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Serie Estereotipos

¿Qué haces aquí? Identidad y propósito en Dios

La identidad, el temor y el propósito: con la historia de Tom Brady, Elías y Sansón, descubre cómo volver a Dios, la fuente para discernir quién eres y para qué estás aquí.

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14 min

La identidad tiene que ver con quiénes somos y hacia dónde vamos. En distintas etapas de la vida podemos perder el rumbo y preguntarnos por qué estamos en la tierra. Las crisis existenciales no son exclusivas de quienes no son cristianos. Aunque se escuche mucha enseñanza, hace falta regresar a Dios, la fuente, para buscar dirección.

Una trayectoria que despierta la pregunta

Tom Brady, jugador de fútbol americano, sirve de ejemplo. De niño veía jugar a Joe Montana, de los San Francisco 49ers, y lo tenía como ídolo. En la secundaria también jugaba béisbol, y muy bien: un equipo de las Grandes Ligas de Montreal lo había contratado. Pero Brady decidió ir a la Universidad de Michigan para jugar fútbol americano.

Esa decisión lleva a la pregunta: «¿qué haces aquí?». Brady fue seleccionado en el sexto draft para los New England Patriots, después de que otros cinco jugadores fueran elegidos. Pese a las malas decisiones o la confusión, Dios puede tener un plan y recordarte tu propósito.

Cuando se lesionó el titular del equipo, Brady subió a jugar. Su desempeño inicial no fue tan bueno, pero se determinó a mejorar su técnica, y desde entonces su historia cambió: llegó a ganar siete anillos de Super Bowl. Su historia nos lleva a pensar en el propósito.

El temor y la identidad

Elías tuvo temor y se escondió en una cueva, como quien se encierra en sí mismo cuando no sabe quién es. Dios lo llama y le pregunta qué está haciendo allí. Si buscas descubrir quién eres y por qué estás en la tierra, pregúntale a Dios qué estás haciendo aquí.

La pregunta de Dios a Elías es también para ti.

Sal del escondite y reconoce la identidad que Dios te ha dado. Dios te formó y te llama a vivir tu propósito. Si estás confundido o sientes temor, esta palabra es para ti, aunque la incertidumbre no desaparezca de inmediato.

Rechazos, cambios de rumbo y propósito

Efesios 2:10, en la versión NTV, dice que somos obra de Dios, creados de nuevo en Cristo Jesús para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano. Si atraviesas confusión, temor, desaciertos o rechazo, confía en que Dios tiene buenas obras para ti, en el país y el lugar donde te encuentras.

Efesios 2:10 es una promesa para quien se siente perdido.

Versículo clave

«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.»

Efesios 2:10

Los padres deben recordarles constantemente a sus hijos quiénes son y, sobre todo, para qué están aquí: para cumplir un propósito, llegar a ser su mejor versión y ser utilizados por Dios. Quizá no fuimos los mejores estudiantes, y aun así Dios nos usa para llevar la Palabra: «cuando somos imperfectos, Dios nos hace perfectos en Él». Los errores no borran el propósito, y siempre se puede volver a Dios, la fuente, para buscar dirección. Tres cosas pueden robar el propósito o confundirte sobre qué haces aquí: compartir tus sueños o lo que eres con la persona equivocada, que podría burlarse y marcar tu vida; el pecado, que retrasa el plan de Dios y dificulta reconocer tu rumbo; y pretender copiar la vida de otros, comparándote con su apariencia o sus elecciones. Recuerda que eres único y tienes un propósito. No se trata de condenar: todos nos equivocamos; busca en tu interior la manera de no volver a pecar.

Sansón fue apartado por Dios para un plan y un propósito. En la historia aparece Dalila, y Sansón compartió lo que no debía con la persona equivocada. Su cabello se relaciona con su fuerza y con parte del plan y el propósito que Dios le había dado.

Sansón compartió su secreto con la persona equivocada.

Tres cosas que pueden confundir el propósito

Y aun así, su historia no terminó allí.

Sansón todavía podía orar.

Dios se apartó de Sansón, los filisteos lo atraparon y le quitaron los ojos. Jueces 16:29 lo describe palpando las dos columnas centrales, con una mano sobre cada una. Entonces Sansón oró y pidió a Dios que se acordara de él.

La oración de Sansón fue una súplica para que Dios recordara el propósito que tenía para él: un hombre sin ojos ni visión que todavía ora. Sansón empujó las columnas, y murieron más filisteos que los que había matado durante toda su vida: cumplió su propósito. Aunque te hayas equivocado, hayas perdido la visión o hayas pecado, no todo está perdido: Dios se acuerda de ti.

Sansón: caída, oración y una última escena

En Dios hay identidad.

Dios se acuerda de quien vuelve a él.

Versículo clave

«Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra.»

Jueces 16:29

No todo está perdido.

En Dios hay identidad, y cada persona tiene un lugar especial. Toma un momento para orar con esta oración dirigida a Jesús: «Jesús, yo te invito hoy en mi vida, en mi corazón; te necesito, ven a mí, porque sé que cambiarás mi vida».

Referencias bíblicas