Desde pequeño, por lo que escuchaste de quienes te rodeaban, aprendiste limitaciones y las hiciste tuyas. Llegó el tiempo de romper con lo que aprendiste a creer sobre lo que Dios puede hacer en ti y a través de ti.
El ángel de Jehová se le apareció a Gedeón y le dijo: «Jehová está contigo, varón esforzado y valiente». Pero Gedeón no podía creer que esas palabras fueran para él: «Mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre». Son límites aprendidos. Pero Dios no tiene límites.
«Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros». ¿Cuántas veces pones en práctica lo que aprendiste de otras personas, en lugar de lo que recibiste de Dios? Aprende más de Dios y pon en práctica ese aprendizaje en esta nueva temporada.
Versículo clave
«Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.»
Filipenses 4:9
Hay quienes crecieron oyendo que el ser humano jamás volaría, y aun así terminaron construyendo el avión. En algún lugar escucharon algo distinto: que harían cosas mayores. No aceptes como definitiva una limitación que escuchaste de otros.
«El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza». La sabiduría, la corrección y la disciplina de Dios te ayudan a identificar lo que limita tu vida. Pídele a Dios que te siga enseñando, corrigiendo y disciplinando. Su amor te disciplina para llevarte a un nuevo nivel y quitar lo que te limita.
Acab y las exigencias del enemigo
Ben-adad, rey de Siria, reunió a todo su ejército, y con él treinta y dos reyes, con caballos y carros, y subió y sitió a Samaria. La ciudad quedó cercada. Así son las situaciones que te encierran y las limitaciones que el enemigo quiere que creas.
Ben-adad envió mensajeros a Acab: «Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos». Y Acab respondió: «Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo». Aceptó sin consultar a Dios. Así cedes cuando, bajo presión, haces acuerdos con la adversidad, la enfermedad o la angustia. Puedes atravesar un tiempo de angustia, pero no hagas un acuerdo con ella.
Los mensajeros volvieron con una nueva exigencia: registrarían su casa y las casas de sus siervos, y tomarían todo lo precioso. Aceptar la primera exigencia no impide que el enemigo reclame más.
Acab llamó a los ancianos: «Mirad cómo este no busca sino mal». ¿Cuántas veces pides liberación después de haber hecho acuerdos en medio de tu problema? Un alivio temporal no es una liberación: evitar el enfrentamiento por un tiempo no significa que el problema se haya resuelto.
Lleva a Dios no solo tus problemas, sino también tus pensamientos, antes de que se conviertan en problemas. Cuando aparezca un mal pensamiento, díselo a Dios; involúcralo temprano en tu día. Los pensamientos de Acab lo llevaron a concluir que no podía contra treinta y dos reyes, y aceptó. Busca la dirección de Dios antes de responder bajo presión.
Los ancianos y todo el pueblo le dijeron: «No le obedezcas, ni hagas lo que te pide». Eran gente despierta. ¿Por qué el enemigo tendría que dictar las condiciones? Goliat proponía que un solo combatiente decidiera el resultado, e Israel estuvo cuarenta días amedrentado hasta que llegó David.
Acab respondió: «Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer». Ya había cedido a la primera demanda, y el enemigo no se conformó. Así empieza una adicción: «solo un poquito». Rompe los acuerdos antes de seguir hacia las promesas de Dios. El enemigo no tiene misericordia, pero las misericordias de Dios son nuevas cada mañana.
No hagas alianzas con lo que estás viviendo, sino con lo que estás creyendo. No pactes con la depresión ni con la amargura. Confía en Dios: él puede sacarte de cualquier situación.
Ben-adad volvió a amenazar: «Así me hagan los dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue». Y Acab respondió: «No se alabe tanto el que se ciñe las armas como el que las desciñe». Díselo a tu adversidad: no cantes victoria antes de tiempo. Dios maneja los tiempos y no llegará tarde.
La palabra del profeta y el llamado a avanzar
Mientras Ben-adad ordenaba a sus tropas prepararse para atacar, un profeta vino a Acab: «Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová». La palabra de Dios no niega el tamaño del ejército: lo llama gran multitud, y aun así anuncia que será entregada.
Versículo clave
«Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová.»
