¿Cuántas veces has sentido que Dios no está contigo o que no está pendiente de tus problemas? José y Job pudieron pensar lo mismo, pero había un plan más grande. Si hoy te sientes así, no te desanimes: Dios tiene un propósito y un plan para ti.
José: pruebas y oportunidades para bendecir
La historia de José, en Génesis 37 al 41, es una sucesión de golpes y de oportunidades.
Israel amaba a José más que a todos sus hijos, y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos ellos, le aborrecían. Imagina la perspectiva del hermano menor consentido y la del hermano mayor que observa ese trato. Dios tiene un propósito tanto para el mayor como para el menor.
Los hermanos de José pensaron en matarlo; Rubén dijo: «No lo matemos», y lo echaron en una cisterna. José había recibido sueños de parte de Dios, y aun así llegó la traición de sus propios hermanos. Cuando alguien te traiciona, el dolor puede llevarte a pensar que Dios no está contigo. No niegues el daño, pero mantén tu confianza en medio de él.
José fue vendido, pero sobrevivió. Fue vendido como esclavo y comprado. Llegó a casa de Potifar y comenzó a prosperar. Luego la mujer de Potifar intentó seducirlo y, por negarse, José terminó en la cárcel. Allí conoció al copero y al panadero del rey, e interpretó sus sueños: al panadero le anunció que sería ejecutado; al copero, que sería restituido.
Aun en la cárcel, José pudo bendecir a otra persona. La prisión no era buena, y el sufrimiento duele, pero incluso en una situación difícil puedes hacerle bien a alguien más. Quizá enfrentas una enfermedad en tu familia, la pérdida de un ser querido, el divorcio de tus padres, conflictos con tus hermanos o el rechazo de tus amigos. Aun en medio de esos problemas, puedes bendecir a alguien.
Pasaron dos años más antes de que la historia de José llegara al faraón y lo llevara a una posición elevada en Egipto. Para llegar a tu propósito, Dios te hace pasar por pruebas; sin ellas, no valorarías la meta. Llegarás a valorar tus metas, tus pruebas y tus desafíos, porque Dios estará contigo.
Y cuando José estuvo delante de Faraón, no habló de sus heridas, sino de Dios: «No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón». Años después, frente a los hermanos que lo traicionaron, pudo decir: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien». La prueba no lo amargó: lo formó.
Tu actitud en medio del problema
Dios es bueno, aun en medio del desierto. «Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal». Quien habla así de Job es Dios mismo. Imagina que Dios hablara así de ti. Job tenía siete hijos y tres hijas; siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísimos criados.
El diablo quiso poner a prueba a Job, y Dios lo permitió. Un problema no determina si Dios está contigo. Dios es bueno todo el tiempo, y todo el tiempo Dios es bueno. Job perdió a sus hijos y sus bienes, prácticamente todo, y aun así, al principio, no tuvo una mala actitud. Los problemas llegarán; lo que importa es la actitud con la que los atraviesas.
«En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno». Su esposa le dijo: «¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete». Pero él le respondió: «¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?».
Versículo clave
«En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.»
Job 1:22
Job perdió en un solo día lo que había construido toda su vida. Los mensajeros llegaban uno tras otro, y cada noticia era peor que la anterior. Y aun así, «Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito». Adorar no niega el dolor: lo pone delante de Dios.
Job no fue un superhombre que nunca se enojó. Más adelante tuvo una mala actitud, y durante muchos capítulos discutió con Dios. Es humano luchar en la prueba.
Israel pudo cruzar el desierto en poco tiempo, pero estuvo cuarenta años. Job pudo pasar por algo breve, y transcurrieron cuarenta capítulos hasta que dijo: «De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven». La prueba lo llevó a conocer a Dios de una manera más profunda. Tu actitud puede acortar o alargar tu desierto.
«Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job». Cuando Job dejó de mirar solo su dolor y oró por otros, llegó la restauración. Dios está listo para restaurarte y prosperarte; no pienses que recibirás menos.
Versículo clave
«Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.»
Job 42:10
Quizá atraviesas tiempos difíciles en el mundo, en tu país, en tu colegio, en tu universidad, dondequiera que estés. Dios tiene preparada una bendición, y lo que te toca es cuidar tu actitud. Jesús recorrió el camino a la cruz, y hoy está sentado a la diestra del Padre y reina. Ten fe: Dios está contigo en la prueba.
Una buena actitud no es fingir que todo está bien. Es reconocer el dolor y, al mismo tiempo, decidir confiar. Es seguir orando aunque no veas respuesta, seguir sirviendo aunque estés cansado, seguir bendiciendo aunque te hayan herido. Esa actitud no nace de tus fuerzas, sino de saber que Dios está contigo.
Mira a tu alrededor: hay alguien atravesando algo parecido a lo que tú vives. Como José con el copero y Job con sus amigos, tu prueba puede convertirse en un puente para bendecir a otro.
Dios está contigo
Dios permitió que los grandes héroes de la fe pasaran pruebas; sin ellas, no habrían sido los grandes héroes de la fe. Dale gracias por este día y por su compañía. Pídele que te acompañe en las pruebas que vengan, y comprométete a tener la mejor actitud. Recibe a Jesús en tu corazón como tu único Señor y Salvador.
Ten la mejor actitud posible, porque Dios estará contigo todos los días de tu vida. José bendijo a otros aun en la cárcel. Job atravesó pérdidas, tuvo un tiempo de lucha, oró por sus amigos y fue restaurado. Sostén tu fe y tu actitud en medio de la prueba, y no concluyas que la dificultad demuestra que Dios se ha apartado de ti.


