo y la provisión que recibieron los israelitas. Para el balance del año: ¿hemos saqueado Egipto o Egipto nos ha saqueado? Egipto es aquí un sistema: la depresión, la tristeza, la angustia y las adicciones que pueden estar consumiendo tu vida o tu familia. No permitas que esas situaciones arrebaten lo que Dios ha dicho. Las fechas, por sí solas, no producen un cambio; importa lo que Dios haga en tu vida.
Imagina a José saliendo hacia Egipto con María y Jesús: alguien que los viera desde lejos no conocería su proceso. No juzgues a las personas por verlas caminar desde lejos. Lo que desde afuera parece pérdida puede ser un paso dentro de la voluntad de Dios. Si ha sido un año complicado, no te rindas, y confía en que Dios puede obrar aun cuando el proceso no se parezca a lo que esperabas.
Cuando la situación se vuelve más difícil de lo previsto, el corazón puede endurecerse y dejar de sorprenderse. Mantén flexibles tus expectativas para sostener una fe firme: esperar un milagro en un momento concreto no debe convertirse en la condición para seguir creyendo si no ocurre entonces. Abre tu corazón a lo que viene: Dios seguía obrando aunque la familia de Jesús tuviera que trasladarse y permanecer en Egipto.
Mateo relata después la matanza de los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores, ordenada por Herodes conforme al tiempo que había averiguado de los magos. No importa lo que haga el enemigo: no podrá prevalecer contra el propósito de Dios para la vida de quien no lo ha perdido.
Jeremías 1:12 dice que Dios vela sobre su palabra para cumplirla. La familia de Jesús fue a Egipto, no había habido lugar en el mesón y Herodes se había levantado contra el niño; aunque las circunstancias parezcan contradecir lo esperado, la Palabra de Dios no caduca y Dios sigue vigilándola. Toda la Biblia es para quienes buscan una palabra de Dios, no solo una palabra recibida en una ocasión especial.
La mayor ganancia no es lo que poseemos
Zaqueo era rico y de pequeña estatura. Para poder ver a Jesús entre la multitud, se subió a un sicómoro: sus acciones mostraban hambre de transformación.
Jesús le dijo que bajara pronto, porque era necesario que posara en su casa ese día. Zaqueo descendió y lo recibió gozoso, y dijo que daría la mitad de sus bienes a los pobres y que, si había defraudado a alguien, se lo devolvería cuadruplicado. Jesús no responde con un regaño: la presencia de Cristo puede transformar. Imagina a un contador revisando las cuentas de Zaqueo al final del año, con regalos y dinero distribuido: Zaqueo no habría terminado en pérdida, sino con la ganancia de haber conocido a Cristo.
Puede haber pérdidas económicas, o la muerte de un familiar o de un amigo. Si perdiste a seres queridos que habían recibido la Palabra y a Cristo, hay consuelo en la fe: quienes mueren en Cristo están en la presencia del Señor. Hay quienes perdieron en un mismo año a su madre y a su padre, y en esa esperanza encontraron consuelo. La pérdida es real; pero, si no te pierdes en tu relación con Dios, puedes terminar el año con la mayor ganancia.
Rahab recibió a dos espías en su casa. Quizá ellos le hablaron de Dios y eso cambió su perspectiva; ella expresó que el Dios de ellos tendría la victoria y pidió que recordaran a su familia. Debía cerrar la puerta y poner un hilo en la ventana: decide qué no continuará en tu vida. Desde la ventana, Rahab podía ver a un pueblo preparándose y la posibilidad de soñar con Dios.
Versículo clave
«Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo»
Filipenses 3:8
Jericó fue derribada. Imagina a Rahab frente a quienes le preguntan por sus pérdidas materiales: respondería que fue un año de ganancia, porque ahora era libre y su familia también había recibido una nueva oportunidad. Rahab es ejemplo de una historia que cambia.
El joven rico es el contraste. Jesús lo miró y lo amó antes de decirle que le faltaba una cosa: vender lo que tenía, darlo a los pobres y seguirlo. El joven se fue triste porque tenía muchas posesiones. El problema no era simplemente tener bienes, sino que las posesiones lo poseyeran. La mayor ganancia es el Dios que puede llenar la vida, no el dinero ni la acumulación de bienes.
En Filipenses 3, Pablo enumera sus credenciales: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, fariseo en cuanto a la ley, perseguidor de la iglesia en cuanto al celo e irreprensible en cuanto a la justicia de la ley. Imagina una reunión en la que todos presumen de sus títulos: Pablo podría haber hecho lo mismo.
Pero Pablo estima como pérdida lo que consideraba ganancia, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús: lo ha perdido todo y lo tiene por basura para ganar a Cristo. Ese es el balance principal: la mayor ganancia no consiste en que Dios añada bienes, aunque puede hacerlo, sino en tener a Jesús y permanecer aferrados a él.
Terminar el año con Jesús
Todos podemos haber tenido pérdidas: de salud, trabajo, economía o relación con Dios. Haz el balance: ¿has perdido el compromiso, el servicio o la adoración? Si es así, vuelve a Dios. Si, en medio de las pérdidas, no has perdido tu relación con Dios, terminas con la mayor ganancia. Dilo: «Si te tengo a ti, lo tengo todo».
Fuera de Dios nada se desea; si lo tienes a él, lo tienes todo. Que el Espíritu Santo ministre y que nadie se amargue por lo recibido, por lo que no ha visto o por la adversidad vivida durante el año. Que haya consuelo y ánimo para quienes se sienten golpeados o han atravesado pérdidas: levántate otra vez con esperanza, adora, confía y cree.
Jesús fue a la cruz y, aunque parecía perderlo todo, tenía el propósito del Padre. En la crucifixión había muy pocos, y fue entregado con un beso. La cruz es la mayor ganancia para quienes confían en Jesús: en el mundo habrá aflicción, pero no estarán solos. Abre tu corazón a Jesús: pide perdón por tus pecados y recíbelo como Señor y Salvador. Que haya fuerzas renovadas: aunque haya habido pérdidas, puedes terminar el año en ganancia si tienes a Jesús.
No niegues las pérdidas; haz el balance desde tu relación con Dios y aférrate a Jesús, la mayor ganancia.
Referencias bíblicas
- Gálatas 5:22-23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 2:1-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 2:13-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 12:35-36 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jeremías 1:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 19:1-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 3:4-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


