La esencia que necesita manifestarse
Génesis 1:26 narra la creación del ser humano. Imagina al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en el huerto diciendo: hagamos al ser humano tal y como somos nosotros. Así Dios depositó una esencia en cada persona.
La palabra «esencia» alude a aquello fundamental y característico: lo puro y concentrado. Dios puso algo de su naturaleza en nosotros, aunque no siempre se manifieste como quisiéramos por causa de la humanidad y la debilidad. Necesitamos descubrir lo que Dios ha depositado en cada uno para que llegue a manifestarse en la vida.
Saber que esa esencia existe no es lo mismo que activarla. La fe es lo que la activa. Cuando se sale del país, hay que llamar al banco para habilitar la tarjeta de crédito; así como la tarjeta debe activarse para usarse, la esencia recibida de Dios necesita ponerse en acción mediante la fe.
Romanos 8:19 habla de la espera de la creación. Esa espera se aplica a los lugares cotidianos: el trabajo, la universidad, el colegio, la casa y cualquier sitio al que vayas. Las personas que encontramos esperan ver manifestarse aquello que Dios puso en nosotros.
La fe frente a la incredulidad
Hebreos 11:1 define la fe. El enemigo busca influir para que una persona no crea lo que Dios ha depositado en ella. La incredulidad complica las cosas; la fe permite creerle a Dios y esperar respuestas. No permitas que la incredulidad impida la manifestación de esa esencia.
Dentro de cada persona hay una lucha entre el hombre espiritual y el hombre natural. ¿Cuál de los dos prevalecerá? Varios personajes bíblicos lo ilustran en momentos distintos de sus historias.
Pedro vivió esa lucha. Cuando Jesús caminó sobre las aguas, Pedro le pidió ir hacia él y caminó sobre el agua: un momento de fe en lo sobrenatural. Después, al fijarse en la tormenta, comenzó a hundirse y pidió ayuda a Jesús. Ahí están el hombre espiritual y el hombre natural.
Gedeón estaba trillando trigo en un lagar, escondido por causa de los madianitas y con temor, cuando el ángel de Dios se le apareció y le dijo, en esencia: fuerte y valiente eres (Jueces 6:12). Dios hablaba a la esencia espiritual de Gedeón y a la valentía que había depositado en él, aunque en ese momento estuviera escondido y temeroso.
En Jueces 6:12, Dios habla a lo que puso en Gedeón, no a su miedo.
La valentía como esencia
Dios ha depositado valentía en las personas. Salmo 65:6 lleva a preguntar: ¿es Dios valiente? Sí, y esa esencia de valentía también fue puesta en nosotros. Se calcula que los niños que aprenden a caminar pueden caerse al menos cincuenta veces, pero no concluyen por ello que caminar no es para ellos: la valentía se manifiesta al levantarse después de caer.
El justo cae siete veces y vuelve a levantarse: una valentía que ya estaba en las personas desde la niñez. La Biblia presenta a Dios como el León de la tribu de Judá, y el león no sabe retroceder. Dios depositó valentía en nosotros.
2 Timoteo 1:7 dice que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. La palabra «poder» significa fuerza, capacidad y poder milagroso. El amor todo lo espera, todo lo cree y todo lo soporta. Cuando pienses que no puedes soportar una situación, cree que Dios te ha dado amor, poder y dominio propio, y actívalos mediante la fe.
Versículo clave
«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.»
2 Timoteo 1:7
Hay quien batalla con el peso y busca soluciones rápidas, como unas gotas que prometen hacer adelgazar. Pero Dios quiere que ejerzamos el dominio propio que nos ha dado. Decidir hacer ejercicio y alimentarse mejor es ejercer ese dominio propio.
Cuando alguien afirma «no puedo», puedes recordarle que Dios ha depositado una esencia de amor, poder y dominio propio. Responde a las dificultades desde esa confianza.
