EN Oración
Serie Life

Decisiones que cobran vida

Dios es soberano y tú eres responsable de lo que eliges. A veces cargas consecuencias de decisiones ajenas, a veces las tuyas afectan a otros, y a veces te dañan a ti mismo. Pero cuando te rindes a Dios, aun tus errores pasan por sus manos y pueden cobrar vida.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
44 min

Dios es soberano, y nosotros somos responsables de las decisiones que tomamos. A veces llevamos consecuencias por nuestras malas decisiones, y otras veces por las que tomó alguien más. Pero hay algo que Dios puede hacer con nuestras decisiones cuando las ponemos en sus manos: puede hacer que cobren vida.

La fe no es solo una emoción: es la convicción de una creencia y una decisión. «A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él».

Versículo clave

«A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia»

Deuteronomio 30:19

Escoger la vida es amar a Dios, obedecerle y comprometerte firmemente con él. Esa es la clave: compromiso y firmeza con Dios. No la vida que ofrece el mundo, sino la vida que Dios da, en esta tierra y por la eternidad. Decídete por la vida.

Cuando te afectan las decisiones de otros

Pablo iba preso rumbo a Roma y advirtió: «Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no solo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas». Pero el centurión daba más crédito al piloto y al dueño de la nave que a lo que Pablo decía.

Ese es el problema de creernos dueños: cuando eres dueño, crees que la última palabra la tienes tú. Pero «de Jehová es la tierra y su plenitud». Cuando entiendes que eres administrador, la última palabra la tiene el Dueño. Esta casa, este terreno, este negocio: todo es de Dios; tú solo estás de paso, administrando.

Quizá estás viviendo las consecuencias de una decisión que tomó otro, y te preguntas qué pasó. «Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí». En lugar de quedarse en el lugar incómodo, se movieron hacia el que los destruiría. Cuidado con moverte solo por la incomodidad. En los lugares incómodos es donde Dios acomoda muchas cosas, donde sueltas el control y su voluntad se establece.

La tempestad empeoró. Echaron al mar la carga, y luego los aparejos del barco. «Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días… ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos». Perdieron de vista lo que los guiaba. Pero cuando ya no puedes ver aquello que antes te orientaba, descubres que quien verdaderamente te guía es Dios.

La primera tormenta muchas veces no la puedes controlar. Pero una decisión equivocada puede provocar una segunda tormenta, peor que la primera. Cuando te sientas solo en medio de la tormenta, no corras a resolver tu soledad de cualquier manera: pídele sabiduría a Dios, no sea que tu decisión te meta en una tormenta peor. Cuando empiezas a perder lo que creías que te sostenía, Dios te sostiene como nunca lo imaginaste.

Cuando tus decisiones afectan a otros

«Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila». Sansón nació de un imposible, y cuando venían los filisteos, el Espíritu de Dios venía sobre él con una fuerza sobrenatural. Cuando el Espíritu de Dios está sobre tu vida, no hay enfermedad, dolor, deuda ni tormenta que te detenga.

Pero Sansón se enamoró de quien estaba en contra de los planes de Dios. Con toda su fuerza, tomó una pésima decisión, porque decidió según sus deseos. Y el destino de toda una nación quedó en riesgo. Queremos que Dios nos proteja, pero con cada mala decisión corremos hacia las manos del enemigo.

Los príncipes de los filisteos le dijeron a Dalila: «Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer». Sansón estaba equivocado, pero decidido. Hay quienes no buscan consejo, sino que alguien les confirme lo que ya decidieron. Y siempre habrá quien apoye una mala decisión.

El enemigo siempre buscará de dónde viene tu fuerza, para debilitarte. Pero «resistid al diablo, y huirá de vosotros». No tomes malas decisiones por la fuerza del viento que sopla en tu vida: resiste, y Dios promete sostenerte.

Sansón cayó. Le sacaron los ojos y le cortaron el cabello, señal de su pacto con Dios. Primero el enemigo le quitó la visión, y luego le sacó los ojos. Y daba vueltas en el molino, en la cárcel de los filisteos. Imagina lo que pensaba: «Qué mala decisión tomé; mi pueblo sufre por mi culpa». Pero su cabello comenzó a crecer otra vez.

Cuando tus decisiones te dañan a ti

El hijo pródigo le dijo a su padre: «Dame la parte de los bienes que me corresponde». Lo pidió como si le perteneciera, cuando todo era del padre. Lo desperdició, y terminó cuidando cerdos y deseando comer lo que ellos comían. Pero recordó: «¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre».

«Y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza». Lo peor no es solo equivocarte, sino permanecer firme en el error por orgullo. Ya de por sí llevamos consecuencias; no les sumes el orgullo. Las pequeñas decisiones pueden conducir a grandes bendiciones, y la más importante es rendirte a Dios.

Decisiones que cobran vida

Después de muchos días sin comer, Pablo se puso en pie y les dijo: «Habría sido por cierto conveniente haberme oído, y no zarpar de Creta… Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave». El ángel le había dicho:

«Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo». Por la vida de un hombre rendido a Dios, todos los que iban en el barco fueron preservados. Tu rendición también puede hacer una diferencia para quienes te rodean.

Versículo clave

«diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.»

Hechos 27:24

Los marineros habían soltado los aparejos que movían el barco: ya no dependían de lo que antes los impulsaba. Y cuando el barco se rompió, unos llegaron a nado y otros sobre tablas y pedazos de la nave. Aun los restos de lo que se rompió pueden llevarte a la otra orilla, hacia el propósito de Dios.

Tres imágenes: el ángel que anuncia que todos vivirán, el padre que corre a abrazar a su hijo, y Sansón que clama: «Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez». Por eso Sansón aparece entre los héroes de la fe: porque se rindió y pidió cumplir una vez más el propósito de Dios. El amor y la misericordia de Dios levantan a quien se rinde, aunque haya cometido errores o cargue consecuencias.

Deja la culpa y reconoce tu necesidad de Dios. Las consecuencias pueden no desaparecer, pero tus decisiones, puestas en manos de Dios, cobran vida. Un error no tiene que ser la última palabra.

Abre tu corazón a Jesús. La salvación es por gracia, no por tus obras. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Pongo en tus manos mis malas decisiones y las consecuencias que cargo. Te recibo como mi Señor y Salvador. Dame una nueva oportunidad». Elige con cuidado de aquí en adelante, y confía en la misericordia de Dios.

Referencias bíblicas