Abre tu corazón a lo que Dios quiere hacer. «El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica». Jesús vino de lo alto y da testimonio de lo que ha visto y oído: el reino de los cielos puede manifestarse en la tierra, y lo que ocurre en el cielo puede suceder aquí. Sanidad, abundancia, alegría y gozo, aun cuando haya dolor o tristeza.
Versículo clave
«El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, este atestigua que Dios es veraz.»
Juan 3:31-33
Tú tienes límites, pero el Espíritu de Dios no los tiene. Es una buena noticia si te sientes limitado. Dale la bienvenida a la posibilidad de Dios: «Le doy la bienvenida a la posibilidad de Dios en mi vida». Que el Espíritu Santo intervenga en tu hogar, tu familia y tus circunstancias difíciles, y se mueva en tu mente, tu corazón, tu cuerpo, tus finanzas y toda tu vida.
Dios ve la aflicción y llama a Moisés
«Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos… Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón». Pero Moisés respondió a Dios: «¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?». Y Dios le respondió: «Ve, porque yo estaré contigo».
Versículo clave
«Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.»
Éxodo 3:11-12
Dios podía librar a su pueblo por sí mismo, pero quiso hacerlo por medio de Moisés: el pueblo sería liberado de la aflicción, y Moisés sería llamado a participar en esa liberación. Dios puede llevarte a romper las limitaciones aprendidas en tu corazón, tu mente y tus pensamientos, y después usarte para ayudar a otros.
Moisés tenía razones que, desde su perspectiva, tenían sentido: «Nunca he sido hombre de fácil palabra… porque soy tardo en el habla y torpe de lengua». Las circunstancias y los diagnósticos son reales, pero lo que a ti te parece lógico no determina lo que Dios puede hacer. ¿Qué ideas limitantes aprendiste desde pequeño? ¿Qué te dijeron que podías o no podías hacer? Contra esas voces, Dios te dice: «Yo estaré contigo».
No te asustes ante la enfermedad, la situación económica, las circunstancias de tu país o lo que hoy ves como un obstáculo. Las dificultades pueden ser herramientas para conocer a Dios de una manera nueva. Dios está por encima de las naciones, de los gobiernos y de las probabilidades. Dios está contigo, aunque la dificultad todavía no haya desaparecido.
No dejes que otros definan lo que Dios hará
Moisés preguntó: «Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?». Le preocupaba lo que otros dirían. Las respuestas de quienes te rodean pueden convertirse en límites. Cuando el hijo de la mujer sunamita murió, ella fue a buscar al profeta. Su marido le preguntó: «¿Para qué vas a verle hoy?». Y ella respondió: «Paz».
Ella no prolongó la conversación. Hay sueños y asuntos que no tienes que contarle a todo el mundo. Busca en Dios lo que solo Dios puede resolver, porque lo más valioso es lo que Dios ha dicho.
«Respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros… Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros». Dios es el de antes, el de ahora y el de después: el Dios eterno. El mismo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob sigue activo, y obra más allá de las limitaciones humanas.
La bendición que transforma por dentro
Antes de luchar con el ángel, Jacob dejó atrás todo lo que tenía. No buscaba una casa, un carro ni una añadidura material, sino una obra interior que nadie más podía hacer: transformación y gracia. Salió de esa lucha con el muslo descoyuntado, y ya no caminaba igual. Quizá no pareces perfecto ante el mundo, pero eres agradable a Dios.
Jacob significa «el que suplanta»; y Dios le cambió el nombre por Israel. Si cargas con errores y faltas, no concluyas que Dios ya no puede darte otra oportunidad. Dios puede confrontarte y transformarte, y usar lo que viviste para un cambio que antes parecía imposible.
«Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas». La mano de Faraón mantenía al pueblo sometido, pero hay una mano más fuerte que la del enemigo: la mano de Dios. ¿Cómo se llama tu Faraón? Angustia, tristeza, escasez, enfermedad, adicción, dolor. Dios puede intervenir.
«Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no salgáis con las manos vacías». El enemigo ha despojado sueños y esperanzas de tus generaciones; Dios puede confrontar lo que impide que se cumpla su propósito. Daniel en el foso de los leones, los tres jóvenes en el horno de fuego: la dificultad puede ser usada para glorificar a Dios.
Hay quienes se rinden pronto y asumen que una situación difícil debe ser la voluntad de Dios. Aquellos jóvenes quizá se preguntaron si era voluntad de Dios morir en el fuego. Pero el fuego no los destruyó: solo quemó sus ataduras, y el cuarto hombre caminaba con ellos en medio de las llamas.
La confrontación también alcanza a Moisés
«Ellos no me creerán, ni oirán mi voz». Moisés no solo dudaba de los demás: dudaba de sí mismo. A veces defines a Dios por tus momentos difíciles y te preguntas dónde está. No definas a Dios por la circunstancia que atraviesas: Dios sigue siendo Dios, sigue guiando y sigue haciendo milagros. Es tiempo de rompimiento.
La confrontación no era solo contra Faraón. Dios confrontó también a Moisés y, más adelante, a su pueblo en el desierto. La confrontación de Dios es parte de su amor y de la libertad que quiere para ti. «¿Qué es eso que tienes en tu mano?». Y él respondió: «Una vara». Dios le dijo: «Échala en tierra». Y se hizo una culebra, y Moisés huía de ella. Entonces Dios dijo: «Extiende tu mano, y tómala por la cola». Y volvió a ser vara en su mano.
Aquella vara de pastor le recordaba a Moisés su pasado: el palacio perdido, el egipcio que mató, los años de huida. Suelta la vara: los errores del pasado, la condenación, el dolor, la angustia, la falta de perdón y la amargura. Lo que Dios te devuelve en la mano ya no es lo mismo: es la vara de Dios.
«Mete ahora tu mano en tu seno». Y cuando la sacó, su mano estaba leprosa como la nieve. «Vuelve a meter tu mano en tu seno». Y al sacarla, se había vuelto como la otra carne. Dios no viene solo por la mano buena que muestras a los demás, sino también por lo que escondes en tu seno: tus luchas, tus emociones, tus errores.
Saca a la luz lo que limita tu vida y confía en que Dios puede limpiarte y transformarte: dolores, angustia, amargura, adicciones y pecado. La sangre de Jesús te permite volver a levantar las manos con libertad. No ocultes tus luchas para aparentar perfección: Dios te confronta para que no te quedes limitado y entres en una nueva temporada. Dios sigue abriendo caminos.
«¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no». Moisés volvía a dudar. Y tú, ¿crees que hay algún límite para Dios frente a lo que estás viviendo? No lo hay. Dios puede sorprenderte. No te quedes solo con escuchar una enseñanza: prepárate para oír de milagros y conocer lo que Dios puede hacer.
La batalla externa y la batalla interior
¿Qué te ha estado limitando? Hay batallas que Dios pelea por ti: las plagas, el mar abierto. Y hay una batalla interior: dejarte transformar y rendirte a Dios. Fue más fácil vencer a Faraón que convencer al pueblo de Dios de rendirse y creerle.
Pon tu mano en tu pecho y habla con Dios sobre lo que ha limitado tu vida. Nadie más puede decirte cuál es tu limitación; todos somos humanos y tenemos luchas. Preséntate ante Dios con integridad, como estés: «Señor, así está mi vida, pero tu sangre me limpia».
«Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros». Que el Espíritu Santo se mueva en tu vida, te confronte y te libere de creencias limitantes sobre ti mismo, sobre Dios y sobre los demás. Que lo que parecía imposible lo veas ahora con fe.
En la cruz del Calvario quedaron tus pecados, y allí fue derramada la sangre de Cristo. Lo que parecía un límite no fue el final: Jesús resucitó al tercer día. Ábrele tu corazón, pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Comienza un nuevo tiempo en tu vida: dale lugar al Espíritu Santo en tu mente, tu corazón, tu familia y todo lo que emprendas.
Referencias bíblicas
- Juan 3:31-33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 3:7-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 3:13-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 3:19-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 4:1-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Números 11:23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 5:6-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 14:21-31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 3:11-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