Tres características de la valentía de David
David es el ejemplo principal de valentía. La Biblia dedica setenta y seis capítulos a su historia, y el Nuevo Testamento lo menciona cincuenta y nueve veces: hay algo que aprender de él. Hay tres características de su valentía, aunque no son las únicas. La primera es contar con Dios.
En 1 Samuel 17:45-47, David responde a Goliat contrastando las armas con las que viene el filisteo con su propia llegada en el nombre del Señor todopoderoso, Dios de los ejércitos de Israel. En esas palabras Dios aparece seis veces: David no centra su discurso en Goliat, sino en Dios.
¿Cuántas veces hablas de los problemas, las adversidades o una enfermedad, y cuántas hablas de Dios? Todos tenemos gigantes; no los alimentes hablando continuamente de ellos. Habla de Dios y de sus atributos, y dirígete a las circunstancias con la autoridad que Dios te ha dado.
Dios lleva a Abraham afuera y le dice que mire y cuente las estrellas: no solo un conteo, sino una manera de recordar las bendiciones recibidas. David también recordaba a su alma lo que Dios había hecho. Toma una hoja y escribe los beneficios y las bendiciones que has recibido: si Dios lo hizo una vez, puede volver a hacerlo.
El hombre natural escucha lo que dicen los demás; el hombre espiritual escucha a Dios. En el huerto, Adán dice que oyó la voz de Dios, tuvo miedo y se escondió porque estaba desnudo. La pregunta «¿quién te enseñó?» invita a revisar qué cosas has aprendido que no corresponden a los planes y propósitos de Dios.
Dicen que los científicos no explican cómo vuela el abejorro, porque su cuerpo es más grande que sus alas; pero el abejorro no lo sabe. Lo que determina el avance no son las circunstancias, sino cómo te mueves en la fe y le crees a Dios. ¿Le vas a creer?
Mirar lo que otros no ven
«Tu fe frustra los planes del enemigo». Es tiempo de revancha y de recompensa: lo vivido no pasó en vano, y este año tiene que ser diferente. Satanás viene a robar, matar y destruir: busca que las personas se frustren y abandonen la carrera.
Cuando una noticia difícil llega, corre a Dios, pregúntale qué hacer y pide dirección. Dios te pregunta en qué crees, y respalda aquello que crees: si esperas algo malo, eso pasará; si crees que puedes pasar por encima de la dificultad, Dios te respaldará. Dios no hace lo que uno no espera.
Un negocio puede fracasar, o puede verse la mano sobrenatural de Dios. A la persona le toca creer; Dios es el Creador. Deja que la fe conecte esa esencia de valentía.
Es tiempo de revancha y de recompensa.
Moisés estaba frente al mar con los israelitas, mientras Faraón avanzaba con su ejército, caballos y carros. Moisés no solo levantó la vara, sino también la fe, la valentía y la conexión con Dios, y los planes de Faraón fracasaron. Amán tenía planes contra los judíos, pero la fe de Mardoqueo y la valentía de Ester llevaron al rey a extender su cetro.
Levanta tu fe y tu valentía para que los planes del enemigo sean frustrados. Quien se conecta con Dios y con lo eterno será guardado y preservado.
Una esencia de valentía
Cuando sabes que Dios ha puesto en ti una esencia de valentía, puedes orar y clamar a Dios, y él sana, restaura y levanta: tiene más para ti.
El enemigo tiene estrategias para que las personas se escondan.
No te acomodes a lo que sientes en momentos de depresión, desánimo o tristeza, ni a la evidencia de que ya te has dado por vencido. Habrá dificultades, pero da guerra y cree: somos más que vencedores en Cristo Jesús. Puedes proponerte algo mediante la fe y confiar en Dios.
Correr hacia la línea de batalla
Pero la batalla no se gana escondiéndose.
Versículo clave
«Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo.»
