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Ponernos de acuerdo con Dios en nuestros pensamientos

Deshazte de la hipocresía y alinea tus pensamientos y decisiones con la Palabra de Dios. Con la mujer que padecía hemorragias y con Jairo, descubre la fe, la adoración y la identidad de hijos de Dios.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
45 min

1 Pedro 2:1 es un llamado a dejar la mala conducta, el engaño, la hipocresía, los celos y los comentarios hirientes. Renuncia a la hipocresía personal y preséntate ante Dios con integridad, reconociendo lo que hay en tu vida. Dios no rechaza a las personas por sus errores. Se trata de ponerse de acuerdo con Dios.

El primer paso para prepararse para un nuevo nivel es deshacerse de lo que Dios ya no quiere en tu vida. Dios está obrando incluso en los procesos difíciles: abandona aquello que te impide ponerte de acuerdo con él, vivir en libertad y recibir lo mejor de Dios. Esa libertad demanda responsabilidad, compromiso y carácter: reconocer qué debes dejar atrás para avanzar.

Renunciar a la hipocresía y recibir alimento espiritual

Como los recién nacidos desean leche espiritual pura para crecer en la salvación, pide con hambre el alimento nutritivo de la Palabra, en vez de «calorías vacías». Esa enseñanza puede alimentarte y llevarte a la libertad y a un nuevo nivel. ¿Tienes hambre de lo sobrenatural de Dios? ¿Deseas deshacerte de aquello que ya no debe permanecer en tu vida?

Cristo es la piedra viva principal del templo de Dios, rechazada por la gente y elegida por Dios para recibir honra. Seguir a Cristo puede implicar el rechazo de personas cercanas, en especial de quienes alimentan aquello que necesitas dejar atrás. No midas la aceptación de Dios por ese desacuerdo: quien se acerca a Cristo no es rechazado por él.

Decide acercarte a Cristo y persevera en esa decisión, aunque otros no estén de acuerdo. Deshacerte de lo que desagrada a Dios te prepara para recibir lo que él tiene para tu vida. Es un tiempo profético.

Quienes confían en Cristo son piedras vivas, sacerdotes santos y parte de un pueblo elegido, llamado a mostrar la bondad de Dios al salir de la oscuridad y entrar en su luz. Obedece: la obediencia no depende de talentos o capacidades, y la libertad tiene que ver con ponerse de acuerdo con Dios. Que puedas caminar junto a él y que esa libertad se manifieste en cada área de tu vida.

Sométete a Dios y resiste al diablo, y huirá de ti. No se trata de acercarse a Dios solo de vez en cuando, sino de someterse a él en obediencia: al final, Dios dará la victoria. Declara que la victoria y la libertad te pertenecen. Quienes antes no eran pueblo ahora son pueblo de Dios, y quienes no habían recibido misericordia ahora la han recibido.

Alinear los pensamientos con los de Dios

El primer aprendizaje es ponerse de acuerdo con los pensamientos de Dios, que están en la Escritura. Nuestros pensamientos suelen diferir de los de Dios; por eso hace falta una disciplina mental cotidiana: reemplazar los pensamientos malos por otros conformes a la voluntad divina. Jeremías 29:11 habla de los pensamientos de paz, el porvenir y la esperanza que Dios tiene.

Hay días malos y temporadas difíciles, pero también importa cómo piensas en medio de ellos. Un día malo no significa que todo terminó: imagina que Dios puede transformar la situación para bien y bendecir tu vida. Puede haber «una bendición detrás de todo eso que estás viviendo». Alinea tus pensamientos con los de Dios.

Filipenses 4:8 exhorta a pensar en lo verdadero, honesto, justo, puro, amable y digno de alabanza. Hay una realidad difícil, y hay una verdad de Dios con la que se puede responder a esa realidad. 2 Corintios habla de estar atribulados, en apuros, perseguidos o derribados, pero no desesperados, desamparados ni destruidos: puedes atravesar adversidad y, a la vez, confiar en que Dios está contigo.

Filipenses 4:8 enseña a responder a la realidad difícil con la verdad de Dios.

Versículo clave

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»

Filipenses 4:8

Esa forma de pensar alcanza también la enfermedad y la escasez: «por sus llagas fui curado»; «mi sanidad no es una bendición, es un derecho». No se ha visto al justo desamparado ni a su descendencia mendigando pan. Estas son verdades con las que responder a la adversidad: el poder sanador de Dios visita a quienes escuchan, y aquello que no ha mejorado será sanado.

