Hay tiempos que traen vida a aquello que se pensaba muerto. Un año atípico puede dejar en pausa los planes escritos al comienzo del año: vuelve a mirarlos con fe, porque Dios tiene planes de vida.
Que Dios te bendiga y que aquello que dabas por muerto regrese a la vida, en el nombre de Jesús. Ten presentes dos ideas. La primera: «tú puedes más de lo que imaginas». Tienes capacidades mayores que las que te han mantenido estancado, porque Dios te creó y depositó su ADN en ti. La segunda: vales más de lo que crees.
Eres extraordinario, especial. No te define lo que haces, y tu valor no depende de lo que tengas ahora en mente, sino de lo que Dios dice que vales y de lo que Dios y Jesús han depositado en ti. Desde ahí se puede hablar de las caídas en la fe y de la posibilidad de volver a la vida.
La historia de una caída dentro de la iglesia
Los tiempos en que todo se detiene permiten escuchar con mayor atención lo que ocurre en el mundo y en la vida de los amigos. La distancia puede apartar a las personas, pero no las separa por completo: la iglesia continúa y el mensaje de Jesús sigue llegando a los hogares. No te sientas solo: Dios está contigo.
Las caídas pueden relacionarse con volver a la vida. Aunque alguien haya estado o esté en la iglesia, puede caer, porque los seres humanos sentimos y nos equivocamos; todos estamos incluidos. Aun así, el amor y la misericordia de Dios están presentes para levantar y dar vida nuevamente. Este mensaje es para quienes han estado en la iglesia y en algún momento han caído.
Alguien puede conocer a Jesús en un grupo en casa y después volver al mundo, y que le vaya muy mal: sus decisiones lo destruyen y le causan dolor interno. Cuando regresa, puede describir su experiencia así: aunque camina y se le ve con vida, se siente como «un muerto viviente».
Versículo clave
«Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo.»
Hechos 20:10
Alguien que ya conoce a Dios y tiene cercanía con Jesús puede fallar y sentir como si la muerte regresara, como si ya no pudiera vivir plenamente ni caminar con libertad. Si asistes a una iglesia local, aun en lo más bajo y profundo de tus caídas Dios puede extender la mano para levantarte y devolverte la vida. El libro de Hechos lo muestra.
Hechos 20:7 en adelante, en la versión NBA, sitúa la escena en el último día de la visita de Pablo a Troas, una ciudad junto al mar, calurosa. Esa noche Pablo hablaba ante las personas reunidas. En el cuarto superior había muchas lámparas, y un joven llamado Eutico estaba sentado en una ventana. Mientras Pablo alargaba su discurso, Eutico comenzó a dormirse; cuando quedó profundamente dormido, cayó desde el tercer piso y lo recogieron.
Pablo bajó, se echó sobre el joven y lo abrazó, y dijo que no se alarmaran, que estaba vivo. Después volvió a subir, partió el pan, comió y siguió hablando hasta el amanecer, cuando se fue. Llevaron al joven vivo a su casa, para gran consuelo de todos. Era el primer día de la semana, y estaban celebrando o a punto de celebrar la Santa Cena.
Eutico era un joven que buscaba a Dios y estaba dispuesto a escuchar la palabra. ¿Cuántos jóvenes buscan hoy a Dios? Alguien puede llegar a la iglesia cansado emocionalmente y exhausto, hasta quedarse dormido. Aun así, puede haber «Pablos» que se acerquen, lo abracen y lo ayuden a levantarse.
Quizá Eutico escuchaba a Pablo, pero, al hacerse tarde y llegar la medianoche, poco a poco se fue apartando hacia la ventana, tal vez buscando la brisa de una ciudad marítima, y comenzó a sentir sueño.
Quizá Eutico luchaba internamente con situaciones emocionales y difíciles que lo habían dejado exhausto, hasta quedarse dormido y caer. ¿Cómo puede un joven dormirse en medio de la palabra de Dios? A veces el cansancio y la tristeza emocional son tan grandes que ni siquiera las luces alrededor bastan para mantener a alguien despierto.
No te vayas de la iglesia cuando caigas
Pablo detuvo lo que estaba sucediendo para bajar y darle a Eutico un abrazo de amor y de vida, y luego volvió a subir y siguió hablando hasta el amanecer. Quizá en la iglesia hay muchos «Euticos» que han caído y piensan que es mejor volver a su vida antigua. La misericordia de Dios puede tomarlos de los brazos, abrazarlos y traerlos de nuevo.
Nadie tiene que quedarse en el suelo.
Líderes: su trabajo es abrazar a quienes han caído y se han equivocado, en lugar de quedarse en una postura de juicio. Levántense de su asiento de liderazgo y vayan hacia las personas que necesitan ese abrazo. Cuando Jesús toma de las manos a alguien en medio de una caída, puede traerlo de nuevo a la vida y ayudarle a recuperar los planes que había dejado enterrados o abandonados.
Después de bajar, Pablo dijo: «No se alarmen». Si has dado tus planes por muertos o sientes que tus relaciones están muertas, no te alarmes: tu boca tiene el poder de declarar que las cosas están vivas, que todavía hay vida y promesas, y que hoy tienes vida y promesa, incluso en medio del cansancio emocional.
Versículo clave
«Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.»
Mateo 5:15
Todavía hay vida.
En aquel cuarto había muchas lámparas: tú eres una de ellas, la luz de la tierra. Una lámpara no se pone debajo de una mesa, sino encima, para alumbrar toda la casa: lleva luz a tu hogar. Comienza una nueva temporada: trae de vuelta a la vida los planes que habías dado por perdidos.
Una invitación a volver a empezar
Si te identificas con Eutico y sientes que caíste, tu iglesia local te espera con los brazos abiertos. Para cada persona que pensó que la vida había terminado: comienza un tiempo nuevo; que Dios traiga algo diferente y vida, en el nombre de Jesús.
No te alejes tras una caída: recibe el abrazo de la comunidad y confía en que Dios puede levantarte y darte vida nuevamente.