1 Samuel 17:48
El enemigo empleará estrategias para que las personas se escondan. A Nehemías le enviaron cartas y quisieron meterlo en la casa del miedo. Elías recibió la amenaza de una mujer y llegó a una cueva. Pablo y Silas iban a la hora de la oración cuando apareció una mujer con espíritu de adivinación y, después de liberarla, fueron puestos en el calabozo de más adentro. Todos enfrentaron circunstancias difíciles, pero eso no definió el espíritu que llevaban.
¿Qué espíritu tendrás tú? Puede haber situaciones que afecten el cuerpo y angustien el alma, pero que el espíritu prevalezca. Números 14:24 dice que Caleb tuvo un espíritu diferente y obedeció fielmente, y por eso entró en las promesas. Llevas dentro un espíritu de conquista y de valentía, que la fe hace manifestarse.
Ninguna estrategia define el espíritu de quien confía en Dios.
Es tiempo de hacer cambios y de no permitir que lo que otros digan te detenga: «puedes fastidiar mi cuerpo y mi alma, pero mi espíritu no lo tocas». El espíritu está conectado con lo eterno, con los planes de Dios y con la esencia de Dios: fuerza, poder y valentía.
Ajustes, presencia y luz
Este es un tiempo para hacer cambios y ajustes. Aarón encendía el candelabro y cortaba la mecha: hay cosas que ya no pueden seguir, como la tristeza, el desánimo y el temor. Pero no basta con cortar la mecha; tiene que estar empapada de aceite, imagen de la unción y la presencia de Dios.
Cuanto más impregnado estés de la presencia de Dios y de la unción del Espíritu Santo, más se manifiesta esa vida. La luz no tiene sombra: cuando una persona está conectada con Dios y se activa en ella la esencia de Dios, las sombras, los gigantes y las adversidades no prevalecen.
Si estás cansado, triste o debilitado, Dios trae renovación, alegría, gozo y levantamiento. Levántate, camina por fe y enfrenta el día, creyendo que donde vayas habrá luz y que las tinieblas retrocederán.
El fuego del Espíritu Santo te dice: levántate, porque fuiste creado valiente y recibiste un espíritu de amor, poder y dominio propio. Si estás indeciso sobre entrar o no en un negocio, avanza y da un paso de fe: «lo que tú creas, yo lo creo». A ti te toca creer; a Dios, crear lo que se espera. Espera la gracia y el favor de Dios, sin importar lo que pueda acontecer en el mundo.
Oración, respuesta y cierre
Conéctate con Dios mediante la fe: ¿qué esperas de él? Los imposibles se cancelan o tienen fecha de vencimiento cuando el Espíritu Santo activa en la persona la esencia, la valentía, el poder, el dominio propio y el amor. La fe puede frustrar los planes del enemigo; aunque el cuerpo pueda ser afectado y el alma angustiada, el espíritu debe permanecer.
Eres parte de una generación y un ejército que se levanta en fe, pisotea la tristeza, la frustración y la decepción, y tiene la convicción de que Dios va con ellos. El enemigo hacía sentir que nada iba a pasar y frustraba los planes y la fe; pero Dios llega en el momento correcto, activa, conecta y renueva, y vuelve a despertar la esencia que puso en cada persona.
Permite que el Espíritu Santo ministre. Deja atrás aquello que te impide brillar: tristeza, frustración, decepción, depresión y desánimo. Que seamos sumergidos en la presencia de Dios: la luz no tiene sombra.
Haz la oración más importante que un ser humano puede hacer, la que despierta el espíritu y conecta con Dios, sus planes, lo eterno y aquello que prevalece: reconoce tu necesidad de Dios, abre tu corazón a Jesús para que entre y sea Señor, y pídele que despierte la esencia y aquello que ha depositado en ti. Gracias, Jesús, por la vida.
La esencia se activa y se manifiesta, y aquello que otros ven como imposible se verá como resuelto y como respuesta. Gracias a Dios por la esencia depositada, en el nombre poderoso de Jesús. Amén.
Referencias bíblicas
- Génesis 1:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 6:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:45-47 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Números 14:24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Timoteo 1:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