1 Reyes 20:13
Quizá enfrentas algo grande: una enfermedad, la angustia, una quiebra, la sensación de estar perdiéndolo todo. Atiende lo que Dios dice, no lo que dicen los treinta y dos reyes ni el enemigo. La palabra de Dios tiene poder para derrotar y desarraigar las mentiras que has creído. ¿Quién tiene la última palabra en tu temporada?
Acab fue uno de los peores reyes de Israel. Su esposa Jezabel mató a los profetas y levantó dioses falsos. Aun así, Dios actuó a favor de Israel en esta batalla. Si lo hizo entonces, también puede hacerlo por ti.
Acab preguntó: «¿Quién comenzará la batalla?». Y el profeta respondió: «Tú». Deja de solo resistir y actúa: ora e intercede. Levántate de madrugada a orar por tu familia. Es tiempo de romper acuerdos con el enemigo.
Aparta un tiempo de ayuno. Puedes ayunar una o dos comidas, de acuerdo con tu situación. Ora y ayuna para buscar a Dios y sus milagros, y prepárate para ver testimonios.
«Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago». Avanza. Avanza en lo que Dios ha dicho, y no te detengas por lo que estás viviendo.
Después, el profeta volvió a Acab: «Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti». No te acomodes en tus victorias: el enemigo volverá a atacar. Hay quienes consiguen un gran negocio, se apartan de Dios y dejan de congregarse. Las victorias deben llevarte a un nuevo nivel espiritual y a buscar más a Dios, no a dormirte.
Dios también es Dios de los valles
Los siervos del rey de Siria le dijeron: «Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos». Israel pasó revista a sus tropas y salió a su encuentro; y acamparon como dos rebañuelos de cabras, mientras los sirios llenaban la tierra.
Quizá te sientes pequeño ante una situación grande. Lo que enfrentas puede parecer más grande que tú, pero no es más grande que Dios. Vino el varón de Dios al rey de Israel: «Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová».
¿Qué valle estás atravesando? Dios no es solo Dios de los montes: también es Dios de los valles. Puede manifestarse en los lugares bajos, y no necesita circunstancias perfectas para hacer su obra. Cuanto más duro golpea el enemigo tu lado vulnerable, más candidato eres para que se manifieste la gracia de Dios. Reconoce tu vulnerabilidad y confía en Dios.
Siete días estuvieron acampados unos frente a otros, y al séptimo día se dio la batalla. El siete habla de plenitud: si tienes delante algo que parece imposible, el que comenzó en ti la buena obra la perfeccionará.
Los hijos de Israel mataron a cien mil hombres de a pie en un solo día. Los demás huyeron a Afec, y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres. Ben-adad huyó a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento. En un solo día. No pierdas la expectativa de que en un día las cosas pueden cambiar. El día todavía no ha terminado. No serás avergonzado.
No eres tú quien debe andar escondiéndose de aposento en aposento: es el enemigo. En el desierto, el diablo tentó a Jesús a convertir las piedras en pan y a postrarse para adorarlo, y Jesús permaneció firme. Aun en el padecimiento, Dios está por encima de lo que atraviesas y puede manifestarse en medio de ello.
A veces la batalla es tan grande que no hay salida en tu cabeza ni en tus fuerzas naturales, para que la salida solo pueda atribuirse a Dios. Dale la gloria a Dios. Es un nuevo tiempo, una temporada de milagros.
Oración, ayuno y rompimiento
Comprométete a ayunar y a orar, y espera milagros y testimonios. Rompe todo acuerdo que hiciste con el enemigo por haber creído más a las circunstancias que a Dios, o por buscar una paz temporal para evitar el sufrimiento. En el nombre de Jesús y por el poder del Espíritu Santo, se rompen las cadenas y los límites aprendidos.
Lo que el enemigo pensó para mal, Dios lo encamina a bien. La victoria es del Señor, y la gloria es suya. Haz acuerdo con Dios: él es tu Dios, Dios de misericordia, de amor y de bondad. Dedícale tu ayuno y tus oraciones.
Pide perdón por tus pecados y reconoce a Jesús como tu Señor y Salvador. Esta es una semana para romper límites, no por tus fuerzas, sino por el poder de la oración y el ayuno. Abandona los acuerdos con el enemigo, confía en lo que Dios dice y búscalo de todo corazón.
Referencias bíblicas
- Filipenses 4:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 1:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 20:1-13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 20:19-30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:8-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 4:1-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 20:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


