EN Oración
Serie Estereotipos

Una identidad que no depende de los estereotipos

Los estereotipos de las pantallas y de los amigos te empujan a fingir para encajar, y en el camino puedes perder de vista quién eres. Tu identidad no está en lo que vistes ni en lo que otros dicen, sino en el Dios que te creó a su imagen, que mira tu corazón, y en Jesús, el camino, la verdad y la vida.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
13 min

Hay momentos en la vida en que no logras identificar quién eres. Todos, seamos cristianos o no, atravesamos crisis existenciales: momentos en los que no sabes quién eres, hacia dónde vas ni qué estás haciendo aquí, y eso te paraliza. ¿Quién soy? ¿Para dónde voy? ¿Quién es Dios? Son preguntas que necesitan respuesta.

Cuando encajar depende de la apariencia

Muchas veces la falta de identidad viene de creerle a los estereotipos que marcan las pantallas y nuestras amistades, sin importar la edad. Un estereotipo es un modelo establecido y aceptado de conducta: la forma «correcta» de vestir, de verse, de actuar.

Piensa en un joven de dieciocho o diecinueve años, en una época en que cierto estilo de ropa estaba de moda. Si no te vestías así, no encajabas. Y si no tenías con qué comprar esa ropa, recibías rechazo. Ese rechazo marca. Por tratar de imitar, por tratar de seguir un modelo, puedes perderte y dejar de saber quién eres.

¿Cuál es tu estereotipo? ¿A quién estás tratando de parecerte? ¿Cómo te gustaría ser? Las pantallas nos muestran el cuerpo perfecto, el cutis perfecto, la ropa que te queda perfecta. Y quizá tú no te pareces a eso. Los medios y las pantallas quieren hacerte encajar en algo que no eres.

Tienes una identidad. Dios te hizo tal como eres, y no necesitas pretender ser otra persona. No necesitas buscar un estereotipo para ser aceptado. Y cuando te acercas a las manos de Dios, él puede transformar lo que hay en tu corazón, en tu mente y aun lo que se ve por fuera.

Fingir cansa. Cuando vives tratando de cumplir con lo que otros esperan, nunca descansas: siempre hay una moda nueva, una opinión nueva, alguien nuevo con quien compararte. Y aun cuando logras encajar, sabes por dentro que no eres tú. Esa no es la vida que Dios quiere para ti.

Hecho a imagen de Dios

Esto no se trata de una religión. Se trata de saber que quien te hizo, te pensó. No eres un accidente: Dios te pensó, y por eso te creó. Si quieres saber quién eres, necesitas conocer primero a tu Creador, el que te formó en el vientre de tu madre.

Tienes debilidades, preocupaciones, problemas y defectos, como todos. Aun así, Dios te hizo, y necesitas aprender a amarte, porque vales lo que Dios dice que vales. Mira un cielo despejado, los pájaros, los árboles: es la creación de Dios. De esa misma manera, con ese mismo cuidado, Dios te hizo a ti.

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Fuiste creado a imagen y semejanza de Dios. Te formó con sus manos y te creó para este tiempo. Y su palabra, en papel o en una pantalla, sigue teniendo poder, vida y respuestas para tus preguntas sobre tu destino y tu camino.

Aprender a verte como Dios te ve toma tiempo. Lee lo que su palabra dice de ti: que fuiste formado de manera maravillosa, que eres amado, que fuiste escogido. «Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien». Repítelo hasta que tu corazón lo crea.

Dios mira el corazón

Cuando Samuel fue a ungir a un nuevo rey entre los hijos de Isaí, se presentaron jóvenes de buena apariencia y gran estatura. Samuel pensó que el primero era el escogido. Pero Dios le dijo:

«No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón».

Versículo clave

«Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.»

1 Samuel 16:7

Muchos a tu alrededor se fijan en si tienes la mejor marca de zapatos, si usas la ropa de moda y si actúas como los demás; si es así, encajas. Pero eso es un error. Tu identidad no está en lo que vistes ni en lo que dicen los demás: está en Aquel que te creó. Jesús mira primero tu corazón. Por eso no necesitas fingir ser quien no eres.

Tomás dudó de que Jesús hubiera resucitado. Y Jesús se tomó el tiempo de decirle: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Muchos nos identificamos con Tomás: aun después de ver a Dios hacer cosas maravillosas, a veces dudamos. Y es entonces cuando vienen las crisis existenciales.

Tus dudas no te descalifican. Jesús no rechazó a Tomás: se acercó a él y le mostró sus heridas. Si hoy dudas de quién eres o de quién es Dios, acércate a Jesús con tus preguntas. Él no se ofende; él te busca, te muestra la verdad y te invita a creer.

Jesús es el camino, la verdad y la vida

Jesús les dijo a sus discípulos: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Y Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?». Jesús le respondió:

«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí». Para tener una identidad firme, una identidad que no se desvíe ni te lleve a buscar modelos que no corresponden a lo que Dios puso en ti, necesitas a Jesús.

Versículo clave

«Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.»

Juan 14:6

Jesús es el camino. Cuando no tienes identidad, te desvías y buscas caminos que parecen fáciles, pero que resultan difíciles, cansados y solitarios.

Jesús es la verdad. Cuando tu identidad está puesta en estereotipos, vives en falsedad. No hay nada como ser auténtico: ser quien eres en tu casa, en el colegio, en el trabajo, en tus estudios. Disfruta ser tú mismo, y aprende a vivir en la verdad de Jesús.

Jesús es la vida. Cuando te pasas la vida tratando de parecerte a otros, dejas de ser tú mismo y comienzas a caminar como muerto por dentro. Pero cuando tu identidad está en Jesús, él te devuelve la vida, y comienzas a disfrutar todo lo que Dios ha preparado para ti.

Hay adultos y ancianos que nunca encontraron su identidad: perdieron la vida, perdieron el camino y viven en falsedad. No importa tu edad: joven, adolescente o adulto, puedes encontrar en Jesús la identidad que necesitas.

Hoy puedes soltar el estereotipo que has estado persiguiendo. Dile a Dios: «Tú me hiciste; muéstrame quién soy en ti». Él no te pide que te parezcas a nadie más: te pide que te parezcas cada día más a Jesús, que es la verdad sobre quién fuiste creado para ser.

Referencias bíblicas