Al pensar en lo que significa ser libre vienen a la mente muchas cosas, y en cualquier etapa de la vida, tanto quienes conocen a Jesús como quienes no lo conocen necesitan comprender la importancia de mantener la libertad.
Encontrar libertad puede parecer sencillo, pero mantenerla es más difícil. A menudo, en la iglesia o entre amigos cristianos, se insiste en mantenerse libre del pecado y evitar amistades que puedan involucrar a alguien en algo malo. Pero vale la pena hacerse una pregunta más amplia: ¿qué significa la libertad? Una manera de entenderla es permanecer en el mismo camino sin desviarse. Y cualquier persona puede desviarse, sin importar su edad.
Pedro en el agua: mirar a Jesús y mantenerse cerca
El relato bíblico de Pedro caminando sobre el agua invita a considerar cuántas veces Dios ha llamado a una persona a hacer algo que cree que no puede hacer. Hay temporadas en que, por circunstancias que no controlamos, no podemos congregarnos ni servir como antes. Servir a Jesús en cualquier área puede contribuir a mantenerse en libertad.
Alguien que no ha podido asistir a la iglesia ni servir —por ejemplo, porque sus papás no le han dado permiso— puede sentirse lejos de Jesús y pensar que está haciendo algo mal. Pero no estar sirviendo no significa estar lejos de Jesús: todos pueden estar cerca de Jesús mediante su relación con él. La asistencia o el servicio no son lo mismo que la cercanía personal con Jesús.
En el relato bíblico, Jesús les dice a sus discípulos que sigan adelante y que él los alcanzará; luego se aparta para orar. Los discípulos están en medio del lago cuando se levanta un viento contrario y les cuesta remar hacia donde Jesús les había indicado. En la oscuridad y el viento, ven a Jesús caminando sobre el agua y se asustan, porque no reconocen quién es. Jesús les dice: «Soy yo, no tengan miedo, aquí estoy con ustedes».
Entonces Pedro le responde: «Si eres tú, Jesús, envíame a mí a caminar contigo». Pedro se atreve a caminar sobre el agua y da algunos pasos. Pero cuando aparta la mirada de Jesús y deja de caminar hacia él, comienza a hundirse, y Jesús lo toma de la mano. Cuando una persona cae en pecado o toma una mala decisión, Jesús puede estar ahí para levantarla. Sin importar cuán bajo hayas caído o cuán sucio te sientas, Jesús puede tomarte de la mano y acompañarte en el camino de libertad.
«Cuando comenzó a hundirse, gritó: “¡Señor, sálvame!”. Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”» (Mateo 14:30-31).
Versículo clave
«Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»
Mateo 14:30-31
Aprender de los tropiezos y recibir la gracia
El primer principio práctico es que se puede tropezar, pero cada vez que ocurre es necesario aprender una lección. Vale para quien cae, comete un pecado, se equivoca o retrocede en vez de avanzar; también para quien hace algo indebido o actúa contra lo que dijeron los padres o las autoridades. Aprende de cada cosa mala, en lugar de pasar por alto lo ocurrido.
El segundo principio es que la libertad llega por la gracia y por medio de la fe. Nadie hizo un esfuerzo mayor para ser salvo: en Efesios, la salvación aparece como un regalo de Dios. De modo semejante, la libertad es una decisión: decidir dejar que Jesús te haga libre. Lo más importante es la disposición.
Aunque alguien lleve muchos años sirviendo a Dios y pudiera pensarse que ya es una persona libre, todavía puede tropezar en su camino. Por eso necesita mantenerse cerca de Jesús, para que, si cae, Jesús pueda tomarlo de la mano. Una vida de servicio no garantiza no volver a tropezar; convive con la necesidad continua de acercarse a Jesús.
El tercer principio es que la gracia y la fe van de la mano. La gracia de Dios es la puerta para ser perdonados, y también debe entrar la fe: creer que Jesús puede dar libertad. Sea cual sea tu situación, Dios quiere hacerte libre; no quiere verte encadenado ni arrastrándote. Dios te ama tal como eres y quiere verte libre.
De vuelta en la escena de Pedro, la clave para mantenerse en libertad es mantenerse cerca. Cuando Pedro empezó a hundirse, pidió ayuda y Jesús le dio la mano inmediatamente. La pregunta es directa: «¿Qué tan cerca te has mantenido de Jesús?»
La respuesta práctica es sencilla: en tu cuarto o en el lugar donde estés, puedes cerrar los ojos y reconocer que Jesús está presente para perdonar. El arrepentimiento es algo extraordinario que las personas pueden experimentar: cuando alguien se arrepiente de lo que hizo, Dios le da perdón.
«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8).
Versículo clave
«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios»
Efesios 2:8
Una oración y una invitación a seguir conectados
La Palabra de Dios en la Biblia puede traer libertad, y lo más importante es la disposición. Dile a Jesús con el corazón: «Jesús, estoy cansado de vivir encarcelado, encadenado. Por favor, dame libertad. Perdóname mis pecados, mis errores».
Si hiciste esa oración, ¡felicidades! No ocurre «como por arte de magia», pero Dios y el Espíritu Santo están contigo y lo seguirán estando, y el Espíritu Santo trae esa libertad. Pedir perdón y libertad, y seguir conectado con Dios: esos son los dos pasos.
Sigue buscando la Palabra que necesitas. Que Dios te bendiga.