La mujer que se acercó a Jesús

La palabra «hija» es una identidad que permanece más allá de la sanidad física. No sabemos el nombre de la mujer, y las aflicciones pueden consumir tanto a alguien que olvide quién es; pero, aunque cambien las circunstancias, la identidad de hija de Dios no se pierde. Tocar la túnica fue también un acto de adoración: la mujer no necesitó una banda musical ni un curso, porque acercarse a Jesús con fe expresaba que sabía a quién adoraba.

Da otro paso y sigue adorando pese a los años de dificultad, como la mujer que avanzó hacia Jesús sin rendirse. Di que estás a punto de tocar el borde del manto y que tocarás a Dios con tu adoración. El poder sanador de Dios visita a quienes escuchan: sanidad física, del alma y del corazón.

La mujer toca la túnica, la hemorragia se detiene y ella siente que ha sido sanada. Jesús percibe que ha salido poder de él y pregunta quién lo tocó. Sus discípulos señalan que la multitud lo aprieta por todos lados, pero él sigue mirando alrededor. La mujer, asustada y temblando, se acerca, se arrodilla y cuenta lo sucedido. Jesús la llama hija, le dice que su fe la ha sanado y la despide en paz, con el sufrimiento terminado.

Versículo clave

«Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.»

Marcos 5:34

Pero en la casa de Jairo esperaba otra noticia.

Y Jesús tenía una palabra para él.

Jairo sigue adelante ante la noticia más dolorosa

Mientras Jesús todavía habla con la mujer, llega un mensajero de la casa de Jairo y le comunica que su hija murió y que ya no hay motivo para molestar al maestro. Jairo era líder de la sinagoga, pero también un padre con el corazón roto: los títulos no evitan que una persona atraviese dolor. A veces una decepción puede llevar a que Dios se revele de una manera nueva y libere de suposiciones equivocadas.

Jesús oye el mensaje y le dice a Jairo que no tenga miedo y que solo tenga fe. Detiene a la multitud y continúa con Pedro, Santiago y Juan, hermano de Santiago. Jairo no responde nada en ese momento, pero sigue adelante. Había pedido que Jesús pusiera sus manos sobre la niña para que sanara y viviera; esperaba que ella sanara.

Lo que Dios hizo superó lo que cada uno pensaba.

Jesús hace salir a los demás y lleva consigo al padre, a la madre de la muchacha y a sus tres discípulos a la habitación. No todos tenían que estar de acuerdo para que ocurriera el milagro: Jesús deja allí a quienes anhelaban lo que él iba a hacer. Toma a la niña de la mano y le dice «Talita cumi», que significa «Niña, levántate». La niña, que tenía doce años, se pone de pie y camina; los presentes quedan asombrados.

Jesús da instrucciones estrictas para que no se diga a nadie lo sucedido y pide que den de comer a la niña. Podemos imaginar la celebración en aquel lugar. ¿Tienes hambre de la Palabra, de ver milagros y de que la libertad alcance cada área de tu vida? Que haya libertad en los pensamientos.

Una respuesta de oración y compromiso

Si crees que serás libre en distintas áreas, piensa: ¿cuáles fueron tus pensamientos esta semana? ¿Fueron buenos, puros y portadores de una verdad en Cristo? Piensa en lo verdadero, honesto, justo, puro y amable. Pueden aparecer comentarios de otras personas que busquen llevarte a desacordar con la verdad y la Palabra de Dios.

Pide perdón por los malos pensamientos y reconoce que los pensamientos de Dios son más altos. Haz un pacto con Dios para que tus pensamientos sean dirigidos por los suyos y por su Palabra. Jairo pensaba que Jesús sanaría a su hija, y la mujer esperaba sanar al tocar su manto; el desenlace fue más allá de lo que cada uno esperaba: la niña se levantó y la mujer fue llamada hija.

Que la libertad de Cristo alcance todas las áreas de la vida. Haz una oración de arrepentimiento y recibe a Jesús como Señor y Salvador. Gracias por abrir tu corazón.

Prepárate para un nuevo tiempo de libertad: pon tus pensamientos de acuerdo con los de Dios y espera renovación y transformación en cada área por su poder. Amén.

Referencias bíblicas