Dios puede hacerlo una vez más, pero tú también necesitas intentarlo una vez más: confiar y creer, aun cuando estás rodeado de limitaciones. No importa qué haya a tu alrededor: también estás rodeado de un Dios todopoderoso.
Una de las verdades más liberadoras para tu interior es saber que Dios está contigo. En medio de lo que atraviesas llegan pensamientos que te hacen dudar de su presencia. Pero Dios le habla a quien siente temor y angustia: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia». Dilo: «Dios está conmigo».
Versículo clave
«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.»
Isaías 41:10
Habrá momentos de temor y de angustia, pero no dudes de que Dios está presente.
Saúl le dijo a David: «No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud». Pero el asunto no era la edad ni la experiencia, sino la confianza en Dios. David respondió: «Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca… Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». La victoria no dependía de la edad de David, sino del poder de Dios.
Cualquiera que sea el gigante que tienes delante, cree que Dios puede hacerlo una vez más. Dios no necesita que tengas una trayectoria ni una edad determinada: necesita que te levantes a creer. No midas lo posible solo por la experiencia humana; confía en el poder de Dios.
David también tuvo que enfrentar palabras limitantes de personas cercanas. Su hermano mayor se enojó y le dijo: «¿Para qué has descendido acá?… Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón». Y Saúl, su rey, insistía en que era demasiado joven. David no se quedó detenido en la ofensa de su hermano, porque su batalla era con Goliat, con lo que amenazaba el propósito de Dios para el pueblo.
No permitas que una ofensa detenga lo que Dios puso en tu vida. Las limitaciones a veces vienen envueltas en relaciones y en menosprecio, y si te crees ese menosprecio, te sentirás limitado. La gente veía a un muchacho; Dios veía a un rey. No dejes que nadie limite lo que Dios ha dicho y lo que hará.
Jacob: llegar a la tierra prometida y enfrentar una crisis
Jacob huyó de su casa perseguido por la ira de Esaú. Trabajó siete años por Raquel, recibió a Lea, y trabajó otros siete años. Su vida estuvo marcada por dificultades y por nuevas limitaciones. En circunstancias parecidas, cualquiera se habría rendido.
«Después Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán». ¡Qué alivio es llegar sano y salvo! Jacob compró una parte del campo donde plantó su tienda, de mano de los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cien monedas, y erigió allí un altar, y lo llamó El-Elohe-Israel. Parecía comenzar un tiempo de estabilidad. Pero ocurrió una tragedia: Dina, hija de Jacob y de Lea, fue violentada.
Simeón y Leví decidieron vengar a su hermana. Engañaron a los hombres de la ciudad para que se circuncidaran y, cuando estaban adoloridos, los atacaron y los mataron. Jacob no escogió esa decisión. Les dijo: «Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra… y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa».
Hay problemas inesperados que llegan sin estar en tu agenda. Jacob estaba en Canaán, el lugar al que Dios lo había guiado, y al mismo tiempo atravesaba una crisis grave causada por la decisión de otros. Quizá tú también enfrentas las consecuencias de decisiones ajenas. Dios puede tomar en sus manos aquello que tú no provocaste y usarlo como herramienta.
Dios lo hará una vez más. Puedes llegar al lugar que esperabas y, aun así, encontrarte en el peor momento de tu vida. Lo más grande para Jacob no era poseer una tierra, sino el Dios que se la daba. La presencia, el amor y el cuidado de Dios no dependen del lugar donde estés.
Muchos momentos difíciles no los provoca Dios, pero él puede tomarlos y convertirlos en herramienta. Quizá has obedecido, has ido a la iglesia y, sin embargo, estás atravesando el peor momento de tu vida. Aun allí Dios puede manifestarse y llevarte a romper límites que no imaginabas.
«Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú». Levántate; ponte en marcha. Es un desafío que no depende de tu edad, sino del propósito de Dios. Si crees que ya no tienes nada más que hacer, o que tu etapa de servir terminó, Dios te dice: levántate.
Al final de su vida, Jacob, ya anciano y sin fuerzas, adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Todavía puede quedar historia por escribir: puedes servir, hablar de Dios y adorarlo mientras vivas.
Volver al lugar del temor y poner a Dios en primer lugar
Dios llevó a Jacob de vuelta al lugar asociado con su mayor temor: el sitio donde huía de su hermano. ¿Por qué no al lugar de su mayor fe? Porque Dios formó a Jacob para la fe en un momento de temor, no en el mejor momento de su vida.
«Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado». Muchas veces quieres que Dios haga lo que tú quieres sin que él ocupe el primer lugar. Quita lo que se ha convertido en ídolo.
Le entregaron a Jacob todos los dioses ajenos y los zarcillos que tenían en sus orejas, y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem. Los zarcillos podían usarse para fabricar ídolos: había que quitar todo lo que apartara del Dios verdadero. Los ídolos quedaron enterrados en Siquem. No lleves a Betel la ropa de vergüenza, dolor, amargura o frustración: deja atrás lo que te limita.
«El Dios que me respondió en el día de mi angustia». Viene una temporada de respuesta. Hay momentos en que sientes que Dios no responde, pero Dios responderá. Betel es el lugar donde Jacob durmió con una piedra por almohada y soñó con una escalera que llegaba al cielo, con ángeles que subían y descendían, y Jehová en lo alto.
«Y despertó Jacob de su sueño… Y se levantó Jacob de mañana». Primero despertó, luego se levantó. Para vivir un levantamiento distinto, primero necesitas un despertar espiritual. La escalera muestra que Jacob estaba conectado con el cielo. No mires a los lados: mira al Dios todopoderoso, de quien viene tu socorro. Recuerda los momentos difíciles en que creíste que no saldrías adelante: el mismo Dios que te sostuvo entonces puede levantarte otra vez.
Repasa lo que Dios ha hecho en cada etapa de tu vida. Recuerda cuándo te sorprendió, porque es fácil acostumbrarse y dejar de sorprenderse. Lo que antes parecía normal —reunirte con tus hermanos, sentarte cerca, adorar juntos— se valora de otra manera cuando te falta.
Dios quiere volver a sorprender a Jacob, y quiere sorprenderte a ti. Dispónte a ser sorprendido de nuevo, y cree que todavía hay límites por romper.
También tú puedes levantar ídolos con las cosas que recibes, incluso con personas. Dios no comparte su gloria. Hay temporadas en que la gente encuentra a Dios en un hospital o a solas, sin que ningún hombre esté presente, para que la gloria no se atribuya a los hombres, sino a Dios. No conviertas a nadie en tu ídolo: un gran avivamiento puede estar comenzando.
Dios te sostiene: vuelve a encontrarte con él
Ni muchos enemigos podían detener lo que Dios quería hacer con Jacob. Levántate, cree, avanza, ora y clama una vez más. «Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob». Cuando tú te sientes aterrorizado, el temor no tiene por qué definir el resultado: Dios es suficiente para lo que enfrentas.
Versículo clave
«Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.»
Génesis 35:5
Jacob llegó a Luz, que es Bet-el, en tierra de Canaán, y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había aparecido Dios cuando huía de su hermano. Y apareció otra vez Dios a Jacob y lo bendijo: «Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre… Yo soy el Dios omnipotente». Dios puede con todo y no ha fallado.
Jacob había hecho pactos con su hermano y con su suegro, y le había prometido a Dios apartarle el diezmo de todo. Haz pacto con Dios. Tú no tienes el pacto de Jacob, sino uno mejor: el de Jesucristo. Ese pacto es mayor que tu situación presente, y te permite adorar a Dios aun en medio de la dificultad.
Dios renovó a Jacob la promesa de descendencia y de tierra. Después de un camino tan difícil, Jacob volvió a encontrarse con Dios. Hay experiencias cuyo valor reconoces al final, porque te llevan a un nuevo encuentro con Dios. Esta puede ser tu temporada de volver a encontrarte con él.
«Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos». Dios no hará lo que te toca hacer a ti: empieza a caminar una vez más. Da un paso más. Aunque sientas que ya no puedes avanzar, Dios te sostendrá y te hará estable.
«Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios». Un canto que antes no estaba en tu boca. ¿Qué pasaría si Dios pusiera un cántico nuevo en tu vida? Levanta tus manos y deja que vuelvan a salir palabras que hace tiempo no pronunciabas. Dios quería mostrarle a Jacob una vez más que estaba con él y que no estaba solo. Lo mismo quiere mostrarte a ti.
Jesús derramó su sangre para darte una nueva oportunidad. Ora con fe: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador». Sal de aquí con un cántico nuevo, creyendo que Dios lo hará una vez más: vuelve a confiar, levántate, avanza y cree una vez más.
Referencias bíblicas
- Isaías 41:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:33-37 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 33:18-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 34:30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 35:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 40:1-3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 35:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


