Es tiempo de crecer. No solo en número, sino en madurez. Y la madurez se ve en la gratitud. Hay tres niveles de gratitud, y Dios te llama a crecer hasta el tercero.
«Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones». La gratitud y la alabanza expresan confianza en Dios. No todo lo que has vivido ha sido fácil, pero Dios sigue siendo bueno aun cuando no entiendes lo que atraviesas.
Versículo clave
«Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.»
Salmos 100:4
Madurar es dejar que la verdad de Dios prevalezca sobre lo que sientes, también en tu matrimonio. Sus misericordias son nuevas cada mañana, y Dios puede restaurar. La gratitud te ayuda a mantener presente su verdad. Primer nivel: dar gracias por las bendiciones. Segundo: dar gracias aunque falten cosas que esperas. Tercero: adorar a Dios aun en las circunstancias más difíciles.
Primer nivel: dar gracias por las bendiciones
«Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel». Pero antes, Dios condujo a su pueblo por un desierto grande y espantoso, para afligirlo y probarlo, y formar su carácter. En los desiertos de tu vida, que no te dirijan las emociones ni la frustración, sino Dios.
«Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado». Estar saciado no debe convertirse en conformismo: sigue teniendo hambre de Dios, y agradece no solo lo que Dios te dio, sino a Dios mismo. Que la bendición no reemplace al dador en el centro de tu vida.
«Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios… no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto». Las bendiciones pueden convertirse en una prisión cuando fijas tu mirada en lo recibido y olvidas a Dios. El problema no es recibir bienes, sino que ocupen el lugar que le corresponde a quien te los dio.
«Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas». Tus talentos y dones no son autosuficientes: te levantas a trabajar, pero es por la misericordia de Dios que tienes fuerzas para usar tus capacidades. Si dejas de diezmar cuando aumentan tus ingresos, estás diciendo que tu prosperidad vino de tu mano y no de Dios.
Necesitas a Dios todos los días: no diseñes tu vida de modo que Dios parezca innecesario. Los dones por sí solos no producen gozo; el gozo llega cuando se unen a la gratitud y reconoces a Dios como quien te dio los dones, la oportunidad y la vida. En lugar de esperar siempre un nivel mayor de éxito o de bendición, aprecia lo que ya tienes en tus manos y glorifica a Dios con ello.
La gratitud se practica: buscando a Dios, congregándote, sirviendo y adorando. No basta con decir palabras agradecidas. Mira las bendiciones que alguna vez fueron peticiones: la iglesia oraba para que llegaran más personas; hay quienes pidieron pareja y ahora la tienen, quienes pidieron un hijo y hoy lo abrazan. Si todavía esperas tu respuesta, sigue orando: llegará el día en que camines sobre la bendición que pediste.
El diezmo y las ofrendas declaran que tu provisión no vino de tu fuerza, sino de Dios. La gratitud acompaña lo que recibes y también tu manera de vivir: sigue buscando a Dios, congregándote y sirviéndole. El primer nivel no es solo enumerar beneficios, sino recordar quién los dio y responder con adoración.
Segundo nivel: agradecer aunque falte lo esperado
«Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación». Tu libertad y tu vida no dependen de las añadiduras: quien te libera es Dios. Sigue dando gracias aunque todavía no haya llegado todo lo que pediste.
Quizá hay cosas que todavía no llegan, o una enfermedad que continúa. Aun así, adora a Dios. Forma hábitos de gratitud por la mañana, por la tarde y por la noche. La felicidad no se produce solo por lo que tienes, sino también por los hábitos con los que construyes tu vida. Persevera en tu relación con Dios, sin hacer depender tu adoración de recibir cada respuesta que deseas.
David tuvo palacios, ejército, fama y riqueza, y fue agradecido no solo en la abundancia, sino también cuando andaba en valle de sombra de muerte: «No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo». Agradece la presencia de Dios en un lugar que no es cómodo. La mayor riqueza no es el lugar por donde pasas, sino el Dios que te acompaña en ese lugar.
«Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando». Imagina una mesa rodeada de enemigos —la inseguridad, la ansiedad, la traición, la confusión, la adicción— y tu mirada fija en Dios. Lo que amenaza con sacarte del camino puede llegar a ser, en las manos de Dios, parte de lo que te alimenta y te sostiene para avanzar.
