Hay años atípicos, complicados y difíciles, pero Dios saca cosas buenas de lo vivido, formando mejores personas, hijos y estudiantes.
El tema es «el significado de mi herida». Las heridas no solo duelen: también es importante reconocer qué significado pueden tener y cómo atenderlas. Ten la expectativa de que Dios obre en tu vida.
Ser hijo, amado y motivo de complacencia
En el bautismo de Jesús, una voz lo identifica como Hijo amado y expresa complacencia en él. Las personas necesitan tener claras tres cosas en relación con sus padres: que son hijos, que son amadas y que sus padres se complacen en ellas. Si alguna de esas dimensiones se rompe, pueden surgir heridas en el corazón. Ser hijo de la familia física en la que se nació no es lo mismo que ser hijo de Dios.
Dios te ama sin importar lo que haya pasado en tu vida, y se complace y se alegra por lo que haces; esto tiene que ver con la relación con Dios, distinta de las tres necesidades vinculadas con los padres. Cuando se vive con heridas, a veces se dejan «gotitas de sangre» en el camino sin darles importancia. Dios puede sanar esas heridas y ayudarte a comprender su nombre, su porqué y su significado.
Heridas que necesitan cuidado
Las personas somos relacionales y nos herimos unas a otras. No se trata de volverse completamente «inofendible»: siempre habrá aflicción y exposición a recibir heridas; la clave es aprender a manejarlas y entender su significado. Alguien puede aguantar durante tiempo una lesión de rodilla jugando fútbol con amigos, hasta que la rodilla no resiste y hay que operar el ligamento cruzado.
La operación puede ser corta, pero queda una herida con puntos que hay que cuidar con paños y otras atenciones. Las heridas necesitan cuidado: si se exponen o no se tratan, pueden infectarse. Mejor tener cicatrices que heridas mal cuidadas que impiden avanzar hacia lo que Dios tiene planificado para la vida.
Salmos 147:3 dice que Dios quiere sanar a quien tiene una herida y cubrirla hasta que quede una cicatriz. La herida sigue abierta; la cicatriz recuerda lo ocurrido. En una cesárea se abre el abdomen capa por capa para sacar al bebé y luego se cierra de la misma manera. La pequeña cicatriz no hace pensar a la madre en una herida, sino en algo que marcó su vida porque dio vida a alguien más; una cicatriz puede recordar algo que dio vida y llevó a la persona a otro nivel. También las heridas del corazón necesitan ser sanadas y pueden convertirse en cicatrices que muestran que se volvió a cobrar vida.
Versículo clave
«Él sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas.»
Salmos 147:3
Tres maneras de entender las heridas
Hay tres clases de heridas: las causadas por otras personas, las que vienen de malas decisiones y las que Dios permite o puede provocar para sacar la mejor versión de alguien. Todas duelen y, si no se sanan, pueden quedar por semanas o años. Atiéndelas, busca su significado, perdona y avanza.
1. Las heridas que hacen otras personas
La traición duele, en especial cuando hemos depositado nuestra confianza en alguien y esa persona nos da la espalda. Uno puede pasar años herido, amargado y enojado por algo así. Con el tiempo se llega a entender que Dios permitió esa experiencia para ayudarnos a salir adelante, aprender a perdonar y avanzar.
Perdonar es parte del camino.
2. Las heridas que vienen de malas decisiones
Un joven sale con unos amigos y toma demasiado. Su madre lo llama, oye en qué estado está y decide ir con su padre a buscarlo. Al llegar, ella tropieza con una reposera abierta, se cae y se abre la rodilla; hay que ponerle puntos.
Esa madre fue a ayudar en una circunstancia difícil causada por una mala decisión de su hijo, y la cicatriz de ella es reflejo del amor que él recibió. Una decisión propia puede estar vinculada con una herida sufrida por alguien que acude a ayudar.
El rey David venció a Goliat y a otros gigantes, pero también se acostó con Betsabé y mandó matar a su esposo; si no conoces la historia, búscala en la Biblia. Sansón también sufrió una herida por una mala decisión. Las decisiones equivocadas pueden tener consecuencias dolorosas.
3. Heridas que Dios puede permitir para formar
La tercera clase de herida puede ayudar a formar una mejor versión de la persona. Una niña puede perder un año escolar por pereza, por no hacer sus tareas. Aquello marca mucho su vida escolar, pero más adelante esa experiencia puede hacerla mejor persona y volverla disciplinada.
Versículo clave
«Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.»
Juan 15:2
Una conversación con los padres, o una situación difícil con una novia o exnovia, pueden ser experiencias que Dios permita para formar a alguien. A un padre le duele corregir a su hija con la paleta; es una herida pasajera hecha con amor para que ella sea mejor persona, y tal vez podría salvarle la vida.
Quizá has recibido corrección de un padre, maestro, pastor o líder y has sentido dolor. Tal vez esa corrección no estaba en sintonía con lo que querías, pero pudo ser Dios provocando una herida para sacar lo mejor de ti.
La corrección también puede ser una forma de amor.
Perdonar, sanar y reconocer el significado
Jesús, sella las heridas de cada persona y trae un bálsamo de amor y aceite para cada una. Repite esta oración: pide a Jesús que entre en tu vida y en tu corazón, y recíbelo como único Señor y Salvador.
Dios tiene los mejores planes, te ama y no te abandonará. Abraza a tu hermano o a tu padre, o escríbele a alguien a quien no habías perdonado. Hoy serás sanado en el nombre de Jesús.
Hoy puede comenzar la sanidad.


