Hay cosas que pueden drenar nuestras fuerzas. El Espíritu Santo está interesado en los procesos y en la vida espiritual de cada persona; abre tu corazón para recibir la palabra.
El desmayo físico tiene un paralelo espiritual. Una persona puede perder temporalmente el conocimiento por distintas causas, entre ellas la deshidratación, la baja de azúcar o una angustia fuerte; de manera semejante, hay momentos en que los hijos de Dios se debilitan por los temores, los cambios y el bombardeo de malas noticias. Hay años inciertos y llenos de situaciones a las que no estamos acostumbrados, capaces de afectar las fuerzas y hacer que alguien se quede detenido.
La respuesta no es fingir que no hay cansancio, sino acudir a Dios cuando faltan las fuerzas. Dios puede renovarlas y multiplicarlas para que sus hijos sigan avanzando. Según 2 Samuel 22:33, las fuerzas sirven tanto para avanzar como para no quedarse a mitad del camino: Dios fortalece y despeja el camino.
Versículo clave
«Dios es el que me ciñe de fuerza, Y quien despeja mi camino»
2 Samuel 22:33
En el relato de David y Goliat, el gigante desafiaba a los israelitas por la mañana y por la tarde durante cuarenta días. Atacaba también la mente del pueblo. Los israelitas habían escuchado la voz de Goliat; David escogió escuchar a Dios. ¿Prestarás atención a las circunstancias o a lo que Dios dice?
El pueblo veía a Goliat como un gigante; David lo veía como un perro. Así se piensa distinto ante la adversidad. Renueva tu mente. 1 Samuel 17:40 relata que David tomó su cayado, escogió cinco piedras lisas del arroyo, las puso en su bolsa y fue hacia el filisteo. ¿Por qué cinco piedras, si se enfrentaba a un solo gigante?
El gigante del oportunismo
La primera piedra se relaciona con 2 Samuel 21:15-16: David estaba cansado cuando un gigante llamado Isbi-benob intentó matarlo. Es el «gigante del oportunismo»: el enemigo busca momentos de cansancio, frustración, vulnerabilidad, distracción o preocupación para debilitar.
La preocupación es un sentimiento de ansiedad; preocuparse es «ocuparse antes de tiempo». Hay quien se inquieta por el clima, la economía o sus hijos. No vivas dominado por esa preocupación: confía en que tu vida está en manos de Dios. Isaías 26:3 enseña que perseverar en un pensamiento centrado en Dios —hoy, mañana y en los días siguientes— permite que la paz gobierne la vida y ayuda a tomar buenas decisiones.
Versículo clave
«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.»
Isaías 26:3
No conviertas una mala experiencia en un estilo de vida. Una experiencia dolorosa no tiene por qué definirte ni impedirte seguir adelante; no permitas que pensamientos negativos, desánimo y desaliento llenen tu mente. Los camellos del desierto comen cactus espinosos y tienen una piel especial dentro de la boca que evita que las espinas los llenen, mientras extraen el agua que necesitan. De las experiencias amargas, toma lo que puede servir y no te quedes con sus «espinas», es decir, con la amargura.
Ante un momento difícil en el matrimonio, por ejemplo, ¿podría ser una oportunidad para fortalecerlo y sembrar de otra manera, en vez de verlo solo como un problema? Todas las cosas ayudan a bien a quienes aman a Dios; que nadie se quede con la amargura. Tampoco deseches todo lo que el Espíritu Santo ha hecho por causa de un mal momento: aprende, crece y madura. Todos tenemos espinas. ¿Qué harás tú con las tuyas?
El gigante del hoyo de la desesperación
La segunda piedra se vincula con 2 Samuel 21:18, otra batalla contra los filisteos en la que Sibecai husatita mató a Saf, descendiente de los gigantes. El nombre «Gob» se asocia con «hoyo», y así el gigante se convierte en una imagen de la desesperación: sentirse sin salida ni futuro, en un hoyo de baja autoestima, frustración o temor. No permitas que esas experiencias definan tu identidad.
Eres amado por Dios y una obra preciosa suya. Una parábola sobre un cargador de agua de la India lo ilustra. Llevaba sobre el cuello un palo con dos recipientes; llenaba ambos en un arroyo y los transportaba a su casa. Uno estaba intacto, pero el del lado derecho tenía una grieta, de modo que al llegar solo quedaba la mitad del agua. Tras dos años, el recipiente agrietado le expresó al cargador su vergüenza por no llevar la cantidad esperada. El cargador le señaló las flores que crecían al lado derecho del camino: había sembrado semillas allí, sabiendo que el agua que se escapaba por la grieta las regaría, y recogía las flores para ponerlas en su casa.
Dios puede usar las grietas y debilidades de una vida y convertirlas en una fortaleza; cada debilidad puede ser una plataforma para que se vea el poder de Dios. Todos tenemos grietas, y Dios las conoce. Que esta imagen anime a quien se siente marcado o desequilibrado por lo vivido.
El ladrón viene para robar, matar y destruir, también los sueños, la esperanza y la identidad. No permitas que sean destruidos: cuando las circunstancias no son como quisieras, es especialmente importante no dejar de soñar. Salmo 103:4 habla de quien rescata la vida del hoyo y corona de favores y misericordia. Recuerda lo que Dios ha hecho, aférrate a esa palabra y respóndele al gigante: Dios te sacará del hoyo porque está contigo.
El gigante de volver al pasado
La tercera piedra se asocia con 1 Crónicas 20:5: Elhanán mató a Lahmi, hermano de Goliat geteo. El nombre Lahmi se relaciona aquí con «volverse», y por eso este es el gigante del pasado: intenta llevarte de regreso a tus errores, pecados, faltas y malas decisiones, y recordar una herida una y otra vez puede volver a abrirla y drenar fuerzas.