«Jehová es mi pastor; nada me faltará». Reconocer a Dios como tu pastor es declarar que no estás solo, aun cuando llegues a la nada. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días». Lo que vives ahora es temporal; Dios es eterno. Cuando miras solo lo temporal, surge la queja; la perspectiva eterna te permite agradecer sin negar que el valle existe.
Da gracias aunque no se hayan cumplido todas tus expectativas y aunque estés en el valle. Recuerda las veces en que la luz de Dios te acompañó, y confía en que volverá a resplandecer. Dios sigue siendo tu pastor. El camino no siempre es fácil, pero mantén tu confianza y tu adoración en medio de lo difícil.
Tercer nivel: adorar aun en la prueba
La multitud se agolpó contra Pablo y Silas, y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarlos con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, y el carcelero los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo. La fe no se centra solo en las bendiciones: ser discípulo de Cristo es tomar tu cruz y seguirlo. Hay tiempos en que todo se sacude. No rechaces las bendiciones, pero ¿qué haces cuando llegan los tiempos difíciles?
Pablo y Silas eran peligrosos para el enemigo. No te rindas cuando la situación parece cerrada. Ellos no podían pelear con los guardias, pero podían orar y adorar. «Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían». Ese es el tercer nivel: dar gracias y adorar, sin importar lo que estés viviendo.
Versículo clave
«Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.»
Hechos 16:25
Imagina a los presos escuchando a dos hombres encadenados cantar a medianoche. Estaban sujetos físicamente, pero nadie podía quitarles la decisión de adorar. No había banda, y quizá cantaban desafinados: el valor no estaba en la calidad musical, sino en un corazón dispuesto a adorar. En tu trabajo, en los espacios estrechos, en los momentos de dolor, sigue diciendo que Dios es Dios y que es bueno.
No alabas el dolor, pero agradeces lo que está haciendo en tu vida: llevarte a aferrarte a Dios como nunca antes. No alabas la escasez, pero agradeces que en ella te aferras al Dios proveedor. No alabas la enfermedad, pero agradeces que en medio de ella te aferras al Dios que sana.
Sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Pablo y Silas no adoraron para provocar un terremoto, pero su adoración tuvo respuesta. La gratitud puede abrir puertas para ti y para quienes te rodean. Persevera en la adoración, sin convertirla en una fórmula para obtener resultados.
Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Pero Pablo clamó a gran voz: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí». Pablo pudo haber pensado en sí mismo, pero mostró compasión. El carcelero pidió luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas, y les dijo: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?».
Ellos dijeron: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa». Si mantienes tu gratitud en los momentos difíciles, personas inesperadas —familiares, amigos, conocidos, incluso alguien en autoridad— vendrán a preguntarte cómo recibir a Cristo.
El carcelero los llevó a su casa, les puso la mesa, y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios. Les sirvió primero a ellos. Después de atravesar el valle y adorar, prepárate para que llegue lo primero y lo mejor. Quienes te cerraron puertas podrían llegar a servirte la mesa.
Quizá llevas tiempo adorando, dando gracias y sirviendo sin haber visto algo que esperas. No se predica solo lo aprendido en notas, sino lo vivido: la palabra es vida. Si sientes que es medianoche en tu vida, adora al Dios de lo imposible. Pase lo que pase, da gracias.
Que la iglesia entre en el tercer nivel y, sin importar lo que le toque vivir, adore y dé gracias a Dios. Jesús atravesó la muerte por ti. En la cruz dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», y se entregó con su cuerpo y su vida, no solo con palabras.
Ábrele tu corazón a Jesús: pide perdón por tus pecados, dale gracias por haber dado su vida y recíbelo como tu Señor y Salvador. Avanza de agradecer lo recibido a confiar cuando falta lo esperado, y de allí a adorar aun en la prueba. No niegues el desierto, el valle, la enfermedad, la escasez o el dolor; reconócelos sin olvidar a Dios, y sigue adorando, sirviendo y buscándolo en toda temporada.
Referencias bíblicas
- Salmos 100:4-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 8:7-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Habacuc 3:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 23:4-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:22-34 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 100:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