Suelta el pasado y aprovecha el día presente. No se pueden cambiar las circunstancias pasadas; se puede extraer de ellas un aprendizaje, pero no vivir repasándolas. Los niños que estudian para un examen repasan una y otra vez, y ese repaso es útil; repasar mentalmente lo que alguien hizo o dijo, en cambio, no lo es. Hay quien incluso pregunta a otras personas si recuerdan cómo ocurrió algo. Deja de hacer ese trabajo de volver continuamente sobre la herida.
En Filipenses 3:13, Pablo habla de olvidar lo que queda atrás y extenderse a lo que está adelante. Si quieres avanzar hacia la meta, deja de permitir que el pasado te drene las fuerzas. Vive el presente y agradece el día recibido: Dios pone el día y tú pones la alegría. Proyéctate hacia lo que Dios tiene por delante, con sus planes de bien y de esperanza.
El gigante de la exageración
La cuarta piedra se relaciona con 2 Samuel 21:20, que describe a un hombre de gran estatura, descendiente de los gigantes, con doce dedos en las manos y doce en los pies. Como no tiene nombre, aquí se le llama el gigante de la exageración: la costumbre de agrandar los problemas o contar las cosas de manera más dramática de lo que fueron. Pon cada asunto en su lugar.
Un buen consejo de padre es no dejar que los problemas salgan de un cuadro imaginario de tamaño medio, porque, cuando salen de contexto, pueden afectar las emociones y la estabilidad mental y física. A Dios, en cambio, no se le debe meter en ese cuadro. Mientras otros veían a Goliat como algo enorme, David lo miraba como un perro ante Dios. A veces, por el contrario, se exagera un dolor de cabeza hasta imaginar que es un tumor. No te vuelvas dramático ni compliques más las cosas.
Una historia lo ilustra: un barco en alta mar durante una gran tormenta. Los marineros corrían de un lado a otro y uno gritaba que se hundirían y que no había futuro. El capitán le preguntó si quería ayudar y le pidió que sostuviera con todas sus fuerzas una soga. El marinero lo hizo mientras duró la tormenta. Cuando esta pasó y el barco se salvó, el marinero decía que había salvado el barco con sus fuerzas. Entonces el capitán le explicó que la soga no conducía a ningún lugar y que solo lo había mantenido ocupado, pues estaba alterando a los demás marineros.
Dios no necesita el dramatismo ni la exageración, sino que estés quieto creyendo y aferrado a sus promesas. Es Dios quien calma la tormenta, saca del hoyo, restaura, levanta y renueva las fuerzas. Si piensas que estás salvando tu matrimonio o tus finanzas, reconoce que Dios es quien obra y deja que se luzca en tu vida.
También hay «castillos» que se construyen en la mente y complicaciones que se añaden a una vida ya complicada. La complicación puede ser terreno fértil para Satanás, porque distrae de lo que se está viviendo. Deja las complicaciones, permite que las cosas fluyan y ábrete a nuevos diseños y proyectos, aun cuando hayas repetido una misma rutina durante mucho tiempo.
Dios no guía siempre de la misma manera. En el desierto guiaba con una nube y una columna de fuego; con Josué fue distinto. Moisés tenía una vara en la mano y la indicación de usarla para abrir el mar; frente al Jordán, los sacerdotes debían llevar el arca del pacto y meter los pies en el agua. No fijes la mirada en las formas, sino en Dios, y déjate guiar por su Espíritu.
La piedra frente a Goliat y el cierre
Después de los cuatro gigantes, queda Goliat. David tomó una piedra y le dio en la frente, símbolo de los pensamientos que es necesario vencer. ¿Por qué Goliat cayó hacia adelante? Lo natural al recibir un golpe sería caer hacia atrás: Dios puso su mano sobre él y lo derribó en tierra.
David puso su confianza en Dios. Cuando confiamos en Dios, en sus planes, su palabra y su propósito, es su fuerza la que puede aplastar a los gigantes. Despierta tu fe, confía en las promesas, deja el pasado y extiéndete hacia lo que está delante. ¿Puedes creerlo? Dilo: «Señor, yo confío en tu palabra, confío en tus promesas, confío en lo que tú vas a hacer en mi vida».
Dios mueve montañas y puede hacer algo nuevo en el desierto. Que nada ni nadie drene las fuerzas dadas por Dios ni provoque un desmayo espiritual que te deje tirado a mitad del camino. Eres amado y preciado por Dios, su obra más gloriosa, y Dios te ama desde antes de la fundación del mundo. Recibe fuerzas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, levántate creyendo y sigue caminando, porque «esto aún no ha terminado».
Si estás en un hoyo o has pasado por tantas cosas que no has podido dejar atrás el pasado, toma la decisión de creer en Dios; que Dios renueve las fuerzas de quien no tiene ninguna, multiplique las del débil y visite cada hogar, vida, familia, matrimonio, joven y adulto. En el nombre de Jesús, que haya renovación de fuerzas.
Una oración de fe puede marcar un antes y un después y llevar a una eternidad con Jesús. Ora: «Señor Jesús, te abro mi corazón, mi vida de par en par; te necesito. Entra en mi corazón, gobierna mi vida. Gracias, Jesús, por dar tu vida en la cruz por mí. En el nombre de Jesús». Y di «amén». Levántate, recupera fuerzas y mantente alerta ante los gigantes que quieren drenarlas.
Bienvenido a la familia.


